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lunes, 29 de diciembre de 2025

LECCIÓN 363



Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz.


1. Y si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también. Y si lo que necesito es quietud y una mente receptiva y serena, ésos serán los regalos que de Él recibiré. Él está a cargo a petición mía. Y me oirá y contestará porque Él habla en Nombre de Dios mi Padre y de Su santo Hijo.


ORACIÓN:


Padre, te entrego mi vida.  Gobierna mis acciones e ilumina mi mente para que  “el pecado” no sea más una creencia  en mí. Por mucho tiempo veía en todo pecado, y mi mundo se volvió  “un lugar feo e inseguro, hostil y destructor, peligroso desde cualquier punto de vista y traicionero más allá de cualquier esperanza de poder tener confianza o de escapar del dolor.”


Hoy marcho por el camino que la verdad me señala. Mi mente y mi corazón están libres y dispuestos para recibir Tu guía, y poder ser una luz para esos “hermanos que andan en busca del camino, pero que no lo encuentran.”


¡Qué Tu Gracia nos cobije!


Amén.


lunes, 22 de diciembre de 2025

LECCIÓN 356: La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios. El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.



1. Padre, prometiste que nunca dejarías de contestar cualquier invocación que Tu Hijo pudiera hacerte. No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido, él es Tu Hijo y Tú le responderás. El milagro es un reflejo de Tu Amor, por lo tanto, es la contestación que él recibe. Tu Nombre reemplaza todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. Tu Nombre es la Respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nombre él invoca el Suyo Propio.


REFLEXIÓN:


La enfermedad es sinónimo de pecado. La curación es la respuesta de Dios ante nuestras súplicas. Su amor por nosotros se transforma en perdón a través de la “Visión de Cristo” que contempla todo “con misericordia y amor”


“El pecado es la morada de las ilusiones”, que se gesta en una mente que no ha sanado.  Por el contrario, “el perdón es la morada de los milagros”, en donde la percepción ha sido corregida y las ilusiones no tienen cabida ya que la mente está libre de pecado, porque la “verdad” ha ocupado su lugar.


El Nombre de Dios nos otorga “curación”, porque invocarlo es recibir el milagro. Y si lo hemos recibido es porque hemos perdonado, hemos sanado nuestra mente y estamos listos para disfrutar de la dicha y la paz de Dios, en unión con nuestros hermanos.


¡Que al invocar el Bendito Nombre de Dios se nos otorgue curación!


Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


14. ¿Qué soy?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/14-que-soy.html


martes, 23 de septiembre de 2025

LECCIÓN 266: Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.



1. Padre, me diste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros en la visión; los heraldos de Tu santa Voz. En ellos Tú te ves reflejado y en ellos Cristo me contempla desde mi Ser. Que Tu Hijo no se olvide de Tu santo Nombre. Que tu Hijo no se olvide de su santa Fuente. Que Tu Hijo no se olvide de que su Nombre es el Tuyo.


2. En este día entramos al paraíso invocando el Nombre de Dios y el nuestro, reconociendo nuestro Ser en cada uno de nosotros y unidos en el santo Amor de Dios. ¡Cuántos salvadores nos ha dado Dios! ¿Cómo podríamos perdernos, cuando Él ha poblado el mundo de seres que señalan el camino hacia Él y nos ha dado la vista para poder contemplarlos?


REFLEXIÓN:


Creo que la única manera de avanzar por el camino que nos muestra UCDM, es por medio de la fe. Sí, porque cuando miramos a nuestro alrededor, cuando escuchamos las noticias, cuando interactuamos con nuestro entorno, parece que el mundo nos mostrará todo lo contrario de lo que estamos aprendiendo. Entonces viene el desánimo, la duda, y quizá, muchos de nosotros caemos en el desconcierto, y nos hacemos muchas preguntas que no han de tener respuesta: ¿Y si todo lo que veo es real? ¿Y si voy por el camino equivocado? ¿Y si sólo estoy imaginando lo que quiero que sea verdad? Ante esto sólo queda “creer”, avanzar con decisión e invocar a Dios a través de la oración de cada día, cuyo propósito es ejercitar nuestra mente en la verdad, para que en el momento que corresponda cada uno de nosotros tenga la certeza de que  es el Santo Hijo de Dios, con todo lo que ello implica.


ORACIÓN:


¡Padre!

Creo que todos “Tus Hijos” son “mis salvadores y mis consejeros en la visión”.

Creo que en ellos me veo reflejado y que “Cristo me contempla desde mi Ser!”.


No me olvido de “Tu santo Nombre”.

No me olvido de mi “santa Fuente”.

No me olvido de que mi “Nombre es el Tuyo”.


Invoco Tu “Nombre” y el mío.

Reconozco mi “Ser” unido en Tu santo Amor.


Agradezco los “salvadores” que has puesto en mi camino.

Mi mundo es grato gracias a cada hermano que me señala

el camino hacia Ti, y por la visión que me has dado

puedo contemplarlos  en su santidad.


¡Qué podamos entrar al paraíso invocando Tu Nombre

y el nuestro. 


Amén.


miércoles, 2 de julio de 2025

LECCIÓN 183: Invoco el Nombre de Dios y el Mío Propio.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. Un padre le da su nombre a su hijo y de este modo identifica a su hijo con él. Sus hermanos comparten su nombre, y así están unidos por un vínculo en el que encuentran su identidad. El Nombre de tu Padre te recuerda Quién eres incluso en un mundo que no lo sabe e incluso cuando tú mismo no lo recuerdas.


2. El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una respuesta, ni pronunciado sin que se produzca un eco en la mente exhortándote a recordar. Di Su Nombre y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad.


3. Repite el Nombre de Dios y el mundo entero responderá abandonando las ilusiones. Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía encontrarse hallarás una estrella; un milagro de gracia. Los enfermos se levantarán, curados ya de sus pensamientos enfermizos. Los ciegos podrán ver y los sordos oír. Los afligidos abandonarán su duelo y sus lágrimas de dolor se secarán cuando la risa de felicidad venga a bendecir al mundo.


4. Repite el Nombre de Dios y todo nombre nimio deja de tener significado. Ante el Nombre de Dios, toda tentación se vuelve algo indeseable y sin nombre. Repite Su Nombre y verás cuán fácilmente te olvidas de los nombres de todos los dioses que honrabas. Pues habrán perdido el nombre de dios que les otorgabas. Se volverán anónimos y dejarán de ser importantes para ti, si bien, antes de que dejases que el Nombre de Dios reemplazase a sus nimios nombres, te postrabas reverente ante ellos llamándolos dioses.


5. Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser, Cuyo Nombre es el de Dios. Repite Su Nombre y todas las cosas insignificantes y sin nombre de la tierra se ven en su correcta perspectiva. Aquellos que invocan el Nombre de Dios no pueden confundir lo que no tiene nombre con el Nombre, el pecado con la Gracia ni los cuerpos con el santo Hijo de Dios. Y si te unes a un hermano mientras te sientas con él en silencio y repites dentro de tu mente serena el Nombre de Dios junto con él, habrás edificado ahí un altar que se eleva hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo.


6. Practica hoy sólo esto: repite el Nombre de Dios lentamente, una y otra vez. Relega al olvido cualquier otro nombre que no sea el Suyo. No oigas nada más. Deja que todos tus pensamientos se anclen en esto. No usaremos ninguna otra palabra, excepto al principio, cuando repetimos la idea de hoy una sola vez. Y entonces el Nombre de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única palabra, lo único que ocupa nuestras mentes, nuestro único deseo, el único sonido que tiene significado y el único Nombre de todo lo que deseamos ver y de todo lo que queremos considerar nuestro.


7. De esta manera extendemos una invitación que no puede ser rechazada. Y Dios vendrá y Él Mismo la aceptará. No pienses que Él oye las vanas oraciones de aquellos que Lo invocan con nombres de ídolos que el mundo tiene en gran estima. De esa manera nunca podrán llegar a Él. Dios no puede oír peticiones que Le pidan que no sea Él Mismo o que Su Hijo reciba otro nombre que no sea el Suyo.


8. Repite el Nombre de Dios y Lo estarás reconociendo como el único Creador de la Realidad. Y estarás reconociendo asimismo que Su Hijo forma parte de Él y que crea en Su Nombre. Siéntate en silencio y deja que Su Nombre se convierta en la idea todo- abarcadora que absorbe tu mente por completo. Acalla todo pensamiento excepto éste. Deja que ésta sea la respuesta a cualquier otro pensamiento y observa cómo el Nombre de Dios reemplaza a los miles de insignificantes nombres que diste a todos tus pensamientos, sin darte cuenta de que sólo hay un Nombre para todo lo que existe y todo lo que por siempre existirá.


9. Hoy puedes alcanzar un estado en el que experimentarás el don de la gracia. Puedes escaparte de todas las ataduras del mundo, y ofrecerle a éste la misma liberación que tú has encontrado. Puedes recordar lo que el mundo olvidó y ofrecerle lo que has recordado. Puedes también aceptar el papel que te corresponde desempeñar en su salvación, así como en la tuya propia. Y ambas se pueden lograr perfectamente.


10. Recurre al Nombre de Dios para tu liberación y se te concederá. No se necesita más oración que ésta, pues encierra dentro de sí a todas las demás. Las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre. Los Pensamientos de su Padre se vuelven los suyos propios. El Hijo de Dios reivindica su derecho a todo lo que su Padre le dio, le sigue dando y le dará eternamente. Lo invoca para dejar que todas las cosas que creyó haber hecho queden sin nombre ahora y, en su lugar, el santo Nombre de Dios se convierta en el juicio que él tiene de la falta de valor de todas ellas.


11. Todo lo insignificante se acalla. Los insignificantes sonidos, ahora son inaudibles. Todas las cosas vanas de la tierra han desaparecido. El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. Y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. La paz eterna se encuentra en esta perenne y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces todas las palabras y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras pudiesen alguna vez comunicar. Queremos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre. Y en Su Nombre nos será concedida.


ORACIÓN:


“Invoco el Nombre de Dios y el Mío Propio” porque son sagrados, 

y  porque invocar el Nombre de mi Padre me recuerda quien soy. 

Invoco el Nombre de Dios porque mis hermanos se curarán de sus dolencias 

y de sus pensamientos enfermizos.


Invoco el Nombre de Dios para que lo que no importa no cobre valor,

y para que los dioses que en desespero creé desaparezcan.

Invoco el Nombre de Dios e invoco a mi Ser, “Cuyo nombre es el Dios”

así ya no confundiré “el pecado con la Gracia ni los cuerpos con el santo Hijo de Dios”.


Me uno a mi hermano y en serena calma repetiremos el Nombre de Dios, 

para edificar un altar que se eleve “hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo”.

Y Dios vendrá y aceptará nuestra invocación porque lo estamos “reconociendo como el único Creador de la Realidad”.


Invoco el Nombre de Dios para recibir el don de la gracia.

Me escapo de las ataduras del mundo y encuentro la liberación.

Recuerdo lo que el mundo olvidó y le ofrezco lo que he recordado.

Y acepto salvar al mundo y salvarme a mí mismo porque soy parte

del plan de Dios para la salvación.


Deseo experimentar hoy la paz en el Nombre de mi Padre, 

y en Su Nombre me será concedida. 


¡AMÉN!


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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