1. Mi verdadera identidad es tan invulnerable, tan sublime e inocente, tan gloriosa y espléndida, y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que lo ilumine. Y Ella ilumina también al mundo. Mi verdadera identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que a mi vez le hago al mundo. No hay otro regalo, salvo éste, que se pueda dar o recibir. Mi verdadera identidad y sólo ella es la realidad. Es el final de las ilusiones. Es la verdad.
2. ¡Oh, Padre, mi Nombre todavía Te es conocido! Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, Quién soy ni qué es lo que debo hacer. Recuérdamelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. Revélame lo que deseas que vea en su lugar.
REFLEXIÓN:
Nuestra “verdadera identidad” se traduce en “la verdad”, y hoy se nos está mostrando su grandiosidad, que es un regalo que proviene del amor que nuestro Padre Creador siente por nosotros (su Santo Hijo). Por eso nuestra “verdadera identidad” sólo puede ser invulnerable, sublime, inocente, gloriosa, espléndida, benéfica y libre de culpa.
Y para que podamos asumir esa “identidad”, debemos renunciar a las ilusiones que nos ofrece este mundo material, identificándonos únicamente con el espíritu porque eso somos. Y no necesitamos negar el cuerpo, sólo aceptarlo como un vehículo para realizar nuestra misión en esta tierra, pero con la certeza de que nuestro espíritu siempre prevalecerá, siempre será invulnerable.
ORACIÓN:
“¡Oh, Padre, mi Nombre todavía Te es conocido! Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, Quién soy ni qué es lo que debo hacer. Recuérdamelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. Revélame lo que deseas que vea en su lugar”. AMÉN.
Lecturas complementarias:
Segunda parte: Introducción:
https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html
¿Qué es el perdón:
https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/1-que-es-el-perdon.html
Muchas Gracias
ResponderBorrar¡Un abrazo!
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