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martes, 8 de abril de 2025

LECCIÓN 98: Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.



1. Hoy es un día de una consagración especial. Hoy vamos a adoptar una postura firme en favor de un solo bando. Nos vamos a poner de parte de la verdad y a abandonar las ilusiones. No vacilaremos entre una cosa y otra, sino que adoptaremos una firme postura en favor de Dios. Hoy nos vamos a consagrar a la verdad, así como a la salvación tal como Dios la planeó. No vamos a alegar que es otra cosa ni a buscarla donde no está. La aceptaremos gustosamente tal como es, y desempeñaremos el papel que Dios nos asignó.


2. ¡Qué dicha tener certeza! Hoy dejamos a un lado todas nuestras dudas y nos afianzamos en nuestra postura, seguros de nuestro propósito y agradecidos de que la duda haya desaparecido y la certeza haya llegado. Tenemos una importante función que desempeñar y se nos ha provisto de todo cuanto podamos necesitar para alcanzar la meta. Ni una sola equivocación se interpone en nuestro camino. Hemos sido absueltos de todo error. Hemos quedado limpios de todos nuestros pecados al habernos dado cuenta de que no eran sino errores.


3. Los que están libres de culpa no tienen miedo, pues están a salvo y reconocen su seguridad. No recurren a la magia ni ingenian posibles escapatorias de amenazas imaginarias desprovistas de realidad. Descansan en la serena certeza de que llevarán a cabo lo que se les encomiende hacer. No ponen en duda su capacidad porque saben que cumplirán debidamente su función en el momento y lugar perfectos. Ellos adoptaron la postura que nosotros vamos a adoptar hoy a fin de que pudiésemos compartir su certeza y aumentarla mediante nuestra aceptación de ella.


4. Todos aquellos que adoptaron la postura que hoy vamos a adoptar nosotros estarán a nuestro lado y nos transmitirán gustosamente todo cuanto aprendieron, así como todos sus logros. Los que todavía no están seguros también se unirán a nosotros y, al compartir nuestra certeza, la reforzarán todavía más. Y los que aún no han nacido, oirán la llamada que nosotros hemos oído y la contestarán cuando hayan venido a elegir de nuevo. Hoy no elegimos sólo para nosotros.


5. ¿No vale la pena acaso dedicar cinco minutos de tu tiempo cada hora a cambio de poder aceptar la felicidad que Dios te dio? ¿No vale la pena acaso dedicar cinco minutos de cada hora a fin de reconocer cuál es tu función especial aquí? ¿Qué son cinco minutos si a cambio de ello puedes recibir algo tan grande que es inconmensurable? Has hecho miles de tratos en los que siempre saliste perdiendo.


6. He aquí una oferta que garantiza tu total liberación de cualquier clase de dolor y una dicha que no es de este mundo. Puedes intercambiar una pequeña parte de tu tiempo por paz interior y certeza de propósito, con la promesa de que triunfarás. Y puesto que el tiempo no tiene significado, se te está dando todo a cambio de nada. He aquí un trato en el que no puedes perder. Y lo que ganas es en verdad ilimitado.


7. Ofrécele hoy tu modesta dádiva de cinco minutos cada hora. Él impartirá a las palabras que utilices al practicar con la idea de hoy la profunda convicción y firmeza de las que tú careces. Sus palabras se unirán a las tuyas y harán de cada repetición de la idea de hoy una absoluta consagración, hecha con fe tan perfecta y segura como la que Él tiene en ti. Su confianza en ti impartirá luz a todas las palabras que pronuncies, e irás más allá de su sonido a lo que verdaderamente significan. Hoy practicas con Él cuando dices:


Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación.


8. En cada uno de los períodos de cinco minutos que pases con Él, Él aceptará tus palabras y te las devolverá radiantes de una fe y confianza tan grandes e inquebrantables que iluminarán el mundo con esperanza y alegría. No dejes pasar ni una sola oportunidad de ser el feliz receptor de Sus regalos, para que a tu vez puedas dárselos hoy al mundo.


9. Ofrécele las palabras y Él se encargará del resto. Te ayudará a entender tu función especial. Allanará el camino que te conduce a la felicidad, y la paz y la confianza serán Sus regalos, Su respuesta a tus palabras. Responderá con toda Su Fe, Dicha y Certeza que lo que dices es verdad. Y entonces gozarás de la misma convicción de que goza Aquel que conoce tu función en la tierra así como en el Cielo. Estará contigo durante cada sesión de práctica que compartas con Él e intercambiará cada instante de tiempo que le ofrezcas por intemporalidad y paz.


10. Pasa la hora preparándote felizmente para los próximos cinco minutos que vas a volver a pasar con Él. Repite la idea de hoy mientras esperas la llegada de ese feliz momento. Repítela a menudo, y no te olvides de que cada vez que lo haces preparas a tu mente para el feliz momento que se acerca.


11. Y cuando la hora haya transcurrido y Él esté ahí una vez más para pasar otro rato contigo, siéntete agradecido y deja a un lado toda tarea mundana, pensamiento insignificante o idea restrictiva, y pasa un feliz rato en Su Compañía otra vez. Dile una vez más que aceptas el papel que Él quiere que asumas y que te ayudará a desempeñar, y Él hará que estés seguro de que deseas tomar esa decisión, la cual Él ya ha tomado contigo y tú con Él.


REFLEXIÓN:


Hoy nos hacen una oferta: “intercambiar una pequeña parte” de nuestro tiempo a cambio de “paz interior y certeza de propósito” con la promesa de que triunfaremos. Si aceptamos esa oferta estamos sellando “un trato” con Dios, en el que no podemos perder, y nuestra ganancia será ilimitada. Durante ese tiempo que vamos a intercambiar, sólo tenemos que repetir la siguiente frase: “Aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación”. A cambio Dios aceptará nuestras palabras y nos las devolverá radiantes de fe, esperanza y alegría, y nosotros las podremos devolver al mundo para que experimente lo mismo que nosotros. No es sólo un intercambio entre Dios y nosotros, sino entre Dios y el mundo a través de nosotros, porque cuando aceptamos la “oferta” que hoy nos proponen estamos aceptando la parte que nos corresponde del plan de Dios para nuestra salvación, y ya sabemos que no nos salvamos sólos, sino que nuestros hermanos se tienen que salvar para que esa salvación se haga efectiva en nosotros. Es una salvación benevolente y amorosa en donde nadie se queda por fuera, incluso las personas que aún no han nacido.


Cuando Jesús vino a este mundo fue porque aceptó ser parte del plan de Dios para la salvación por amor a nosotros, y así como hoy nos dicen que “los que aún no han nacido, oirán la llamada que nosotros hemos oído y la contestarán cuando hayan venido a elegir de nuevo”, nosotros también oímos esa llamada cuando Jesús estaba orando por sus apóstoles, y también nos incluyó a cada uno de nosotros, como lo dice el Evangelio de Juan 17:20: “Más no ruego sólo por éstos, sino  también por todos los que han de creer en mí, por las palabra de ellos”. Jesús habló directamente a sus apóstoles y ellos escucharon y creyeron; nosotros escuchamos lo que dijeron los apóstoles sobre Jesús, y al creer quedamos inmersos en esa oración que Jesús hizo hace miles de años. ¡Qué afortunados somos de haber sido elegidos por Jesús, y de haber sido amados y llamados desde antes de nacer!


Lloré de emoción, y me sentí la persona más amada, más afortunada, el día que leí el Evangelio de Juan, y supe que Jesús, dos mil años atrás, había orado por mí... Sí, porque Jesús oró por mí, por ti, por él, por todos nosotros.


ORACIÓN:


Padre, “aceptaré el papel que me corresponde en el plan de Dios para la salvación”, porque quiero ser el feliz receptor de Tus regalos, y porque quiero dárselos también a mis hermanos. Amén.

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