1. Éste es un día de silencio y confianza. Es un periodo especial y prometedor en el calendario de tus días. Es un periodo que el Cielo ha reservado para brillar y verter sobre él una luz perenne en la que se oyen ecos de la eternidad. Este día es santo, pues marca el comienzo de una nueva experiencia; una manera de sentir y concienciar distinta. Han sido muchos los días y las noches que has pasado celebrando la muerte. Hoy vas a aprender a sentir el júbilo de la vida.
2. Éste es otro punto crucial en el programa de estudios. Añadimos ahora una nueva dimensión: una nueva experiencia que arroja luz sobre todo lo que ya hemos aprendido y nos prepara para lo que todavía nos queda por aprender. Nos lleva a las puertas donde finaliza el aprendizaje y donde captamos un atisbo de lo que se encuentra mucho más allá de lo que el aprendizaje puede lograr. Nos deja aquí por un momento y nosotros seguimos adelante, seguros de nuestro rumbo y de nuestro único objetivo.
3. Hoy se te concederá tener un atisbo del Cielo, aunque regresarás nuevamente a las sendas del aprendizaje. No obstante, has llegado lo suficientemente lejos en tu camino para poder alterar el tiempo, superar sus leyes y adentrarte en la eternidad por un rato. Aprenderás a hacer esto cada vez más, a medida que cada lección, fielmente practicada, te lleve con mayor rapidez a ese santo lugar y te deje, por un momento, con tu Ser.
4. Él dirigirá tu práctica hoy, pues lo que estás pidiendo ahora es lo que Su Voluntad dispone. Y al haber unido tu voluntad a la Suya en este día, es imposible que no se te conceda lo que estás pidiendo.3No necesitas más que la idea de hoy para iluminar tu mente y dejar que descanse en tranquila expectación y en sereno gozo, desde los que dejas atrás rápidamente al mundo.
5. A partir de hoy, tu ministerio adquirirá un genuino fervor y una luminosidad que se transmitirá desde las yemas de tus dedos hasta aquellos a quienes toques, y que bendecirá a todos los que contemples. Una visión llegará a todos aquellos con quienes te encuentres, a todos aquellos en quienes pienses y a todos aquellos que piensen en ti. Pues la experiencia que has de tener hoy transformará tu mente de tal manera que se convertirá en la piedra de toque de los santos Pensamientos de Dios.
6. Hoy tu cuerpo será santificado, al ser su único propósito ahora iluminar el mundo con la visión de lo que has de experimentar en este día. Una experiencia como ésta no se puede transmitir directamente. No obstante, deja en nuestros ojos una visión que podemos ofrecerles a todos para que puedan tener lo antes posible la misma experiencia en la que el mundo se olvida calladamente y el Cielo se recuerda por un tiempo.
7. A medida que esta experiencia se intensifica y todos tus objetivos excepto éste dejan de ser importantes, el mundo al que retornas se acerca un poco más al final del tiempo, se asemeja algo más al Cielo en todo y su liberación estará cada vez más cerca. Y tú que le brindas luz llegarás a verla con más certeza; la visión con mayor nitidez. Mas llegará un momento en que no retornarás con la misma forma en la que ahora apareces, pues ya no la necesitarás. Pero por ahora tiene un propósito y lo cumplirá adecuadamente.
8. Hoy nos embarcamos en un viaje con el que jamás has soñado. Pero el Santísimo, el Dador de los sueños felices de vida, el Traductor de la percepción a la verdad, el santo Guía al Cielo que se te ha dado, ha soñado por ti esta jornada que emprendes y das comienzo hoy, con la experiencia que este día te ofrece para que sea tuya.
9. En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto. La visión de Su faz permanecerá contigo, pero llegará un instante que transcenderá toda visión, incluida ésta, la más sagrada. Esto es algo que jamás podrás enseñar porque no lo adquiriste mediante el aprendizaje. No obstante, la visión habla del recuerdo de lo que supiste en ese instante y de lo que, sin duda, habrás de saber de nuevo.
REFLEXIÓN:
Si “camino con Dios en perfecta santidad”, y sé que Él se manifiesta en mí a través del Espíritu Santo, entonces no debo dudar que en cada instante de mi vida tengo la oportunidad de tomar conciencia que puedo estar en su presencia. ¿Cómo hacerlo? Nos dicen que Él dirigirá la práctica pues lo que estamos pidiendo es lo que “Su Voluntad dispone”. Y al unir nuestra voluntad a la Suya, se nos concederá lo que estamos pidiendo. Podemos entender que todo lo que se nos concede y que nos causa gozo y paz tiene la certeza de estar en armonía con la Voluntad de Dios. Por el contrario, todo aquello que deseamos y que nos causa frustración por no poder tenerlo, pone de manifiesto que hay algo que está impidiendo que la Voluntad de Dios y la nuestra sean una. No siempre es fácil saberlo o entenderlo, pues la mayor parte del tiempo estamos tomando decisiones en automático y nos parece que la vida es dura o difícil, pero lo que sucede es que nuestra mente está enfocada, no en el espíritu, o sea lo que somos, sino en el cuerpo, y todo lo que hagamos pensando que somos cuerpo nos limitará.
Sólo puedo estar en presencia de Dios cuando mi foco está puesto en lo que soy: Espíritu. Y desde ese estado puedo unir mi voluntad a la de Dios. Pero se necesita más que querer hacerlo, se necesita confianza y desapego, porque si pongo mi confianza con la certeza de que voy a recibir las cosas tal como las he planeado en mi mente, entonces el resultado será la decepción, porque Dios se manifiesta de maneras sorprendentes, que rara vez es como lo hemos imaginado, diseñado o pensado.
Pero hay algo que debemos tener en cuenta, y es que para poder estar en "Presencia de Dios" (En su Presencia he de estar ahora), se necesita, literal, que estemos “presentes”, o en estado de presencia, alejada nuestra mente del pasado o del futuro, porque Dios sólo puede ser “Presente”, un eterno e inmutable presente en donde la “radiante faz” de Cristo y “Su amor perfecto” hará que nuestras rodillas se doblen ante Él, porque ante su majestuosa "Presencia" no es posible estar de pie. Y es verdad, esto sucede cuando tenemos un encuentro real con Cristo, es algo sublime que jamás se olvida y que se adhiere a nuestra alma como un tatuaje en la piel:
Soñé con Jesús, y me dijo: “Soy un Sacerdote Perfecto”. Y tomó mi mano y no la soltaba, y levanté el rostro para mirarlo, y no pude sostener su mirada, tampoco pude sostenerme de pie ante tal majestad y belleza. Mis rodillas se doblaron y en verdad pude sentir una sensación de amor que jamás había experimentado y yo sabía que Él me amaba, y yo a Él, y me sentía extraña y sublimemente enamorada… Me desperté y lloré y quería volver a soñar eternamente a Jesús….
Es un sueño que jamás olvidaré, y hoy, cuando leí la frase “En la Presencia de Cristo hemos de estar ahora, serenamente inconscientes de todo excepto de Su radiante faz y de Su Amor perfecto., recordé el sueño, y puedo decir con certeza que no fue un simple sueño, y que después de estar en su Presencia uno no puede volver a ser la misma persona. Algo cambia para siempre, y para bien.
Hoy sólo hagamos lo que nos piden, tan dócilmente como si fuéramos unos niños, y muy seguramente la Faz de Cristo podremos ver, porque su Presencia siempre está.
ORACIÓN:
Padre, te entrego mis dolorosas experiencias pasadas, y mis ilusorios sueños futuros, y dame la gracia de vivir el Presente bajo la guía de tu Santo Espíritu, para que pueda estar ahora en la Presencia de Cristo y experimentar su perfecto Amor. Amén.
Muchas Gracias, Explicación excelsa.
ResponderBorrarMe alegro que el E.S. me haya mostrado tu página
Gracias a ti por tus palabras que son un motivo más para persistir en este camino. Siempre diré que somos guiados e inspirados por el Espíritu Santo. A mí me alegra que ya no existan las distancias, y que gracias a la tecnología podamos compartir nuestras experiencias y aprendizajes, con personas de todo el mundo. Un abrazo y que la Presencia de Cristo nos siga guiando.
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