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lunes, 22 de diciembre de 2025

LECCIÓN 356: La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios. El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.



1. Padre, prometiste que nunca dejarías de contestar cualquier invocación que Tu Hijo pudiera hacerte. No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido, él es Tu Hijo y Tú le responderás. El milagro es un reflejo de Tu Amor, por lo tanto, es la contestación que él recibe. Tu Nombre reemplaza todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. Tu Nombre es la Respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nombre él invoca el Suyo Propio.


REFLEXIÓN:


La enfermedad es sinónimo de pecado. La curación es la respuesta de Dios ante nuestras súplicas. Su amor por nosotros se transforma en perdón a través de la “Visión de Cristo” que contempla todo “con misericordia y amor”


“El pecado es la morada de las ilusiones”, que se gesta en una mente que no ha sanado.  Por el contrario, “el perdón es la morada de los milagros”, en donde la percepción ha sido corregida y las ilusiones no tienen cabida ya que la mente está libre de pecado, porque la “verdad” ha ocupado su lugar.


El Nombre de Dios nos otorga “curación”, porque invocarlo es recibir el milagro. Y si lo hemos recibido es porque hemos perdonado, hemos sanado nuestra mente y estamos listos para disfrutar de la dicha y la paz de Dios, en unión con nuestros hermanos.


¡Que al invocar el Bendito Nombre de Dios se nos otorgue curación!


Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


14. ¿Qué soy?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/14-que-soy.html


jueves, 4 de septiembre de 2025

LECCIÓN 247: Sin el perdón aún estaría ciego.



1. El pecado es el símbolo del ataque. Si lo veo en alguna parte, sufriré. El perdón es, pues, el único medio por el que puedo alcanzar la visión de Cristo. Que acepte que lo que Su visión me muestra es la simple verdad y sanaré completamente. Ven hermano, déjame contemplarte. Tu hermosura es el reflejo de la mía. Tu impecabilidad, la mía propia. Has sido perdonado, y yo junto contigo.


2. Así es como quiero ver a todo el mundo hoy. Mis hermanos son Tus Hijos. Tu Paternidad los creó y me los confió como parte de Ti, así como de mi propio Ser. Hoy Te honro a través de ellos, y así espero en este día poder reconocer mi Ser.


REFLEXIÓN:


Si creyéramos sinceramente en el valor del perdón, y fuera parte esencial de nuestra vida, no estaríamos enfermos ni del cuerpo ni del alma. La “visión de Cristo” sólo se obtiene a través del perdón, y con ella estaremos completamente sanos. Todo el Nuevo Testamento da testimonio de que el perdón sana: Jesús sanaba a las personas que se acercaban a Él, y les decía: “Tus pecados te son perdonados”, y les  pedía que no pecaran más. Al sanarlos ya no había pecado, y por eso les pedía no pecar más. Pero sólo a través de la visión de Cristo obtenemos la sanación, y ésta es producto de haber contemplado la “verdad” a través de Su Visión, que está libre de pecado y de culpa.


Entonces, el pecado es sinónimo de enfermedad, y es porque hemos atacado a nuestros hermanos, y al hacerlo nos estamos atacando a nosotros mismos, ya que todos somos uno, creados a imagen y semejanza de un Padre amoroso. 


La oración de hoy nos recuerda que honramos a Dios a través de cada hermano, y de esa manera es que reconocemos nuestra propia grandeza. Y ya que aún nos cuesta asumir el “perdón” como el único medio para “alcanzar la visión de Cristo”, que sea por Su Gracia que podamos contemplar en la hermosura de nuestro hermano, el reflejo de la nuestra.


¡Qué así sea!



Lecturas complementarias:


Segunda parte: Introducción: 

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html



¿Qué es el mundo?:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/3-que-es-el-mundo.html


miércoles, 28 de mayo de 2025

LECCIÓN 148: (Repaso lecciones 135 y 136)



Cuarto repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/cuarto-repaso-introduccion.html


Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios.


(135) Si me defiendo he sido atacado.

(136) La enfermedad es una defensa contra la verdad.


ORACIÓN:


Padre, por debilidad y miedo he atacado lo que no comprendo, olvidando que soy tu hijo, olvidando que me has creado a Tu imagen y semejanza, por lo que mi mente es incapaz de atacar. Guía, gobierna y dirige mis acciones en pos de confiar en que si Tu Voluntad y la mía son una, no puedo atacar y por lo tanto no puedo estar enfermo. Amén.


martes, 20 de mayo de 2025

LECCIÓN 140: La salvación es lo único que cura.



1. La palabra “cura” no puede aplicarse a ningún remedio que el mundo considere beneficioso. Lo que el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que el cuerpo se sienta “mejor”. Mas cuando trata de curar a la mente, no la considera como algo separado del cuerpo, en el que cree que ella existe. Sus métodos de curación, por lo tanto, no pueden sino substituir una ilusión por otra. Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el paciente se siente ahora restablecido.


2. Mas no se ha curado. Simplemente soñó que estaba enfermo y en el sueño encontró una fórmula mágica para curarse. Sin embargo, no ha despertado del sueño, de modo que su mente continúa en el mismo estado que antes. No ha visto la luz que lo podría despertar y poner fin a su sueño. ¿Qué importancia tiene en realidad el contenido de un sueño? Pues o bien uno está dormido o bien despierto. En esto no hay términos medios.


3. Los dulces sueños que el Espíritu Santo ofrece son diferentes de los del mundo, donde lo único que uno puede hacer es soñar que está despierto. Los sueños que el perdón le permite percibir a la mente no inducen a otra forma de sueño a fin de que el soñador pueda soñar otro sueño. Sus sueños felices son los heraldos de que la verdad ha alboreado en su mente. Te conducen del sueño a un dulce despertar, de modo que todos los sueños se desvanecen. Y así, sanan por toda la eternidad.


4. La Expiación cura absolutamente y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar. Donde no hay culpa no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpa. La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpa que hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.


5. ¡Que la paz sea contigo que has sido curado en Dios y no en sueños vanos! Pues la curación tiene que proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se concede valor al pecado. Dios mora en templos santos. Allí donde ha entrado el pecado se Le obstruye el paso. No obstante, no hay ningún lugar en el que Él no esté. Por lo tanto, el pecado no tiene un hogar donde poder ocultarse de Su beneficencia. No hay lugar del que la santidad esté ausente ni ninguno donde el pecado y la enfermedad puedan morar.


6. Éste es el pensamiento que cura. No hace distinciones entre una irrealidad y otra. Tampoco trata de curar lo que no está enfermo, al ser consciente únicamente de dónde hay necesidad de curación. Esto no es magia. Es simplemente un llamamiento a la verdad, la cual no puede dejar de curar, y curar para siempre. No es un pensamiento que juzgue una ilusión por su tamaño, su aparente gravedad o por nada que esté relacionado con la forma en que se manifiesta. Sencillamente se concentra en lo que es, y sabe que ninguna ilusión puede ser real.


7. No tratemos hoy de curar lo que no puede enfermar. La curación se tiene que buscar allí donde se encuentra, y entonces aplicarse a lo que está enfermo para que se pueda curar. Ninguno de los remedios que el mundo suministra puede producir cambio alguno en nada. Pero la mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente. No hay otro cambio que éste. Pues ¿cómo puede una ilusión diferir de otra sino en atributos que no tienen substancia, realidad, núcleo ni nada que sea verdaderamente diferente?


8. Hoy nos proponemos cambiar de parecer con respecto a lo que constituye la fuente de la enfermedad, pues lo que buscamos es una cura para todas las ilusiones, y no meramente un cambio en ellas. Hoy vamos a tratar de encontrar la fuente de la curación, la cual se encuentra en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros. Está tan cerca de nosotros como nosotros mismos. Está tan cerca de nosotros como nuestros propios pensamientos, tan próxima que es imposible que la podamos perder de vista. Sólo necesitamos buscarla y con toda seguridad la hallaremos.


9. Hoy no nos dejaremos engañar por lo que a nosotros nos parece que está enfermo. E iremos más allá de las apariencias hasta llegar a la fuente de la curación, de la que nada está exento. Tendremos éxito en la medida en que nos demos cuenta de que jamás se puede hacer una distinción válida entre lo que es falso y lo que es igualmente falso. En esto no hay grados ni ninguna creencia de que lo que no existe puede ser más cierto en algunas de sus formas que en otras. Todas las ilusiones son falsas, y se pueden subsanar precisamente porque no son verdad.


10. Así pues, dejamos a un lado nuestros amuletos, nuestros talismanes y medicamentos, así como nuestras encantaciones y trucos mágicos de la clase que sean. Sencillamente permaneceremos en perfecta quietud a la escucha de la Voz de la curación, la cual curará todos los males como si de uno solo se tratase, restaurando así la cordura del Hijo de Dios. otra voz salvo Ésta puede curar. Hoy escucharemos una sola Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda ilusión acaba, y la paz retorna a la eterna y apacible morada de Dios.


11. Al despuntar el día nos despertamos oyéndolo a Él y permitiendo que nos hable durante cinco minutos; y al concluir el día Lo volvemos a escuchar cinco minutos más antes de irnos a dormir. Nuestra única preparación consistirá en dejar a un lado los pensamientos que constituyen una interferencia, no uno por uno, sino todos de una vez. Pues todos son lo mismo. No hace falta hacer distinciones entre ellos y demorar así el momento en que podamos oír a nuestro Padre hablarnos. Lo oímos ahora. Hoy venimos a Él.


12. Sin nada en nuestras manos a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta, oremos:


La salvación es lo único que cura.

Háblanos, Padre, para que nos podamos curar.


Y sentiremos la salvación cubrirnos con amorosa protección y con una paz tan profunda que ninguna ilusión podría perturbar nuestras mentes ni ofrecernos pruebas de que es real. Esto es lo que aprenderemos hoy. Repetiremos cada hora nuestra plegaria de curación, y cuando el reloj marque la hora, dedicaremos un minuto a oír la respuesta a nuestra plegaria, que se nos da según aguardamos felizmente en silencio. Hoy es el día en que nos llega la curación. Hoy es el día en que a la separación le llega su fin y en el que recordamos Quién somos en verdad.


REFLEXIÓN:


El aceptar que soy tal como Dios me creó, el aceptar que no soy cuerpo sino espíritu, que es vida eterna, es lo único que cura. Y eso es la “Expiación” como lo vimos en la lección de ayer. Nos lo dicen de la siguiente manera:  “La Expiación cura absolutamente y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar”


Y nos dan la clave para la curación: “Donde no hay culpa no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpa”. Y la culpa nace de la acción de juzgar, porque cuando juzgo veo pecado, y es el pecado el que pone en mí el sentimiento de culpa, ya sea porque me juzgo, o cuando juzgo a mi hermano, pues veo su “pecado” y lo culpo. Ahí quedé inmerso, junto con él, en la culpa, y esa es la enfermedad que luego se manifiesta en el cuerpo porque éste sí es vulnerable a todas esas emociones que se generan cuando veo culpa. Y nos explican muy bien como funciona este proceso:  “La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpa que hacía posible la enfermedad. Y eso es ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar”.


Luego nos dicen que “ la curación tiene que proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se concede valor al pecado”.  La manera de concederle valor al pecado es cuando juzgo, si no juzgo ni bueno ni malo, no puedo ver pecado, simplemente estoy observando las cosas tal y como sin otorgarles un valor, porque si digo: “esa persona es buena”, estoy juzgando una apariencia y ya  tiene un potencial que puede cambiar porque también puede en algún momento ser “mala”. Juzgar no se aplica solamente a lo que para mí es negativo, sino a todo aquello que le doy un valor: un juicio de valor. Entonces, no juzgar es no otorgarle valor a nada, las cosas simplemente son y ocupan un lugar y tiene una función. Las personas simplemente son nuestros hermanos que comparten este mundo material con nosotros, también tiene un propósito, y son, al igual que yo, tal como Dios las creó. Esa sería una manera de entender la “Expiación”.


Y nos dicen que la fuente de la curación está “en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotros”.  Ese es el motivo por el que el propósito de este curso es sanar nuestra mente, porque si no sana, la curación no estará a nuestro alcance. Y la mente tiene que sanar de las ilusiones de separación que es la causa de nuestras enfermedades, porque en el momento en que tomemos conciencia de que todos somos uno, entenderemos que nada hay fuera de nosotros que nos esté causando dolor, y  más bien, somos nosotros mismos los que nos hemos estado haciendo daño. ¿Cómo podríamos seguir culpándonos a nosotros mismos? Porque si yo en verdad creo que soy  uno con mi hermano, ¿podría seguir culpándolo de algo? ¿Podría seguir viendo pecado en él? Sólo cuando en verdad lo creamos diremos que no. Mientras tanto la enfermedad será causa de dolores en nuestra vida, porque está comprobado que son las emociones mal gestionadas las que provocan síntomas en el cuerpo físico, y tiene sentido cuando nos dicen que la culpa provoca que estemos enfermos. Son los pensamientos un arma de doble filo, porque nos pueden mantener en equilibrio, o causar dolor. 


Y si hoy nos dicen que la salvación es lo único que cura, y si la salvación procede de mí, como ya nos lo explicaron en la Lección No.70, nuestra tarea es no abrigar resentimientos, a través de la culpa, porque estaríamos atacando el plan de salvación que Dios planeó para nosotros porque nos quería sanos y no enfermos.


ORACIÓN:


“La salvación es lo único que cura. Háblanos, Padre, para que nos podamos curar". Amén.


sábado, 17 de mayo de 2025

LECCIÓN 137: Cuando me curo no soy el único que se cura.



1. La idea de hoy sigue siendo el pensamiento central sobre el que descansa la salvación. Pues la curación es lo opuesto a todas las ideas del mundo que tienen que ver con la enfermedad y con los estados de separación. Aislarse uno de los demás y rehusar la unión es lo que da lugar a la enfermedad. Ésta se convierte en una puerta tras la cual se encierra a un ser separado y donde se le mantiene aislado y solo.


2. La enfermedad es aislamiento. Pues parece mantener a un ser separado del resto para que sufra lo que los otros no sienten. Le otorga al cuerpo poder absoluto para hacer que la separación sea real y mantener a la mente en un confinamiento solitario, fraccionada, y cuyas partes se mantienen sujetas por una sólida muralla de carne enfermiza que no puede superar.


3. El mundo acata las leyes que la enfermedad apoya, pero la curación opera aparte de ellas. Es imposible que alguien pueda curarse solo. En la enfermedad, él no puede sino estar aparte y separado. Mas la curación es el resultado de su decisión de volver a ser uno y de aceptar su Ser con todas Sus partes intactas e incólumes. Si está enfermo, su Ser parece estar desmembrado y sin la unidad que le da vida. Mas la curación se logra cuando comprende que el cuerpo no tiene poder para atacar la Unicidad universal del Hijo de Dios.


4. El propósito de la enfermedad es demostrar que las mentiras tienen que ser la verdad. 2Mas la curación demuestra que la verdad es verdad. La separación que la enfermedad pretende imponer en realidad nunca tuvo lugar. Curar es meramente aceptar lo que siempre fue la simple verdad y que seguirá siendo tal como siempre ha sido. No obstante, a los ojos acostumbrados a las ilusiones se les debe mostrar que lo que contemplan es falso. Así pues, la curación, que la verdad nunca necesitó, tiene que demostrar que la enfermedad no es real.


5. La curación podría considerarse, por lo tanto, como un contra-sueño que anula el sueño de enfermedad en nombre de la verdad, pero no en la verdad en sí. Así como el perdón pasa por alto todos los pecados que nunca se cometieron, la curación desvanece las ilusiones que nunca tuvieron lugar. Y así como el mundo real emergerá para ocupar el lugar de lo que nunca sucedió realmente, la curación ofrecerá restitución para los estados imaginarios e ideas falsas que los sueños han ido tejiendo como imágenes de la verdad.


6. Mas no pienses que curar no es algo digno de ser tu función aquí. Pues el anticristo se vuelve más poderoso que el Cristo para aquellos que sueñan que el mundo es real. El cuerpo parece ser más sólido y más estable que la mente. Y el amor se convierte en un sueño, mientras que el miedo continúa siendo la única realidad que puede verse, justificarse y comprenderse plenamente.


7. Así como el perdón desvanecerá con su luz todo pecado y el mundo real ocupará el lugar de lo que has fabricado, asimismo la curación reemplazará las fantasías de enfermedad con las que nublas la simple verdad. Cuando se haya visto desaparecer la enfermedad, a pesar de todas las leyes que sostienen que es real, todas las preguntas habrán quedado contestadas. Y entonces esas leyes dejan de valorarse y obedecerse.


8. La curación es libertad. Pues demuestra que los sueños no prevalecerán contra la verdad. La curación es algo que se comparte. Y mediante este atributo demuestra que las leyes que son diferentes de las que sostienen que la enfermedad es inevitable son más poderosas que las leyes enfermizas que sostienen lo contrario. La curación es fuerza. Pues por medio de su delicada mano se supera la debilidad, y las mentes que estaban amuralladas dentro de un cuerpo quedan libres para unirse a otras mentes y así ser fuertes para siempre.


9. La curación, el perdón y el feliz intercambio del mundo del dolor por uno en el que la tristeza no tiene cabida, son los medios por los que el Espíritu Santo te urge a que lo sigas. Sus dulces lecciones te enseñan cuán fácilmente puedes alcanzar la salvación y cuán poca práctica necesitas para dejar que Sus leyes reemplacen a las que tú promulgaste para mantenerte prisionero de la muerte. 3Su vida se vuelve la tuya propia a medida que extiendes la poca ayuda que Él te pide para liberarte de todo lo que alguna vez te causó dolor.


10. Y según te dejas curar, te das cuenta de que junto contigo se curan todos los que te rodean, los que te vienen a la mente, aquellos que están en contacto contigo y los que parecen no estarlo. Tal vez no los reconozcas a todos ni comprendas cuán grande es la ofrenda que le haces al mundo cuando permites que la curación venga a ti. Mas no te curas solo. Legiones y legiones de hermanos recibirán el regalo que tú recibes cuando te curas.


11. Los que se han curado se convierten en los instrumentos de la curación. Y no transcurre tiempo alguno entre el instante en que son curados y aquel en que toda la gracia de curación les es dada para que ellos a su vez la den. Lo que se opone a Dios no existe, y aquel que no acepta en su mente lo que se opone a Él se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso. Pues ahí es donde se otorga la verdad y ahí es donde todas las ilusiones se llevan ante la verdad.


12. ¿No le ofrecerías refugio a la Voluntad de Dios? Pues con ello estarías invitando a tu Ser a estar en su propia casa. ¿Y podría acaso rechazarse semejante invitación? Pide que ocurra lo inevitable y nunca fracasarás. La otra opción es pedir que lo que no puede ser sea, y esto nunca podrá suceder. Hoy pedimos que sólo la verdad ocupe nuestras mentes; que los pensamientos de curación vayan en este día desde lo que ya se ha curado a lo que todavía tiene que curarse, conscientes de que ambas cosas ocurrirán al unísono.


13. Cuando el reloj marque la hora, recordaremos que nuestra función es permitir que nuestras mentes sean curadas para que podamos llevar la curación al mundo e intercambiar la maldición por bendiciones, el dolor por la alegría y la separación por la Paz de Dios. ¿No vale la pena, acaso, dar un minuto de cada hora a cambio de semejante regalo? ¿Y no es un poco de tiempo un coste mínimo a cambio del regalo de lo que lo es todo?


14. Mas debemos estar preparados para semejante regalo. De modo que comenzaremos el día dedicando diez minutos a los pensamientos que siguen a continuación, con los cuales también lo concluiremos por la noche:


Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero compartir mi curación con el mundo a fin de que la enfermedad pueda ser erradicada de la mente del único Hijo de Dios, Quien es mi único Ser.


15. Permite que la curación se efectúe en ti hoy mismo. Y mientras reposas serenamente, prepárate a dar a medida que recibes, a conservar únicamente lo que das y a recibir la Palabra de Dios para que ocupe el lugar de todo pensamiento absurdo que alguna vez imaginaste. Ahora nos unimos para curar todo lo que antes estaba enfermo y para ofrecer bendiciones allí donde antes reinaba el ataque. No nos olvidaremos de esta función con el transcurrir de cada hora, sino que recordaremos nuestro propósito con este pensamiento:


Cuando me curo no soy el único que se cura. Y quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré con ellos, tal como ellos se curarán conmigo.


REFLEXIÓN:


Tiene sentido que nos digan que cuando uno se rehúsa a la unión se manifiesta la enfermedad, porque una cosa es estar solos porque así las circunstancias lo exigen, que tomar la decisión de aislarse porque no toleramos la presencia de otras personas, ya que esto implica rechazo, y el rechazo lleva a la separación por motivos egoístas. En otras circunstancias diríamos que es normal aislarse y que cada quien tiene derecho a tomar sus propias decisiones, pero luego de tener los conocimientos que hemos adquirido con este curso sabemos que nadie se salva sólo, y esto implica no estar separados, por lo que aislarnos es negarnos a nosotros mismos, y negar nuestro bienestar.


La frase “Cuando me curo no soy el único que se cura” conlleva una responsabilidad, porque ya nos han dicho que nos salvamos solos, pues si nuestro hermano no se salva, nosotros tampoco, porque nuestra salvación se da cuando nuestro hermano se salva primero, y esto tiene sentido ya que evita que nos sintamos superiores o mejores que nuestros semejantes.  Lo mismo sucede con la curación: no me curo solo, alguien más se cura conmigo.


Alguna vez escuché una conferencia de un rabino y hablaba sobre la enfermedad, y decía que si alguien quería sanarse lo primero que tenía que hacer era orar por otra persona que estuviera en las mismas condiciones, porque cuando esto se hacía no sólo se sanaba esa persona, sino que antes de que esto sucediera uno sanaba primero. Creo que es lo mismo que hoy nos dicen, porque si mi hermano se cura, me curo yo, y si mi hermano se salva, me salvo yo. Esto funciona para todo: si veo a un hermano con una necesidad económica muy grande y lo ayudo, es una certeza que me estoy ayudando yo, porque todos somos uno, y mi hermano es mi reflejo que me muestra cómo me encuentro. Esto no se integra sólo con saberlo, y más bien, la mayoría de las veces la vida nos pone en situaciones en donde podemos experimentar si hicimos lo correcto o no. Sólo tenemos que pensar si estamos atravesando una necesidad, una dolencia, o algo que nos esté afectando, y muy seguramente si hacemos un viaje por nuestro pasado, va a llegar un recuerdo de alguna vez que alguien necesitó algo de nosotros y le dijimos no, o vimos a alguien con alguna dolencia y no le dimos importancia y no se nos ocurrió pensar que una oración por esa persona podría ayudar. Pero no necesariamente nos pasa esto por indolencia, sino tal vez por desconocimiento, o porque los agites de la vida no nos permite detenernos a mirarnos a nosotros mismos a través de nuestros hermanos. 


Y el aislamiento no sólo es estar separados físicamente, sino estar separados espiritualmente, y esa es la enfermedad de la mente, y si queremos sanar el cuerpo físico, primero debemos sanar la mente huyendo de la tristeza y el miedo, que son dos emociones que instintivamente nos separan de los demás.


ORACIÓN:


Padre, ayúdame a integrar en mi vida que “cuando me  curo no soy el único que se cura”, porque “quiero bendecir a mis hermanos, pues me curaré con ellos, tal como ellos se curarán conmigo”. Amén.

lunes, 17 de marzo de 2025

LECCIÓN 76: No me gobiernan otras leyes que las de Dios.



1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes igual de absurdas. Sin embargo, no estás limitado por ninguna de ellas. Mas para comprender que esto es cierto primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.


2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. Pues si pudieras, buscarías la salvación eternamente donde no está y jamás la hallarías. La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. Búscala allí donde te espera y allí la hallarás. No la busques en ninguna otra parte, pues no está en ninguna otra parte.


3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promulgado para que te salven. Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.


4. La demencia es la que piensa estas cosas. Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. Crees que debes obedecer las “leyes” de la medicina, de la economía y de la salud. Y que si proteges el cuerpo, te salvarás.


5. Eso no son leyes, sino locura. El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. De esto es de lo que tus “leyes” quieren salvar al cuerpo. Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.


6. No hay más leyes que las de Dios. Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. Tu magia no tiene sentido. Lo que pretende salvar no existe. Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.


7. Las Leyes de Dios no se pueden reemplazar. Dedicaremos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. La magia aprisiona, pero las Leyes de Dios liberan. La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.


8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de “leyes” que hemos creído necesario acatar. Éstas incluyen, por ejemplo, las “leyes” de la nutrición, de la inmunización, de la medicación y de la protección del cuerpo en las innumerables maneras en que se realiza. Crees también en las “leyes” de la amistad, de las “buenas” relaciones y de la reciprocidad. Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. Muchas “religiones” se han basado en eso. Dichas religiones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras “leyes” que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.


9. No hay más leyes que las de Dios. Desecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las Leyes de Dios la pérdida no existe. No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; no hay substitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. Las Leyes de Dios dan eternamente sin quitar nada nunca.


10. Escucha a Aquel que te dice esto y date cuenta de cuán insensatas son las “leyes” que pensabas regían el mundo que creías ver. Sigue prestando atención. Él te dirá más. Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, de la infinita dicha que te ofrece, de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste Le niega debido a su creencia en el infierno.


11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotros hasta Él. De esa manera es como la Creación se expande infinitamente. Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus Leyes mantienen por siempre ilimitados. Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. Después, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica, nos diremos a nosotros mismos:


No me gobiernan otras leyes que las de Dios.


12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posible; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.


REFLEXIÓN:


Repasando esta lección vino a mi mente un episodio de mi infancia que nunca olvido, y fue un día que estaba en el  colegio jugando basquetbol a la hora del recreo y después de terminar el partido me senté a descansar en unas escaleras y me toqué el pecho porque me corría mucho sudor. En ese instante me di cuenta que tenía muchas protuberancias como del tamaño de canicas pequeñas, y me pareció extraño y me asusté un poco porque eso no era normal. Llegué a mi casa y recordé lo que me había sucedido y pensé: Si le cuento a mi mami me va a llevar al médico y seguramente me va a decir que tengo una enfermedad grave y que me voy a morir, así que preferí guardar silencio ya que desde que era muy niña le tenía miedo a los médicos. El caso es que nunca dije nada y seguí la vida sin darle importancia a esas protuberancias, y un día cualquiera noté que simplemente habían desaparecido.  Con el paso del tiempo comprendí que muchas de las dolencias de las que había sido consciente desde muy niña, se sanaban solas, y fue cuando caí en cuenta de varias cosas: nunca se lo dije a nadie,  nunca tuve miedo, y hay algo que siempre hice y fue orar de la siguiente manera:


"Señor, te entrego esto que me está sucediendo. Si proviene de Ti, lo acepto porque sé que tiene un propósito, pero si no proviene de Ti, transmútalo para que se transforme para bien, y permite que lo supere de la mejor manera posible, pero ante todo que se haga Tu Voluntad en mí”.


Palabras más, palabras menos, esta es la oración que he hecho desde que tengo uso de razón cuando me sucede algo que no sólo tiene que ver con dolencias físicas, sino con acontecimientos en mi vida personal. Quise compartirlo porque hasta el día de hoy me ha dado resultados que yo llamo “milagrosos”, porque por alguna razón las cosas se van sanando y resolviendo sin que tan siquiera note cómo sucedió. Hoy creo que una de las razones es porque no permito que el miedo se apoderé de mí, y lo contrarresto con la frase Señor que se haga  Tu Voluntad en mí, porque lo que proviene de Ti es perfecto, y nada malo me puede pasar”. 


Con respecto a las dolencias físicas, siempre he pensado que las mal llamadas “enfermedades incurables”, han sido “nombradas” en momentos en que el ser humano desconoce el origen de un "síntoma" y cómo sanarlo, y entonces le pone la etiqueta de "incurable" para justificar el desconocimiento de lo que están enfrentando. Lo mío son sólo conjeturas, porque no tengo ningún conocimiento en medicina, pero de algo si estoy segura, por mi propia experiencia, y es que el cuerpo está diseñado para repararse solo, pero el “miedo” a lo desconocido, y a los diagnósticos médicos, a veces tan irresponsables, hacen que nuestra mente y cuerpo se debiliten, ocasionando los síntomas que luego se transforman en “enfermedades”. 


Quise compartir mi experiencia porque cuando  leí la frase: “No me gobiernan otras leyes que la de Dios”, pensé en que muchas de nuestras dolencias físicas y espirituales, progresan porque creemos más en lo que ha dictaminado, muchas veces desde su ignorancia, un “hombre de carne y hueso”, que en la leyes de Dios.


Obviamente jamás le digo a una persona que se encuentra con cualquier síntoma físico que no tome medicina, o que no vaya al médico, porque en verdad “las leyes que cada quien elige lo gobiernan”, y si alguien cree que tomar un medicamento lo sana, esa persona se sentirá mejor, así tenga que  tomarlo toda la vida, pero fue su elección y no podemos decir que es bueno o malo. Pero sobre este tema no se puede ser soberbio, y por eso cuando me siento mal físicamente sé hasta qué punto puedo evitar consultar un médico, porque hay momentos en que se hace necesaria la ayuda de un profesional de la salud, y es por eso que debemos permanecer en contacto  con Dios a través de la oración para que nos inspire lo correcto en cualquier momento de nuestra vida. Además, gracias a los avances de la tecnología tenemos acceso a información que antes nos era vedada, y hoy sabemos que toda “enfermedad” se origina en nuestras emociones, y por fortuna muchas personas están sanando al tomar conciencia de cómo las están gestionando. 


Creo firmemente que cuando a uno lo gobiernan las leyes de Dios, pasan cosas extraordinarias en la vida, y lo primero que hay que hacer es lidiar con el miedo porque éste no se puede erradicar de la noche a la mañana, y ni siquiera de raíz, porque es una emoción que va y viene en el acontecer de nuestra vida, pero sí podemos confiar en la Voluntad de  Dios, porque  cuando uno lo hace el miedo se desvanece.


ORACIÓN:


Padre, algunas veces me agobian el miedo, la tristeza, la ira, y tantas otras emociones que están debilitando mi mente y mi cuerpo causándome enfermedad. Te entrego cada área de mi vida con la seguridad de que si sólo tus leyes me gobiernan, nada malo podrá pasar. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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