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sábado, 16 de agosto de 2025

LECCIÓN 228: Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar.



1. Mi Padre conoce mi santidad. ¿Debo acaso negar Su Conocimiento y creer en lo que Su Conocimiento hace que sea imposible? ¿Y debo aceptar como verdadero lo que Él proclama que es falso? ¿O debo más bien aceptar lo que Su Palabra dice que soy, toda vez que Él es mi Creador y el que conoce la verdadera condición de Su Hijo?


2. Padre, estaba equivocado con respecto a mí mismo porque no reconocía la Fuente de mi procedencia. No me he separado de Ella para adentrarme en un cuerpo y morir. Mi santidad sigue siendo parte de mí, tal como yo soy parte de Ti. Mis errores acerca de mí mismo son sueños. Hoy los abandono. Y ahora estoy listo para recibir únicamente Tu Palabra acerca de lo que realmente soy.


REFLEXIÓN:


Aunque no tiene discusión lo que nuestro Padre Creador piensa sobre cada uno de nosotros (Su Hijo), existe una especie de bloqueo mental  o espiritual, que nos induce a creer que estamos condenados y por eso cargamos con la culpa y el miedo, pero hoy nos dicen que si Dios no nos ha condenado, nosotros tampoco debemos hacerlo. Y es bastante fácil de comprender, pero igual de difícil de asimilar debido a las cargas que arrastramos del pasado, de nuestras creencias, y también de nuestros antepasados. 


Entonces nuestra tarea primordial es tomar la firme resolución de rendirnos ante nuestro Padre, y decirle que sí creemos en Su Palabra, y de una vez por todas levantar el corazón ante Su Majestuosa Presencia y rendirnos ante Su Voluntad, que realmente es la nuestra.


ORACIÓN:


Amado Padre, conoces nuestras dolencias, nuestras necesidades, y sobre todo nuestras debilidades que nos han impedido reconocer nuestra verdadera identidad, y por eso hoy te pedimos que nos des la fuerza para soltar todo aquello que nos aleja de actuar conforme a Tu Voluntad. Tenemos el corazón dispuesto y la mente abierta para “recibir únicamente Tu Palabra” acerca de lo que realmente somos, y las bendiciones que has destinado para cada uno de nosotros. Amén.


Lecturas complementarias:


Segunda parte: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


¿Qué es el perdón:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/1-que-es-el-perdon.html

lunes, 16 de junio de 2025

LECCIÓN 167: Sólo hay una vida y ésa es la Vida que comparto con Dios.



1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad: no admite grados. Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son Uno.


2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. Tú lo llamas muerte. Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, toda pérdida y ansiedad, todo sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, ligera incomodidad o el menor fruncimiento de ceño dan testimonio de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives.


3. Crees que la muerte es algo relativo al cuerpo. Sin embargo, la muerte es sólo una idea y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. Los pensamientos se encuentran en la mente. Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. Y es en su punto de origen donde debe efectuarse el cambio si es que éste ha de tener lugar. Las ideas no abandonan su fuente. El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. Es la razón de que puedas curar. Es la causa de la curación. Es la razón de que no puedas morir. Su veracidad te estableció como uno con Dios.


4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador. Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que nunca podrás cambiar. Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.


5. La muerte no puede proceder de la vida. Las ideas permanecen unidas a su fuente. Pueden extender todo lo que su fuente contiene. En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mismas. Pero no pueden dar origen a lo que nunca les fue dado. Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez han de concebir. Tal como nacieron, así es como darán a luz. Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.


6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. No puede cambiar su estado de vigilia. No puede hacer un cuerpo ni tampoco habitar en un cuerpo. Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles atributos que no posee ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. No puede fabricar lo físico. Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.


7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. Su forma puede cambiar, así como aparentar ser lo que no es. Mas la mente es mente, tanto si está despierta como dormida. No es lo opuesto a nada que haya sido creado ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.


8. Dios sólo crea mentes despiertas. Él no duerme, y Sus Creaciones no pueden poseer algo que Él no les dio ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida. Libres para siempre de cualquier clase de oposición, los Pensamientos de Dios son eternamente inmutables y tienen el poder de extenderse inmutablemente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.


9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede acceder o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. Y sueña con el tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en realidad nunca sucedió, los cambios ocurridos son insubstanciales y los acontecimientos no han tenido lugar en ninguna parte. Cuando la mente despierta, sencillamente sigue siendo tal como siempre fue.


10. Seamos hoy criaturas de la verdad y no neguemos nuestro santo patrimonio. Nuestra vida no es como nos la imaginamos. ¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. Tampoco dejaremos que imaginados opuestos a la vida moren ni por un instante allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de Vida eterna.


11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo estableció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y que ésa es la Vida que compartimos con Él, con toda la Creación e igualmente con sus pensamientos, que Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de la Vida de donde provino.


12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la Cual nos llega la perfección, la cual permanece por siempre en las santas mentes que Él creó perfectas. Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfección reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. Y ahora ya no es un simple reflejo, sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. La visión deja ahora de ser necesaria. Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.


REFLEXIÓN:


Hoy todo está claro, no hay mucho que pensar ni reflexionar. Sólo hay una vida, porque sólo hay un presente, y el “mañana” es incierto, y quién sabe si vendrá. Y si lo que nos importa es el presente, de ese presente lo único que vale es el “instante”, nada más. Así se salva el día: segundo a segundo. Y al salvar el día tenemos la certeza de que no importa qué pase luego, porque siempre “el mañana” será mejor. Y salvar el día significa proteger nuestra mente de pensamientos agresores, como el pensamiento de “muerte”, que indica que estamos separados de nuestro Creador. O de pensamientos que nos devuelvan al pasado, o que nos lleven al futuro. El pasado y el futuro nos distraen de estar en el presente, que es la vida que compartimos con Dios, porque ya sabemos que Él es un eterno presente, donde ocurre la vida y los milagros.


“Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre”, si procuramos salvar cada instante del presente. Esa es la mejor manera de vivir en el ahora. Si algo pasa, si nos equivocamos, si nos enojamos, no importa: respiremos el instante presente, enmendando, sin culparnos, y sigamos confiando en que somos tal como Dios nos creó.


ORACIÓN:  


Padre, pongo en tus manos mi mente que has creado perfecta: si duerme, despiértala, pues quiero mi mente despierta para que no pierda de vista “su Fuente, su Ser y su Santidad". Amén.


viernes, 13 de junio de 2025

LECCIÓN 164: Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.



1. ¿En qué otro momento sino ahora mismo puede reconocerse la verdad? El presente es el único tiempo que hay. Y así, hoy, en este mismo instante, ahora mismo, podemos contemplar lo que se encuentra ahí eternamente, no ante nuestra vista, sino ante los ojos de Cristo. Él mira más allá del tiempo y ve la eternidad representada allí. Él oye los sonidos que engendra el insensato y ajetreado mundo, aunque vagamente. Pues más allá de ellos oye el canto del Cielo y la Voz que habla por Dios con mayor claridad, más sentido y más cerca.


2. El mundo desaparece fácilmente ante Su mirada; sus sonidos se vuelven más tenues. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se vuelve cada vez más clara: una llamada ancestral a la que Cristo da una respuesta ancestral. Reconocerás tanto una como otra, pues no son sino tu propia respuesta al llamamiento que te hace tu Padre. Cristo responde por ti, haciéndose eco de tu Ser, usando tu voz para dar Su jubiloso consentimiento y aceptando tu liberación por ti.


3. ¡Cuán santas son tus prácticas hoy al darte Cristo Su visión, al oír por ti y al contestar en tu nombre la Llamada que Él oye! ¡Cuán serenos los momentos que pasas con Él más allá del mundo! ¡Cuán fácilmente olvidas todos tus aparentes pecados y dejas de recordar todos tus pesares! En este día se deja a un lado toda aflicción, pues a ti que hoy aceptas los dones que Cristo otorga, te resultan más claros los panoramas y los sonidos que te llegan procedentes de aquello que está más cerca de ti que el mundo.


4. Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti un sentido de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado. Hoy recordarás todo esto. La fidelidad con la que practiques hoy te aportará recompensas tan grandes y tan radicalmente diferentes de todas las cosas que antes perseguías, que sabrás que ahí está tu tesoro y tu descanso.


5. Éste es el día en que todas las vanas imaginaciones se descorren como si de una cortina se tratase para revelar lo que se encuentra tras ellas. Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas las sombras que parecían ocultarlo simplemente se disipan en la nada. Ahora se ha recuperado el equilibrio y la balanza del juicio se ha dejado en manos de Aquel que juzga acertadamente. Y mediante Su juicio, un mundo de perfecta inocencia se desplegará ante tus ojos. Ahora lo contemplarás con los ojos de Cristo. Ahora su transformación te resultará evidente.


6. Hermano, éste es un día sagrado para el mundo. La visión que se te ha concedido, procedente de mucho más allá de todas las cosas del mundo, las contempla ahora bajo una nueva luz. Y lo que ves se convierte en la curación y salvación del mundo. Tanto lo valioso como lo insignificante se perciben y se reconocen por lo que son. Y lo que es digno de tu amor recibe tu amor, y ya no queda nada que puedas temer.


7. Hoy no vamos a juzgar. Recibiremos sólo lo que nos llegue de juicios procedentes desde más allá del mundo. Nuestras prácticas de hoy se convierten en un regalo de gratitud por nuestra liberación de la ceguera y de la aflicción. Todo cuanto veamos no hará sino aumentar nuestra dicha porque su santidad refleja la muestra. Nos alzamos perdonados ante los ojos de Cristo, tal como el mundo se alza perdonado ante los nuestros. Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de Su visión redentora, no a través de la nuestra.


8. Descorre la cortina durante tus prácticas renunciando simplemente a todo lo que crees desear. Aparta tus frívolos tesoros y deja un espacio limpio y despejado en tu mente donde Cristo pueda venir a ofrecerte el tesoro de la salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo. ¿Acaso no es este propósito digno de ser el tuyo? ¿No es acaso la visión de Cristo algo digno de procurarse en lugar de todos los objetivos mundanos que no producen ninguna satisfacción?


9. No dejes que este día transcurra sin que los regalos que tiene reservados para ti reciban tu aprobación y aceptación. Si los reconoces, podemos cambiar el mundo. Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación ofrece al mundo. Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento por dicha hoy mismo. Practica con fervor y ése será tu regalo. ¿Acaso iba Dios a engañarte? ¿Podría dejar de cumplir Su promesa? ¿Le negarías lo poco que te pide cuando Sus Manos le ofrecen a Su Hijo completa salvación?


REFLEXIÓN:


Hoy Cristo me da su visión, oye por mí, y  contesta en mi nombre “la llamada que Él oye”. Si acepto sus dones se aclarará el panorama y respiraré “una paz ancestral” que yace dormida en mi  corazón, esperando despertar. Todo esto lo podré recordar pero depende de mí, de la “fidelidad” con la que practique. Y  al hacerlo accederé  a un tesoro que me brindará descanso.


La tarea que hoy nos asignan es no juzgar, porque  “la balanza del juicio se ha dejado en manos de Aquel que juzga acertadamente”, y “mediante Su juicio” el mundo que vamos a observar será inocente, porque Cristo ha tomado nuestro lugar y estaremos observando con los ojos de Cristo. Hoy es un dar y recibir que esencialmente refleja la misión que se nos dio en el plan de salvación y que se describe perfectamente en estas palabras:


Todo cuanto veamos no hará sino aumentar nuestra dicha porque su santidad refleja la nuestra. Nos alzamos perdonados ante los ojos de Cristo, tal como el mundo se alza perdonado ante los nuestros. Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de Su visión redentora, no a través de la nuestra”.


Para que esto suceda sólo tenemos que ofrecer nuestra mente a Cristo, con total convicción, pues nos dicen que Él la necesita para “salvar al mundo”.  Si yo “creo” lo que me dicen hoy, apruebo y acepto que Cristo tome mi lugar, porque sus promesas son Eternas, y sus palabras son veraces:


“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Mateo 24:35)


ORACIÓN:


Padre, acepto contemplar al mundo con la visión de Cristo. No voy a juzgar, y elijo contemplar al mundo “en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla”. Amén.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Lección 85 (Repaso lecciones 69 y 70)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


El repaso de hoy abarcará las siguientes ideas:


1. (69) Mis resentimientos ocultan la luz del mundo de mí.


Mis resentimientos me muestran lo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver. Habiendo reconocido esto, ¿para qué los iba a querer? Mis resentimientos me mantienen en la obscuridad y ocultan la luz. Los resentimientos y la luz no pueden coexistir, pero la luz y la visión tienen que unirse para yo poder ver. Y para poder ver tengo que desprenderme de mis resentimientos. Quiero ver, y ése será el medio por el que lo lograré.


2. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían hacerse de la siguiente manera:


Que no haga de esto un obstáculo a la visión.

La luz del mundo desvanecerá todo esto con su resplandor.

No tengo necesidad de esto. Lo que quiero es ver.


3. (70) Mi salvación procede de mí.


Hoy reconoceré dónde está mi salvación. Está en mí porque ahí es donde está su Fuente. No ha abandonado su Fuente, por lo tanto, no pudo haber abandonado mi mente. Dejaré de buscarla fuera de mí mismo. No es algo que se encuentre afuera y luego tenga que traerse dentro. Se extenderá desde dentro de mí, y todo aquello que vea no hará sino reflejar la luz que brilla en mí y en sí misma.


4. Las siguientes variaciones de la idea son apropiadas para las aplicaciones más concretas:


Que esto no me tiente a buscar mi salvación fuera de mí mismo.

No permitiré que esto interfiera en la conciencia que tengo de la Fuente de mi salvación.

Esto no puede privarme de la salvación.


REFLEXIÓN:


Los resentimientos son contrarios a la luz, no nos permiten ver, y nos inducen a buscar  la salvación fuera de nosotros. Al ocultarse la luz del mundo de nosotros, vemos las ilusiones que ha creado el ego, y por eso al juzgar estamos viendo algo que no existe. Creo que ahora se nos puede hacer más fácil saber  cuando los resentimientos tienen el control de nuestra vida, y es cuando nos creemos con derecho a juzgar algo o a alguien. Ahí la luz del mundo está oculta para nosotros, y es cuando se nos pide que permitamos que la luz y la visión se unan para poder ver. La luz es la ausencia de resentimientos, y la visión es la presencia del Amor que nos permite ver las cosas tal como son, y cuando “son como son” no hay atisbo de resentimientos, no soy ni víctima ni victimario, y nada fuera de mí me puede perturbar la paz que ha nacido de la visión.  Para entenderlo mejor, son esos momentos en que nada puede molestarme, y no porque todo esté “bajo mi control”, sino porque estoy en estado de presencia sin juzgar, sin lamentar, sin querer encontrar una explicación, sino simplemente estoy en el mundo, y lo acepto y puedo vivir en él porque sólo lo observo sin aprobar o reprobar. En ese momento puedo decir que “mi salvación procede de mí”.


ORACIÓN:


Padre, mis resentimientos me atrapan en las ilusiones del ego, y me ocultan la luz de la verdad. Hoy me  desprendo de mis resentimientos porque quiero ver, quiero que la luz brille en mí y se extienda a toda la creación. Amén.


LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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