Tercer repaso: Importante leer la introducción:
https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/tercer-repaso-introduccion.html
Para los repasos de por la mañana y por la noche:
1. (101) La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad. Lo único que me puede hacer sufrir es la creencia de que hay otra voluntad aparte de la Suya.
2. (102) Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.
Comparto lo que la Voluntad de mi Padre dispone para mí, Su Hijo. Lo que me ha dado es lo único que quiero. Lo que me ha dado es lo único que existe.
3. A la hora en punto:
La Voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
Media hora más tarde:
Comparto con Dios Su Voluntad de que yo sea feliz.
REFLEXIÓN:
La “Voluntad de Dios” para nosotros es “perfecta felicidad”, pero no somos felices porque tenemos miedo que se haga la voluntad de Dios. Nos aterra decir “Sí”, de manera incondicional, porque también tenemos miedo de perder lo que hemos recibido del mundo, tenemos miedo de ser abandonados, tenemos miedo de perder todo lo que “aparentemente” nos da estabilidad. Cada uno de nosotros sabe qué es eso que “cree” que tiene miedo de perder si decide aceptar que se haga la Voluntad de Dios. Pero, tarde o temprano tendremos que tomar la decisión de dar el salto y perder el miedo, porque lo único que nos puede traer Dicha y Paz, que es lo mismo que la perfecta felicidad, es hacer la Voluntad de Dios, que en realidad es la misma de nosotros, pero como estamos perdidos entre las ilusiones que el ego nos ha mostrado como “verdad”, no comprendemos que al decir “Sí”, a los designios de Dios, lo que estamos haciendo es confirmar el anhelo que hay en el lugar más recóndito de nuestro corazón. En verdad que es así, sólo tenemos que soltar lo que hay en nuestras manos para que queden libres para recibir lo que está predestinado para nosotros desde siempre. En el momento más crucial de su vida, Jesús nos mostró cómo hacerlo, aún sabiendo que eso le iba causar un gran dolor, que luego se convertiría en victoria (Lucas 22:42): “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.
ORACIÓN:
Padre, es por Tu Gracia, y a semejanza de Tu Amado Hijo, que hoy digo: ¡Qué se haga en mí, Tu Eterna y Perfecta Voluntad! Amén.
Muchas Gracias
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