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jueves, 6 de febrero de 2025

LECCIÓN 37: Mi santidad bendice al mundo.



1. Esta idea contiene los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo o, en otras palabras, la razón por la que estás aquí. Tu propósito es ver el mundo a través de tu santidad. De este modo, tú y el mundo sois bendecidos juntos. Nadie pierde, a nadie se le despoja de nada y todo el mundo se beneficia a través de tu santa visión. Significa el fin del sacrificio porque le ofrece a todo el mundo su justo merecido. Y todo el mundo tiene derecho a todo, ya que ése es su sagrado derecho como Hijo de Dios.


2. No hay ninguna otra manera de poder eliminar la idea de sacrificio del pensamiento del mundo. Cualquier otra manera de ver inevitablemente exige el que algo o alguien pague. Como resultado de ello, el que percibe sale perdiendo. Y no tiene ni idea de por qué está perdiendo. Su plenitud, sin embargo, le es restaurada a su conciencia a través de tu visión. Tu santidad le bendice al no exigir nada de él. Los que se consideran a sí mismos completos no exigen nada.


3. Tu santidad es la salvación del mundo. Te permite enseñarle al mundo que es uno contigo, sin predicarle ni decirle nada, sino simplemente mediante tu sereno reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo.


4. Hoy debes dar comienzo a las cuatro sesiones de práctica más largas —las cuales han de tener una duración de tres a cinco minutos cada una— repitiendo la idea de hoy, a lo cual ha de seguir un minuto más o menos en el que debes mirar a tu alrededor a medida que aplicas la idea a cualquier cosa que veas:


Mi santidad bendice esta silla.

Mi santidad bendice esa ventana.

Mi santidad bendice este cuerpo.


Luego cierra los ojos y aplica la idea a cualquier persona que te venga a la mente, usando su nombre y diciendo:


Mi santidad te bendice, [nombre].


5. Puedes continuar la sesión de práctica con los ojos cerrados o bien abrirlos de nuevo y aplicar la idea a tu mundo exterior si así lo deseas; puedes alternar entre aplicar la idea a cualquier cosa que veas a tu alrededor o a aquellas personas que aparezcan en tus pensamientos o bien puedes usar cualquier combinación que prefieras de estas dos clases de aplicación. La sesión de práctica debe concluir con una repetición de la idea con los ojos cerrados, seguida inmediatamente por otra repetición con los ojos abiertos.


6. Los ejercicios más cortos consisten en repetir la idea tan a menudo como puedas. Resulta particularmente útil aplicarla en silencio a todas las personas con las que te encuentres, usando su nombre al hacerlo. Es esencial que uses la idea si alguien parece causar una reacción adversa en ti. Ofrécele la bendición de tu santidad de inmediato, para que así puedas aprender a conservarla en tu conciencia.


REFLEXIÓN :


La idea de hoy nos muestra cuál es nuestro verdadero propósito en el mundo. Si somos santos sólo podemos ofrecer eso que somos y es ver el mundo a través de nuestra santidad. Ese es el estado natural del ser humano, y en un comienzo cuesta creerlo porque hemos hecho todo lo contrario, hemos mirado al mundo con miedo, con expectativas, con juicios, y muy poca veces con amor. Cuántas veces nos ha pasado que vemos un casa elegante, bella, algo así como un palacio, y entonces expresamos nuestra admiración llenándola de elogios; pero cuando vemos una casa humilde, sencilla, entonces sostenemos la visión errónea de que tiene un valor inferior a la otra e igualmente le adjudicamos adjetivos negativos. En cualquiera de las dos opciones estamos dando un juicio superficial, no estamos viendo las cosas con ojos de santidad sino todo lo contrario, y no estamos bendiciendo al mundo, sino “enjuiciándolo”.  Cuando hacemos esto les estamos ocultando la luz que tienen y nos estamos privando de ver y sentir la santidad que ya existe y que está en todo y en todos. Entonces tenemos  dos caminos al “ver”: uno, ocultar la luz que tienen las personas y las cosas; el otro, aceptar que “Mi santidad bendice al mundo”, y al ser  ese mundo bendecido hay verdad y orden.


ORACIÓN:


Padre, acepto que “mi santidad bendice al mundo”, pero dame la gracia de perseverar en este camino desconocido para mí, porque aún me cuesta ser imparcial al observar Tu Santa Creación. Aún mis pensamientos pasados me persiguen evitando que crea que mi santidad es la salvación del mundo. Elijo creer y actuar. Amén.


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