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lunes, 9 de junio de 2025

LECCIÓN 160: Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.



1. El miedo es un extraño en los caminos del amor. Identifícate con el miedo y te vuelves un extraño ante tus propios ojos. Y de este modo, no te conocerás a ti mismo. Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajeno para la parte de ti que se cree real, aunque diferente de ti. En tales circunstancias, ¿quién podría estar en su sano juicio? 6¿Quién sino un loco podría creer que él es lo que no es y juzgar en contra de sí mismo?


2. Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena a la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad desconoce y entiende aquello que la verdad considera como carente de sentido. Pero aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita y, sin embargo, sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que el que está en su hogar es el que es el extraño. No obstante, qué fácil sería decir: “Éste es mi hogar. Es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga que tengo que hacerlo”.


3. ¿Qué razón hay para no decir esto? ¿Cuál podría ser la razón sino que, al haber invitado a ese extraño a ocupar tu lugar, has permitido convertirte en un extraño ante tus propios ojos? Nadie se dejaría desahuciar tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar más acorde con sus gustos.


4. ¿Quién es el extraño? ¿A quién no le corresponde estar en el hogar que Dios proveyó para Su Hijo, a ti o al miedo? ¿Es acaso el miedo obra Suya, creado a Su Semejanza? ¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y mediante lo cual se completa a sí mismo? No hay hogar que pueda darle cobijo al amor y al miedo a la vez, pues no pueden coexistir. Si tú eres real, el miedo tiene que ser una ilusión. Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe en absoluto.


5. ¡Cuán fácilmente se puede resolver este dilema! Todo aquel que tiene miedo se ha negado a sí mismo y declarado: “Yo soy el extraño aquí. De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo mismo y le doy todo cuanto pensé que era mío”. Ahora se encuentra forzosamente exilado, sin saber quién es, inseguro de todo menos de esto: que él no es él mismo y que se le ha negado su hogar.


6. ¿En pos de qué va a ir ahora? 2¿Qué podría encontrar? Alguien que se ha vuelto un extraño para sí mismo no puede encontrar un hogar no importa dónde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso. Está perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño. El milagro vendrá. Pues su Ser sigue morando en su hogar. Y su Ser no ha invitado a ningún extraño ni se ha confundido a Sí Mismo con ningún pensamiento ajeno a Él. 8E invocará a los Suyos a que vengan a Él en reconocimiento de lo que es Suyo.


7. ¿Quién es el extraño? 2¿No es acaso aquel a quien tu Ser no invoca? Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que merodea entre vosotros, al haberle cedido tu legítimo lugar. No obstante, tu Ser está tan seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hijo. Dios no está confundido con respecto a Su Creación. Está seguro de lo que es Suyo. Ningún extraño se puede interponer entre Su Conocimiento y la realidad de Su Hijo. Él no sabe de extraños. Él está seguro de Quién es Su Hijo.


8. La certeza de Dios es suficiente. A aquel a quien Él reconoce como Su Hijo le corresponde estar allí donde Él ubicó a Su Hijo para siempre. Él ha contestado tu pregunta: “¿Quién es el extraño?” Oye Su Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que no eres un extraño para tu Padre, ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti. Aquel a quien Dios se ha unido es eternamente uno, pues en Él está en su hogar y no es un extraño para sí mismo.


9. Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo. Su visión no ve extraños, sino que contempla a los Suyos y se une a ellos jubilosamente. Ellos Lo ven como un extraño, pues no se reconocen a sí mismos. No obstante, a medida que Le den la bienvenida, se acordarán. Y Él los conducirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.


10. Cristo no se olvida de nadie. No deja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue establecido. Él no se ha olvidado de ti. Mas tú no Lo podrás recordar hasta que contemples todo tal como Él lo hace. El que niega a su hermano lo está negando a Él, por lo tanto, se está negando a aceptar el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.


REFLEXIÓN:


Si nos identificamos con el miedo, que es el “extraño”, tomará nuestro lugar.  Según esto, parece que la mayor parte de nuestra vida hemos cedido nuestro lugar porque el miedo ha sido nuestro compañero infaltable en los momentos más cruciales de nuestra existencia. Nos dicen que si somos reales, el miedo tiene que ser una ilusión, pero si el miedo es real, nosotros no existimos en absoluto. Pero sabemos que somos nosotros los que somos reales y hemos permitido que el miedo ocupe nuestro lugar. Y cuando lo hace no  aflora la mejor parte de nosotros, y eso evidencia que nos estamos identificando con el cuerpo, ya que el espíritu no se dejaría quitar su lugar, o más bien, al no reconocer al miedo, no cabe la posibilidad de que exista.


El miedo es inherente al ser humano, y deja ver nuestra debilidad, ante la que podemos reaccionar sin medir consecuencias, y quizás por eso Jesús antes de partir al encuentro con el Padre, no sólo anuncia que nos dejará el Espíritu Santo, sino que nos ofrece su  paz, y nos pide que no tengamos miedo (Juan 14:27):


“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. 


Nos deja su paz con la recomendación de no tener miedo, quizás porque conoce muy bien la esencia del ser humano, y no siempre el “estado de paz” es una señal de que todo anda bien en nuestra vida, sino más bien es una actitud ante los desafíos que se nos presentan, porque sin la paz podemos reaccionar de manera inesperada, y esto aunado al miedo, nos puede hacer cometer muchos errores, porque normalmente ante el miedo reaccionamos  mal porque creemos que debemos defendernos. Eso explica por qué una persona ataca haciendo uso de las armas: tiene miedo, se siente vulnerable, pero lo más contradictorio es que el que se siente en peligro de ser atacado también tiene miedo: Victimario y víctima tienen miedo, los dos se han identificado con el cuerpo. Y esto es normal, a todos nos ha pasado o nos puede pasar porque aún no reconocemos la grandeza del espíritu que somos. Por eso Jesús nos pide que no tengamos miedo, para no perder la cordura, ya que al adherirnos a la fuerza espiritual que emana de la paz, podemos contrarrestar el miedo para poder elegir el camino recto. Y al fomentar el bien para reprimir el mal, estamos siendo poseedores de la grandeza de nuestro espíritu, que es lo que en verdad somos.


Entonces, cuando no me dejo dominar por el miedo, “estoy en mi hogar”, estoy identificándome con el espíritu, y estoy reconociendo la Presencia de Cristo como mi fortaleza, esa que cuando tengo miedo me recuerda mi debilidad y sus palabras: “Te basta mi gracia, que en tu debilidad brilla más mi poder”. (2 Corintios 12:9)


ORACIÓN:


Padre, reconozco mi lugar en el mundo, reconozco mis debilidades, pero sé que “Cristo no se olvida de nadie”, y en nombre de su Santa Presencia, te pido guíes mis acciones, para que el miedo no me impida incluir a mis hermanos, recordarlos a todos, para que pueda “ser pleno y perfecto,  tal como fue establecido. Amén.

domingo, 4 de mayo de 2025

LECCIÓN 124: Que no me olvide de que soy uno con Dios.



1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. Nuestro hogar está a salvo, nuestra protección garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. No podemos fracasar en nada. Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y sana. En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.


2. ¡Cuán santas son nuestras mentes! Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. ¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la Luz que nos acompaña se rezaga, si bien no se separa de nosotros según seguimos adelante.


3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aquellos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. Y Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos creados, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.


4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestionaremos Su protección ni Su cuidado. Ninguna absurda ansiedad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. Hoy somos uno con Él en reconocimiento y en recuerdo. Lo sentimos en nuestros corazones. Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos. Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.


5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos; en los que creen estar solos y amedrentados, y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. Y podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.


6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier persona, sea ésta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. Sus pensamientos son intemporales y no tienen nada que ver ni con el tiempo ni con la distancia.


7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. Ahora queremos dar lo que hemos recibido. Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. Al nosotros tener esta experiencia el mundo se libera. Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.


8. ¡Que la paz sea contigo hoy! Asegura tu paz practicando volverte consciente de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. En algún punto hoy, cuando te parezca más conveniente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugieren palabras especiales con las que dirigir la meditación. Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. Permanece con Él durante esa media hora. Él se encargará del resto.


9. El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. Quizá no estés listo hoy para aceptar este beneficio. Pero en algún punto y en algún lugar te llegará y lo reconocerás cuando emerja con certeza en tu mente. Esta media hora estará enmarcada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. 5Y verás en él la faz de Cristo reflejando la tuya.


10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. Cuando estés listo, la encontrarás allí, en lo profundo de tu mente, en espera de ser hallada. Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que nunca podrías haber hecho una mejor inversión del tiempo.


11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu comprensión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.


12. Añade más gemas al marco dorado que enmarca al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:


Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.


REFLEXIÓN:


Hoy se nos pide que aseguremos nuestra paz tomando conciencia de que somos uno con nuestro Creador, así como Él es uno con nosotros. Y esa paz de  la que nos hablan y que nos va proporcionar protección, fuerza para emprender, y en general una vida de bendición, quizás aún no la conocemos porque no hemos “creído verdaderamente” que somos uno con Dios, y porque, como está escrito en Filipenses 4:7, es una paz que sobrepasa todo entendimiento: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”


Jesús había anunciado que la paz  que proviene del Padre, no era como la paz que el mundo daba, y como sabía que pronto dejaría el mundo terrenal, estaba preparando a sus discípulos para que recibieran esa paz a través de la presencia del Espíritu Santo y se reconfortaran, porque  esa iba a ser la manera de seguir presente en sus vida, como lo es ahora en la de nosotros (Juan 14:27):  “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Y  cuando Jesús nos dice que “no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, nos está mostrando la puerta que nos conduce a la verdadera paz de la que nos hablan, porque es el miedo lo que nos impide avanzar y tomar la decisión de una vez por todas aceptar que somos Hijos de Dios, con todo lo que ello implica, como que somos “Espíritu”, y que al aceptar esa condición ocurren los milagros que hasta ahora nos han sido negados porque no hemos creído verdaderamente que somos “uno con Dios”.  Y si hoy estamos aquí es porque ya estamos soltando el miedo que ha mantenido nuestro corazón turbado, y porque ya estamos listos para recibir esos regalos que nuestro Padre nos ofrece.


ORACIÓN:


Padre, dispongo mi corazón para recibir la paz que me ofreces, y te pido que me des la claridad de entendimiento para no olvidar que Tú y yo somos uno, “en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad”. Amen.

LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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