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martes, 1 de abril de 2025

LECCIÓN 91: Los milagros se ven en la luz.



1. Es importante recordar que los milagros y la visión van necesariamente de la mano. Esto necesita repetirse una y otra vez. Es una de las ideas centrales de tu nuevo sistema de pensamiento, y de la percepción a la que da lugar. El milagro está siempre aquí. Tu visión no causa su presencia ni su ausencia es el resultado de que no veas. Es únicamente tu conciencia de los milagros la que se ve afectada. Los verás en la luz, pero no en la obscuridad.


2. Para ti, pues, la luz es crucial. Mientras sigas en la obscuridad no podrás ver el milagro. Por lo tanto, estarás convencido de que no está ahí. Esto se deriva de las mismas premisas de las que procede la obscuridad. Negar la luz hace que te resulte imposible percibirla. No percibir la luz es percibir la obscuridad. La luz entonces no te sirve de nada, a pesar de que está ahí. No la puedes usar porque su presencia te es desconocida. Y la aparente realidad de la obscuridad hace que la idea de la luz no tenga sentido.


3. Si se te dijera que lo que no ves se encuentra ahí, te parecería una locura. Es muy difícil llegar a convencerse de que lo que en verdad es una locura es no ver lo que se encuentra ahí y, en su lugar, ver lo que no está ahí. No dudas de que los ojos del cuerpo pueden ver. No dudas de la realidad de las imágenes que te muestran. Tienes absoluta fe en la obscuridad, no en la luz. ¿Cómo se puede revertir esto? No podrías hacerlo por tu cuenta, pero no estás solo en esto.


4. Tus esfuerzos, por insignificantes que sean, están fuertemente respaldados. Sólo con que te percataras de cuán grande es esa fortaleza, tus dudas desaparecerían. Hoy dedicaremos el día a tratar de que sientas esa fortaleza. Cuando hayas sentido la fortaleza que mora en ti, la cual pone fácilmente a tu alcance todos los milagros, dejarás de dudar. Los milagros que tu sensación de ser débil ocultan se harán patentes en tu conciencia una vez que sientas la fortaleza que mora en ti.


5. Reserva diez minutos en tres ocasiones hoy para tener un rato de quietud en el que trates de dejar atrás tu debilidad. Esto se puede lograr fácilmente si te das instrucciones a ti mismo de que no eres un cuerpo. La fe se canaliza hacia lo que deseas, y tú diriges la mente en conformidad con ello. Tu voluntad sigue siendo tu maestro, y dispone de toda la fortaleza necesaria para hacer lo que desea. Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti.


6. Comienza las sesiones de práctica más largas con esta declaración que entraña una auténtica relación de causa y efecto:


Los milagros se ven en la luz.

Los ojos del cuerpo no perciben la luz.

Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces?


La pregunta con la que finaliza esta declaración es crucial para los ejercicios de hoy. Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada. Pero lo que realmente eres es algo que tiene que serte revelado. La creencia de que eres un cuerpo necesita ser corregida, ya que es un error. La verdad de lo que eres apela a la fortaleza que mora en ti para que lleve a tu conciencia lo que el error oculta.


7. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo. Necesitas sentir algo en lo que depositar tu fe a medida que la retiras del cuerpo. Necesitas tener una experiencia real de otra cosa, algo más sólido y seguro; algo más digno de tu fe y que realmente esté ahí.


8. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Hazte esta pregunta honestamente, y dedica después varios minutos a dejar que los pensamientos erróneos que tienes acerca de tus atributos sean corregidos y a que sus opuestos ocupen su lugar. Puedes decir, por ejemplo:


No soy débil, sino fuerte.

No soy un inútil, sino alguien todopoderoso.

No estoy limitado, sino que soy ilimitado.

No tengo dudas, sino certeza.

No soy una ilusión, sino algo real.

No puedo ver en la obscuridad, sino en la luz.


9. En la segunda parte de tu sesión de práctica, trata de experimentar estas verdades acerca de ti mismo. Concéntrate particularmente en la experiencia de fortaleza. Recuerda que toda sensación de ser débil está asociada con la creencia de que eres un cuerpo, la cual es una creencia errónea y no merece que se tenga fe en ella. Deja de tener fe en ella, aunque sólo sea por un instante. A medida que avancemos te irás acostumbrando a tener fe en lo que es más valioso en ti.


10. Relájate durante el resto de la sesión de práctica, confiando en que tus esfuerzos, por insignificantes que sean, tienen todo el respaldo de la Fortaleza de Dios y de todos Sus Pensamientos. De Ellos es de donde procederá tu fortaleza. A través de Su fuerte respaldo es como sentirás la fortaleza que mora en ti. Dios y todos Sus Pensamientos se unen a ti en esta sesión de práctica en la que compartes un propósito semejante al de Ellos. De Ellos es la Luz en la que verás milagros porque Su Fortaleza es tuya. Su Fortaleza se convierte en tus ojos para que puedas ver.


11. Cinco o seis veces por hora, a intervalos razonablemente regulares, recuérdate a ti mismo que los milagros se ven en la luz. Asegúrate también de hacerle frente a cualquier tentación con la idea de hoy. La siguiente variación podría resultarte útil para este propósito especial:


Los milagros se ven en la luz. No voy a cerrar los ojos por causa de esto.


REFLEXIÓN:


Sin la luz no hay milagros, y así como los milagros y la luz van de la mano, nosotros tampoco podemos ver la luz en la individualidad, porque está el “otro” para compartir el milagro que nos otorga la luz. Si mi hermano no se salva, yo  tampoco, si mi hermano no ve la luz es porque yo no se lo he permitido porque lo tengo atrapado con mis resentimientos. Para ver la luz debemos ser solidarios y contemplar las cosas sin juzgar,  porque contemplar es la capacidad de observar sin juzgar.  El que contempla siente paz y está complacido, y es como si estuviera observando desde la  cima de una montaña y puede ver todo sin perder ningún detalle,  es como si tuviera una vista panorámica y lo que estaba oculto  tras los muros  de los resentimientos se ve  como si estuvieran en un cristal. La montaña son los resentimientos que hemos acumulado generación tras generación, y por eso cuando no juzgamos es porque hemos dejado de mirar a través de la montaña,  que no nos permite ver las  cosas tal como son, y estamos contemplando  desde la cima donde todo está en su lugar porque no hay nada que se atraviese en nuestro camino, y todo cobra sentido: ya no hay motivos para desconfiar, que es lo que hace que miremos al “otro” con resentimiento.


Hoy aprendimos que es una locura no dudar de lo que los ojos del cuerpo pueden ver,  y creo que es porque los ojos del cuerpo no pueden tener una vista panorámica: sólo pueden ver lo que está al frente, al lado, detrás, arriba, abajo, pero todo eso hace parte del cúmulo de ilusiones que hemos creado con ayuda el ego. Por eso  también se nos dice que esto lo podemos revertir con ayuda y  para eso debemos escaparnos del cuerpo y experimentar la fortaleza que mora en nosotros porque no somos un cuerpo, y “eso que sí somos” puede subir a la cima de la montaña y mostrarnos una panorámica de la realidad: La visión. Y ahí contemplamos el milagro, que aparece porque ya no hay lugar para los resentimientos.


ORACIÓN:


Padre, que hoy Tus Pensamientos se unan a mí para poder contemplar los milagros que provienen de la luz, y que Tu Fortaleza se convierta en mis ojos para que pueda ver. Amén.


domingo, 30 de marzo de 2025

Lección 89 (Repaso lecciones 77 y 78)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Éstas son las ideas que vamos a repasar hoy:


1. (77) Tengo derecho a los milagros.


Tengo derecho a los milagros porque no me gobiernan otras leyes que las de Dios. Sus Leyes me liberan de todos mis resentimientos y los reemplazan con milagros. Aceptaré los milagros en lugar de los resentimientos, los cuales no son sino ilusiones que ocultan los milagros que se encuentran tras ellos. Ahora aceptaré solamente aquello a lo que las Leyes de Dios me dan derecho, de manera que pueda usarlo en beneficio de la función que Él me ha dado.


2. Puedes usar las siguientes sugerencias para las aplicaciones concretas de esta idea:


Detrás de esto hay un milagro al que tengo derecho.

No voy a abrigar ningún resentimiento contra ti, [nombre], sino que te voy a ofrecer el milagro al que tienes derecho.

Visto correctamente, esto me ofrece un milagro.


3. (78) ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


Mediante esta idea uno mi voluntad a la del Espíritu Santo y percibo las dos cual una sola. Mediante esta idea acepto mi liberación del infierno. Mediante esta idea expreso que estoy dispuesto a que todas mis ilusiones sean reemplazadas por la verdad de acuerdo con el plan de Dios para mi salvación. No haré excepciones ni substituciones. Lo que quiero es todo el Cielo y sólo el Cielo, tal como la Voluntad de Dios ha dispuesto que lo tenga.


4. Las variaciones que pueden resultar útiles a la hora de aplicar concretamente la idea son:


No quiero mantener este resentimiento separado de mi salvación.

[Nombre], dejemos que los milagros reemplacen todos nuestros resentimientos.

Detrás de esto se encuentra el milagro que reemplaza todos mis resentimientos.


REFLEXIÓN:


Sólo sin resentimientos hay milagros. Si tengo derechos también tengo deberes, lo uno es  inherente a lo otro. Cuando afirmo que “tengo derecho a los milagros”, también está implícita la idea de que “tengo deberes”, y esos deberes no son otros que dejar a un lado los resentimientos. Dicho así parece muy fácil, y  en verdad lo es, pero nos cuesta dejar los resentimientos a un lado, y esto es porque la mayoría de las veces queremos hacer valer nuestros derechos basados en el acto de juzgar, y al juzgar no vemos la realidad porque nos estamos parcializando y estamos “arrinconando” al “otro”, que es lo mismo que decirle que no tiene derechos.


UCDM, nos dice que los milagros reemplazan los resentimientos cuando uno mi voluntad a la del Espíritu Santo. Cuando un milagro reemplaza un resentimiento sólo se puede manifestar el amor, porque eso es lo que somos ya que el Amor nos creó. Y el verdadero milagro no es la manifestación de algo material, o de una transformación física en nuestro cuerpo, sino la manifestación de ese sentimiento que hace que podamos amar a “otro” como así mismos.  En la Biblia podemos encontrar pasajes donde se nos confirma que Dios se manifiesta a través del amor porque Él es el Amor mismo: 


“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros”. (1 Juan 4:12).

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”. (1 Juan 4:16).


Entonces el milagro al que tengo derecho se manifiesta cuando rectifico lo que eché  a perder en el “pasado”, por causa de mis errores, que no es otra cosa que el cúmulo de resentimientos producto de juzgar. Y al aceptar que mi voluntad se une a la del Espíritu Santo, puedo vivir el presente en libertad, bebiendo agua fresca del pozo del amor que Dios tiene inagotable para nosotros.


ORACIÓN:


Padre, hoy entiendo que dar y recibir es un acto de amor recíproco que me permite amar y ser amado, perdonar y ser perdonado. Que Tu Santo Espíritu guíe mis acciones para que mis ilusiones sean reemplazadas por la Verdad. Amén.


jueves, 27 de marzo de 2025

Lección 86 (Repaso lecciones 71 y 72)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Éstas son las ideas para el repaso de hoy:


1. (71) Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito.


Es inútil que ande buscando febrilmente la salvación por todas partes. La he visto en muchas personas y en muchas cosas, pero cada vez que traté de alcanzarla no estaba allí. Estaba equivocado con respecto a dónde se encuentra. Estaba equivocado con respecto a lo que es. Ya no emprenderé más búsquedas inútiles. Sólo el plan de Dios para la salvación tendrá éxito. Y me regocijaré porque Su plan jamás puede fallar.


2. Éstas son algunas de las variaciones que se sugieren para las aplicaciones más concretas de la idea:


El plan de Dios para la salvación me librará de mi percepción de esto.

Esto no es una excepción al plan de Dios para la salvación.

Quiero percibir esto únicamente a la luz del plan de Dios para la salvación.


3. (72) Abrigar resentimientos es un ataque contra el plan de Dios para la salvación.


Abrigar resentimientos es un intento de probar que el plan de Dios para la salvación fracasará. Sin embargo, sólo Su plan puede tener éxito. Al abrigar resentimientos, por lo tanto, estoy excluyendo de mi conciencia mi única esperanza de salvación. Mas no quiero seguir yendo en contra de mis propios intereses de esta manera tan descabellada. Quiero aceptar el plan de Dios para la salvación y ser feliz.


4. Las aplicaciones concretas de esta idea pueden hacerse utilizando las siguientes variaciones:


Según contemplo esto estoy eligiendo entre la percepción falsa y la salvación.

Si veo motivos en esto para abrigar resentimientos, no veré motivos que justifiquen mi salvación.

Esto es un llamamiento a la salvación, no al ataque.


REFLEXIÓN:


¿Cuándo fue que escuchamos por primera vez que Dios tenía un plan de salvación para nosotros? Creo que la mayoría coincidimos en que lo aprendimos cuando éramos niños, y nos contaban la historia del pecado original, y que por ese motivo Dios creó un plan para reivindicar a la humanidad, porque a causa del pecado de Adán y Eva, nosotros nacíamos con ese pecado original, y por eso se crearon los sacramentos, cuyo objetivo era limpiarnos de ese pecado, etc.


El caso es que en ese plan nunca estuvimos nosotros como protagonistas sino más bien como antagonistas, como los malos del paseo, y Jesús siempre fue nuestra esperanza, pero para nosotros parecía imposible ser “cercanos” a un Dios hecho hombre que venía a salvarnos. Creo que nos permitieron adorarlo a través de las imágenes y los ritos, pero quienes iniciamos el camino de UCDM, descubrimos, con alegría, que ya no somos los antagonistas de esa historia, sino que somos copartícipes de esa salvación, y nos podemos llamar con orgullo “santos hijos de Dios”, porque se nos ha mostrado que también podemos ser la “luz del mundo”, con una sola acción: ¡No abrigar resentimientos! Y aunque es lo único que se nos pide, no es tan fácil de hacer porque habíamos creído, por mucho tiempo, que “salvarnos” era casi imposible, y era una opción a la que muy pocos seres humanos podían acceder. Así que nuestra tarea es creer firmemente en nuestra condición de genuinos hijos de Dios, dispuestos a no atacar “el plan de Dios para la salvación” eligiendo no juzgar para no abrigar resentimientos y poder ser parte activa de dicho plan.


ORACIÓN:


Padre, mi percepción falsa nace de mi propensión a juzgar, y como esa es mi única esperanza de salvación, hoy acepto percibir las cosas a la luz del plan que has trazado para salvarme. Amén.


miércoles, 26 de marzo de 2025

Lección 85 (Repaso lecciones 69 y 70)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


El repaso de hoy abarcará las siguientes ideas:


1. (69) Mis resentimientos ocultan la luz del mundo de mí.


Mis resentimientos me muestran lo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver. Habiendo reconocido esto, ¿para qué los iba a querer? Mis resentimientos me mantienen en la obscuridad y ocultan la luz. Los resentimientos y la luz no pueden coexistir, pero la luz y la visión tienen que unirse para yo poder ver. Y para poder ver tengo que desprenderme de mis resentimientos. Quiero ver, y ése será el medio por el que lo lograré.


2. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían hacerse de la siguiente manera:


Que no haga de esto un obstáculo a la visión.

La luz del mundo desvanecerá todo esto con su resplandor.

No tengo necesidad de esto. Lo que quiero es ver.


3. (70) Mi salvación procede de mí.


Hoy reconoceré dónde está mi salvación. Está en mí porque ahí es donde está su Fuente. No ha abandonado su Fuente, por lo tanto, no pudo haber abandonado mi mente. Dejaré de buscarla fuera de mí mismo. No es algo que se encuentre afuera y luego tenga que traerse dentro. Se extenderá desde dentro de mí, y todo aquello que vea no hará sino reflejar la luz que brilla en mí y en sí misma.


4. Las siguientes variaciones de la idea son apropiadas para las aplicaciones más concretas:


Que esto no me tiente a buscar mi salvación fuera de mí mismo.

No permitiré que esto interfiera en la conciencia que tengo de la Fuente de mi salvación.

Esto no puede privarme de la salvación.


REFLEXIÓN:


Los resentimientos son contrarios a la luz, no nos permiten ver, y nos inducen a buscar  la salvación fuera de nosotros. Al ocultarse la luz del mundo de nosotros, vemos las ilusiones que ha creado el ego, y por eso al juzgar estamos viendo algo que no existe. Creo que ahora se nos puede hacer más fácil saber  si los resentimientos tienen el control de nuestra vida, y es cuando nos creemos con derecho a juzgar algo o a alguien. Ahí la luz del mundo está oculta para nosotros, y por eso se nos pide que permitamos que la luz y la visión se unan para poder ver. La luz es la ausencia de resentimientos, y la visión es la presencia del Amor que nos permite ver las cosas tal como son. Y cuando “son como son” no hay atisbo de resentimientos, no soy ni víctima ni victimario, y nada fuera de mí me puede perturbar la paz que ha nacido de la visión. 


Para entenderlo mejor, son esos momentos en que nada puede molestarme, y no porque todo esté “bajo mi control”, sino porque estoy en estado de presencia sin juzgar, sin lamentar, sin querer encontrar una explicación, sino simplemente estoy en el mundo, y lo acepto y puedo vivir en él porque sólo lo observo sin aprobar o reprobar. En ese momento puedo decir que “mi salvación procede de mí”.


ORACIÓN:


Padre, mis resentimientos me atrapan en las ilusiones del ego, y me ocultan la luz de la verdad. Hoy me  desprendo de mis resentimientos porque quiero ver, quiero que la luz brille en mí y se extienda a toda la creación. Amén.


martes, 25 de marzo de 2025

Lección 84 (Repaso lecciones 67 y 68)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Éstas son las ideas para el repaso de hoy:


1. (67) El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo.


He sido creado a semejanza de mi Creador. No puedo sufrir, no puedo experimentar pérdidas y no puedo morir. No soy un cuerpo. Hoy quiero reconocer mi realidad. No adoraré ídolos ni exaltaré el concepto que he forjado de mí mismo para reemplazar a mi Ser. He sido creado a semejanza de mi Creador. El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo.


2. Las siguientes variaciones te pueden resultar útiles para las aplicaciones concretas de la idea:


Que no vea en esto una ilusión de mí mismo.

Mientras contemplo esto, quiero recordar a mi Creador.

Mi Creador no creó esto como yo lo estoy viendo.


3. (68) El amor no abriga resentimientos.


Los resentimientos son algo completamente ajeno al amor. Los resentimientos atacan al amor y obscurecen su luz. Si abrigo resentimientos estoy atacando al amor y, por ende, atacando mi Ser. De este modo, mi Ser se vuelve un extraño para mí. Estoy decidido a no atacar a mi Ser hoy, de manera que pueda recordar Quién soy.


4. Estas variaciones de la idea te resultarán útiles para las aplicaciones concretas:


Esto no justifica el que niegue a mi Ser.

No me valdré de esto para atacar al amor.

No dejaré que esto me tiente a atacarme a mí mismo.


REFLEXIÓN:


Hoy vino a mi mente la frase: “hemos sido enviados”. Sí, cuando  estaba leyendo que hemos sido creados a semejanza de nuestro creador, que no podemos sufrir, que no podemos experimentar pérdidas y que no podemos morir porque no somos cuerpo, es porque  “fuimos enviados” a un mundo donde era necesario tener un cuerpo para poder ser parte de él, pero por alguna razón, que tal vez no es necesario comprender, perdimos la memoria de quiénes éramos, de dónde veníamos, y cuál era nuestra misión. Y si no recordamos todo esto, es porque necesitamos de un poco de humildad  para cumplir con nuestro propósito en este mundo, y por eso para darnos un aliento nos recuerdan que el “Amor” nos creó a semejanza de “Sí Mismo”, y es una forma de reconfortar nuestro espíritu abatido por tantas desilusiones, por tanto sufrimiento, y por sentirnos perdidos en un mundo que no nos ofrece la paz que alguna vez conocimos antes de ser enviados. Y cuando nos dicen que “el amor no abriga resentimientos” no sólo nos están mostrando que éstos nos alejan del amor porque son sentimientos contrarios, sino que nos  recuerdan que somos, esencialmente, amor, porque el mismo “Amor” nos creó, y nos envió con una única misión, igual para todos, sin importar qué dones vamos a desarrollar  cada uno para lograrlo: Propagar el amor.


ORACIÓN:


Padre, me creaste a Tu imagen y semejanza, y en el camino he forjado ilusiones que me han apartado de encontrar mi verdadero propósito en este mundo. Que por la gracia de llamarme tu hijo, pueda encontrar el camino de regreso al Amor. Amén.


miércoles, 19 de marzo de 2025

LECCIÓN 78: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!




1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.


2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. Invertiremos tu manera de ver al no dejar que tu mirada se detenga antes de que veas. No esperaremos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.


3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos a un lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde siempre ha estado. Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.


4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resentimientos. Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de complacer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que le asignaste.


5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías se encuentra en todo el mundo y se puede ver. El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. Deja que él sea hoy tu salvador. Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.


6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus “pecados”.


7. Pidámosle entonces a Aquel que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que podamos contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos:


Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.


Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.


8. Lo que has pedido no se te puede negar. Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. Mantente muy quedo ahora y contempla a tu radiante salvador. Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de él. Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieras salvar.


9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede por menos que regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.


10. Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación y no del nuestro. La tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nuestros resentimientos. Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:


¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


REFLEXIÓN:


Esta frase es  clave para entender la esencia de UCDM: “Le has permitido al Espíritu Santo Expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieras salvar”. Esta frase expresa todo lo contrario a lo que siempre escuchamos, o lo que nos enseñaron. Pensamos por  mucho tiempo que le hacíamos un “favor” a la persona que perdonábamos porque eso nos convertía en una especie de “santos” o “superhéroes”, pero la realidad es que cuando perdonamos es nuestro hermano quien nos salva a nosotros. Ahora cobran sentido las palabras de Jesús cuando en el Evangelio de Mateo 5:4 nos dice: “Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”. Esas palabras siempre las interpretamos como una manera de aprender el perdón, la benevolencia, la caridad, etc., y no es que no sea verdad, es que lo que Jesús nos quería decir era que al amar y orar por nuestros enemigos nos estábamos salvando juntos, no era algo excluyente como cuando nos dicen: Tienes que dar ejemplo para que seas un modelo a seguir. Y eso suena un poco engreído porque parece que nos ponemos por encima de la persona a la que perdonamos, pero según las palabras de Jesús, estamos siendo una sola persona y nos salvamos juntos cuando amamos y oramos por nuestro supuesto “transgresor”. “Todos somos uno”, es verdad tanto para lo bueno como para lo malo, porque si yo hundo a mi hermano con mis resentimientos, es porque yo me hundí primero y lo estoy empujando al abismo con mi propio peso. 


Y la tarea de perdonar parece difícil cuando pensamos que sólo nos toca a nosotros hacerlo, pero quizás debemos ponernos en el lugar del “otro” para entender por qué nos causó daño, por qué nos ofendió, qué le hicimos que le dolió tanto para que se comportara de esa manera con nosotros. Son muchas las cosas que pueden venir a nuestra mente cuando pensamos en el por qué de tanto resentimiento por parte de otra persona, y quizás si nos ponemos en su lugar  podemos entender sus motivos, pero eso es un proceso que no se sana de la noche a la mañana. Por eso nuestra tarea es dar el primer paso y “obedecer” las palabras de quien “es fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen…” (Hebreos 5:9), y empezar a obrar milagros orando por nuestros “enemigos”.


ORACIÓN: 


Padre, en Tu Santo Nombre, y en el de Tu Hijo, que es tan Santo como Tú, acepto unirme a mi hermano para poder contemplar mi salvación a través de la salvación de él. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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