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lunes, 16 de junio de 2025

LECCIÓN 167: Sólo hay una vida y ésa es la Vida que comparto con Dios.



1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad: no admite grados. Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son Uno.


2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. Tú lo llamas muerte. Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, toda pérdida y ansiedad, todo sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, ligera incomodidad o el menor fruncimiento de ceño dan testimonio de la muerte. Por lo tanto, niegan que vives.


3. Crees que la muerte es algo relativo al cuerpo. Sin embargo, la muerte es sólo una idea y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. Los pensamientos se encuentran en la mente. Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. Y es en su punto de origen donde debe efectuarse el cambio si es que éste ha de tener lugar. Las ideas no abandonan su fuente. El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. Es la razón de que puedas curar. Es la causa de la curación. Es la razón de que no puedas morir. Su veracidad te estableció como uno con Dios.


4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador. Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que nunca podrás cambiar. Es la creencia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo diferente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.


5. La muerte no puede proceder de la vida. Las ideas permanecen unidas a su fuente. Pueden extender todo lo que su fuente contiene. En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mismas. Pero no pueden dar origen a lo que nunca les fue dado. Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez han de concebir. Tal como nacieron, así es como darán a luz. Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.


6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. No puede cambiar su estado de vigilia. No puede hacer un cuerpo ni tampoco habitar en un cuerpo. Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles atributos que no posee ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. No puede fabricar lo físico. Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.


7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. Su forma puede cambiar, así como aparentar ser lo que no es. Mas la mente es mente, tanto si está despierta como dormida. No es lo opuesto a nada que haya sido creado ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.


8. Dios sólo crea mentes despiertas. Él no duerme, y Sus Creaciones no pueden poseer algo que Él no les dio ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida. Libres para siempre de cualquier clase de oposición, los Pensamientos de Dios son eternamente inmutables y tienen el poder de extenderse inmutablemente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.


9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede acceder o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. Y sueña con el tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en realidad nunca sucedió, los cambios ocurridos son insubstanciales y los acontecimientos no han tenido lugar en ninguna parte. Cuando la mente despierta, sencillamente sigue siendo tal como siempre fue.


10. Seamos hoy criaturas de la verdad y no neguemos nuestro santo patrimonio. Nuestra vida no es como nos la imaginamos. ¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. Tampoco dejaremos que imaginados opuestos a la vida moren ni por un instante allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de Vida eterna.


11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo estableció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y que ésa es la Vida que compartimos con Él, con toda la Creación e igualmente con sus pensamientos, que Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de la Vida de donde provino.


12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la Cual nos llega la perfección, la cual permanece por siempre en las santas mentes que Él creó perfectas. Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfección reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. Y ahora ya no es un simple reflejo, sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. La visión deja ahora de ser necesaria. Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.


REFLEXIÓN:


Hoy todo está claro, no hay mucho que pensar ni reflexionar. Sólo hay una vida, porque sólo hay un presente, y el “mañana” es incierto, y quién sabe si vendrá. Y si lo que nos importa es el presente, de ese presente lo único que vale es el “instante”, nada más. Así se salva el día: segundo a segundo. Y al salvar el día tenemos la certeza de que no importa qué pase luego, porque siempre “el mañana” será mejor. Y salvar el día significa proteger nuestra mente de pensamientos agresores, como el pensamiento de “muerte”, que indica que estamos separados de nuestro Creador. O de pensamientos que nos devuelvan al pasado, o que nos lleven al futuro. El pasado y el futuro nos distraen de estar en el presente, que es la vida que compartimos con Dios, porque ya sabemos que Él es un eterno presente, donde ocurre la vida y los milagros.


“Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre”, si procuramos salvar cada instante del presente. Esa es la mejor manera de vivir en el ahora. Si algo pasa, si nos equivocamos, si nos enojamos, no importa: respiremos el instante presente, enmendando, sin culparnos, y sigamos confiando en que somos tal como Dios nos creó.


ORACIÓN:  


Padre, pongo en tus manos mi mente que has creado perfecta: si duerme, despiértala, pues quiero mi mente despierta para que no pierda de vista “su Fuente, su Ser y su Santidad". Amén.


domingo, 8 de junio de 2025

LECCIÓN 159: Doy los milagros que he recibido.



1. Nadie puede dar lo que no ha recibido. Para dar algo es preciso poseerlo antes. En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden. Pero en este punto difieren también. El mundo cree que para poseer una cosa tiene que conservarla. La salvación enseña lo contrario. Dando es como reconoces que has recibido. Es la prueba de que lo que tienes es tuyo.


2. Comprendes que estás sano cuando ofreces curación. Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas. En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así te das cuenta de que eres pleno. No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados. Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo.


3. La visión de Cristo es un milagro. Viene de mucho más allá de sí misma, pues refleja el Amor Eterno y el renacimiento de un amor que, aunque nunca muere, se ha mantenido velado. La visión de Cristo representa el Cielo, pues lo que ve es un mundo tan semejante al Cielo que lo que Dios creó perfecto puede verse reflejado en él. En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas. El mundo real simboliza la pureza del Cielo.


4. La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros. Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro que das, sigue siendo tuya. Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el Cielo. Cristo no ve pecados en nadie. Y ante Su vista, los que están libres de pecado son todos uno. Su santidad les fue otorgada por Su Padre y por Él Mismo.


5. La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos. Y puedes tener absoluta confianza en que Su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón. Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, transparentes, apenas visibles, a veces relegadas al olvido e incapaces de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas. A la visión se le ha restituido la santidad y ahora los ciegos pueden ver.


6. Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que puedes recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que puedan contribuir a tu felicidad. Todas ellas se encuentran ya aquí, y se te dan sólo con que las pidas. Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante. No hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.


7. Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido. Pues aquí se le repara y se le renueva, pero bajo una nueva luz. Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde todos los que sufren son curados y se les da la bienvenida. A nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde su salvación le aguarda. Nadie es un extraño aquí. Nadie le pide nada salvo el regalo de aceptar la bienvenida que se le ofrece.


8. La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces. Ése es su hogar. Desde ahí se pueden llevar de vuelta al mundo, pero nunca podrán crecer en sus tierras estériles y superficiales. Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee. Necesitan el amor con el que Él las contempla. Y se convierten en Sus emisarias, que dan tal como recibieron.


9. Toma lo que quieras de Su depósito para que sus tesoros puedan multiplicarse. Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo. Sus raíces aún siguen allá. No abandonan su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron y al que retornarán con una fragancia todavía mayor. Ahora son doblemente benditas. Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos. Y ellas se los llevan gustosamente de vuelta a Él.


10. Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des. ¿No eres acaso merecedor de esos mismos regalos cuando Dios Mismo dispuso que se te dieran? No juzgues al Hijo de Dios, sino sigue el camino que Dios ha señalado. Cristo ha soñado el sueño de un mundo perdonado. Ése es Su regalo, por medio del cual puede tener lugar una dulce transición de la muerte a la vida; de la desesperación a la esperanza. Permitámonos por un instante soñar con Él. Su sueño nos despierta a la verdad. Su visión nos proporciona los medios para regresar a nuestra eterna santidad en Dios, la cual nunca perdimos.


REFLEXIÓN:


Del “almacén” de mi mente “doy los milagros que he recibido”.  ¡Qué metáfora! Recibimos los milagros abriendo el almacén de nuestra mente. Este es mi tercer año repasando los ejercicios de UCDM, y había pasado inadvertida esta metáfora. Esa es la prueba de que sólo el presente existe, porque leo cada lección como si fuera la primera vez, no hay recuerdos del pasado. El pasado quedó atrás, y hoy veo en esta lección lo que estoy preparada para recibir y lo que necesito. A todos nos pasa lo mismo, y muy seguramente, tú que también estudias UCDM, vas a comprobar que no importa cuantas veces vuelvas a leer una lección o un texto, siempre parecerá como que es la primera vez, porque cada día es nuevo y diferente, y el pasado nos dio lo que necesitábamos en ese momento, y hoy recibimos lo que necesitamos para transitar el presente.


Entonces, hoy nos sorprenden con algo novedoso. y es que nuestra mente es un almacén donde reposan todos los milagros que hemos recibido, y si están ahí es para que los entreguemos al mundo. Y la fuente de esos milagros es la “visión de Cristo”, que es “el puente entre los dos mundos”: el que es gobernado por el cuerpo, y el que es gobernado por el espíritu. Si me identifico con el cuerpo habitaré el mundo en donde el perdón no existe, pero si me identifico con el espíritu, mi mundo será el que “ha sido santificado por el perdón”, y en donde habita Cristo eternamente. Y en este mundo “no hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo”.


Esta lección es un poema, cada frase es una oda a Cristo, y a su amor por nosotros, y genera una reflexión muy personal. Yo quise tomar algunas frases y convertirlas en poema:


El dador de milagros


La visión de Cristo es un milagro.

Viene de mucho más allá de sí misma, 

refleja el Amor Eterno

 y el renacimiento de un amor 

que, aunque nunca muere, 

se ha mantenido velado.


La visión de Cristo es el Cielo

y es el milagro del que emanan

todos los milagros.

Es su fuente, y el vínculo

que une al que da y al que recibe:

es la unión del Cielo y la  Tierra.


Cristo no ve pecado en nadie

y ante su vista todos sin pecado 

simplemente somos uno.

Y esa santidad vino del Padre

y la transmitió a través de su Hijo.


La visión de Cristo es la tierra santa

donde las azucenas del perdón echan raíces,

gracias al amor de quien las contempla,

para luego convertirse en Sus emisarias

que dan todo lo que reciben.


Cristo ha soñado 

el sueño de un mundo perdonado. 

Ése es Su regalo, 

que duerme la muerte y despierta la vida; 

¡Soñemos con Él!

Su sueño nos despierta a la verdad. 

Su visión nos devuelve la eterna santidad, 

esa que nunca perdimos.


Este es el atisbo del “áureo tesoro de Cristo”.


Puedes hacer el ejercicio, toma frases, únelas, y conviértelas en poema que nunca olvides, porque donde está la Presencia de Cristo, siempre surge una extraña e inusual sensación de Amor, ese que no es terrenal y se escribe con mayúscula.


ORACIÓN:


Padre, quiero contemplar “el caudal de los milagros” que has desplegado para mí. Permite que comprenda que merezco recibirlos porque Tú dispusiste que se me dieran. No juzgo al Hijo de Dios, y emprendo el camino que me has señalado porque quiero dar los milagros que he recibido. Amén.

lunes, 21 de abril de 2025

LECCIÓN 111 (Repaso lecciones 91 y 92)



Tercer repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/tercer-repaso-introduccion.html


Para los repasos de por la mañana y por la noche:


1. (91) Los milagros se ven en la luz.


No puedo ver en la obscuridad. Que la luz de la santidad y de la verdad iluminen mi mente para que pueda ver la inocencia que mora en mí.


2. (92) Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.


Veo a través de la fortaleza el regalo que Dios me dio. Mi debilidad es la obscuridad que Su regalo disipa, al ofrecerme Su Fortaleza para que ocupe su lugar.


3. A la hora en punto:

Los milagros se ven en la luz.


Media hora más tarde:

Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.


REFLEXIÓN:


Habiendo leído la introducción del tercer repaso, y teniendo en cuenta las recomendaciones que nos hacen, sólo nos queda ser receptivos y, juiciosamente, realizar los ejercicios para recibir los regalos prometidos por Dios. Eso es parte de creer que “los milagros se ven en la luz”, porque quien es dócil a los buenos consejos está encendiendo una lámpara que lo guiará en su recorrido para alcanzar la meta que nos propone UCDM. 


También nos dicen que “la luz y la fortaleza son una”, y  es tan cierto como que cuando uno está, literalmente, en la oscuridad, pierde la fuerza del cuerpo porque enseguida se siente el temor a tropezar y hacerse daño… Y cuando la luz se enciende, lo primero que sale de nuestro cuerpo es un respiro que nos avisa que el peligro se ha disipado. La vida cotidiana es un asomo de la  vida espiritual, que nos muestra, a través del cuerpo,  cómo reaccionamos ante el poder de la claridad.


ORACIÓN:


Padre, cuando llega la noche me dispongo al descanso y guardo silencio para intentar escuchar Tu Voz, que se pierde en el día con el ruido del mundo. En la madrugada, el dulce canto de las aves me avisa que a la luz del nuevo día un milagro puede acontecer. Que la Luz de Tu Verdad disipe mis oscuridades para que los milagros pueda ver. Amén.


miércoles, 2 de abril de 2025

LECCIÓN 92: Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.



1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior. No asocias la luz con la fortaleza ni la obscuridad con la debilidad. Ello se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, a sus ojos y a su cerebro. De ahí que creas que puedes cambiar lo que ves poniendo trocitos de vidrio delante de tus ojos. Ésta es una de las muchas creencias mágicas que proceden de tu convicción de que eres un cuerpo y de que los ojos del cuerpo pueden ver.


2. Crees también que el cerebro puede pensar. Si comprendieras la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. Es como si creyeras que eres tú el que sostiene el fósforo que enciende el sol y le da todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que decidas soltarlo. Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.


3. La Fortaleza de Dios que mora en ti es la luz en la que ves, de la misma manera como es Su Mente con la que piensas. Su Fortaleza niega tu debilidad. Y es ésta la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la obscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. 4Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir.


4. La fortaleza pasa por alto todas estas cosas al mirar más allá de las apariencias. Mantiene su mirada fija en la luz que se encuentra más allá de ellas. Se une a la luz de la que forma parte. Se ve a sí misma. Te brinda la luz en la que tu Ser aparece. En la obscuridad percibes un ser que no existe. La fortaleza es lo que es verdad con respecto a ti, mas la debilidad es un ídolo al que se honra y se venera falsamente a fin de disipar la fortaleza y permitir que la obscuridad reine allí donde Dios dispuso que hubiera luz.


5. La fortaleza procede de la verdad y brilla con la luz que su Fuente le ha otorgado; la debilidad refleja la obscuridad de su hacedor. Está enferma, y lo que ve es la enfermedad, que es como ella misma. La verdad es salvadora, y su voluntad es que todo el mundo goce de paz y felicidad. La verdad le da el caudal ilimitado de su fortaleza a todo aquel que la pide. Reconoce que si a alguien le faltara algo, les faltaría a todos. Y por eso imparte su luz, para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo. Todos comparten su fortaleza, de manera que ésta pueda conceder a todos el milagro en el que se unirán en un propósito, en el perdón y el amor.


6. La debilidad, que mira desde la obscuridad, no puede ver propósito alguno en el perdón o en el amor. Ve todo como diferente de ella misma, y no ve nada en el mundo que quisiera compartir. Juzga y condena, pero no ama. Permanece en la obscuridad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vencedora de limitaciones que, en la obscuridad, crecen hasta alcanzar enormes proporciones.


7. La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la obscuridad cubre todo lo que la debilidad ve, y le deja sus sueños que son tan temibles como ella misma. Ahí no encontrarás milagros sino odio. La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola. La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves. No cambia ni titila hasta finalmente extinguirse. No cambia de la obscuridad de la noche a la luz del día, y de vuelta a la obscuridad hasta que se hace de día otra vez.


8. La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma, ya que no puede sino darse a lo que ella misma es. Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano, y nadie que entre en su morada puede partir sin un milagro ante sus ojos y sin que la fortaleza y la luz moren en su corazón.


9. La fortaleza que mora en ti te ofrecerá luz y guiará tu visión para que no habites en las vanas sombras que los ojos del cuerpo te proporcionan a fin de que te engañes a ti mismo. La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí donde se unen tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo. Tal es el lugar de encuentro que hoy trataremos de hallar para descansar en él, pues la Paz de Dios está ahí donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse Consigo Mismo otra vez y volver a ser uno.


10. Dediquemos veinte minutos en dos ocasiones hoy a estar presentes en ese encuentro. Déjate conducir ante tu Ser. Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión. Deja atrás hoy la obscuridad por un rato, y practica ver en la luz, cerrando los ojos del cuerpo y pidiéndole a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, en el que la luz y la fortaleza son una.


11. Así es como practicaremos mañana y noche. Después de la reunión de por la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de por la noche, cuando nuevamente nos volveremos a reunir en confianza. Repitamos la idea de hoy tan a menudo como sea posible y reconozcamos que es un preludio a la visión y que se nos está llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente se pueden percibir los milagros.


REFLEXIÓN:


Ya sabemos que los ojos del cuerpo sólo pueden ver las ilusiones, y es únicamente lo que está a su alrededor. Hoy nos dicen que el cerebro no puede pensar, y es con la Mente de Dios con la que pensamos, y es de su “Fortaleza” que proviene nuestra fuerza. Pero cuando creemos ver a través de los ojos del cuerpo es cuando se manifiesta nuestra debilidad y nos muestra ilusiones: “los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos".  Pero la fortaleza no ve las apariencias sino la “luz que se encuentra más allá de ellas”. 


Todas estas ilusiones, producto de la debilidad, son los estados en los que hemos caído porque nos han vendido la idea de que sólo si estamos así podremos ser dignos de aspirar al reino de los cielos. ¡Qué mentira más grande! Porque si creemos esto no podríamos creer en el Dios misericordioso que sólo quiere lo mejor para nosotros. Pero, ¿por qué lo creímos? Quizás porque nos lo enseñaron desde niños y se volvió para nosotros una creencia  que sólo hasta ahora entendemos que era una falsedad, una ilusión, o como últimamente escuchamos: “una creencia limitante”.  Creímos en esto por una supuesta “fidelidad” con nuestros padres, con la religión, con la sociedad, etc. También se nos enseñó esto para mantenernos controlados, manipulados, porque, supuestamente, si estamos bien no vamos a buscar a Dios o nos vamos a alejar de Él.


Recuerdo una catequesis de primera comunión en la que el catequista enumeraba una lista de “pecados mortales” para que los tuviéramos en cuenta el día que nos fuéramos a confesar, pues si habíamos cometido alguno de esos pecados y nos quedábamos callados nos podíamos ir al infierno. Luego nos habló del amor de Dios y que le debíamos obediencia por haber enviado a su Hijo para salvarnos, etc.… Yo pensaba: “si Dios nos ama tanto cómo nos va a mandar para el infierno...". Nunca dudé del amor de Dios... Las contradicciones nos avisan que algo anda mal, pero siempre hay tiempo de encontrar la verdad, y nosotros que transitamos UCDM, ya estamos en el camino de encontrarla.


ORACIÓN:


Padre, cierro los ojos del cuerpo con la seguridad de que bajo tu  amparo la luz me guiará hasta el milagro del encuentro de mi ser con el Tuyo. Amén.


martes, 1 de abril de 2025

LECCIÓN 91: Los milagros se ven en la luz.



1. Es importante recordar que los milagros y la visión van necesariamente de la mano. Esto necesita repetirse una y otra vez. Es una de las ideas centrales de tu nuevo sistema de pensamiento, y de la percepción a la que da lugar. El milagro está siempre aquí. Tu visión no causa su presencia ni su ausencia es el resultado de que no veas. Es únicamente tu conciencia de los milagros la que se ve afectada. Los verás en la luz, pero no en la obscuridad.


2. Para ti, pues, la luz es crucial. Mientras sigas en la obscuridad no podrás ver el milagro. Por lo tanto, estarás convencido de que no está ahí. Esto se deriva de las mismas premisas de las que procede la obscuridad. Negar la luz hace que te resulte imposible percibirla. No percibir la luz es percibir la obscuridad. La luz entonces no te sirve de nada, a pesar de que está ahí. No la puedes usar porque su presencia te es desconocida. Y la aparente realidad de la obscuridad hace que la idea de la luz no tenga sentido.


3. Si se te dijera que lo que no ves se encuentra ahí, te parecería una locura. Es muy difícil llegar a convencerse de que lo que en verdad es una locura es no ver lo que se encuentra ahí y, en su lugar, ver lo que no está ahí. No dudas de que los ojos del cuerpo pueden ver. No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran. Tienes absoluta fe en la obscuridad, no en la luz. ¿Cómo se puede revertir esto? No podrías hacerlo por tu cuenta, pero no estás solo en esto.


4. Tus esfuerzos, por insignificantes que sean, están fuertemente respaldados. Sólo con que te percataras de cuán grande es esa fortaleza, tus dudas desaparecerían. Hoy dedicaremos el día a tratar de que sientas esa fortaleza. Cuando hayas sentido la fortaleza que mora en ti, la cual pone fácilmente a tu alcance todos los milagros, dejarás de dudar. Los milagros que tu sensación de ser débil ocultan se harán patentes en tu conciencia una vez que sientas la fortaleza que mora en ti.


5. Reserva diez minutos en tres ocasiones hoy para tener un rato de quietud en el que trates de dejar atrás tu debilidad. Esto se puede lograr fácilmente si te das instrucciones a ti mismo de que no eres un cuerpo. La fe se canaliza hacia lo que deseas, y tú diriges la mente en conformidad con ello. Tu voluntad sigue siendo tu maestro, y dispone de toda la fortaleza necesaria para hacer lo que desea. Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti.


6. Comienza las sesiones de práctica más largas con esta declaración que entraña una auténtica relación de causa y efecto:


Los milagros se ven en la luz.

Los ojos del cuerpo no perciben la luz.

Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces?


La pregunta con la que finaliza esta declaración es crucial para los ejercicios de hoy. Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada. Pero lo que realmente eres es algo que tiene que serte revelado. La creencia de que eres un cuerpo necesita ser corregida, ya que es un error. La verdad de lo que eres apela a la fortaleza que mora en ti para que lleve a tu conciencia lo que el error oculta.


7. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo. Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe a medida que la retiras del cuerpo. Necesitas tener una experiencia real de otra cosa, algo más sólido y seguro; algo más digno de tu fe y que realmente esté ahí.


8. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Hazte esta pregunta honestamente, y dedica después varios minutos a dejar que los pensamientos erróneos que tienes acerca de tus atributos sean corregidos y a que sus opuestos ocupen su lugar. Puedes decir, por ejemplo:


No soy débil, sino fuerte.

No soy un inútil, sino alguien todopoderoso.

No estoy limitado, sino que soy ilimitado.

No tengo dudas, sino certeza.

No soy una ilusión, sino algo real.

No puedo ver en la obscuridad, sino en la luz.


9. En la segunda parte de tu sesión de práctica, trata de experimentar estas verdades acerca de ti mismo. Concéntrate particularmente en la experiencia de fortaleza. Recuerda que toda sensación de ser débil está asociada con la creencia de que eres un cuerpo, la cual es una creencia errónea y no merece que se tenga fe en ella. Deja de tener fe en ella, aunque sólo sea por un instante. A medida que avancemos te irás acostumbrando a tener fe en lo que es más valioso en ti.


10. Relájate durante el resto de la sesión de práctica, confiando en que tus esfuerzos, por insignificantes que sean, tienen todo el respaldo de la Fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos. De Ellos es de donde procederá tu fortaleza. A través de Su fuerte respaldo es como sentirás la fortaleza que mora en ti. Dios y todos Sus Pensamientos se unen a ti en esta sesión de práctica en la que compartes un propósito semejante al de Ellos. De Ellos es la Luz en la que verás milagros porque Su Fortaleza es tuya. Su Fortaleza se convierte en tus ojos para que puedas ver.


11. Cinco o seis veces por hora, a intervalos razonablemente regulares, recuérdate a ti mismo que los milagros se ven en la luz. Asegúrate también de hacerle frente a cualquier tentación con la idea de hoy. La siguiente variación podría resultarte útil para este propósito especial:


Los milagros se ven en la luz. No voy a cerrar los ojos por causa de esto.


REFLEXIÓN:


Sin la luz no hay milagros, y así como los milagros y la luz van de la mano, nosotros tampoco podemos ver la luz en la individualidad, porque está el “otro” para compartir el milagro que nos otorga la luz. Si mi hermano no se salva, yo  tampoco, si mi hermano no ve la luz es porque yo no se lo he permitido porque lo tengo atrapado con mis resentimientos. Para ver la luz debemos ser solidarios y contemplar las cosas sin juzgar,  porque contemplar es la capacidad de observar sin juzgar.  El que contempla siente paz y está complacido, y es como si estuviera observando desde la  cima de una montaña y puede ver todo sin perder ningún detalle,  es como si tuviera una vista panorámica y lo que estaba oculto  tras los muros  de los resentimientos se ve  como si estuvieran en un cristal. La montaña son los resentimientos que hemos acumulado generación tras generación, y por eso cuando no juzgamos es porque hemos dejado de mirar a través de la montaña,  que no nos permite ver las  cosas tal como son, y estamos contemplando  desde la cima donde todo está en su lugar porque no hay nada que se atraviese en nuestro camino, y todo cobra sentido: ya no hay motivos para desconfiar, que es lo que hace que miremos al “otro” con resentimiento.


Hoy aprendimos que es una locura no dudar de lo que los ojos del cuerpo pueden ver,  y creo que es porque los ojos del cuerpo no pueden tener una vista panorámica: sólo pueden ver lo que está al frente, al lado, detrás, arriba, abajo, pero todo eso hace parte del cúmulo de ilusiones que hemos creado con ayuda el ego. Por eso  también se nos dice que esto lo podemos revertir con ayuda y  para eso debemos escaparnos del cuerpo y experimentar la fortaleza que mora en nosotros porque no somos un cuerpo, y “eso que sí somos” puede subir a la cima de la montaña y mostrarnos una panorámica de la realidad: La visión. Y ahí contemplamos el milagro, que aparece porque ya no hay lugar para los resentimientos.


ORACIÓN:


Padre, que hoy Tus Pensamientos se unan a mí para poder contemplar los milagros que provienen de la luz, y que Tu Fortaleza se convierta en mis ojos para que pueda ver. Amén.


LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

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