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jueves, 10 de julio de 2025

LECCIÓN 191: Soy el santo Hijo de Dios Mismo.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. He aquí la declaración de tu liberación de las cadenas del mundo. Y he aquí asimismo la liberación del mundo entero. No te das cuenta de lo que has hecho al asignar al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios. ¿Qué podría ser entonces sino un mundo depravado y temeroso, amedrentado por las sombras, vengativo y salvaje, desprovisto de razón, ciego y enajenado por el odio?


2. ¿Qué has hecho para que ése sea tu mundo? ¿Qué has hecho para que sea eso lo que ves? Niega tu Identidad y ése es el resultado. Contemplas el caos y proclamas que eso es lo que eres. No ves nada que no dé testimonio de ello. No hay sonido que no te hable de la flaqueza que hay dentro y fuera de ti; ni aliento que respires que no parezca acercarte más a la muerte; ni esperanza que alientes que no haya de acabar en llanto.


3. Niega tu verdadera identidad y no podrás escaparte de la locura que provocó este extraño, antinatural y fantasmal pensamiento que se burla de la Creación y se ríe de Dios. Niega tu verdadera identidad y te enfrentas al universo solo, sin ningún amigo, como una diminuta mota de polvo contra legiones de enemigos. Niega tu verdadera identidad y contemplarás la maldad, el pecado y la muerte; y verás la desesperanza arrebatarte de las manos todo vestigio de esperanza, dejándote solamente con ansias de morir.


4. Sin embargo, ¿qué podría ser esto sino un juego en el que puedes negar tu Identidad? Eres tal como Dios te creó. Creer cualquier otra cosa es absurdo. Con este solo pensamiento todo el mundo se libera. Con esta sola verdad desaparecen todas las ilusiones. Con este solo hecho se proclama que la impecabilidad es eternamente parte integral de todo, el núcleo central de su existencia y la garantía de su inmortalidad.


5. Deja que la idea de hoy encuentre un lugar entre tus pensamientos, y te habrás elevado muy por encima del mundo, así como por encima de todos los pensamientos mundanos que lo mantienen prisionero. Y desde este lugar de seguridad y escape retornarás a él y lo liberarás. Pues aquel que puede aceptar su verdadera identidad realmente se salva. Y su salvación es el regalo que les hace a todos como muestra de gratitud hacia Aquel que le mostró el camino a la felicidad que cambió toda su perspectiva acerca del mundo.


6. Basta con un solo pensamiento santo como éste y te liberas: eres el santo Hijo de Dios Mismo. Y con este pensamiento santo comprendes asimismo que has liberado al mundo. No tienes necesidad de usarlo cruelmente, y luego percibir esa misma necesidad feroz en él. Lo liberas de tu aprisionamiento. No verás una imagen devastadora de ti mismo vagando por el mundo llena de terror mientras éste se retuerce en agonía porque tus miedos han dejado impreso en su corazón el sello de la muerte.


7. Alégrate hoy de cuán fácilmente se des-hace el infierno. No necesitas más que decirte a ti mismo:


Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida.


Y con ese pensamiento todo lo que contemples cambiará por completo.


8. Un milagro ha iluminado todas las lúgubres y viejas cavernas en las que los ritos de la muerte reverberaban desde los orígenes del tiempo, pues éste ya no tiene dominio sobre el mundo. El Hijo de Dios ha venido lleno de gloria a redimir a los que estaban perdidos, a salvar a los desvalidos y a darle al mundo el regalo de su perdón. ¿Quién podría ver el mundo como un lugar siniestro y pecaminoso cuando el Hijo de Dios por fin ha venido nuevamente para liberarlo?


9. Tú que te percibes a ti mismo como débil y frágil, lleno de vanas esperanzas y de anhelos frustrados; nacido sólo para morir, llorar y padecer, escucha esto: se te ha dado todo poder en la tierra y en el Cielo. No hay nada que no puedas hacer. Estás jugando al juego de la muerte, al de ser impotente, al de estar lamentablemente encadenado a la disolución en un mundo que no tiene misericordia contigo. No obstante, cuando tengas misericordia con él, su misericordia resplandecerá sobre ti.


10. Deja entonces que el Hijo de Dios despierte de su sueño y, que al abrir sus ojos santos, regrese para bendecir el mundo que él mismo fabricó. Ese mundo dio comienzo como resultado de un error, pero acabará en el reflejo de la santidad del Hijo de Dios. Y éste dejará de dormir y de soñar con la muerte. Únete a mí hoy. Tu gloria es la luz que salva al mundo. No sigas negándote a conceder la salvación. Contempla el mundo que te rodea y observa el sufrimiento que se abate sobre él. ¿No está acaso tu corazón dispuesto a llevar descanso a tus fatigados hermanos?


11. Ellos tienen que esperar hasta que tú te liberes. Permanecen encadenados hasta que tú seas libre. No pueden ver la misericordia del mundo hasta que tú la encuentres en ti mismo. Sufren hasta que tú niegues que el dolor te atenaza. Mueren hasta que tú aceptes tu propia vida eterna. Eres el santo Hijo de Dios Mismo. Recuerda esto y el mundo entero se libera. Recuerda esto y la tierra y el Cielo son uno.


REFLEXIÓN:


Hoy podemos responder las  preguntas que nos hacen para poder entender por qué estamos atados a las cadenas del mundo:


“¿Qué has hecho para que ése sea tu mundo? ¿Qué has hecho para que sea eso lo que ves?” Negar mi identidad, verme como un cuerpo y a mis hermanos también. Creer en la fragilidad de lo que se desintegra con el paso del tiempo y sentir miedo de la pérdida. Creer en la separación y hacer parte de ella, pues al juzgar a mis hermanos, me juzgo a mí mismo, y me condeno junto con ellos. 


Pero cuando acepto que “Soy el santo Hijo de Dios Mismo”, no sólo reconozco mi Fuente, sino a toda Su Creación.  Y no basta con tener el pensamiento de creerlo, sino que debemos recordar que al invocar la Gracia de Dios, ésta se hace presente porque la Gracia no es otro que su Amado Hijo, que es nuestro modelo a seguir, y quien es Fuente de Salvación  y Liberación para quien cree en Él, y que hoy, amorosamente, nos pide que lo sigamos no sólo por nosotros sino por nuestros hermanos:


“Únete a mí hoy. Tu gloria es la luz que salva al mundo. No sigas negándote a conceder la salvación. Contempla el mundo que te rodea y observa el sufrimiento que se abate sobre él. ¿No está acaso tu corazón dispuesto a llevar descanso a tus fatigados hermanos?”.


Tanta confianza nos tiene que nos pide unirnos a Él, que es el Todopoderoso por excelencia. Es un honor que no debemos despreciar, y sí Él  confía en nosotros, ¿quiénes somos nosotros para desconfiar de sí mismos? ¡Eso es soberbia! Ya nos lo han dicho. Entonces, aún a pesar de nuestro dolor, sufrimiento, pérdida, angustia, apatía, equivocaciones, digámosle que sí, porque “el mundo entero se libera”.


ORACIÓN:


Padre, hoy proclamo que “Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida”. Amén.

domingo, 15 de junio de 2025

LECCIÓN 166: Se me han confiado los dones de Dios.



1. Se te ha dado todo. La confianza que Dios tiene en ti es infinita. Él conoce a Su Hijo. Da sin hacer excepciones y sin reservarse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?


2. He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. Este mundo no es la Voluntad de Dios, por consiguiente, no es real. No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. Esto es claramente imposible, mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores o, mejor dicho, en uno solo: él mismo. Pero nunca en un solo Dios.


3. Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios, pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le insta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. Por lo tanto, tiene que negar su presencia, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él construyó.


4. He aquí el único hogar que cree conocer; la única seguridad que cree poder encontrar. Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y asustado. No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; un paria vagando tan lejos de casa y ausente por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va e incluso de Quién es en realidad.


5. No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. No puede perderlos. Pero no quiere ver lo que se le ha dado. Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme sigue adelante sin ir a ninguna parte. Pero aun así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.


6. Su aspecto da lástima: cansado, rendido, harapiento, con los pies ensangrentados debido al pedregoso camino que ha venido recorriendo. No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. Mas ¿es su situación realmente trágica si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y poner al descubierto sus tesoros para ser libre?


7. Éste es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda evidencia, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. Pero no les haces caso. Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del autoengaño y quedes en libertad.


8. Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. ¿Cómo podrías proclamar entonces que eres pobre en el exilio? Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. ¿Dónde está ahora la auto-conmiseración? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que montaste para aquel para el que Dios dispuso que gozara sólo de dicha?


9. Ahora tu miedo ancestral te ha salido al encuentro y por fin la justicia ha dado contigo. Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro y ya no te sientes solo. Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste recorrer separado de tu Ser no Lo ha engañado del todo.


10. La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es. No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. Hubo una necesidad que Él no comprendió, y Él simplemente dio una Respuesta. Eso es todo. 7Y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.


11. Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. El deseo de morir recibió respuesta, y la mirada que contemplaba la muerte ha sido reemplazada por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: “Eso no es cierto”. Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.


12. Y te recuerda también algo más que habías olvidado. Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. Los dones que posees no son sólo para ti. Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. Ésta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocultarte de Dios. Te ha recordado todos los dones que Dios te concedió. Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de convertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que te pertenecen.


13. Los dones son tuyos, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. Les enseñas esto al mostrarles la felicidad que sobreviene a los que han sentido el toque de Cristo y reconocido los dones de Dios. No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.


14. Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. Tus lágrimas son las suyas. Si enfermas, no haces sino impedir su curación. Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justificados. Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad, en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.


15. No lo defraudes. Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecer a todo el mundo. Dios te ha confiado Sus dones. ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora. Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. Ha compartido Su Júbilo contigo. Ahora ve y compártelo con el mundo.


REFLEXIÓN:


Sólo puedo recibir los dones si mi voluntad es una con la de Dios. Y este mundo no es la voluntad de Dios, por lo tanto no es real. Al poner mis esperanzas en las cosas de este mundo está implícita la idea de hacer sólo mi voluntad, y por eso es que cuando no consigo lo que quiero culpo a Dios.  Así que cuando lo que deseo está ligado al mundo es cuando mi voluntad no coincide con la voluntad de Dios, y al no conseguir lo que deseo o las cosas salen mal, sólo atino a decir: Dios no existe.  Y esto es producto de la no aceptación de lo que sucede en mi vida, o simplemente de la rebeldía que nace de no poder hacer mi voluntad a capricho ni hacerme responsable de mis actos. 


¿Cómo saber que la voluntad de Dios y la mía no están alineadas? Sí que lo sabemos:  cuando nuestra vida está hecha un caos, todo nos sale mal, nos sentimos frustrados, tenemos pérdidas materiales y espirituales, físicamente nos sentimos agotados, y literal, no podemos caminar con la frente en alto, y tenemos el corazón escondido porque nuestra espalda no está erguida sino doblada por el peso que llevamos encima. Y cuando esto pasa surgen más preguntas: ¿Y dónde está Dios?  ¿Por qué me abandonó? ¿Por qué permitió que esto pasara? Lo que sucedió fue que cuando tomé mis decisiones no quise contar con Dios, y claramente nos dicen que “la Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es”, y esto no es otra cosa que el libre albedrío. Sí, porque Dios nos hizo libres, no somos sus esclavos, y permanece esperando que contemos con Él, y no manipula nuestras acciones, y mucho menos nuestras decisiones. 


Y sólo cuando la Voluntad de Dios y la nuestra están alineadas, entonces todo se sincroniza y nuestra vida cambia, y todo nos sale bien, y disfrutamos de un tiempo de paz. Todos hemos pasado por momentos de oscuridad que algunos llaman “la noche oscura del alma”, y que no es otra cosa que un tiempo de crisis que nos confronta, que nos aísla del mundo y de las personas, pero que nos permite experimentar una transformación producto de la purificación de nuestra mente y nuestro cuerpo. Luego de eso, hay un respiro en nuestra vida, y es cuando buscamos a Dios desesperadamente, y Él en su infinito amor se deja encontrar de maneras misteriosas que cada quien sabe y comprende cómo fue. Luego de eso vienen momentos de paz, y es porque nuestra voluntad se está “sincronizando” con la del Padre. Esta experiencia nos transforma, y muy seguramente muchas de las personas que iniciamos el estudio de UCDM, ya lo hemos experimentado y por eso estamos aquí buscando sanar nuestra mente para permanecer unidos a la Voluntad liberadora del Padre.


Los dones que recibimos de Dios, se manifiestan de muchas maneras: Nace de nuestro interior una “ganas” de hacer algo no sólo para seguirnos transformando, sino para que otros también lo hagan. Es por eso que algunas personas se unen a grupos o fundaciones para ofrecer sus talentos. Otros escriben un libro compartiendo su experiencias, otros pitan, otros bailan, pero todos hacemos algo para compartir con los demás, porque eso tan maravilloso que nos ha sucedido no puede quedar guardado en nuestro corazón, sino tiene que ser compartido para que otros hermanos se inspiren y experimenten su propia transformación. Por eso nos dicen que nuestros dones se nos han confiado para que se los demos “a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino” del que nosotros hemos escapado. Creo que aquí cobra valor la frase “no hay mal que por bien no venga”, porque eso que nos parecía tan terrible, luego se convierte en una experiencia de aprendizaje no sólo para nosotros sino para esos hermanos que vienen detrás de nosotros, y por eso nos dicen:


“Ahora eres tú quien tiene que enseñar. Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. Les enseñas esto al mostrarles la felicidad que sobreviene a los que han sentido el toque de Cristo y reconocido los dones de Dios.  No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido”.


Se nos ha encomendado “liberar al mundo de su dolor”. Es una tarea bella y ardua, y somos valientes si decidimos aceptarla. Dios ha compartido “Su Júbilo” con nosotros, no para guardarlo como un tesoro, sino para entregarlo al mundo.


ORACIÓN:


Padre, que yo no te defraude, que mis dones no se pierdan en mi inconstancia y mi desánimo. Qué el toque de Cristo me de la fuerza para persistir en este camino de sanación de mi mente. Amén.


martes, 10 de junio de 2025

LECCIÓN 161: Dame tu bendición, santo Hijo de Dios.



1. Hoy vamos a practicar de manera diferente y a pronunciarnos en contra de nuestra ira de modo que nuestros temores puedan desaparecer y den cabida al amor. He aquí la salvación, en las simples palabras con las que practicamos la idea de hoy. He aquí la respuesta a toda tentación, que no puede dejar de darle la bienvenida al Cristo allí donde antes imperaban la ira y el miedo. Aquí se completa la Expiación, el mundo se transpone sin riesgo alguno y el Cielo queda restaurado. He aquí la respuesta de la Voz que habla por Dios.


2. La condición natural de la mente es una de abstracción total. Pero ahora parte de ella se ha vuelto antinatural. No ve todo como si fuese uno solo, sino que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el mundo parcial que tú ves. El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. Todo lo que oyes no hace sino traer a la mente los sonidos que ésta desea oír.


3. Así fue como surgió lo concreto. Y ahora son las cosas concretas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. Se las entregamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les conferimos. Para instruirnos, Él sólo se puede valer de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente a fin de que podamos ver otro propósito en todo.


4. Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. Ésta es la verdad. No obstante, ¿aclaran estos pensamientos el significado de la Creación? ¿Te brindan estas palabras perfecta claridad? ¿Qué parecen ser sino sonidos huecos, bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan, pero fundamentalmente incomprendidos e incomprensibles? La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede captar la abstracción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. Necesitamos poder ver un poco para poder aprender mucho.


5. Nos parece que es el cuerpo el que coarta nuestra libertad, el que nos hace sufrir y el que finalmente acaba con nuestra vida. Sin embargo, los cuerpos no son sino símbolos de una forma concreta de miedo. El miedo desprovisto de símbolos no suscita respuesta alguna, pues los símbolos pueden representar lo que no tiene sentido. El amor, al ser verdad, no tiene necesidad de símbolos. Pero el miedo, al ser falso, se aferra a lo concreto.


6. Los cuerpos atacan; las mentes no. Este pensamiento nos hace pensar sin duda en el texto, en el que se subraya con frecuencia. Ésta es la razón por la que los cuerpos se convierten tan fácilmente en símbolos del miedo. Se te ha instado en innumerables ocasiones a que mires más allá del cuerpo, pues lo que éste ve es el símbolo del “enemigo” del amor que la visión de Cristo no ve. El cuerpo es el blanco del ataque, ya que nadie piensa que lo que odia sea una mente. Sin embargo, ¿qué otra cosa sino la mente le ordena al cuerpo que ataque? ¿Qué otra cosa podría ser la sede del miedo sino lo que piensa en el miedo?


7. El odio es algo concreto. Tiene que tener un blanco. Tiene que percibir un enemigo de tal forma que éste se pueda tocar, ver, oír y finalmente matar. Cuando el odio se posa sobre algo, exige su muerte tan inequívocamente como la Voz que habla por Dios proclama que la muerte no existe. El miedo es insaciable y consume todo cuanto sus ojos contemplan, y al verse a sí mismo en todo, se siente impulsado a volverse contra sí mismo y a destruirse.


8. Quien ve a un hermano como un cuerpo lo está viendo como el símbolo del miedo. Y lo atacará, pues lo que contempla es su propio miedo proyectado fuera de sí mismo, listo para atacar, y pidiendo a gritos volver a unirse a él. No subestimes la intensidad de la furia que puede generar el miedo que ha sido proyectado. Chilla de rabia y da zarpazos al aire deseando frenéticamente echarle mano a su hacedor y devorarlo.


9. Esto es lo que contemplan los ojos del cuerpo en uno que el Cielo tiene en gran estima, los ángeles aman y Dios creó perfecto. Ésta es su realidad. Y en la visión de Cristo su hermosura se ve reflejada de una manera tan santa y tan bella que apenas podrías contener el impulso de arrodillarte a sus pies. Mas en lugar de eso tomarás su mano, pues en la visión que lo ve así eres semejante a él. El ataque que lanzas contra él es lo que es tu enemigo, pues te impide percibir que en sus manos está tu salvación. Pídele únicamente eso y él te la dará. No le pidas que sea el símbolo de tu miedo. ¿Pedirías acaso que el amor se destruyera a sí mismo? ¿O preferirías que te fuese revelado y que te liberara?


10. Hoy vamos a practicar de una manera que ya hemos intentado antes. Ya estás más preparado, y hoy te acercarás más a la visión de Cristo. Si te propones alcanzarla, hoy lo lograrás. Y una vez que lo logres, no estarás dispuesto a aceptar los testigos que convocan los ojos del cuerpo. Lo que verás te traerá con su cántico el recuerdo de melodías ancestrales. El Cielo no se ha olvidado de ti. ¿No te gustaría acordarte de él?


11. Escoge un hermano —como símbolo de los demás— y pídele la salvación. Visualízalo primero tan claramente como puedas, de la misma manera en que estás acostumbrado a verlo. Observa su rostro, sus manos, sus pies, su ropa. Obsérvalo sonreír, y ve los gestos que le has visto hacer tan a menudo que ya te resultan familiares. Luego piensa en esto: lo que estás viendo ahora te impide ver a aquel que te puede perdonar todos tus pecados, arrancar con sus sagradas manos los clavos que atraviesan las tuyas y quitar de tu ensangrentada frente la corona de espinas que tú mismo te pusiste. Pídele lo que sigue para que pueda liberarte:


Dame tu bendición, santo Hijo de Dios. Quiero contemplarte con los ojos de Cristo y ver en ti mi perfecta impecabilidad.


12. Y Aquel a Quien has invocado te responderá. Pues oirá en ti la Voz que habla por Dios y te responderá con la tuya. Contempla ahora a aquel que tan sólo habías visto como carne y hueso, y reconoce que Cristo ha venido a ti. La idea de hoy es la manera de escaparte del miedo y de la ira. Cerciórate de repetirla inmediatamente en caso de sentir la tentación de atacar a un hermano y de percibir en él el símbolo de tu miedo. Y lo verás cambiar súbitamente de enemigo a salvador; de demonio a Cristo.


REFLEXIÓN:


Hoy la reflexión se  vuelve personal porque cada uno de nosotros va a elegir a un hermano para escapar del miedo y la ira. Y ese hermano que cada uno elija será todos nuestros hermanos, incluyéndonos a nosotros mismos. Que la Presencia de Cristo nos permita transformar a nuestro "elegido" en salvador.


Te elijo a Ti, para que me des tu bendición, santo Hijo de Dios:


Quiero ser obediente porque eso me piden hoy

y te voy a contemplar con los ojos del Amor, 

porque quiero ver en ti mi perfecta impecabilidad.

Quizás lo hago más por obediencia que por convicción, 

pero por algo debo empezar.


No quiero volver a sentir miedo ni dolor. 

No quiero recordar el pasado 

que me causó angustia y desazón. 


No quiero proyectarme al futuro

para luego sentir frustración.

Quiero vivir el presente

sin apegos ni ilusión.


Te pido hagas silencio 

escuches mis palabras

y las guardes en tu corazón:


Siempre  te vi como  un “cuerpo”

frágil, corruptible y sin fuerza,

pero hoy Cristo ha venido a mí

y con su majestuosa Presencia 

manifestó tu valía y grandeza.


Ya no puedo  atacarte

ni contemplar al verdugo.

Te suelto y me suelto

te amo y me amo.

Mas dame tu bendición

para que nos salvemos juntos.


Espíritu somos, y la Gracia de Cristo nos otorga poder. Amén.


viernes, 30 de mayo de 2025

LECCIÓN 150: (Repaso lecciones 139 y 140)



Cuarto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/cuarto-repaso-introduccion.html


Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.


(139) Aceptaré la Expiación para mí mismo.

(140) La salvación es lo único que cura.


ORACIÓN:


Padre,  soy espíritu, soy tal como me creaste, y aceptar la “Expiación” es reconocerte. Soy uno con mis hermanos porque al crearnos nos incluiste a todos, y por eso hoy 

aceptamos que la “salvación es lo único que cura”. Qué Tu Voz se escuche por todo el universo “para que nos podamos curar”. Amén.


viernes, 23 de mayo de 2025

LECCIÓN 143 (Repaso lecciones 125 y 126)



Cuarto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/cuarto-repaso-introduccion.html


Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.


(125) En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.

(126) Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy.


ORACIÓN:


Padre, dispongo mi mente y mi corazón para recibir Tu Palabra, que es la fuente de la 

de la verdadera sabiduría. Dame la gracia  de entregar a mis hermanos todo lo que reciba de Ti para que también yo lo pueda recibir. Amén.


viernes, 25 de abril de 2025

LECCIÓN 115 (Repaso lecciones 99 y 100)



Tercer repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/tercer-repaso-introduccion.html


Para los repasos de por la mañana y por la noche:


1. (99) La salvación es mi única función aquí.


Mi función aquí es perdonar al mundo por todos los errores que yo he cometido. Pues así me libero de ellos junto con él.


2. (100) Mi papel es esencial en el plan de Dios para la salvación.


Soy esencial en el plan de Dios para la salvación del mundo. Pues Él me dio Su plan para que salvara al mundo.


3. A la hora en punto:

La salvación es mi única función aquí.


Media hora más tarde:

Mi papel es esencial en el plan de Dios para la salvación.


REFLEXIÓN:


Qué impactante es leer que perdonamos al mundo por todos los errores que hemos cometido, cuando lo que nos enseñaron fue todo lo contrario: Que perdonábamos a otros los errores que ellos habían cometido, y de esa manera quedábamos como los buenos, los santos, y merecíamos la admiración de ese otro ser humano que había quedado humillado porque nosotros le habíamos otorgado el perdón de sus pecados. Nos bajan de la nube en la que alguna vez estuvimos, o del pedestal que nos hizo mirar a nuestros hermanos como si estuvieran debajo de nosotros. No importa si lo hicimos o no, no importa si alguna vez miramos a alguien con lástima por, supuestamente, “no ser como nosotros”,  no importa cuán equivocados hayamos estado, lo que importa es que hoy sabemos que cuando perdonamos nos salvamos a nosotros mismos, y que nuestra percepción errada quedó atrás, junto con nuestro cúmulo de falsa ilusiones.


ORACIÓN:


Gracias, Padre, por quitar esa venda de mis ojos que me hacía mirar a mis hermanos con desamor, con enojo, como si ellos fueran los culpables de mis persistentes males. Hoy comprendo que nada fuera de mí me estaba causando daño, y que el remedio para todos mis pesares es “perdonar al mundo por todos los errores que yo he cometido”. Que Tu Voluntad se haga en mí y en mis hermanos. Amén.

LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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