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domingo, 1 de junio de 2025

LECCIÓN 152: Tengo el poder de decidir.



1. Nadie puede sufrir pérdida alguna a menos que ésa haya sido su decisión. Nadie sufre dolor salvo cuando él mismo así lo decide. Nadie puede estar afligido, sentir temor o creer que está enfermo a menos que eso sea lo que desee. Y nadie muere sin su propio consentimiento. Jamás ocurre nada que no sea una representación de tus deseos ni se te niega nada de lo que eliges. He aquí tu mundo, completo hasta el más ínfimo detalle. He aquí toda la realidad que tiene para ti. Mas es sólo ahí donde se encuentra la salvación.


2. Tal vez creas que ésta es una postura extrema o demasiado abarcadora para poder ser verdad. Mas ¿podría la verdad hacer excepciones? Si se te ha dado todo, ¿cómo podría la pérdida ser real? ¿Puede acaso el dolor ser parte de la paz o el pesar de la dicha? ¿Cómo podrían adentrarse el miedo y la enfermedad en una mente en la que moran el amor y la santidad perfecta? La verdad tiene que abarcarlo todo, si es que es la verdad. No aceptes opuestos ni excepciones, pues hacerlo es contradecir la verdad enteramente.


3. La salvación es el reconocimiento de que la verdad es verdad y de que nada más lo es. Ya has oído esto, pero puede que todavía no hayas aceptado ambas partes de la aseveración. Sin la primera, la segunda no tiene sentido. Pero sin la segunda, la primera deja de ser verdad. La verdad no puede tener un opuesto. No se puede hacer suficiente hincapié en esto o pensar en ello con demasiada frecuencia. Pues si lo que no es verdad fuese tan cierto como lo que es verdad, entonces parte de la verdad sería falsa y la verdad dejaría de tener significado. Sólo la verdad es verdad, y lo que es falso, falso es.


4. Ésta es la más sencilla de las distinciones, si bien, la más ambigua. Mas no porque la distinción sea difícil de percibirse, sino porque se halla oculta tras una amplia gama de opciones que no parecen proceder enteramente de ti. Y así, la verdad parece tener algunos aspectos que ponen en entredicho su consistencia, si bien no parecen ser contradicciones que tú mismo hayas introducido.


5. Tal como Dios te creó, no puedes sino seguir siendo inmutable; y los estados transitorios son, por definición, falsos. Eso incluye cualquier cambio en tus sentimientos, cualquier alteración en las condiciones de tu cuerpo o de tu mente; así como cualquier cambio de conciencia o en tus reacciones. Ésta es la condición todo-abarcadora que distingue a la verdad de la mentira y que mantiene a lo falso separado de la verdad y como lo que es.


6. ¿No es acaso extraño que consideres arrogante pensar que fuiste tú quien fabricó el mundo que ves? Dios no lo creó. De eso puedes estar seguro. ¿Qué puede saber Él de lo efímero, del pecado y la culpabilidad? ¿Qué puede saber de los temerosos, de los que sufren y de los solitarios, o de la mente que vive dentro de un cuerpo condenado a morir? Pensar que Él ha creado un mundo en el que tales cosas parecen ser reales es acusarlo de demente. Él no está loco. Sin embargo, sólo la locura da lugar a semejante mundo.


7. Pensar que Dios creó el caos, que contradice Su Propia Voluntad, que inventó opuestos a la verdad y que le permite a la muerte triunfar sobre la vida es arrogancia. La humildad se daría cuenta de inmediato de que estas cosas no proceden de Él. ¿Y sería acaso posible ver lo que Dios no creó? Pensar que puedes, es creer que puedes percibir lo que la Voluntad de Dios no dispuso que existiera. ¿Y qué podría ser más arrogante que eso?


8. Seamos hoy verdaderamente humildes y aceptemos lo que hemos hecho como lo que es. Tenemos el poder de decidir. Decide únicamente aceptar el puesto que te corresponde como co-creador del universo, y todo eso que crees haber fabricado desaparecerá. Lo que entonces emergerá en tu conciencia será todo lo que siempre ha estado ahí, lo cual ha sido eternamente como es ahora. Y entonces pasará a ocupar el lugar de los autoengaños que inventaste a fin de usurpar el altar del Padre y del Hijo.


9. Hoy vamos a practicar la verdadera humildad, abandonando la falsa pretensión con la que el ego intenta probar que la humildad es arrogancia. Sólo el ego puede ser arrogante. Pero la verdad es humilde cuando reconoce su poder, su inmutabilidad y su eterna plenitud: el regalo todo abarcador y perfecto que Dios le hace a Su Hijo amado. Dejamos a un lado la arrogancia que afirma que somos pecadores, culpables, temerosos, y que estamos avergonzados de lo que somos; y en lugar de ello, elevaremos nuestros corazones con verdadera humildad hasta Aquel que nos creó inmaculados y semejantes a Él en poder y en amor.


10. Tenemos el poder de decidir. Y aceptamos de Él aquello que somos y humildemente reconocemos al Hijo de Dios. Reconocer al Hijo de Dios implica asimismo que hemos dejado a un lado todos los conceptos acerca de nosotros mismos y reconocido su falsedad. También hemos percibido su arrogancia. Y con humildad aceptamos jubilosamente como nuestros el esplendor del Hijo de Dios, su mansedumbre, su perfecta impecabilidad, el Amor de su Padre, así como su derecho al Cielo y a Cielo y a liberarse del infierno.


11. Ahora nos unimos en gozoso reconocimiento de que las mentiras son falsas y de que sólo la verdad es verdad. Al levantarnos pensaremos únicamente en la verdad y pasaremos cinco minutos practicando sus caminos, alentando a nuestras temerosas mentes con lo siguiente:


Tengo el poder de decidir Hoy me aceptaré a mí mismo tal como la Voluntad de mi Padre dispuso que yo fuese cuando me creó.


Luego aguardaremos en silencio, abandonando todo autoengaño, según le pedimos humildemente a nuestro Ser que se revele ante nosotros. Y Aquel que nunca se fue regresará a nuestra conciencia, agradecido de poder devolverle Su morada a Dios, tal como siempre debió ser.


12. Espéralo pacientemente hoy, e invítalo cada hora con las palabras con las que diste comienzo al día, el cual se debe concluir con esa misma invitación a tu Ser. La Voz de Dios te contestará, pues habla por ti y por tu Padre. Substituirá todos tus frenéticos pensamientos por la Paz de Dios, los autoengaños por la verdad de Dios y tus ilusiones acerca de ti mismo por el Hijo de Dios.


REFLEXIÓN:


En la lección de ayer nos decían una frase muy profunda que de alguna manera nos da un estatus que tiene que ver con la finalidad de este curso, o es su objetivo mayor:  “Tu ministerio comienza a medida que todos tus pensamientos se van purificando”. Y una de las tantas maneras de purificar nuestros pensamientos es mediante el poder del que hoy nos hablan: El poder de decisión.


Si queremos hacer uso de ese poder podríamos empezar por decidir qué hacer con la información que recibimos aquí. Podemos ser escépticos o abrir nuestra mente para creer que puede ser posible todo lo que nos están diciendo y que cambia nuestra manera de ver y entender el mundo, y  todo lo que hemos aprendido hasta el momento en que tomamos la decisión de transitar el sendero de UCDM.  Entonces, haciendo uso de nuestro poder de decisión, que tal si creemos que ciertamente  somos tal como Dios nos creó, y eso implica que no somos un cuerpo sino un espíritu, y que por eso estamos a salvo, sanos y plenos, y poseemos la grandeza de ser llamados santos hijos de Dios, con la libertad de perdonar para salvar el mundo en que vivimos, y el que hasta ahora nos ha parecido oscuro y catastrófico. 


Para poder integrar en nuestra vida todo lo que hoy nos dicen, como por ejemplo, que el dolor es una elección, así como la enfermedad, y tantas otras cosas que nos parecen imposibles de creer, nos piden que seamos humildes, y que usemos el poder de decidir para aceptar el puesto que nos corresponde como co-creadores del universo, para que todas nuestras dolorosas y aterradoras fabricaciones desaparezcan. También nos recuerdan que la arrogancia nos impide reconocer nuestro poder, y que la humildad es reconocer que en verdad somos hijos de un Dios que nos creó a su imagen y semejanza, y esa es la única verdad que hemos desechado y que nos ha causado sufrimiento.


Si hemos llegado hasta aquí, quizás no deberíamos pensar en cómo puede suceder que todas esas maravillas que nos dicen que somos se manifiesten, sino más bien usar el poder de decisión que nos dieron para creer y asumir que somos los Santos Hijos de Dios, que ya no deseamos juzgar, culpar, o victimizarnos, y simplemente queremos purificar nuestra mente para que se inicie el “ministerio” para el que fuimos llamados a través del perdón, y que no es otro que la Salvación del Mundo. Si aceptamos creer  ya no seremos arrogantes, porque nos hicieron pensar todo lo contrario: que ser arrogante era llamarse “Santo hijo de Dios”, y que la santidad era sólo para un pequeño grupo de personas, elegidas por otro grupo de personas que ya se consideraban santas para poder decidir a quien darle ese honor.


Que hoy sea el día en que usemos nuestro "poder de decidir" para reconocer a nuestro Eterno Padre, y sanar nuestra mente.


ORACIÓN:


Padre, elijo usar mi poder de decisión para aceptarme a mí mismo tal como Tú dispusiste que yo fuera desde el inicio de la creación, y te pido la gracia para purificar mis pensamientos y poder iniciar el “ministerio”, para el que fui llamado. Amén.


2 comentarios:

LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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