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lunes, 5 de mayo de 2025

LECCIÓN 125: En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.



1. Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha. La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra. Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy. No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída en todos los rincones del mundo y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que puedan dar comienzo los serenos tiempos de paz.


2. Este mundo cambiará gracias a ti. Ningún otro medio puede salvarlo, pues el plan de Dios es simplemente éste: el Hijo de Dios es libre de salvarse a sí mismo, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía y esté por siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios. No se le conduce a la fuerza, sino con amor. No es juzgado, sino santificado.


3. En la quietud oiremos hoy la Voz de Dios, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra. Tampoco nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado. Nos hallamos mucho más allá de todos los juicios que el mundo ha formado contra el Hijo de Dios. El mundo no lo conoce. Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que, en silencio, aguardaremos la Palabra de Dios.


4. Santo Hijo de Dios, oye a tu Padre. Su Voz quiere darte Su santa Palabra para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz. Nos congregamos hoy en el trono de Dios, el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.


5. Él no ha esperado a que tú le devuelvas tu mente para darte Su Palabra. No se ocultó de ti cuando te alejaste por un corto tiempo. No le da ningún valor a las ilusiones que albergas acerca de ti mismo. Él conoce a Su Hijo, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.


6. Él te habla hoy. Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados. Aguarda Su Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.


7. En tres ocasiones hoy, y en aquellos momentos que sean más conducentes a estar en silencio, deja de escuchar al mundo durante diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios. Él te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón. Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él es.


8. Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla. Es tu palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos, sin separación o división en la única Mente del Padre y del Hijo. Escucha hoy a tu Ser en silencio y deja que te diga que Dios nunca abandonó a Su Hijo y que tú nunca abandonaste a tu Ser.


9. Sólo necesitas permanecer muy quedo. No necesitas ninguna otra regla que ésta para dejar que la práctica de hoy te eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo. Sólo necesitas estar quieto y escuchar. Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con Ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero. A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.


REFLEXIÓN:


En esta lección encontramos ideas claves sobre lo que Dios espera de nosotros con respecto a su plan de salvación, y en el que desempeñamos un papel importante:


  • No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída en todos los rincones del mundo

  • Nuestra responsabilidad es aceptar el mensaje que el mundo tiene que oír para que inicien los tiempos de paz.

  • El mundo sólo puede cambiar  si cada uno de nosotros acepta salvarse libremente, y de ser así, la Palabra de Dios será la guía que nos conducirá a la casa de Nuestro Padre.

  • Somos tan libres que no se nos conduce a la fuerza sino con amor, para ser santificados porque no hay juicio: Lo que somos no puede ser juzgado.


Para que esto acontezca, se espera de nosotros una mente receptiva y en quietud para poder escuchar la Palabra de Dios, que se quiere manifestar para transmitirnos su paz, y para que recordemos que nunca hemos estado solos porque Él nunca se ha apartado de nosotros, y que más bien ha sido el ruido del mundo el que nos ha impedido escuchar Su Voz.


Tal como están las cosas en la actualidad, para algunos de nosotros puede ser complicado aceptar que esto puede ser tan fácil como leerlo, pero estamos siendo guiados a través de cada ejercicio que nos proponen, por eso si la duda nos asalta, lo cual es normal, tenemos dos opciones: Parar y retroceder, o simplemente seguir adelante con fe, con convicción, y con la seguridad de que por este sendero nada malo nos puede pasar, y al contrario, podemos sorprendernos al comprobar por nosotros mismos que en la quietud la Voz de Dios podemos escuchar.


ORACIÓN:


Padre, deseo contribuir con la paz del mundo, por eso acepto escuchar Tu Palabra, con la convicción de que en la quietud escucharé Tu Voz que me guiará serenamente para desvanecer mis vanos deseos y poder hacer Tu Voluntad. Amén.


2 comentarios:

LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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