1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. No es un hecho para los que creen en ilusiones, mas las ilusiones no son hechos. En realidad no hay nada que temer. Esto es algo muy fácil de reconocer. Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.
2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. Recomendamos enérgicamente, no obstante, que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.
3. La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza. La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su Fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad. En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer.
REFLEXIÓN:
¿Alguna vez experimenté lo que dice la lección de hoy? Pienso en la infancia y me vienen muchos recuerdos, momentos de alegría en donde no había preocupaciones y la vida se iba en jugar, comer y dormir; la única preocupación era hacer las tareas que nos habían dejado en la escuela. Llega la adolescencia y con ella los temores, y recuerdo que mi primer temor fue que me dejaran de gustar los muñecos y que ya no sintiera la alegría de tenerlos, y de que ya no me los regalaran más. Sentí mucha nostalgia en ese entonces y ese recuerdo quedó muy marcado en mí. Luego llega la adultez y los temores son producto de las responsabilidades que se adquieren cuando iniciamos la universidad, el trabajo, y entonces aparece el miedo al futuro porque nos han enseñado que tenemos que proyectarnos y tener metas. Luego conformamos un hogar, llegan los hijos y los temores se multiplican porque tenemos miedo de tanta felicidad, y de la vulnerabilidad de nuestros hijos. Pero en medio de esos miedos, recuerdo un espacio de tiempo en donde experimentaba esa sensación de “no hay nada que temer”, y en mi caso era cuando mis hijos estaban pequeños y los veía dormir plácidamente y quería eternizar ese instante porque yo sabía que estaban a mi lado y nada les podría pasar. En ese instante no había nada que temer y sentía paz, pero fugaz porque sabía que no iba a durar para siempre porque mis hijos iban a crecer. La realidad que hemos creado es que la vida también está hecha de temores, y ya hemos aprendido que éstos aparecen cuando no estamos en estado de presencia, cuando el pasado nos pesa y nos duele, y cuando el futuro nos produce ansiedad porque hemos proyectados nuestros sueños y necesidades, pero no hemos disfrutado de lo que el presente nos está ofreciendo. Y es que, literal, el presente es un regalo, que muchas veces pasa inadvertido, porque estamos atrapados en esos mundos inexistentes que son el pasado y el futuro. Entonces, para que hoy la hermosa frase "No hay nada que temer”, tenga sentido, tenemos que vivir el presente como lo que es: un hermoso regalo que nuestro Padre Creador nos hace para que lo disfrutemos ya, y para que los fantasmas del pasado y del futuro nos dejen en paz.
ORACIÓN:
Padre, gracias por el hermoso regalo de la vida, ese regalo que me ofreces desde que amanece hasta que anochece. Que tu Fuerza sea mi sostén de cada día, y que la belleza de tu creación me inspire a vivir con alegría y con la certeza de que “no hay nada que temer”. Amén.
Tu fuerza mi sostén cada día Padre, gracias 🌸😌
ResponderBorrar¡Amén!
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