No pretendo enseñar lo que está escrito en UCDM. Sólo quiero agradecer el haber recibido este regalo que me ha permitido transitar este mundo en medio de resentimientos, cargas, angustias, miedos y dolor. Si alguien llega aquí así como yo llegué a otros lugares, no será casualidad, será porque todo tiene un propósito, y mi intención es compartir un poco de lo que me inspiró el transitar "365 días con UCDM". Confirmé lo que aprendí de niña: en verdad Jesús sí es el Camino, la Verdad y la Vida.
1. Padre, al despertar hoy los milagros corrigen mi percepción de todas las cosas. Y así comienza el día que voy a compartir Contigo tal como compartiré la eternidad, pues hoy el tiempo se ha hecho a un lado. No ando en pos de cosas temporales, por lo tanto, ni siquiera las veré. Lo que hoy busco trasciende las leyes del tiempo, así como las cosas que se perciben en él. Quiero olvidarme de todo excepto de Tu Amor. Quiero morar en Ti y no saber nada de ninguna ley que no sea Tu Ley del Amor. Quiero encontrar la paz que creaste para Tu Hijo y olvidarme, conforme contemplo Tu Gloria y la mía, de todos los absurdos juguetes que fabriqué.
2. Y al llegar la noche, recordaremos únicamente la Paz de Dios. Pues hoy veremos qué clase de paz es la nuestra cuando nos olvidamos de todo, excepto del Amor de Dios.
REFLEXIÓN:
Para recibir los milagros, y que éstos corrijan la “percepción de todas las cosas”, debemos olvidarnos del pasado, y estar en “presente”. Tampoco el futuro debe perturbar nuestros pensamientos porque pensar en lo que no existe nos roba la paz y nos llena de ansiedad. Al estar en presente, los errores del pasado no impedirán que la “Paz de Dios” nos envuelva, porque todo aquello que nos causó dolor no puede existir en nuestro presente, a menos que nuestros pensamientos divaguen y se pierdan en el mundo ilusorio del tiempo trayendo el dolor a nuestra vida, a causa de los recuerdos que nos perturban. Sí, ni en el pasado ni en el futuro podemos encontrar la “Paz de Dios”, porque el lugar en donde siempre lo podemos encontrar es en "el eterno presente”, y allí sí ocurren los milagros ya que nuestra percepción está corregida.
El estado de presencia se alimenta con cada instante, y por eso cada segundo de nuestra vida es el momento preciso para no juzgar, para no mirar atrás, para no proyectarnos en el futuro. Si le entregamos nuestro presente a Dios, sin miedo y sin condiciones, sólo ocurrirá lo correcto en nuestra vida, porque al no manipular los acontecimientos todo se irá corrigiendo porque el “presente” estará a cargo de Dios, y se manifestarán los milagros. Todo esto ocurre por fe. El raciocinio bloquea los milagros porque el ego toma el lugar y nos devuelve al mundo de las ilusiones donde el tiempo gobierna: el pasado con nuestras experiencias dolorosas, y el futuro con la incertidumbre de sí se cumplirán nuestros ilusorios “sueños”.
¿Cómo hacer todo esto? Hay que empezar ya, sin miedo y expectativa: Pensar en Dios, y hacer a un lado los pensamientos transgresores donde siempre hay un hermano protagonizando nuestras frustraciones. Ese es el primer paso para el perdón, y para que ocurran los milagros:
“El perdón es la morada de los milagros. Los ojos de Cristo se los ofrecen a todos los que Él contempla con misericordia y con amor. La percepción queda corregida ante Su vista, y aquello cuyo propósito era maldecir tiene ahora el de bendecir.”.
ORACIÓN:
Padre, me abrazo a Tu recuerdo y me envuelvo en Tu Paz. Suelto el pasado y el futuro, y me sumerjo en el presente para contemplar Tu rostro que brilla eternamente majestuoso. ¡Qué Tu Amor sane mis heridas para que pueda ofrecer milagros a mis hermanos, y luego retornen a mí convertidos en Tu Palabra vivificadora! Amén.
1. De una nueva percepción del mundo nace un futuro muy diferente del pasado. El futuro se ve ahora simplemente como una extensión del presente. Los errores del pasado no pueden ensombrecerlo, de manera que el miedo ha perdido sus ídolos e imágenes y, al no tener forma, deja de tener efectos. La muerte no podrá reclamar ahora el futuro, pues ahora la vida se ha convertido en su objetivo y todos los medios necesarios para su logro se proveen gustosamente. ¿Quién podría lamentarse o sufrir cuando el presente ha sido liberado y su seguridad y paz se extienden hasta un futuro tranquilo y lleno de júbilo?
2. Padre, cometimos errores en el pasado, pero ahora elegimos valernos del presente para ser libres. Ponemos el futuro en Tus Manos y dejamos atrás nuestros errores pasados, seguros de que Tú cumplirás las promesas que nos haces en el presente y de que bajo su santa luz dirigirás el futuro.
1. Quiero pasar este día Contigo, Padre mío, tal como Tú has dispuesto que deben ser todos mis días. Y lo que he de experimentar no tiene nada que ver con el tiempo. El júbilo que me invade no se puede medir en días u horas, pues le llega a Tu Hijo desde el Cielo. Este día será el dulce recordatorio que me haces para que Te recuerde; la afable llamada que le haces a Tu santo Hijo; la señal de que se me ha concedido Tu Gracia y de que es Tu Voluntad que yo me libere hoy.
2. Este día lo pasaremos juntos tú y yo. Y todo el mundo unirá sus voces a nuestro canto de gratitud y alegría hacia Aquel que nos brindó la salvación y nos liberó. Nuestra paz y nuestra santidad nos son restituidas. Hoy el miedo no tiene cabida en nosotros, pues hemos dado la bienvenida al amor en nuestros corazones.
REFLEXIÓN:
Este día y cada día tenemos que vivirlo como si no existiera nada más, como si fuera un instante eterno en el que lo único que tenemos que hacer es estar con Dios. Si Él es nuestra fuerza, sólo eso necesitamos para transitar cada día sin miedo. Hace poco escuché que alguien dijo: “Si hubiera…”. Y sus palabras tenían un matiz de tristeza. Pero el hubiera no existe porque es una proyección del pasado. Y no sólo no existe, sino que cuando decimos “hubiera”, nos hacemos daño porque es una forma de negar la perfección del presente, de negar que todo lo que hicimos tuvo sentido y que nada estuvo fuera de lugar, y es una forma de agregar más dolor a nuestra vida. Todo lo que “encierra” esa palabra se convierte en suposiciones que nos causan frustración y nos roban la paz.
Por eso la lección de hoy es tan importante: Es un llamado a vivir en el ahora, sin miedo y ondeando la bandera del amor. Quizás alguna vez hemos pensado que es muy fácil comprenderlo, pero muy difícil realizarlo. Pero la forma de hacerlo es empezar ya, hoy, en este instante, sin importar lo que pasó el segundo antes, o lo que puede suceder un segundo después. Es algo así como cuando un niño empieza a caminar: está gateando y de repente da sus primeros pasos, y si se cae, no da la vuelta para iniciar de nuevo, simplemente se levanta y sigue, y un día cualquiera lo vemos correr, y ya jamás volverá a gatear. Quizás así mismo debemos empezar a vivir en el ahora, sin miedo, porque además tenemos la certeza de que nuestro Padre nos ha concedido Su Gracia, y nuestros pasos están guiados por Su Voluntad, que no es otra que nos liberemos.
ORACIÓN:
Padre, acepto pasar “este día sin miedo y lleno de amor”, porque sé que Tu Gracia me cobija. No es fácil pues me agobia el peso del pasado, y la incertidumbre del futuro, pero confío en tu guía y bondad, y con esa certeza me dispongo a hacer Tu Voluntad. Amén.
1. El concepto que he forjado del tiempo impide el logro de mi objetivo. Si decido ir más allá del tiempo hasta la intemporalidad, tengo que cambiar mi percepción acerca del propósito del tiempo. Pues su propósito no puede ser que el pasado y el futuro sean uno. El único intervalo en el que puedo librarme del tiempo es ahora mismo. Pues en este instante el perdón ha venido a liberarme. Cristo nace en el ahora, sin pasado ni futuro. Él ha venido a dar la bendición del presente al mundo, restaurándolo a la intemporalidad y al amor. Y el amor está siempre presente, aquí y ahora.
2. Gracias por este instante, Padre. Es ahora cuando soy redimido. Este instante es el momento que señalaste para la liberación de Tu Hijo y para la salvación del mundo en él.
1. A menos que el pasado no exista en mi mente, no podré contemplar el mundo real. Pues en ese caso no estaría contemplando nada, sino viendo lo que no está ahí. ¿Cómo podría entonces percibir el mundo que el perdón ofrece? El propósito del pasado fue precisamente ocultarlo, pues dicho mundo sólo se puede ver en el ahora. No tiene pasado. Pues ¿a qué se le puede conceder perdón sino al pasado, que al ser perdonado desaparece?
2. Padre, que no contemple un pasado que no existe. Pues Tú me has ofrecido Tu Propio substituto: un mundo presente que el pasado ha dejado intacto y libre de pecado. He aquí el final de la culpa. Y aquí me preparo para Tu paso final. ¿Cómo iba a exigirte que siguieses esperando hasta que Tu Hijo encontrase la belleza que Tú dispusiste fuese el final de todos sus sueños y de todo su dolor?
REFLEXIÓN:
Nos han dicho de muchas maneras que el pasado no existe, y que por lo tanto no nos puede afectar; la cuestión es que integrarlo no es tan fácil como leerlo. Nuestra vida cotidiana está inmersa en situaciones que nos trae el pasado sin que lo pidamos. Igualmente pasa con el futuro: Siempre estamos planeando, y muchas veces sin vivir el presente y casi siempre queriendo resolver el pasado. Ahí está el problema: Nunca nos percatamos de que en el presente está la respuesta a todos nuestros males. ¿Por qué? Porque cuando vivimos “en el ahora” conectamos con nuestro Padre, y podemos escucharlo, podemos recibir las respuestas que han quedado en el aire por estar prestando atención al pasado y al futuro. Ambos son una ilusión. Uno porque ya pasó, y el otro porque ni siquiera existe. Y no es fácil, porque desde niños nos enseñaron a conjugar los verbos en los tres tiempos: Pasado, Presente, y Futuro. Y así, de manera automática, nuestra mente salta de un tiempo a otro, y no nos permite escuchar las voces del ahora que provienen de Dios.
Ante esto, lo que nos queda es “creer”. Sí, creer en las palabras de nuestro Padre, quien nos habla en cada lección, y lo único que tenemos que hacer es entonar sus mandatos hasta que la mente no se resista, hasta que la mente sólo sea “presente”.
UCDM, pretende ayudarnos a sanar nuestra mente, y la manera de hacerlo es guiando nuestros pasos para que un día ya no exista la culpa, esa que surge por vivir en el pasado en donde el perdón está oculto.
Dejémonos guiar, entonces, por el Espíritu Santo, quien es “el Mediador entre las ilusiones y la verdad”, y hoy nos dice que como el pasado no existe, no nos puede afectar.
1. Hoy vislumbramos el momento en que los sueños de pecado y de culpa han desaparecido y hemos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. Sólo un instante transcurrió entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo ninguna interrupción en la continuidad ni corte alguno en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Nunca ocurrió nada que perturbase la Paz de Dios el Padre ni la del Hijo. Hoy aceptamos la veracidad de este hecho.
2. Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.
REFLEXIÓN:
La santa paz de la que nos hablan hoy se manifiesta fuera del mundo de las ilusiones. Cuando nuestra mente deambula entre el pasado y el futuro y se “sale” del momento presente, es cuando nos sumergimos en los “sueños de pecado y de culpa”, porque allí sólo experimentamos dolor. Transitando el “presente” no sólo podremos experimentar ese instante en que nada perturba “la Paz de Dios el Padre ni la del Hijo”, sino también la presencia de los milagros, que es cuando se resuelve todo aquello que no parecía tener salida ni solución.
Si creemos en esto, sin poner en duda su veracidad, cada vez que entremos en la Presencia del Padre, estaremos “alcanzando la santa paz” que no hemos experimentado por vivir en el mundo de las ilusiones que nos ofrece la noción que conocemos del tiempo: pasado y futuro.
ORACIÓN:
Padre, que el eterno Presente, donde Tú habitas, sea el instante que nos cobije, para poder tener siempre el recuerdo de Ti y de Tu Amor, y de esa manera poder ser eternamente "Tu Hijo". Amén.
No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.
1. (194) Pongo el futuro en Manos de Dios.
El pasado ya pasó y el futuro aún no ha tenido lugar. Ahora me he liberado de ambos. Pues lo que Dios da sólo puede ser para el bien. Y acepto únicamente lo que Él da como lo que me pertenece.
No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.
ORACIÓN:
Padre, pongo mi presente en Tus manos, en donde habitas eternamente. Me libero del pasado y del futuro, y confío en que lo que Tú me ofreces en el instante presente sólo es para mi bien. Ahora las cadenas que aprisionan el mundo se rompen y se nos otorga el regalo de la Salvación. Amén.
1. La idea de hoy es un paso más en el proceso de alcanzar cuanto antes la salvación, y ciertamente es un paso gigantesco. Es tan grande la distancia que abarca que te lleva al umbral del Cielo, con el objetivo a la vista y los obstáculos ya superados. Tus pies ya se han posado sobre las praderas que te dan la bienvenida a las puertas del Cielo: el tranquilo lugar de la paz en el que aguardas con certeza el paso final de Dios. ¡Qué lejos nos encontramos ahora de la tierra! ¡Cuán cerca de nuestra meta! ¡Cuán corto el trecho que aún nos queda por recorrer!
2. Acepta la idea de hoy y habrás dejado atrás toda ansiedad, los abismos del infierno, la negrura de la depresión, los pensamientos de pecado y la devastación que la culpa acarrea. Acepta la idea de hoy y habrás liberado al mundo de todo aprisionamiento, al romper las pesadas cadenas que mantenían cerrada la puerta a la libertad. Te has salvado, y tu salvación se vuelve el regalo que le haces al mundo porque tú lo recibiste.
3. No hay un solo instante en que se pueda sentir depresión, experimentar dolor o percibir pérdida alguna. No hay un solo instante en que se pueda instaurar el pesar en un trono y adorársele . No hay un solo instante en que uno pueda ni siquiera morir. Y así, cada instante que se le entrega a Dios, con el siguiente ya entregado de antemano, es un tiempo en que te liberas de la tristeza, del dolor y hasta de la misma muerte.
4. Tu futuro está en Manos de Dios, así como tu pasado y tu presente. Para Él son lo mismo y, por lo tanto, deberían ser lo mismo para ti también. Sin embargo, en este mundo la progresión temporal todavía parece ser algo real. No se te pide, pues, que entiendas que el tiempo no tiene realmente una secuencia lineal. Sólo se te pide que te desentiendas del futuro y lo pongas en Manos de Dios. Y mediante tu propia experiencia podrás comprobar que también has puesto en Sus Manos el pasado y el presente porque el pasado ya no te castigará más y el miedo al futuro ya no tendrá sentido.
5. Libera el futuro. Pues el pasado ya pasó, y el presente, libre de su legado de aflicción y sufrimiento, de dolor y pérdida, se convierte en el instante en que el tiempo se escapa del cautiverio de las ilusiones por el que ha venido recorriendo su despiadado e inevitable curso. Cada instante que antes era esclavo del tiempo se transforma ahora en un instante santo, cuando la luz que se mantenía oculta en el Hijo de Dios se libera para bendecir al mundo. Ahora el Hijo de Dios es libre, y toda su gloria resplandece sobre un mundo que se ha liberado junto con él para compartir su santidad.
6. Si pudieras ver la lección de hoy como la liberación que realmente representa, no vacilarías en dedicarle el máximo esfuerzo de que fueras capaz para que pasase a formar parte de ti. Conforme se vaya convirtiendo en un pensamiento que rige tu mente, en un hábito de tu repertorio para solventar problemas, en una manera de reaccionar de inmediato ante toda tentación, le transmitirás al mundo lo que has aprendido. Y en la medida en que aprendas a ver la salvación en todas las cosas, en esa misma medida el mundo percibirá que se ha salvado.
7. ¿Qué preocupación puede asolar al que pone su futuro en las amorosas Manos de Dios? ¿Qué podría hacerle sufrir? ¿Qué podría causarle dolor o la sensación de haber perdido algo? ¿A qué le podría temer? ¿Y de qué otra manera podría contemplar todo sino con amor? Pues el que ha escapado de todo miedo a futuros sufrimientos ha encontrado el camino de la paz en el presente y la certeza de un cuidado que el mundo jamás podría amenazar. Está seguro de que aunque su percepción pueda ser errónea, nunca le ha de faltar corrección. Es libre de volver a elegir cuando se ha dejado engañar; de cambiar de parecer cuando se ha equivocado.
8. Pon, por lo tanto, tu futuro en Manos de Dios. Pues de esta manera invocas Su recuerdo para que regrese y reemplace todos tus pensamientos de maldad y pecado por la verdad del amor. ¿Crees acaso que el mundo no se beneficiaría con ello y que cada criatura viviente no respondería con una percepción corregida? El que se encomienda a Dios ha puesto también al mundo en las mismas Manos a las que él ha recurrido en busca de consuelo y seguridad. Ha dejado a un lado las enfermizas ilusiones del mundo junto con las suyas, y de este modo le ofrece paz al mundo, así como a sí mismo.
9. Ahora sí que nos hemos salvado. Pues descansamos despreocupados en Sus Manos, seguros de que sólo cosas buenas nos pueden acontecer. Si nos olvidamos de ello, se nos recuerda dulcemente. Si aceptamos un pensamiento que denota falta de perdón, éste queda prontamente reemplazado por el reflejo del amor. Y si nos sentimos tentados de atacar, apelamos a Aquel que vela por nuestro descanso para que tome por nosotros la decisión que nos aleja de la tentación. El mundo ha dejado de ser nuestro enemigo, pues hemos decidido ser su amigo.
REFLEXIÓN:
En las últimas lecciones nos están dando ayudas muy valiosas para nuestro bienestar. La de hoy dice que si ponemos el futuro en manos de Dios, estaremos dejando atrás la ansiedad, “los abismos del infierno, la negrura de la depresión, los pensamientos de pecado, y la devastación que la culpa acarrea". Y cada instante que se le entrega a Dios, es un tiempo en el que nos liberamos de emociones dolorosas “y hasta de la misma muerte”.
Poner el futuro en manos de Dios es poner el pasado y el presente, porque aunque para nosotros el tiempo existe tal y como nos lo han enseñado, para Dios es lo mismo, y nos dicen que así debería ser para nosotros. Y si nos piden poner el futuro en sus manos, es deshacernos de los miedos que nacen de la incertidumbre de lo que puede suceder “mañana”, o de los recuerdos dolorosos de un pasado que nos hizo daño y nos dejó pérdidas y frustraciones.
Sólo el presente está libre de aflicción, de sufrimiento, de dolor, de pérdida, y cada instante que salvamos del presente, sin que se contamine con pensamientos del pasado o del futuro, se convierte en un instante santo en donde la luz que estaba oculta “se libera para bendecir al mundo”.
Por eso la lección de hoy deberíamos recordarla cada día de nuestra vida, porque es una especie de “instructivo” que nos libera de las cargas del tiempo, el cual no existe tal como lo entendemos hoy. Sólo el “Eterno Presente” donde existe Dios, nos proporciona paz. Jesús lo decía de muchas formas y nos pedía no estar afanados por el mañana o por las cosas que necesitábamos, y dejó claro que para vivir en paz cubriendo todas nuestras necesidades sólo debíamos buscar primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se nos daría por añadidura. En el Evangelio de Mateo, capítulos 5 al 7, se encuentran algunas enseñanzas donde Jesús hace alusión al tiempo y a las preocupaciones que éste conlleva. Aquí hay dos de ellas:
“Nunca se angustien por el día siguiente, porque el día siguiente traerá sus propias preocupaciones. Bastante hay con los problemas de cada día” (Mateo 6:34).
“¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida ?” (Mateo 6.27).
ORACIÓN:
Padre, pongo mi futuro en Tus Manos, con la certeza de que se romperán las cadenas que aprisionan al mundo. Al liberarme, le entrego al mundo el regalo de la Salvación que a través de Tu Santo Hijo nos otorgas. Amén.