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miércoles, 2 de abril de 2025

LECCIÓN 92: Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.



1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior. No asocias la luz con la fortaleza ni la obscuridad con la debilidad. Ello se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, a sus ojos y a su cerebro. De ahí que creas que puedes cambiar lo que ves poniendo trocitos de vidrio delante de tus ojos. Ésta es una de las muchas creencias mágicas que proceden de tu convicción de que eres un cuerpo y de que los ojos del cuerpo pueden ver.


2. Crees también que el cerebro puede pensar. Si comprendieras la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. Es como si creyeras que eres tú el que sostiene el fósforo que enciende el sol y le da todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que decidas soltarlo. Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.


3. La Fortaleza de Dios que mora en ti es la luz en la que ves, de la misma manera como es Su Mente con la que piensas. Su Fortaleza niega tu debilidad. Y es ésta la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la obscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. 4Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir.


4. La fortaleza pasa por alto todas estas cosas al mirar más allá de las apariencias. Mantiene su mirada fija en la luz que se encuentra más allá de ellas. Se une a la luz de la que forma parte. Se ve a sí misma. Te brinda la luz en la que tu Ser aparece. En la obscuridad percibes un ser que no existe. La fortaleza es lo que es verdad con respecto a ti, mas la debilidad es un ídolo al que se honra y se venera falsamente a fin de disipar la fortaleza y permitir que la obscuridad reine allí donde Dios dispuso que hubiera luz.


5. La fortaleza procede de la verdad y brilla con la luz que su Fuente le ha otorgado; la debilidad refleja la obscuridad de su hacedor. Está enferma, y lo que ve es la enfermedad, que es como ella misma. La verdad es salvadora, y su voluntad es que todo el mundo goce de paz y felicidad. La verdad le da el caudal ilimitado de su fortaleza a todo aquel que la pide. Reconoce que si a alguien le faltara algo, les faltaría a todos. Y por eso imparte su luz, para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo. Todos comparten su fortaleza, de manera que ésta pueda conceder a todos el milagro en el que se unirán en un propósito, en el perdón y el amor.


6. La debilidad, que mira desde la obscuridad, no puede ver propósito alguno en el perdón o en el amor. Ve todo como diferente de ella misma, y no ve nada en el mundo que quisiera compartir. Juzga y condena, pero no ama. Permanece en la obscuridad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vencedora de limitaciones que, en la obscuridad, crecen hasta alcanzar enormes proporciones.


7. La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la obscuridad cubre todo lo que la debilidad ve, y le deja sus sueños que son tan temibles como ella misma. Ahí no encontrarás milagros sino odio. La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola. La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves. No cambia ni titila hasta finalmente extinguirse. No cambia de la obscuridad de la noche a la luz del día, y de vuelta a la obscuridad hasta que se hace de día otra vez.


8. La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma, ya que no puede sino darse a lo que ella misma es. Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano, y nadie que entre en su morada puede partir sin un milagro ante sus ojos y sin que la fortaleza y la luz moren en su corazón.


9. La fortaleza que mora en ti te ofrecerá luz y guiará tu visión para que no habites en las vanas sombras que los ojos del cuerpo te proporcionan a fin de que te engañes a ti mismo. La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí donde se unen tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo. Tal es el lugar de encuentro que hoy trataremos de hallar para descansar en él, pues la Paz de Dios está ahí donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse Consigo Mismo otra vez y volver a ser uno.


10. Dediquemos veinte minutos en dos ocasiones hoy a estar presentes en ese encuentro. Déjate conducir ante tu Ser. Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión. Deja atrás hoy la obscuridad por un rato, y practica ver en la luz, cerrando los ojos del cuerpo y pidiéndole a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, en el que la luz y la fortaleza son una.


11. Así es como practicaremos mañana y noche. Después de la reunión de por la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de por la noche, cuando nuevamente nos volveremos a reunir en confianza. Repitamos la idea de hoy tan a menudo como sea posible y reconozcamos que es un preludio a la visión y que se nos está llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente se pueden percibir los milagros.


REFLEXIÓN:


Ya sabemos que los ojos del cuerpo sólo pueden ver las ilusiones, y es únicamente lo que está a su alrededor. Hoy nos dicen que el cerebro no puede pensar, y es con la Mente de Dios con la que pensamos, y es de su “Fortaleza” que proviene nuestra fuerza. Pero cuando creemos ver a través de los ojos del cuerpo es cuando se manifiesta nuestra debilidad y nos muestra ilusiones: “los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos".  Pero la fortaleza no ve las apariencias sino la “luz que se encuentra más allá de ellas”. 


Todas estas ilusiones, producto de la debilidad, son los estados en los que hemos caído porque nos han vendido la idea de que sólo si estamos así podremos ser dignos de aspirar al reino de los cielos. ¡Qué mentira más grande! Porque si creemos esto no podríamos creer en el Dios misericordioso que sólo quiere lo mejor para nosotros. Pero, ¿por qué lo creímos? Quizás porque nos lo enseñaron desde niños y se volvió para nosotros una creencia  que sólo hasta ahora entendemos que era una falsedad, una ilusión, o como últimamente escuchamos: “una creencia limitante”.  Creímos en esto por una supuesta “fidelidad” con nuestros padres, con la religión, con la sociedad, etc. También se nos enseñó esto para mantenernos controlados, manipulados, porque, supuestamente, si estamos bien no vamos a buscar a Dios o nos vamos a alejar de Él.


Recuerdo una catequesis de primera comunión en la que el catequista enumeraba una lista de “pecados mortales” para que los tuviéramos en cuenta el día que nos fuéramos a confesar, pues si habíamos cometido alguno de esos pecados y nos quedábamos callados nos podíamos ir al infierno. Luego nos habló del amor de Dios y que le debíamos obediencia por haber enviado a su Hijo para salvarnos, etc.… Yo pensaba: “si Dios nos ama tanto cómo nos va a mandar para el infierno...". Nunca dudé del amor de Dios... Las contradicciones nos avisan que algo anda mal, pero siempre hay tiempo de encontrar la verdad, y nosotros que transitamos UCDM, ya estamos en el camino de encontrarla.


ORACIÓN:


Padre, cierro los ojos del cuerpo con la seguridad de que bajo tu  amparo la luz me guiará hasta el milagro del encuentro de mi ser con el Tuyo. Amén.


domingo, 9 de febrero de 2025

LECCIÓN 40: Soy bendito por ser un Hijo de Dios



1. Comenzamos hoy a afirmar algunas de las bienaventuranzas a las que tienes derecho por ser Quien eres. Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, sino muchas cortas y frecuentes. Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te exhorta a que trates de mantener este horario y a adherirte a él siempre que puedas. Si te olvidas, trata de nuevo. Si hay largas interrupciones, trata de nuevo. Siempre que te acuerdes, trata de nuevo.


2. No es preciso que cierres los ojos durante los ejercicios, aunque probablemente te resultará beneficioso hacerlo. Mas puede que durante el día te encuentres en situaciones en las que no puedas cerrar los ojos. No obstante, no dejes de hacer la sesión por eso. Puedes practicar muy bien en cualquier circunstancia, si realmente deseas hacerlo.


3. Los ejercicios de hoy no requieren ningún esfuerzo ni mucho tiempo. Repite la idea de hoy y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo. Una sesión de práctica, por ejemplo, podría consistir en lo siguiente:


Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

Soy feliz y estoy en paz; soy amoroso y estoy contento.


Otra podría ser, por ejemplo:


Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

Estoy calmado y sereno; me siento seguro y confiado.


Si sólo dispones de un momento, basta con que simplemente te digas a ti mismo que eres bendito por ser un Hijo de Dios.


REFLEXIÓN:


Hoy se nos dice que tenemos derecho a “algunas de las bienaventuranzas” por ser Hijos de Dios.  Hoy somos libres para expresar esa dicha que ya tiene sentido para nosotros, porque aunque cuando éramos niños nos decían que éramos hijos Dios, también nos decían que cargábamos con el “pecado original”, y por eso se nos hacía imposible pensar que algún día nos llamaran santos. También nos hablaban de un Dios que estaba muy enojado y por eso teníamos que hacer muchas penitencias para que nos perdonara. Creo que en nuestra infancia escuchamos reiteradamente la siguiente frase: ¡Dios te va a castigar! Y sí, vivimos muchos años amedrentados y engañados, pero hoy podemos dar gracias y pronunciar esas “bienaventuranzas” que estuvieron mucho tiempo esperando por nosotros: “Soy bendito por ser un hijo de Dios”. Cada quien expresará lo que salga de su corazón, y creo que esta es la oportunidad para dejar el miedo y la duda, y más bien abrazarnos a nosotros mismos con palabras amorosas, porque hoy UCDM nos recuerda que tenemos derecho a ocupar el lugar que nos corresponde, y una manera de hacerlo es haciendo afirmaciones positivas de nuestra condición de hijos de un Dios amoroso que está esperando que salgamos de la oscuridad y retornemos a la Luz.


ORACIÓN:


Padre Amado, reconozco la grandeza de mi procedencia. Agradezco el haber emprendido este camino al encuentro de Tu Amor. Mucho tiempo estuve en penumbras creyendo que era un ser insignificante, y por eso mi luz no brilló para que el mundo no supiera de mí. Hoy que siento seguridad y confianza, dame la gracia para perseverar en este camino de regreso al amor. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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