Segundo Repaso: Importante leer la introducción:
https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html
Hoy repasaremos estas ideas:
1. (75) La luz ha llegado.
Al elegir la salvación en lugar del ataque, estoy simplemente eligiendo reconocer lo que ya está ahí. La salvación es una decisión que ya se tomó. El ataque y los resentimientos no existen como opciones. Por eso es por lo que siempre elijo entre la verdad y la ilusión; entre lo que está ahí y lo que no está. La luz ha llegado. Solamente puedo elegir la luz porque no hay otra alternativa. La luz ha reemplazado a la obscuridad, y ésta ha desaparecido.
2. Las siguientes variaciones pueden ser útiles para las aplicaciones concretas de esta idea:
Esto no puede mostrarme la obscuridad, pues la luz ha llegado.
Tu luz, [nombre] es lo único que quiero ver.
No quiero ver en esto más que lo que realmente se encuentra ahí.
3. (76) No me gobiernan otras leyes que las de Dios.
He aquí la perfecta declaración de mi libertad. No me gobiernan otras leyes que las de Dios. La tentación de inventar otras leyes y de permitir que me subyuguen me acecha constantemente. Sufro únicamente porque creo en ellas. Pero en realidad no me afectan en absoluto. Estoy perfectamente a salvo de los efectos de cualquier ley, excepto las de Dios. Y las Suyas son las leyes de la libertad.
4. Para las aplicaciones concretas de esta idea, las siguientes variaciones pueden resultar útiles:
Mi percepción de esto me muestra que creo en leyes que no existen.
Veo únicamente las Leyes de Dios operando en esto.
Que sean las Leyes de Dios las que operen en esto y no las mías.
REFLEXIÓN:
Hay coherencia cuando decimos “La luz ha llegado, y no me gobiernan otras leyes que las de Dios”. Nos salvamos cuando tomamos la decisión de no atacar, y sin ataque tampoco hay resentimientos. La luz aparece cuando el camino está despejado de rencores, de odios, de ilusiones. UCDM nos dice que sólo podemos elegir la luz porque no hay otra alternativa. Si es así, ¿por qué elegimos atacar? Quizás porque tenemos miedo, porque uno sólo puede atacar cuando tiene miedo. Eso me quedó muy claro a través de una experiencia que quiero compartir porque me dejó una gran enseñanza:
A finales del año 2019 el mundo estaba conmocionado por la alerta de la pandemia. Europa ya vivía los estragos de este virus, y en América empezábamos a vislumbrar su llegada. En mí país se vivía una crisis social que generó protestas de todos los gremios, desencadenando tal inconformismo que prácticamente el país entero salió a protestar. Grupos al margen de la ley aprovecharon esta situación para unirse a las protestas y generar pánico en la población civil. El día viernes 22 de noviembre, en horas de la tarde, a través de las redes sociales se regó la noticia de que la delincuencia estaba irrumpiendo en casas y conjunto residenciales para robar, aprovechando que la policía estaba ocupada en las marchas. Yo estaba con mi hijo, y desde mi apartamento, en un quinto piso, escuché a una persona con megáfono que pedía a los residentes salir para proteger las puertas de ingreso, porque la irrupción de los delincuentes era inminente, y debíamos protegernos porque la policía no daba abasto. Entré en pánico, nunca había sentido tanto miedo en mi vida, y creía que de repente iban a aparecer delincuentes armados para hacernos daño. Mi hijo me decía que no hiciera caso de eso, pero yo insistía en que debía ayudar. Finalmente no salí, pero seguía en pánico porque veía a algunos vecinos saliendo con palos, con ollas, y con cualquier cosa que les sirviera para defenderse. Recuerdo que marqué al número de la policía pero efectivamente nadie contestaba, y eso me hizo “confirmar” que era verdad lo que estaban diciendo por redes sociales. Llegó la madrugada y nada ocurrió. Luego, los “medios de comunicación” rectificaron la noticia aclarando que lo que había sucedido era que en un conjunto residencial, delincuentes habían aprovechado las protestas para entrar a robar, y alguien tergiversó la noticia a través de WhatsApp, y se propagó como pólvora que esto estaba ocurriendo en todo el país ocasionando caos. Los diferentes noticieros mostraban las imágenes de personas armadas con palos y todo tipo de artefactos custodiando su viviendas. Aunque esto fue un acto de desinformación de una persona irresponsable que no sabía lo que iba a causar, o quizás sí, dejó una sensación de rabia, burla, miedo, angustia y sobre todo vulnerabilidad. El caso es que en la madrugada del 23 de noviembre soñé lo siguiente: “Abrí una puerta y vi a un joven, con pasamontañas, colgando de una cuerda, intentando ingresar al apartamento donde yo vivía. Sus dos manos agarradas del muro sostenían su cuerpo. Tenía frente a mí sus ojos negros brillantes, y lo poco que vi de su rostro me mostraba a un niño de 15 o 16 años. Yo sentía angustia porque sabía que si él lograba cruzar el muro nos iba a hacer daño. Tengo un sombrero en la mano y lo muevo como si fuera un abanico pensando que así podría espantarlo. Y como no se va, decido empujarlo: agarro sus manos y las suelto del muro, y veo como cae al vacío, y oigo un estruendo en el primer piso. Siento angustia por lo que hice, y alguien me dice: Eso no estuvo mal, no se preocupe, era su vida o la de él…”. Me desperté angustiada y recordé el sueño, y por primera vez en mi vida pude interpretar un sueño con sólo recordarlo, y lo primero que vino a mi mente fue esta frase: “Uno ataca cuando tiene miedo”. Y sí, en ese sueño no me importó que quien estaba frente a mí era un niño, sino que era un potencial enemigo y el miedo me hizo creer que tenía que hacerlo a un lado. El mensaje del sueño me quedó muy claro: Sólo quien tiene miedo ataca.
ORACIÓN:
Padre, que sean tus leyes las que gobiernen mi vida. Que el miedo no me hunda en la oscuridad y que tu luz disipe las sombras que me impiden vivir en libertad. Amén.
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