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lunes, 22 de diciembre de 2025

LECCIÓN 356: La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios. El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.



1. Padre, prometiste que nunca dejarías de contestar cualquier invocación que Tu Hijo pudiera hacerte. No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido, él es Tu Hijo y Tú le responderás. El milagro es un reflejo de Tu Amor, por lo tanto, es la contestación que él recibe. Tu Nombre reemplaza todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. Tu Nombre es la Respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nombre él invoca el Suyo Propio.


REFLEXIÓN:


La enfermedad es sinónimo de pecado. La curación es la respuesta de Dios ante nuestras súplicas. Su amor por nosotros se transforma en perdón a través de la “Visión de Cristo” que contempla todo “con misericordia y amor”


“El pecado es la morada de las ilusiones”, que se gesta en una mente que no ha sanado.  Por el contrario, “el perdón es la morada de los milagros”, en donde la percepción ha sido corregida y las ilusiones no tienen cabida ya que la mente está libre de pecado, porque la “verdad” ha ocupado su lugar.


El Nombre de Dios nos otorga “curación”, porque invocarlo es recibir el milagro. Y si lo hemos recibido es porque hemos perdonado, hemos sanado nuestra mente y estamos listos para disfrutar de la dicha y la paz de Dios, en unión con nuestros hermanos.


¡Que al invocar el Bendito Nombre de Dios se nos otorgue curación!


Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


14. ¿Qué soy?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/14-que-soy.html


viernes, 30 de mayo de 2025

LECCIÓN 150: (Repaso lecciones 139 y 140)



Cuarto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/cuarto-repaso-introduccion.html


Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.


(139) Aceptaré la Expiación para mí mismo.

(140) La salvación es lo único que cura.


ORACIÓN:


Padre,  soy espíritu, soy tal como me creaste, y aceptar la “Expiación” es reconocerte. Soy uno con mis hermanos porque al crearnos nos incluiste a todos, y por eso hoy 

aceptamos que la “salvación es lo único que cura”. Qué Tu Voz se escuche por todo el universo “para que nos podamos curar”. Amén.


jueves, 29 de mayo de 2025

LECCIÓN 149: (Repaso lecciones 137 y 138)



Cuarto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/cuarto-repaso-introduccion.html


Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.


(137) Cuando me curo no soy el único que se cura.

(138) El Cielo es la alternativa por la que me tengo que decidir.


ORACIÓN:


Padre, hoy comprendo que “cuando me curo no soy el único que se cura”, y al bendecir a mis hermanos no sólo nos estamos curando todos, sino que hemos elegido el Cielo porque es lo único que nos garantiza la Dicha y la Paz. Que la Claridad de Tu Cristo nos ilumine. Amén.


martes, 20 de mayo de 2025

LECCIÓN 140: La salvación es lo único que cura.



1. La palabra “cura” no puede aplicarse a ningún remedio que el mundo considere beneficioso. Lo que el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que el cuerpo se sienta “mejor”. Mas cuando trata de curar a la mente, no la considera como algo separado del cuerpo, en el que cree que ella existe. Sus métodos de curación, por lo tanto, no pueden sino substituir una ilusión por otra. Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el paciente se siente ahora restablecido.


2. Mas no se ha curado. Simplemente soñó que estaba enfermo y en el sueño encontró una fórmula mágica para curarse. Sin embargo, no ha despertado del sueño, de modo que su mente continúa en el mismo estado que antes. No ha visto la luz que lo podría despertar y poner fin a su sueño. ¿Qué importancia tiene en realidad el contenido de un sueño? Pues o bien uno está dormido o bien despierto. En esto no hay términos medios.


3. Los dulces sueños que el Espíritu Santo ofrece son diferentes de los del mundo, donde lo único que uno puede hacer es soñar que está despierto. Los sueños que el perdón le permite percibir a la mente no inducen a otra forma de sueño a fin de que el soñador pueda soñar otro sueño. Sus sueños felices son los heraldos de que la verdad ha alboreado en su mente. Te conducen del sueño a un dulce despertar, de modo que todos los sueños se desvanecen. Y así, sanan por toda la eternidad.


4. La Expiación cura absolutamente y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar. Donde no hay culpa no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpa. La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpa que hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.


5. ¡Que la paz sea contigo que has sido curado en Dios y no en sueños vanos! Pues la curación tiene que proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se concede valor al pecado. Dios mora en templos santos. Allí donde ha entrado el pecado se Le obstruye el paso. No obstante, no hay ningún lugar en el que Él no esté. Por lo tanto, el pecado no tiene un hogar donde poder ocultarse de Su beneficencia. No hay lugar del que la santidad esté ausente ni ninguno donde el pecado y la enfermedad puedan morar.


6. Éste es el pensamiento que cura. No hace distinciones entre una irrealidad y otra. Tampoco trata de curar lo que no está enfermo, al ser consciente únicamente de dónde hay necesidad de curación. Esto no es magia. Es simplemente un llamamiento a la verdad, la cual no puede dejar de curar, y curar para siempre. No es un pensamiento que juzgue una ilusión por su tamaño, su aparente gravedad o por nada que esté relacionado con la forma en que se manifiesta. Sencillamente se concentra en lo que es, y sabe que ninguna ilusión puede ser real.


7. No tratemos hoy de curar lo que no puede enfermar. La curación se tiene que buscar allí donde se encuentra, y entonces aplicarse a lo que está enfermo para que se pueda curar. Ninguno de los remedios que el mundo suministra puede producir cambio alguno en nada. Pero la mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente. No hay otro cambio que éste. Pues ¿cómo puede una ilusión diferir de otra sino en atributos que no tienen substancia, realidad, núcleo ni nada que sea verdaderamente diferente?


8. Hoy nos proponemos cambiar de parecer con respecto a lo que constituye la fuente de la enfermedad, pues lo que buscamos es una cura para todas las ilusiones, y no meramente un cambio en ellas. Hoy vamos a tratar de encontrar la fuente de la curación, la cual se encuentra en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros. Está tan cerca de nosotros como nosotros mismos. Está tan cerca de nosotros como nuestros propios pensamientos, tan próxima que es imposible que la podamos perder de vista. Sólo necesitamos buscarla y con toda seguridad la hallaremos.


9. Hoy no nos dejaremos engañar por lo que a nosotros nos parece que está enfermo. E iremos más allá de las apariencias hasta llegar a la fuente de la curación, de la que nada está exento. Tendremos éxito en la medida en que nos demos cuenta de que jamás se puede hacer una distinción válida entre lo que es falso y lo que es igualmente falso. En esto no hay grados ni ninguna creencia de que lo que no existe puede ser más cierto en algunas de sus formas que en otras. Todas las ilusiones son falsas, y se pueden subsanar precisamente porque no son verdad.


10. Así pues, dejamos a un lado nuestros amuletos, nuestros talismanes y medicamentos, así como nuestras encantaciones y trucos mágicos de la clase que sean. Sencillamente permaneceremos en perfecta quietud a la escucha de la Voz de la curación, la cual curará todos los males como si de uno solo se tratase, restaurando así la cordura del Hijo de Dios. otra voz salvo Ésta puede curar. Hoy escucharemos una sola Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda ilusión acaba, y la paz retorna a la eterna y apacible morada de Dios.


11. Al despuntar el día nos despertamos oyéndolo a Él y permitiendo que nos hable durante cinco minutos; y al concluir el día Lo volvemos a escuchar cinco minutos más antes de irnos a dormir. Nuestra única preparación consistirá en dejar a un lado los pensamientos que constituyen una interferencia, no uno por uno, sino todos de una vez. Pues todos son lo mismo. No hace falta hacer distinciones entre ellos y demorar así el momento en que podamos oír a nuestro Padre hablarnos. Lo oímos ahora. Hoy venimos a Él.


12. Sin nada en nuestras manos a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta, oremos:


La salvación es lo único que cura.

Háblanos, Padre, para que nos podamos curar.


Y sentiremos la salvación cubrirnos con amorosa protección y con una paz tan profunda que ninguna ilusión podría perturbar nuestras mentes ni ofrecernos pruebas de que es real. Esto es lo que aprenderemos hoy. Repetiremos cada hora nuestra plegaria de curación, y cuando el reloj marque la hora, dedicaremos un minuto a oír la respuesta a nuestra plegaria, que se nos da según aguardamos felizmente en silencio. Hoy es el día en que nos llega la curación. Hoy es el día en que a la separación le llega su fin y en el que recordamos Quién somos en verdad.


REFLEXIÓN:


El aceptar que soy tal como Dios me creó, el aceptar que no soy cuerpo sino espíritu, que es vida eterna, es lo único que cura. Y eso es la “Expiación” como lo vimos en la lección de ayer. Nos lo dicen de la siguiente manera:  “La Expiación cura absolutamente y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar”


Y nos dan la clave para la curación: “Donde no hay culpa no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpa”. Y la culpa nace de la acción de juzgar, porque cuando juzgo veo pecado, y es el pecado el que pone en mí el sentimiento de culpa, ya sea porque me juzgo, o cuando juzgo a mi hermano, pues veo su “pecado” y lo culpo. Ahí quedé inmerso, junto con él, en la culpa, y esa es la enfermedad que luego se manifiesta en el cuerpo porque éste sí es vulnerable a todas esas emociones que se generan cuando veo culpa. Y nos explican muy bien como funciona este proceso:  “La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpa que hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar”.


Luego nos dicen que “ la curación tiene que proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se concede valor al pecado”.  La manera de concederle valor al pecado es cuando juzgo, si no juzgo ni bueno ni malo, no puedo ver pecado, simplemente estoy observando las cosas tal y como sin otorgarles un valor, porque si digo: “esa persona es buena”, estoy juzgando una apariencia y ya  tiene un potencial que puede cambiar porque también puede en algún momento ser “mala”. Juzgar no se aplica solamente a lo que para mí es negativo, sino a todo aquello que le doy un valor: un juicio de valor. Entonces, no juzgar es no otorgarle valor a nada, las cosas simplemente son y ocupan un lugar y tiene una función. Las personas simplemente son nuestros hermanos que comparten este mundo material con nosotros, también tiene un propósito, y son, al igual que yo, tal como Dios las creó. Esa sería una manera de entender la “Expiación”.


Y nos dicen que la fuente de la curación está “en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros”.  Ese es el motivo por el que el propósito de este curso es sanar nuestra mente, porque si no sana, la curación no estará a nuestro alcance. Y la mente tiene que sanar de las ilusiones de separación que es la causa de nuestras enfermedades, porque en el momento en que tomemos conciencia de que todos somos uno, entenderemos que nada hay fuera de nosotros que nos esté causando dolor, y  más bien, somos nosotros mismos los que nos hemos estado haciendo daño. ¿Cómo podríamos seguir culpándonos a nosotros mismos? Porque si yo en verdad creo que soy  uno con mi hermano, ¿podría seguir culpándolo de algo? ¿Podría seguir viendo pecado en él? Sólo cuando en verdad lo creamos diremos que no. Mientras tanto la enfermedad será causa de dolores en nuestra vida, porque está comprobado que son las emociones mal gestionadas las que provocan síntomas en el cuerpo físico, y tiene sentido cuando nos dicen que la culpa provoca que estemos enfermos. Son los pensamientos un arma de doble filo, porque nos pueden mantener en equilibrio, o causar dolor. 


Y si hoy nos dicen que la salvación es lo único que cura, y si la salvación procede de mí, como ya nos lo explicaron en la Lección No.70, nuestra tarea es no abrigar resentimientos, a través de la culpa, porque estaríamos atacando el plan de salvación que Dios planeó para nosotros porque nos quería sanos y no enfermos.


ORACIÓN:


“La salvación es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos podamos curar". Amén.


sábado, 17 de mayo de 2025

LECCIÓN 137: Cuando me curo no soy el único que se cura.



1. La idea de hoy sigue siendo el pensamiento central sobre el que descansa la salvación. Pues la curación es lo opuesto a todas las ideas del mundo que tienen que ver con la enfermedad y con los estados de separación. Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que da lugar a la enfermedad. Ésta se convierte en una puerta tras la cual se encierra a un ser separado y donde se le mantiene aislado y solo.


2. La enfermedad es aislamiento. Pues parece mantener a un ser separado del resto para que sufra lo que los otros no sienten. Le otorga al cuerpo poder absoluto para hacer que la separación sea real y mantener a la mente en un confinamiento solitario, fraccionada, y cuyas partes se mantienen sujetas por una sólida muralla de carne enfermiza que no puede superar.


3. El mundo acata las leyes que la enfermedad apoya, pero la curación opera aparte de ellas. Es imposible que alguien pueda curarse solo. En la enfermedad, él no puede sino estar aparte y separado. Mas la curación es el resultado de su decisión de volver a ser uno y de aceptar su Ser con todas Sus partes intactas e incólumes. Si está enfermo, su Ser parece estar desmembrado y sin la unidad que le da vida. Mas la curación se logra cuando comprende que el cuerpo no tiene poder para atacar la Unicidad universal del Hijo de Dios.


4. El propósito de la enfermedad es demostrar que las mentiras tienen que ser la verdad. 2Mas la curación demuestra que la verdad es verdad. La separación que la enfermedad pretende imponer en realidad nunca tuvo lugar. Curar es meramente aceptar lo que siempre fue la simple verdad y que seguirá siendo tal como siempre ha sido. No obstante, a los ojos acostumbrados a las ilusiones se les debe mostrar que lo que contemplan es falso. Así pues, la curación, que la verdad nunca necesitó, tiene que demostrar que la enfermedad no es real.


5. La curación podría considerarse, por lo tanto, como un contra-sueño que anula el sueño de enfermedad en nombre de la verdad, pero no en la verdad en sí. Así como el perdón pasa por alto todos los pecados que nunca se cometieron, la curación desvanece las ilusiones que nunca tuvieron lugar. Y así como el mundo real emergerá para ocupar el lugar de lo que nunca sucedió realmente, la curación ofrecerá restitución para los estados imaginarios e ideas falsas que los sueños han ido tejiendo como imágenes de la verdad.


6. Mas no pienses que curar no es algo digno de ser tu función aquí. Pues el anticristo se vuelve más poderoso que el Cristo para aquellos que sueñan que el mundo es real. El cuerpo parece ser más sólido y más estable que la mente. Y el amor se convierte en un sueño, mientras que el miedo continúa siendo la única realidad que puede verse, justificarse y comprenderse plenamente.


7. Así como el perdón desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con las que nublas la simple verdad. Cuando se haya visto desaparecer la enfermedad, a pesar de todas las leyes que sostienen que es real, todas las preguntas habrán quedado contestadas. Y entonces esas leyes dejan de valorarse y obedecerse.


8. La curación es libertad. Pues demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad. La curación es algo que se comparte. Y mediante este atributo demuestra que las leyes que son diferentes de las que sostienen que la enfermedad es inevitable son más poderosas que las leyes enfermizas que sostienen lo contrario. La curación es fuerza. Pues por medio de su delicada mano se supera la debilidad, y las mentes que estaban amuralladas dentro de un cuerpo quedan libres para unirse a otras mentes y así ser fuertes para siempre.


9. La curación, el perdón y el feliz intercambio del mundo del dolor por uno en el que la tristeza no tiene cabida, son los medios por los que el Espíritu Santo te urge a que lo sigas. Sus dulces lecciones te enseñan cuán fácilmente puedes alcanzar la salvación y cuán poca práctica necesitas para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú promulgaste para mantenerte prisionero de la muerte. 3Su vida se vuelve la tuya propia a medida que extiendes la poca ayuda que Él te pide para liberarte de todo lo que alguna vez te causó dolor.


10. Y según te dejas curar, te das cuenta de que junto contigo se curan todos los que te rodean, los que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que parecen no estarlo. Tal vez no los reconozcas a todos ni comprendas cuán grande es la ofrenda que le haces al mundo cuando permites que la curación venga a ti. Mas no te curas solo. Legiones y legiones de hermanos recibirán el regalo que tú recibes cuando te curas.


11. Los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación. Y no transcurre tiempo alguno entre el instante en que son curados y aquel en que toda la gracia de curación les es dada para que ellos a su vez la den. Lo que se opone a Dios no existe, y aquel que no acepta en su mente lo que se opone a Él se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso. Pues ahí es donde se otorga la verdad y ahí es donde todas las ilusiones se llevan ante la verdad.


12. ¿No le ofrecerías refugio a la Voluntad de Dios? Pues con ello estarías invitando a tu Ser a estar en su propia casa. ¿Y podría acaso rechazarse semejante invitación? Pide que ocurra lo inevitable y nunca fracasarás. La otra opción es pedir que lo que no puede ser sea, y esto nunca podrá suceder. Hoy pedimos que sólo la verdad ocupe nuestras mentes; que los pensamientos de curación vayan en este día desde lo que ya se ha curado a lo que todavía tiene que curarse, conscientes de que ambas cosas ocurrirán al unísono.


13. Cuando el reloj marque la hora, recordaremos que nuestra función es permitir que nuestras mentes sean curadas para que podamos llevar la curación al mundo e intercambiar la maldición por bendiciones, el dolor por la alegría y la separación por la Paz de Dios. ¿No vale la pena, acaso, dar un minuto de cada hora a cambio de semejante regalo? ¿Y no es un poco de tiempo un coste mínimo a cambio del regalo de lo que lo es todo?


14. Mas debemos estar preparados para semejante regalo. De modo que comenzaremos el día dedicando diez minutos a los pensamientos que siguen a continuación, con los cuales también lo concluiremos por la noche:


Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero compartir mi curación con el mundo a fin de que la enfermedad pueda ser erradicada de la mente del único Hijo de Dios, Quien es mi único Ser.


15. Permite que la curación se efectúe en ti hoy mismo. Y mientras reposas serenamente, prepárate a dar a medida que recibes, a conservar únicamente lo que das y a recibir la Palabra de Dios para que ocupe el lugar de todo pensamiento absurdo que alguna vez imaginaste. Ahora nos unimos para curar todo lo que antes estaba enfermo y para ofrecer bendiciones allí donde antes reinaba el ataque. No nos olvidaremos de esta función con el transcurrir de cada hora, sino que recordaremos nuestro propósito con este pensamiento:


Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré con ellos, tal como ellos se curarán conmigo.


REFLEXIÓN:


Tiene sentido que nos digan que cuando uno se rehúsa a la unión se manifiesta la enfermedad, porque una cosa es estar solos porque así las circunstancias lo exigen, que tomar la decisión de aislarse porque no toleramos la presencia de otras personas, ya que esto implica rechazo, y el rechazo lleva a la separación por motivos egoístas. En otras circunstancias diríamos que es normal aislarse y que cada quien tiene derecho a tomar sus propias decisiones, pero luego de tener los conocimientos que hemos adquirido con este curso sabemos que nadie se salva sólo, y esto implica no estar separados, por lo que aislarnos es negarnos a nosotros mismos, y negar nuestro bienestar.


La frase “Cuando me curo no soy el único que se cura” conlleva una responsabilidad, porque ya nos han dicho que nos salvamos solos, pues si nuestro hermano no se salva, nosotros tampoco, porque nuestra salvación se da cuando nuestro hermano se salva primero, y esto tiene sentido ya que evita que nos sintamos superiores o mejores que nuestros semejantes.  Lo mismo sucede con la curación: no me curo solo, alguien más se cura conmigo.


Alguna vez escuché una conferencia de un rabino y hablaba sobre la enfermedad, y decía que si alguien quería sanarse lo primero que tenía que hacer era orar por otra persona que estuviera en las mismas condiciones, porque cuando esto se hacía no sólo se sanaba esa persona, sino que antes de que esto sucediera uno sanaba primero. Creo que es lo mismo que hoy nos dicen, porque si mi hermano se cura, me curo yo, y si mi hermano se salva, me salvo yo. Esto funciona para todo: si veo a un hermano con una necesidad económica muy grande y lo ayudo, es una certeza que me estoy ayudando yo, porque todos somos uno, y mi hermano es mi reflejo que me muestra cómo me encuentro. Esto no se integra sólo con saberlo, y más bien, la mayoría de las veces la vida nos pone en situaciones en donde podemos experimentar si hicimos lo correcto o no. Sólo tenemos que pensar si estamos atravesando una necesidad, una dolencia, o algo que nos esté afectando, y muy seguramente si hacemos un viaje por nuestro pasado, va a llegar un recuerdo de alguna vez que alguien necesitó algo de nosotros y le dijimos no, o vimos a alguien con alguna dolencia y no le dimos importancia y no se nos ocurrió pensar que una oración por esa persona podría ayudar. Pero no necesariamente nos pasa esto por indolencia, sino tal vez por desconocimiento, o porque los agites de la vida no nos permite detenernos a mirarnos a nosotros mismos a través de nuestros hermanos. 


Y el aislamiento no sólo es estar separados físicamente, sino estar separados espiritualmente, y esa es la enfermedad de la mente, y si queremos sanar el cuerpo físico, primero debemos sanar la mente huyendo de la tristeza y el miedo, que son dos emociones que instintivamente nos separan de los demás.


ORACIÓN:


Padre, ayúdame a integrar en mi vida que “cuando me  curo no soy el único que se cura”, porque “quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré con ellos, tal como ellos se curarán conmigo”. Amén.

LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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