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lunes, 4 de agosto de 2025

LECCIÓN 216 (Repaso lección 196)



Sexto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/sexto-repaso-introduccion.html


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.


1. (196) No es sino a mí mismo a quien crucifico.


Todo lo que hago, me lo hago a mí mismo. Si ataco, sufro. Mas si perdono, se me da la salvación.


No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.


ORACIÓN:


Padre, que Tu Gracia me libere de mis pensamientos de ataque pues me estoy haciendo daño a mí mismo. Elijo el perdón y me acojo a Tu bendición. Amén.


domingo, 6 de julio de 2025

LECCIÓN 187: Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Nadie puede dar lo que no tiene. De hecho, dar es la prueba de que tiene. Hemos hecho mención de esto anteriormente. Mas no es eso lo que hace que sea difícil de creer. Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees.


2. ¿Cómo puede ser esto posible? Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas. Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. Tiene que ser más.


3. Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las puedas dar. Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. Con esto, la idea de dar se clarifica y cobra significado. Ahora puedes percibir que al dar, tu caudal aumenta.


4. Protege todas las cosas que valoras dándolas, y así te asegurarás de no perderlas nunca. De esta manera queda demostrado que lo que no creías tener te pertenece. Mas no le atribuyas valor a su forma. Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. Ninguna forma perdura. El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.


5. Da gustosamente, pues con ello sólo puedes beneficiarte. El pensamiento sigue vivo y su fuerza aumenta a medida que se refuerza al darse. Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder. No hay un dador y un receptor en el sentido que el mundo los concibe. Hay un dador que conserva lo que da, y otro que también dará. 7Y ambos ganarán en este intercambio, pues cada uno dispondrá del pensamiento en la forma que le resulte más útil. 8Lo que aparentemente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto.


6. Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea de sacrificio. Tampoco puede dejar de reconocer las múltiples formas en que éste se puede manifestar. Se ríe asimismo del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte. Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que yace tras todo esto, y con su dulce risa todo ello sana.


7. Una vez que una ilusión se reconoce como tal, desaparece. Niégate a aceptar el sufrimiento, y eliminarás el pensamiento de sufrimiento. Cuando decides ver todo sufrimiento como lo que es, tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre. El pensamiento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento aparenta adoptar. 5Mas el sacrificio es una idea tan demente que la cordura la descarta de inmediato.


8. Nunca creas que puedes hacer sacrificio alguno. No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. Si surge tal pensamiento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. Tu bendición lo corregirá. Habiéndosete dado a ti primero, ahora es tuya para que a tu vez la des. Ninguna forma de sacrificio o de sufrimiento puede prevalecer por mucho tiempo ante la faz de uno que se ha perdonado y bendecido a sí mismo.


9. Las azucenas que tu hermano te ofrece se depositan ante tu altar, junto a las que tú le ofreces a él. ¿Quién podría tener miedo de contemplar una santidad tan hermosa? La gran ilusión del temor a Dios queda reducida a nada ante la pureza que aquí has de contemplar. No tengas miedo de mirar. La bendición que has de contemplar eliminará todo pensamiento relativo a la forma y, en su lugar, dejará allí para siempre el regalo perfecto, el cual aumentará eternamente, será eternamente tuyo y eternamente ofrecido.


10. Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo ha desaparecido. Y aquí, ante el Altar a un solo Dios, a un solo Padre, a un solo Creador y a un solo Pensamiento, nos alzamos juntos como el único Hijo de Dios. Sin separarnos de Aquel que es nuestra Fuente, ni distanciándonos de los hermanos que forman parte de nuestro único Ser, Cuya inocencia nos ha unido a todos cual uno solo, nos alzamos en gloriosa bendición y damos tal como hemos recibido. Tenemos el Nombre de Dios en nuestros labios. Y cuando miramos en nuestro interior, vemos brillar la pureza del Cielo en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.


11. Ahora somos bendecidos y ahora bendecimos al mundo. Queremos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes. Queremos verlo refulgir con la Gracia de Dios en todos nuestros hermanos. No queremos que se le niegue a nada de lo que vemos. Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos. Pues allí donde la veamos, nos será devuelta en forma de azucenas que podremos depositar sobre nuestro altar, convirtiéndolo así en un hogar para la Inocencia Misma, la cual mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad para que sea nuestra.


REFLEXIÓN:


Si no puedo dar algo es por que no lo tengo. ¿Cómo saberlo? Hay muchas formas, por ejemplo cuando tengo conflictos con una persona, cuando busco culparla de algo para justificar mi incapacidad de dar primero eso que le estoy pidiendo o exigiendo, porque yo no lo tengo.  Y prefiero “blandir las armas” que se disfrazan en forma de ira, desprecio, rabia, burla, tristeza, depresión, apatía, etc. Todos esos sentimientos que salen a flote cuando las cosas no van bien, son el reflejo de que no puedo bendecir al mundo porque no me he bendecido a mí mismo, y por eso no puedo dar lo que no tengo.


Hoy nos dicen que las ideas nos tienen que pertenecer antes de poderlas dar, y que si hemos de salvar al mundo tenemos primero que aceptar las salvación para nosotros mismos. Pero para que esto sea real  tenemos que  ver los “milagros que les brinda” a  todos aquellos a quienes contemplemos. Y hay que proteger todas las cosas que valoremos para asegurarnos de no perderlas nunca, y así lo que no creíamos tener nos pertenecerá, pero sin atribuirle valor a su forma porque está cambiará, ya que “ninguna forma perdura”, porque “el pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable”.


También hay algo importante para nunca olvidar, y es que sólo nos damos a nosotros mismos, porque es absurda toda idea de sacrificio, el cual se manifiesta a través “del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte”. Y la ilusión que se  reconoce como tal, desaparece.


ORACIÓN.


Padre, me niego a aceptar el sufrimiento para que se elimine el pensamiento de sufrimiento, y decido verlo como lo que es, para que la bendición descienda sobre todo aquel que sufre. Y decido bendecir al mundo porque me bendigo a mí mismo. Que por Tu Gracia las azucenas que mi hermano me ofrece se depositen ante mi altar, junto a las que yo le ofrezco a él, con total convicción.  Amén.


martes, 10 de junio de 2025

LECCIÓN 161: Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.



1. Hoy vamos a practicar de manera diferente y a pronunciarnos en contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y den cabida al amor. He aquí la salvación, en las simples palabras con las que practicamos la idea de hoy. He aquí la respuesta a toda tentación, que no puede dejar de darle la bienvenida al Cristo allí donde antes imperaban la ira y el miedo. Aquí se completa la Expiación, el mundo se transpone sin riesgo alguno y el Cielo queda restaurado. He aquí la respuesta de la Voz que habla por Dios.


2. La condición natural de la mente es una de abstracción total. Pero ahora parte de ella se ha vuelto antinatural. No ve todo como si fuese uno solo, sino que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el mundo parcial que tú ves. El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. Todo lo que oyes no hace sino traer a la mente los sonidos que ésta desea oír.


3. Así fue como surgió lo concreto. Y ahora son las cosas concretas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. Se las entregamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les conferimos. Para instruirnos, Él sólo se puede valer de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente a fin de que podamos ver otro propósito en todo.


4. Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. Ésta es la verdad. No obstante, ¿aclaran estos pensamientos el significado de la Creación? ¿Te brindan estas palabras perfecta claridad? ¿Qué parecen ser sino sonidos huecos, bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan, pero fundamentalmente incomprendidos e incomprensibles? La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede captar la abstracción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. Necesitamos poder ver un poco para poder aprender mucho.


5. Nos parece que es el cuerpo el que coarta nuestra libertad, el que nos hace sufrir y el que finalmente acaba con nuestra vida. Sin embargo, los cuerpos no son sino símbolos de una forma concreta de miedo. El miedo desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden representar lo que no tiene sentido. El amor, al ser verdad, no tiene necesidad de símbolos. Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto.


6. Los cuerpos atacan; las mentes no. Este pensamiento nos hace pensar sin duda en el texto, en el que se subraya con frecuencia. Ésta es la razón por la que los cuerpos se convierten tan fácilmente en símbolos del miedo. Se te ha instado en innumerables ocasiones a que mires más allá del cuerpo, pues lo que éste ve es el símbolo del “enemigo” del amor que la visión de Cristo no ve. El cuerpo es el blanco del ataque, ya que nadie piensa que lo que odia sea una mente. Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente le ordena al cuerpo que ataque? ¿Qué otra cosa podría ser la sede del miedo sino lo que piensa en el miedo?


7. El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco. Tiene que percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente matar. Cuando el odio se posa sobre algo, exige su muerte tan inequívocamente como la Voz que habla por Dios proclama que la muerte no existe. El miedo es insaciable y consume todo cuanto sus ojos contemplan, y al verse a sí mismo en todo, se siente impulsado a volverse contra sí mismo y a destruirse.


8. Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el símbolo del miedo. Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a unirse a él. No subestimes la intensidad de la furia que puede generar el miedo que ha sido proyectado. Chilla de rabia y da zarpazos al aire deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo.


9. Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. Ésta es su realidad. Y en la visión de Cristo su hermosura se ve reflejada de una manera tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies. Mas en lugar de eso tomarás su mano, pues en la visión que lo ve así eres semejante a él. El ataque que lanzas contra él es lo que es tu enemigo, pues te impide percibir que en sus manos está tu salvación. Pídele únicamente eso y él te la dará. No le pidas que sea el símbolo de tu miedo. ¿Pedirías acaso que el amor se destruyera a sí mismo? ¿O preferirías que te fuese revelado y que te liberara?


10. Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes. Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. Si te propones alcanzarla, hoy lo lograrás. Y una vez que lo logres, no estarás dispuesto a aceptar los testigos que convocan los ojos del cuerpo. Lo que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. El Cielo no se ha olvidado de ti. ¿No te gustaría acordarte de él?


11. Escoge un hermano —como símbolo de los demás— y pídele la salvación. Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. Obsérvalo sonreír, y ve los gestos que le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. Pídele lo que sigue para que pueda liberarte:


Dame tu bendición, santo Hijo de Dios. Quiero contemplarte con los ojos de Cristo y ver en ti mi perfecta impecabilidad.


12. Y Aquel a Quien has invocado te responderá. Pues oirá en ti la Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti. La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. Cerciórate de repetirla inmediatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él el símbolo de tu miedo. Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio a Cristo.


REFLEXIÓN:


Hoy la reflexión se  vuelve personal porque cada uno de nosotros va a elegir a un hermano para escapar del miedo y la ira. Y ese hermano que cada uno elija será todos nuestros hermanos, incluyéndonos a nosotros mismos. Que la Presencia de Cristo nos permita transformar a nuestro "elegido" en salvador.


Te elijo a Ti, para que me des tu bendición, santo Hijo de Dios:


Quiero ser obediente porque eso me piden hoy

y te voy a contemplar con los ojos del Amor, 

porque quiero ver en ti mi perfecta impecabilidad.

Quizás lo hago más por obediencia que por convicción, 

pero por algo debo empezar.


No quiero volver a sentir miedo ni dolor. 

No quiero recordar el pasado 

que me causó angustia y desazón. 


No quiero proyectarme al futuro

para luego sentir frustración.

Quiero vivir el presente

sin apegos ni ilusión.


Te pido hagas silencio 

escuches mis palabras

y las guardes en tu corazón:


Siempre  te vi como  un “cuerpo”

frágil, corruptible y sin fuerza,

pero hoy Cristo ha venido a mí

y con su majestuosa Presencia 

manifestó tu valía y grandeza.


Ya no puedo  atacarte

ni contemplar al verdugo.

Te suelto y me suelto

te amo y me amo.

Mas dame tu bendición

para que nos salvemos juntos.


Espíritu somos, y la Gracia de Cristo nos otorga poder. Amén.


LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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