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lunes, 2 de junio de 2025

LECCIÓN 153: En mi indefensión radica mi seguridad.



1. Tú que te sientes amenazado por este mundo cambiante, por sus cambios de fortuna y amargas ironías, por sus fugaces relaciones y por todos los “regalos” que te presta únicamente para más tarde quitártelos, pon mucha atención a lo que aquí decimos. El mundo no ofrece ninguna seguridad. Está arraigado en el ataque, y todos los “regalos” que aparentemente te ofrecen seguridad no son más que engaños. El mundo no hace sino atacar una y otra vez. Es imposible gozar de paz mental allí donde el peligro acecha de ese modo.


2. El mundo no puede sino ponerte a la defensiva, pues la amenaza produce ira, y la ira hace que el ataque parezca razonable, que ha sido realmente provocado y que está justificado por haber sido en defensa propia. Una actitud defensiva, no obstante, supone una doble amenaza, puesto que da testimonio de la debilidad y establece un sistema de defensas que no puede funcionar. Ahora los débiles se debilitan aún más, pues hay traición afuera y una traición todavía mayor dentro. 6La mente se halla ahora confusa y no sabe adónde dirigirse para escapar de sus propias imaginaciones.


3. Es como si un anillo la estuviera sujetando firmemente, dentro del cual otro anillo la atenaza y dentro de ése otro más, hasta que finalmente pierde toda esperanza de poder escapar o de obtener su liberación. Los ciclos de ataque y defensa, y de defensa y ataque, se convierten en los círculos que forman las horas y los días, los cuales atan a la mente con gruesos anillos de acero reforzado, que se aflojan por un momento, mas sólo para iniciar todo el proceso de nuevo. No parece haber respiro ni final para este aprisionamiento que atenaza a la mente cada vez más.


4. El precio de las defensas es el más alto de los que exige el ego. La locura que reina en ellas es tan nefasta que la esperanza de recobrar la cordura parece ser sólo un sueño vano, más allá de lo que es posible. La sensación de amenaza que el mundo fomenta es mucho más profunda y sobrepasa en tal medida cualquier intensidad o frenesí que puedas concebir, que no tienes idea de toda la devastación que ello te ha ocasionado.


5. Eres su esclavo. No sabes lo que haces del miedo que le tienes. Tú que sientes su mano de hierro comprimiéndote el corazón, no entiendes lo mucho que has tenido que sacrificar. No te das cuenta de cómo has saboteado la santa Paz de Dios con tu actitud defensiva. Pues ves al Hijo de Dios como víctima del ataque de las fantasías y de los sueños e ilusiones que él mismo forjó, indefenso ante su presencia y necesitado de defensas en forma de más fantasías y de sueños en los que las ilusiones de que está a salvo lo consuelen.


6. La indefensión es fortaleza. Da testimonio de que has reconocido al Cristo en ti. Tal vez recuerdes que el texto afirma que siempre eliges entre la fortaleza de Cristo y tu debilidad, que ves como algo aparte de Él. La indefensión no puede ser atacada porque reconoce una fuerza tan inmensa, que ante ella el ataque es absurdo o un juego tonto que un niño cansado jugaría cuando tiene tanto sueño que ya ni se acuerda de lo que quiere.


7. Estar a la defensiva implica debilidad. Proclama que has negado al Cristo y que ahora temes la ira de Su Padre. 3Qué puede salvarte ahora de tus alucinaciones de un dios iracundo, cuya aterradora imagen crees ver tras todos los males del mundo? ¿Qué otra cosa sino ilusiones podrían defenderte ahora, cuando no son sino ilusiones lo que combates?


8. Hoy no vamos a jugar tales juegos infantiles. Pues nuestro verdadero propósito es salvar al mundo, y no estamos dispuestos a intercambiar el gozo infinito que nos brinda llevar a cabo nuestra función por insensateces. No vamos a dejar que la felicidad se nos escape debido a que un fragmento de un sueño absurdo haya cruzado nuestras mentes y hayamos confundido las figuras que en él aparecen con el Hijo de Dios y, al fugaz instante que dicho sueño duró, con la eternidad.


9. Hoy miraremos más allá de los sueños, reconociendo que no necesitamos defensas porque fuimos creados inexpugnables, sin ningún pensamiento, deseo o sueño en el que el ataque pudiera tener sentido alguno. Ahora nos es imposible temer, pues hemos dejado atrás todo pensamiento temeroso. Y en la indefensión nos erguimos protegidos, con la tranquila certeza de que ahora estamos a salvo, seguros de la salvación; seguros de que llevaremos a cabo el propósito que hemos elegido, a medida que nuestro ministerio extiende su santa bendición por todo el mundo.


10. Permanece muy quedo por un instante y piensa en silencio cuán santo es tu propósito, cuán seguro descansas y cuán invulnerable eres en su luz. Los ministros de Dios han elegido dejar que la verdad more con ellos. ¿Quién es más santo que ellos? ¿Quién podría estar más seguro de que su felicidad está plenamente garantizada? ¿Y quién podría estar más fuertemente protegido? ¿Qué defensa podrían necesitar los que se cuentan entre los elegidos de Dios, al ser ésa Su elección así como la de ellos?


11. La función de los ministros de Dios es ayudar a sus hermanos a tomar la misma decisión que ellos tomaron. Dios los eligió a todos, pero muy pocos se han dado cuenta de que Su Voluntad es también la suya. Y mientras no enseñes lo que has aprendido, la salvación seguirá esperando y las tinieblas mantendrán al mundo en un sombrío aprisionamiento. Tampoco reconocerás que la luz ha venido a ti y que ya te has escapado. Pues no verás la luz hasta que se la ofrezcas a todos tus hermanos. Y al ellos tomarla de tus manos, reconocerás que es tu propia luz.


12. Podría decirse que la salvación es como un juego que juegan niños felices. Fue diseñada por Uno que ama a Sus Hijos y que desea substituir sus temibles juguetes por juegos felices que les enseñen que el juego del miedo ya se acabó. Su juego enseña lo que es la felicidad porque es un juego en el que nadie pierde. Todo aquel que participa no puede sino ganar, y con su victoria queda asegurada la victoria de todos los demás. Los niños abandonan gustosamente el juego del miedo cuando reconocen los beneficios que brinda la salvación.


13. Tú que has jugado a haber perdido toda esperanza, a haber sido abandonado por tu Padre y a haberte quedado solo y aterrorizado en un mundo temible, enloquecido por el pecado y la culpa, sé feliz ahora. Ese juego terminó. Ahora ha llegado un período de tranquilidad en el que guardamos los juegos de la culpa y ponemos bajo llave nuestros extraños e infantiles pensamientos de pecado para siempre, apartándolos así de las puras y santas mentes de las criaturas del Cielo y del Hijo de Dios.


14. Nos detenemos sólo por un instante más para jugar nuestro último juego feliz sobre esta tierra. Y luego pasamos a ocupar el lugar que nos corresponde allí donde mora la verdad y donde los juegos no tienen sentido. Y así termina la historia. Deja que este día acerque más el último capítulo al mundo para que todos comprendan que el cuento que leen de un destino aterrador, de esperanzas truncadas y de irrisorias defensas contra una venganza de la que no hay escapatoria, no es sino su propia fantasía delirante. Los ministros de Dios han venido a despertarlos de los sueños tenebrosos que esa historia ha evocado en la confusa y desconcertada memoria que ellos tienen de ese cuento distorsionado. El Hijo de Dios puede por fin sonreír al darse cuenta de que no es verdad.


15. Hoy practicamos siguiendo un formato que vamos a utilizar por algún tiempo. Comenzaremos cada día concentrando nuestra atención en el pensamiento diario el mayor tiempo posible. Cinco minutos es lo mínimo que dedicaremos a prepararnos para un día en el que la salvación es nuestro único objetivo. Diez sería mejor; quince, todavía mejor. Y a medida que las distracciones que nos desvían de nuestro propósito vayan disminuyendo, nos daremos cuenta de que incluso media hora es muy poco tiempo para pasar con Dios. Y por la noche, llenos de gratitud y alegría, no estaremos dispuestos a concederle menos que eso.


16. A medida que recordemos ser fieles a la Voluntad que compartimos con Dios, nuestra creciente paz aumentará con el transcurrir de cada hora. Habrá ocasiones en las que tal vez un minuto o incluso menos será lo máximo que podamos dedicarle cuando el reloj marque las horas. A veces se nos olvidará por completo. Y en otras ocasiones asuntos mundanos acapararán nuestra atención y nos resultará imposible distanciarnos de ellos por un momento para centrar nuestros pensamientos en Dios.


17. Sin embargo, en cuanto podamos, seremos fieles a nuestro cometido como ministros de Dios, recordando cada hora nuestra misión y Su Amor. Y nos sentaremos en silencio a esperarlo y a escuchar Su Voz que nos dirá lo que Él desea que hagamos durante la hora siguiente, mientras le damos gracias por todos los regalos que nos dio en la que acaba de transcurrir.


18. Con el tiempo y la práctica, nunca más dejarás de pensar en Él o de oír Su amorosa Voz guiando tus pasos por serenos rumbos por los que caminarás en un estado de absoluta indefensión, pues sabrás que el Cielo va contigo. No dejarás que tu mente se aparte de Él un solo instante, aun cuando tu tiempo transcurra ofreciéndole la salvación al mundo. ¿Dudas acaso de que Él no vaya a hacer que esto sea posible para ti que has decidido ejecutar Su plan tanto para la salvación del mundo como para la tuya?


19. Nuestro tema de hoy es nuestra indefensión. Nos revestimos de ella mientras nos preparamos para acometer el día. Nos alzamos fuertes en Cristo, y dejamos que nuestra debilidad desaparezca al acordarnos de que Su fortaleza mora en nosotros. A lo largo del día nos recordaremos a nosotros mismos que Él permanece a nuestro lado y que nuestra debilidad nunca carece del apoyo de Su fortaleza. Y la invocaremos cada vez que sintamos que la amenaza de nuestras defensas socava nuestra certeza de propósito. Nos detendremos por un momento al oírle decir: “Aquí estoy”.


20. Tu práctica empezará a adquirir ahora el fervor del amor para ayudarte a evitar que tu mente se desvíe de su propósito. No tengas miedo ni timidez. No hay duda de que alcanzarás tu objetivo final. Los ministros de Dios jamás pueden fracasar, pues el amor, la fortaleza y la paz que irradia desde ellos a todos sus hermanos proceden de Él. Ésos son los dones que Él te ha dado. Estar libre de todo deseo de defenderte es todo lo que necesitas darle a cambio. Dejas a un lado únicamente lo que nunca fue real a fin de contemplar a Cristo y ver Su impecabilidad.


REFLEXIÓN:


El título de la lección de hoy me hizo recordar una cita bíblica que leí hace muchos años y que me impresionó no sólo por su belleza sino por la fuerza de su mensaje. Se encuentra en una de las cartas de San Pablo (2 Corintios 12: 7-9),  y hace referencia  a la sensación de sentirse indefenso e inseguro ante una situación que agobia. Al respecto, dice San Pablo que estaba pasando por una prueba muy grande y le rogó al Señor por tres veces  para que le quitara ese peso y le respondió: “Te basta mi gracia, pues en tu debilidad brilla más mi poder”.  Es un mensaje muy profundo que nos invita a confiar en el Poder y la Voluntad de Dios, y soltar nuestros miedos y angustias al enfrentarnos con nuestras propias debilidades. Esta cita me impactó tanto que jamás la olvidé, y siento que es lo mismo que hoy nos dicen: “En mi indefensión radica mi seguridad”. Sí, porque es un llamamiento a confiar en Dios y soltar el miedo que proviene de los ataques que recibimos del mundo.


Volviendo a la cita de San Pablo, él, ante la respuesta que recibe de Dios responde: “... de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. Es lo mismo que debemos hacer y que hoy nos piden: Confiar en que no estamos solos sino que somos guiados, y si decidimos emprender este camino que nos ofrece un “ministerio”, debemos soltar las los miedos y las cargas, pues ante nuestra aparente debilidad, contamos con la Gracia de Dios para salir airosos de cualquier situación difícil que se nos presente, porque estamos a su servicio cumpliendo una misión que decidimos aceptar cuando le dimos el “sí”, al emprender el estudio de UCDM.  


Además, tenemos la certeza  de que si fuimos llamados y estamos aquí es porque hace parte de nuestro propósito de vida, y nos lo confirman cuando nos dicen: 


“Los ministros de Dios jamás pueden fracasar, pues el amor, la fortaleza y la paz que irradia desde ellos a todos sus hermanos proceden de Él. Ésos son los dones que Él te ha dado. Estar libre de todo deseo de defenderte es todo lo que necesitas darle a cambio. Dejas a un lado únicamente lo que nunca fue real a fin de contemplar a Cristo y ver Su impecabilidad”.


Sí, Padre, nos basta Tu Gracia, porque en nuestra debilidad brilla más Tu Poder. Amén.


miércoles, 2 de abril de 2025

LECCIÓN 92: Los milagros se ven en la luz, y la luz y la fortaleza son una.



1. La idea de hoy es una ampliación de la anterior. No asocias la luz con la fortaleza ni la obscuridad con la debilidad. Ello se debe a que tu idea de lo que significa ver está vinculada al cuerpo, a sus ojos y a su cerebro. De ahí que creas que puedes cambiar lo que ves poniendo trocitos de vidrio delante de tus ojos. Ésta es una de las muchas creencias mágicas que proceden de tu convicción de que eres un cuerpo y de que los ojos del cuerpo pueden ver.


2. Crees también que el cerebro puede pensar. Si comprendieras la naturaleza del pensamiento, no podrías por menos que reírte de esta idea tan descabellada. Es como si creyeras que eres tú el que sostiene el fósforo que enciende el sol y le da todo su calor; o quien sujeta al mundo firmemente en sus manos hasta que decidas soltarlo. Esto, sin embargo, no es más disparatado que creer que los ojos del cuerpo pueden ver o que el cerebro puede pensar.


3. La Fortaleza de Dios que mora en ti es la luz en la que ves, de la misma manera como es Su Mente con la que piensas. Su Fortaleza niega tu debilidad. Y es ésta la que ve a través de los ojos del cuerpo, escudriñando la obscuridad para contemplar lo que es semejante a ella misma: los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos. 4Esto es lo que se ve a través de los ojos que no pueden ver ni bendecir.


4. La fortaleza pasa por alto todas estas cosas al mirar más allá de las apariencias. Mantiene su mirada fija en la luz que se encuentra más allá de ellas. Se une a la luz de la que forma parte. Se ve a sí misma. Te brinda la luz en la que tu Ser aparece. En la obscuridad percibes un ser que no existe. La fortaleza es lo que es verdad con respecto a ti, mas la debilidad es un ídolo al que se honra y se venera falsamente a fin de disipar la fortaleza y permitir que la obscuridad reine allí donde Dios dispuso que hubiera luz.


5. La fortaleza procede de la verdad y brilla con la luz que su Fuente le ha otorgado; la debilidad refleja la obscuridad de su hacedor. Está enferma, y lo que ve es la enfermedad, que es como ella misma. La verdad es salvadora, y su voluntad es que todo el mundo goce de paz y felicidad. La verdad le da el caudal ilimitado de su fortaleza a todo aquel que la pide. Reconoce que si a alguien le faltara algo, les faltaría a todos. Y por eso imparte su luz, para que todos puedan ver y beneficiarse cual uno solo. Todos comparten su fortaleza, de manera que ésta pueda conceder a todos el milagro en el que se unirán en un propósito, en el perdón y el amor.


6. La debilidad, que mira desde la obscuridad, no puede ver propósito alguno en el perdón o en el amor. Ve todo como diferente de ella misma, y no ve nada en el mundo que quisiera compartir. Juzga y condena, pero no ama. Permanece en la obscuridad para ocultarse, y sueña que es fuerte y victoriosa, vencedora de limitaciones que, en la obscuridad, crecen hasta alcanzar enormes proporciones.


7. La debilidad se teme, se ataca y se odia a sí misma, y la obscuridad cubre todo lo que la debilidad ve, y le deja sus sueños que son tan temibles como ella misma. Ahí no encontrarás milagros sino odio. La debilidad se separa de lo que ve, mientras que la luz y la fortaleza se perciben a sí mismas cual una sola. La luz de la fortaleza no es la luz que tú ves. No cambia ni titila hasta finalmente extinguirse. No cambia de la obscuridad de la noche a la luz del día, y de vuelta a la obscuridad hasta que se hace de día otra vez.


8. La luz de la fortaleza es constante, tan segura como el amor y eternamente feliz de darse a sí misma, ya que no puede sino darse a lo que ella misma es. Nadie que pida compartir su visión lo hace en vano, y nadie que entre en su morada puede partir sin un milagro ante sus ojos y sin que la fortaleza y la luz moren en su corazón.


9. La fortaleza que mora en ti te ofrecerá luz y guiará tu visión para que no habites en las vanas sombras que los ojos del cuerpo te proporcionan a fin de que te engañes a ti mismo. La fortaleza y la luz se unen en ti, y ahí donde se unen tu Ser se alza presto a recibirte como Suyo. Tal es el lugar de encuentro que hoy trataremos de hallar para descansar en él, pues la Paz de Dios está ahí donde tu Ser, Su Hijo, aguarda ahora para encontrarse Consigo Mismo otra vez y volver a ser uno.


10. Dediquemos veinte minutos en dos ocasiones hoy a estar presentes en ese encuentro. Déjate conducir ante tu Ser. Su fortaleza será la luz en la que se te concederá el don de la visión. Deja atrás hoy la obscuridad por un rato, y practica ver en la luz, cerrando los ojos del cuerpo y pidiéndole a la verdad que te muestre cómo hallar el lugar de encuentro entre el ser y el Ser, en el que la luz y la fortaleza son una.


11. Así es como practicaremos mañana y noche. Después de la reunión de por la mañana, usaremos el día para prepararnos para la de por la noche, cuando nuevamente nos volveremos a reunir en confianza. Repitamos la idea de hoy tan a menudo como sea posible y reconozcamos que es un preludio a la visión y que se nos está llevando de las tinieblas a la luz, donde únicamente se pueden percibir los milagros.


REFLEXIÓN:


Ya sabemos que los ojos del cuerpo sólo pueden ver las ilusiones, y es únicamente lo que está a su alrededor. Hoy nos dicen que el cerebro no puede pensar, y es con la Mente de Dios con la que pensamos, y es de su “Fortaleza” que proviene nuestra fuerza. Pero cuando creemos ver a través de los ojos del cuerpo es cuando se manifiesta nuestra debilidad y nos muestra ilusiones: “los mezquinos y los débiles, los enfermizos y los moribundos; los necesitados, los desvalidos y los amedrentados; los afligidos y los pobres, los hambrientos y los melancólicos".  Pero la fortaleza no ve las apariencias sino la “luz que se encuentra más allá de ellas”. 


Todas estas ilusiones, producto de la debilidad, son los estados en los que hemos caído porque nos han vendido la idea de que sólo si estamos así podremos ser dignos de aspirar al reino de los cielos. ¡Qué mentira más grande! Porque si creemos esto no podríamos creer en el Dios misericordioso que sólo quiere lo mejor para nosotros. Pero, ¿por qué lo creímos? Quizás porque nos lo enseñaron desde niños y se volvió para nosotros una creencia  que sólo hasta ahora entendemos que era una falsedad, una ilusión, o como últimamente escuchamos: “una creencia limitante”.  Creímos en esto por una supuesta “fidelidad” con nuestros padres, con la religión, con la sociedad, etc. También se nos enseñó esto para mantenernos controlados, manipulados, porque, supuestamente, si estamos bien no vamos a buscar a Dios o nos vamos a alejar de Él.


Recuerdo una catequesis de primera comunión en la que el catequista enumeraba una lista de “pecados mortales” para que los tuviéramos en cuenta el día que nos fuéramos a confesar, pues si habíamos cometido alguno de esos pecados y nos quedábamos callados nos podíamos ir al infierno. Luego nos habló del amor de Dios y que le debíamos obediencia por haber enviado a su Hijo para salvarnos, etc.… Yo pensaba: “si Dios nos ama tanto cómo nos va a mandar para el infierno...". Nunca dudé del amor de Dios... Las contradicciones nos avisan que algo anda mal, pero siempre hay tiempo de encontrar la verdad, y nosotros que transitamos UCDM, ya estamos en el camino de encontrarla.


ORACIÓN:


Padre, cierro los ojos del cuerpo con la seguridad de que bajo tu  amparo la luz me guiará hasta el milagro del encuentro de mi ser con el Tuyo. Amén.


lunes, 17 de febrero de 2025

LECCIÓN 48: No hay nada que temer.



1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. No es un hecho para los que creen en ilusiones, mas las ilusiones no son hechos. En realidad no hay nada que temer. Esto es algo muy fácil de reconocer. Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.


2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. Recomendamos enérgicamente, no obstante, que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.


3. La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza. La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su Fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad. En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer.


REFLEXIÓN:


¿Alguna vez experimenté lo que dice la lección de hoy? Pienso en la infancia y me vienen muchos recuerdos, momentos de alegría en donde no había preocupaciones y la vida se iba en jugar, comer y dormir; la única preocupación era hacer las tareas que nos habían dejado en la escuela. Llega la adolescencia y con ella los temores, y recuerdo que mi primer temor fue que me dejaran de gustar los muñecos y que ya no sintiera la alegría de tenerlos, y de que ya no me los regalaran más. Sentí mucha nostalgia en ese entonces y ese recuerdo quedó muy marcado en mí. Luego llega la adultez y los temores son producto de las responsabilidades que se adquieren cuando iniciamos la universidad, el trabajo, y entonces aparece el miedo al futuro porque nos han enseñado que tenemos que proyectarnos y tener metas. Luego  conformamos un hogar, llegan los hijos y los temores se multiplican porque tenemos miedo de tanta felicidad, y de la vulnerabilidad de nuestros hijos. Pero en medio de esos miedos, recuerdo un espacio de tiempo en donde experimentaba esa sensación de “no hay nada que temer”, y era cuando mis hijos eran bebés y los veía dormir plácidamente y quería eternizar ese instante porque yo sabía que estaban a mi lado y nada les podría pasar. En ese momento no había nada que temer y sentía paz, pero fugaz porque sabía que no iba a durar para siempre porque mis hijos iban a crecer y un día se irían para hacer su propio camino.


La realidad que hemos creado es que la  vida también está hecha de temores, y ya hemos aprendido que éstos aparecen cuando no estamos en estado de presencia, cuando el pasado nos pesa y nos duele, y cuando el futuro nos produce ansiedad porque hemos proyectado nuestros sueños y necesidades, pero no hemos disfrutado de lo que el presente nos está ofreciendo. Y es que, literal, el presente es un regalo que muchas veces pasa inadvertido, porque estamos atrapados en esos mundos inexistentes que son el pasado y el futuro. Entonces, para que hoy la hermosa frase "No hay nada que temer”, tenga sentido, tenemos que vivir el presente como lo que es: un hermoso regalo que nuestro Padre Creador nos hace para que lo disfrutemos ya, y para que los fantasmas del pasado y del futuro nos dejen en paz. 


ORACIÓN:


Padre, gracias por el hermoso regalo de la vida, ese regalo que me ofreces desde que amanece hasta que anochece. Que tu Fuerza sea mi sostén de cada día, y que la belleza de tu creación me inspire a vivir con alegría y con la certeza de que “no hay nada que temer”. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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