1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes igual de absurdas. Sin embargo, no estás limitado por ninguna de ellas. Mas para comprender que esto es cierto primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.
2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. Pues si pudieras, buscarías la salvación eternamente donde no está y jamás la hallarías. La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. Búscala allí donde te espera y allí la hallarás. No la busques en ninguna otra parte, pues no está en ninguna otra parte.
3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promulgado para que te salven. Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.
4. La demencia es la que piensa estas cosas. Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. Crees que debes obedecer las “leyes” de la medicina, de la economía y de la salud. Y que si proteges el cuerpo, te salvarás.
5. Eso no son leyes, sino locura. El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. De esto es de lo que tus “leyes” quieren salvar al cuerpo. Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.
6. No hay más leyes que las de Dios. Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. Tu magia no tiene sentido. Lo que pretende salvar no existe. Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.
7. Las Leyes de Dios no se pueden reemplazar. Dedicaremos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. La magia aprisiona, pero las Leyes de Dios liberan. La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.
8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de “leyes” que hemos creído necesario acatar. Éstas incluyen, por ejemplo, las “leyes” de la nutrición, de la inmunización, de la medicación y de la protección del cuerpo en las innumerables maneras en que se realiza. Crees también en las “leyes” de la amistad, de las “buenas” relaciones y de la reciprocidad. Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. Muchas “religiones” se han basado en eso. Dichas religiones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras “leyes” que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.
9. No hay más leyes que las de Dios. Desecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las Leyes de Dios la pérdida no existe. No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; no hay substitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. Las Leyes de Dios dan eternamente sin quitar nada nunca.
10. Escucha a Aquel que te dice esto y date cuenta de cuán insensatas son las “leyes” que pensabas regían el mundo que creías ver. Sigue prestando atención. Él te dirá más. Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, de la infinita dicha que te ofrece, de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste Le niega debido a su creencia en el infierno.
11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotros hasta Él. De esa manera es como la Creación se expande infinitamente. Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus Leyes mantienen por siempre ilimitados. Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. Después, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica, nos diremos a nosotros mismos:
No me gobiernan otras leyes que las de Dios.
12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posible; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.
REFLEXIÓN:
Repasando esta lección vino a mi mente un episodio de mi infancia que nunca olvido, y fue un día que estaba en el colegio jugando basquetbol a la hora del recreo y después de terminar el partido me senté a descansar en unas escaleras y me toqué el pecho porque me corría mucho sudor. En ese instante me di cuenta que tenía muchas protuberancias como del tamaño de canicas pequeñas, y me pareció extraño y me asusté un poco porque eso no era normal. Llegué a mi casa y recordé lo que me había sucedido y pensé: Si le cuento a mi mami me va a llevar al médico y seguramente me va a decir que tengo una enfermedad grave y que me voy a morir, así que preferí guardar silencio ya que desde que era muy niña le tenía miedo a los médicos. El caso es que nunca dije nada y seguí la vida sin darle importancia a esas protuberancias, y un día cualquiera noté que simplemente habían desaparecido. Con el paso del tiempo comprendí que muchas de las dolencias de las que había sido consciente desde muy niña, se sanaban solas, y fue cuando caí en cuenta de varias cosas: nunca se lo dije a nadie, nunca tuve miedo, y hay algo que siempre hice y fue orar de la siguiente manera: “Señor, te entrego esto que me está sucediendo. Si proviene de Ti, lo acepto porque sé que tiene un propósito, pero si no proviene de Ti, transmútalo para que se transforme para bien, y permite que lo supere de la mejor manera posible, y ante todo que se haga Tu Voluntad en mí”. Palabras más, palabras menos, esta es la oración que he hecho desde que tengo uso de razón cuando me sucede algo que no sólo tiene que ver con dolencias físicas, sino con acontecimientos en mi vida personal. Quise compartirlo porque hasta el día de hoy me ha dado resultados que yo llamo “milagrosos”, porque por alguna razón las cosas se van sanando y resolviendo sin que tan siquiera note cómo sucedió. Hoy creo que una de las razones es porque no permito que el miedo se apoderé de mí, y lo contrarresto con la frase “Señor que se haga Tu Voluntad en mí, porque lo que proviene de Ti es perfecto, y nada malo me puede pasar”.
Con respecto a las dolencias físicas, siempre he pensado que las mal llamadas “enfermedades incurables”, han sido “nombradas” en momentos en que el ser humano desconoce el origen de un "síntoma" y cómo sanarlo, y entonces le pone la etiqueta de "incurable" para justificar el desconocimiento de lo que están enfrentando. Lo mío son sólo conjeturas, porque no tengo ningún conocimiento en medicina, pero de algo si estoy segura, por mi propia experiencia, y es que el cuerpo está diseñado para repararse, pero el “miedo” a lo desconocido, y a los diagnósticos médicos, a veces tan irresponsables, hacen que nuestra mente y cuerpo se debiliten, ocasionando los síntomas que luego se transforman en “enfermedades”.
Quise compartir mi experiencia porque cuando leí la frase: “No me gobiernan otras leyes que la de Dios”, pensé en que muchas de nuestras dolencias físicas y espirituales, progresan porque creemos más en lo que ha dictaminado un “hombre de carne y hueso”, muchas veces desde su ignorancia, que en la leyes de Dios. Obviamente jamás le digo a una persona que se encuentra con cualquier síntoma físico que no tome medicina, o que no vaya al médico, porque en verdad “las leyes que cada quien elige lo gobiernan”, y si alguien cree que tomar un medicamento lo sana, esa persona se sentirá mejor, así tenga que tomarlo toda la vida, pero fue su elección y no podemos decir que es bueno o malo. Pero sobre este tema no se puede ser soberbio, y por eso cuando me siento mal físicamente sé hasta qué punto puedo evitar consultar un médico, porque hay momentos en que se hace necesaria la ayuda de un profesional de la salud, y es por eso que debemos permanecer en contacto con Dios a través de la oración para que nos inspire lo correcto en cualquier momento de nuestra vida. Además, gracias a los avances de la tecnología tenemos acceso a información que antes nos era vedada, y hoy sabemos que toda “enfermedad” se origina en nuestras emociones, y por fortuna muchas personas están sanando al tomar conciencia de cómo las están gestionando.
Creo firmemente que cuando a uno lo gobiernan las leyes de Dios, pasan cosas extraordinarias en la vida, y lo primero que hay que hacer es lidiar con el miedo porque éste no se puede erradicar de la noche a la mañana, y ni siquiera de raíz, porque es una emoción que va y viene en el acontecer de nuestra vida, pero sí podemos confiar en la Voluntad de Dios, porque cuando uno lo hace el miedo se desvanece.
ORACIÓN:
Padre, me agobian el miedo, la tristeza, la ira, y tantas otras emociones que están debilitando mi mente y mi cuerpo causándome enfermedad. Te entrego cada área de mi vida con la seguridad de que si sólo tus leyes me gobiernan, nada malo podrá pasar. Amén.
Todo está bien en mi mundo 🙏🏼☺️
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