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sábado, 29 de marzo de 2025

LECCIÓN 88 (Repaso lecciones 75 y 76)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Hoy repasaremos estas ideas:


1. (75) La luz ha llegado.


Al elegir la salvación en lugar del ataque, estoy simplemente eligiendo reconocer lo que ya está ahí. La salvación es una decisión que ya se tomó. El ataque y los resentimientos no existen como opciones. Por eso es por lo que siempre elijo entre la verdad y la ilusión; entre lo que está ahí y lo que no está. La luz ha llegado. Solamente puedo elegir la luz porque no hay otra alternativa. La luz ha reemplazado a la obscuridad, y ésta ha desaparecido.


2. Las siguientes variaciones pueden ser útiles para las aplicaciones concretas de esta idea:


Esto no puede mostrarme la obscuridad, pues la luz ha llegado.

Tu luz, [nombre] es lo único que quiero ver.

No quiero ver en esto más que lo que realmente se encuentra ahí.


3. (76) No me gobiernan otras leyes que las de Dios.


He aquí la perfecta declaración de mi libertad. No me gobiernan otras leyes que las de Dios. La tentación de inventar otras leyes y de permitir que me subyuguen me acecha constantemente. Sufro únicamente porque creo en ellas. Pero en realidad no me afectan en absoluto. Estoy perfectamente a salvo de los efectos de cualquier ley, excepto las de Dios. Y las Suyas son las leyes de la libertad.


4. Para las aplicaciones concretas de esta idea, las siguientes variaciones pueden resultar útiles:


Mi percepción de esto me muestra que creo en leyes que no existen.

Veo únicamente las Leyes de Dios operando en esto.

Que sean las Leyes de Dios las que operen en esto y no las mías.


REFLEXIÓN:


Hay coherencia cuando decimos “La luz ha llegado, y no me gobiernan otras leyes que las de Dios”. Nos salvamos cuando tomamos la decisión de no atacar, y sin ataque tampoco hay resentimientos. La luz aparece cuando el camino está despejado de rencores, de odios, de ilusiones. UCDM nos dice que sólo podemos elegir la luz porque no hay otra alternativa. Si es así, ¿por qué elegimos atacar? Quizás porque tenemos miedo, porque uno sólo puede atacar cuando tiene miedo. Eso me quedó muy claro a través de una experiencia que quiero compartir  porque me dejó una gran enseñanza: 


A finales del año 2019  el mundo estaba conmocionado por la alerta de la pandemia. Europa ya vivía los estragos de este virus, y en América empezábamos a vislumbrar su llegada. En mí país se vivía una crisis social que generó protestas de todos los gremios, desencadenando tal inconformismo que prácticamente el país entero salió a protestar. Grupos al margen de la ley aprovecharon esta situación para unirse a las protestas y generar pánico en la población civil. El día viernes 22 de noviembre, en horas de la tarde, a través de las redes sociales se regó la noticia de que la delincuencia estaba irrumpiendo en casas y conjunto residenciales para robar, aprovechando que la policía estaba ocupada en las marchas. Yo estaba con mi hijo, y desde mi apartamento, en un quinto piso, escuché a una persona con megáfono que pedía a los residentes salir para proteger las puertas de ingreso, porque la irrupción de los delincuentes era inminente, y debíamos protegernos porque la policía no daba abasto. Entré en pánico, nunca había sentido tanto miedo en mi vida, y creía que de repente iban a aparecer delincuentes armados para hacernos daño. Mi hijo me decía que no hiciera caso de eso, pero yo insistía en que debía ayudar. Finalmente no salí, pero seguía en pánico porque veía a algunos vecinos saliendo con palos, con ollas, y con cualquier cosa que les sirviera para defenderse. Recuerdo que marqué al número de la policía pero efectivamente nadie contestaba, y eso me hizo “confirmar” que era verdad lo que estaban diciendo por redes sociales. Llegó la madrugada y nada ocurrió. Luego, los “medios de comunicación” rectificaron la noticia aclarando que lo que había sucedido era que en un conjunto residencial, delincuentes habían aprovechado las protestas para entrar a robar, y alguien tergiversó la noticia a través de WhatsApp, y se propagó como pólvora que esto estaba ocurriendo en todo el país ocasionando caos. Los diferentes noticieros mostraban las imágenes de personas armadas con palos y todo tipo de artefactos custodiando su viviendas. Aunque esto fue un acto de desinformación de una persona irresponsable que no sabía lo que iba a causar, o quizás sí, dejó una sensación de rabia, burla, miedo, angustia y sobre todo vulnerabilidad. El caso es que en la madrugada del 23 de noviembre soñé  lo siguiente:


“Abrí una puerta y vi a un joven, con pasamontañas, colgando de una cuerda, intentando ingresar al apartamento donde yo vivía. Sus dos manos agarradas del muro sostenían su cuerpo. Tenía frente a mí sus ojos negros brillantes, y lo poco que vi de su rostro me mostraba a un joven de 15 o 16  años. Yo sentía angustia porque sabía que si él lograba cruzar el muro nos iba a hacer daño. Tengo un sombrero en la mano y lo muevo como si fuera un abanico pensando que así podría espantarlo. Y como no se va, decido empujarlo:  agarro sus manos y las suelto del muro, y veo como cae al vacío, y oigo un estruendo en el primer piso. Siento angustia por lo que hice, y alguien me dice: Eso no estuvo mal, no se preocupe, era su vida o la de él…”.


Me desperté angustiada y recordé el sueño, y por primera vez en mi vida pude interpretar un sueño con sólo recordarlo, y lo primero que vino a mi mente fue esta frase: “Uno ataca cuando tiene miedo”. Y sí, en ese sueño no me importó que quien estaba frente a mí era un niño, sino que era un potencial enemigo y el miedo me hizo creer que tenía que hacerlo a un lado. El mensaje del sueño me quedó muy claro: Sólo quien tiene miedo ataca.


ORACIÓN:


Padre, que sean tus leyes las que gobiernen mi vida. Que el miedo no me hunda en la oscuridad y que tu luz disipe las sombras que me impiden vivir en libertad. Amén.


martes, 18 de marzo de 2025

LECCIÓN 77: Tengo derecho a los milagros.



1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. Recibirás milagros debido a lo que Dios es. Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Él. Una vez más, ¡cuán simple es la salvación! Es sencillamente una afirmación de tu verdadera identidad. Esto es lo que celebraremos hoy.


2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. No depende de ningún poder mágico que te hayas atribuido ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. Es inherente a la verdad de lo que eres. Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las Leyes de Dios.


3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. Se te ha prometido total liberación del mundo que construiste. Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que nunca lo puedes perder. No pedimos sino lo que en verdad nos pertenece. Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.


4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy diciéndote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo únicamente lo que por derecho propio te pertenece. Recuérdate también a ti mismo que los milagros nunca se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. Provienen simplemente de las Leyes de Dios.


5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que tu petición te ha sido concedida. Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. Es imposible que no se te den garantías al respecto. No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.


6. Al hacer esto no estás realmente pidiendo nada. Estás afirmando un hecho innegable. El Espíritu Santo no puede sino asegurarte que tu petición te ha sido concedida. El hecho de que la aceptases lo confirma. Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. Estamos haciendo por fin una petición real. La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. Recibirás la ratificación que buscas.


7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. Repite hoy frecuentemente:


Tengo derecho a los milagros.


Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. Reconocerás tales situaciones. Y como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a recibirlo siempre que lo pidas.


8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. Si te asaltan tentaciones, di de inmediato:


No intercambiaré milagros por resentimientos.

Quiero únicamente lo que me pertenece.

Dios ha establecido mi derecho a los milagros.


REFLEXIÓN:


Tengo derecho a los milagros porque provienen de las leyes de Dios, en donde nadie queda excluido. Soy un santo hijo de Dios libre de resentimientos y por eso los milagros llegan a mí.


Ahora lo que tenemos que hacer es creer firmemente que por ser  hijos de Dios nos hemos ganado el derecho a los milagros y por lo tanto también los podemos ofrecer. ¿Qué se me pide a cambio? ¡Nada! Pero al finalizar la lección nos dicen que si nos asalta la tentación, que no es otra cosa que los resentimientos, debemos decir: “No intercambiaré milagros por resentimientos”. Eso significa que, sólo si no suelto el rencor, no puedo acceder a los milagros, pero no es porque me los están quitando, porque afuera de nosotros no hay nadie queriendo hacernos daño, sino somos nosotros negándonos el gozo de tomarlos. Entonces,  si quiero lo que me pertenece, porque Dios ha establecido mi derecho a los milagros, sólo tengo que contrarrestar las “tentaciones” con la paz de Dios, que no es otra cosa que el amor incondicional por mis hermanos.


ORACIÓN:


Padre, que por Tu gracia yo no deje de disfrutar de los milagros que me has otorgado. Quiero lo que me pertenece y por eso pongo en Tus manos cada acto de rencor que pueda anidar en mi  corazón, para que sea transmutado con Tu Eterno Amor. Amén.


lunes, 17 de marzo de 2025

LECCIÓN 76: No me gobiernan otras leyes que las de Dios.



1. Hemos visto antes cuántas cosas absurdas te han parecido ser la salvación. Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes igual de absurdas. Sin embargo, no estás limitado por ninguna de ellas. Mas para comprender que esto es cierto primero te tienes que dar cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas. Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mismo a leyes que tampoco tienen sentido. Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde no está.


2. Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo. Pues si pudieras, buscarías la salvación eternamente donde no está y jamás la hallarías. La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación. Búscala allí donde te espera y allí la hallarás. No la busques en ninguna otra parte, pues no está en ninguna otra parte.


3. Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promulgado para que te salven. Crees realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tiras de papel moneda y montones de discos de metal. Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido inyectado en tus venas con una fina aguja te resguardará de las enfermedades y de la muerte. Crees realmente que estás solo a no ser que otro cuerpo esté contigo.


4. La demencia es la que piensa estas cosas. Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito. Crees que debes obedecer las “leyes” de la medicina, de la economía y de la salud. Y que si proteges el cuerpo, te salvarás.


5. Eso no son leyes, sino locura. El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma. El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma. El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre. No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir. De esto es de lo que tus “leyes” quieren salvar al cuerpo. Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.


6. No hay más leyes que las de Dios. Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la Voluntad de Dios. Tu magia no tiene sentido. Lo que pretende salvar no existe. Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.


7. Las Leyes de Dios no se pueden reemplazar. Dedicaremos el día de hoy a regocijarnos de que así sea. No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando. En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre. La magia aprisiona, pero las Leyes de Dios liberan. La luz ha llegado porque no hay más leyes que las de Él.


8. Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las diferentes clases de “leyes” que hemos creído necesario acatar. Éstas incluyen, por ejemplo, las “leyes” de la nutrición, de la inmunización, de la medicación y de la protección del cuerpo en las innumerables maneras en que se realiza. Crees también en las “leyes” de la amistad, de las “buenas” relaciones y de la reciprocidad. Puede que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo. Muchas “religiones” se han basado en eso. Dichas religiones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo. En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otras “leyes” que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.


9. No hay más leyes que las de Dios. Desecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad. Estarás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las Leyes de Dios la pérdida no existe. No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios; no hay substitutos y ninguna cosa es reemplazada por otra. Las Leyes de Dios dan eternamente sin quitar nada nunca.


10. Escucha a Aquel que te dice esto y date cuenta de cuán insensatas son las “leyes” que pensabas regían el mundo que creías ver. Sigue prestando atención. Él te dirá más. Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, de la infinita dicha que te ofrece, de la ardiente añoranza que siente por Su único Hijo, creado como Su canal de creación, pero que éste Le niega debido a su creencia en el infierno.


11. Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotros hasta Él. De esa manera es como la Creación se expande infinitamente. Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus Leyes mantienen por siempre ilimitados. Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios. Después, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica, nos diremos a nosotros mismos:


No me gobiernan otras leyes que las de Dios.


12. Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posible; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día. Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y de toda tiranía. Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y de que Su Hijo se ha salvado.


REFLEXIÓN:


Repasando esta lección vino a mi mente un episodio de mi infancia que nunca olvido, y fue un día que estaba en el  colegio jugando basquetbol a la hora del recreo y después de terminar el partido me senté a descansar en unas escaleras y me toqué el pecho porque me corría mucho sudor. En ese instante me di cuenta que tenía muchas protuberancias como del tamaño de canicas pequeñas, y me pareció extraño y me asusté un poco porque eso no era normal. Llegué a mi casa y recordé lo que me había sucedido y pensé: Si le cuento a mi mami me va a llevar al médico y seguramente me va a decir que tengo una enfermedad grave y que me voy a morir, así que preferí guardar silencio ya que desde que era muy niña le tenía miedo a los médicos. El caso es que nunca dije nada y seguí la vida sin darle importancia a esas protuberancias, y un día cualquiera noté que simplemente habían desaparecido.  Con el paso del tiempo comprendí que muchas de las dolencias de las que había sido consciente desde muy niña, se sanaban solas, y fue cuando caí en cuenta de varias cosas: nunca se lo dije a nadie,  nunca tuve miedo, y hay algo que siempre hice y fue orar de la siguiente manera:


"Señor, te entrego esto que me está sucediendo. Si proviene de Ti, lo acepto porque sé que tiene un propósito, pero si no proviene de Ti, transmútalo para que se transforme para bien, y permite que lo supere de la mejor manera posible, pero ante todo que se haga Tu Voluntad en mí”.


Palabras más, palabras menos, esta es la oración que he hecho desde que tengo uso de razón cuando me sucede algo que no sólo tiene que ver con dolencias físicas, sino con acontecimientos en mi vida personal. Quise compartirlo porque hasta el día de hoy me ha dado resultados que yo llamo “milagrosos”, porque por alguna razón las cosas se van sanando y resolviendo sin que tan siquiera note cómo sucedió. Hoy creo que una de las razones es porque no permito que el miedo se apoderé de mí, y lo contrarresto con la frase Señor que se haga  Tu Voluntad en mí, porque lo que proviene de Ti es perfecto, y nada malo me puede pasar”. 


Con respecto a las dolencias físicas, siempre he pensado que las mal llamadas “enfermedades incurables”, han sido “nombradas” en momentos en que el ser humano desconoce el origen de un "síntoma" y cómo sanarlo, y entonces le pone la etiqueta de "incurable" para justificar el desconocimiento de lo que están enfrentando. Lo mío son sólo conjeturas, porque no tengo ningún conocimiento en medicina, pero de algo si estoy segura, por mi propia experiencia, y es que el cuerpo está diseñado para repararse solo, pero el “miedo” a lo desconocido, y a los diagnósticos médicos, a veces tan irresponsables, hacen que nuestra mente y cuerpo se debiliten, ocasionando los síntomas que luego se transforman en “enfermedades”. 


Quise compartir mi experiencia porque cuando  leí la frase: “No me gobiernan otras leyes que la de Dios”, pensé en que muchas de nuestras dolencias físicas y espirituales, progresan porque creemos más en lo que ha dictaminado, muchas veces desde su ignorancia, un “hombre de carne y hueso”, que en la leyes de Dios.


Obviamente jamás le digo a una persona que se encuentra con cualquier síntoma físico que no tome medicina, o que no vaya al médico, porque en verdad “las leyes que cada quien elige lo gobiernan”, y si alguien cree que tomar un medicamento lo sana, esa persona se sentirá mejor, así tenga que  tomarlo toda la vida, pero fue su elección y no podemos decir que es bueno o malo. Pero sobre este tema no se puede ser soberbio, y por eso cuando me siento mal físicamente sé hasta qué punto puedo evitar consultar un médico, porque hay momentos en que se hace necesaria la ayuda de un profesional de la salud, y es por eso que debemos permanecer en contacto  con Dios a través de la oración para que nos inspire lo correcto en cualquier momento de nuestra vida. Además, gracias a los avances de la tecnología tenemos acceso a información que antes nos era vedada, y hoy sabemos que toda “enfermedad” se origina en nuestras emociones, y por fortuna muchas personas están sanando al tomar conciencia de cómo las están gestionando. 


Creo firmemente que cuando a uno lo gobiernan las leyes de Dios, pasan cosas extraordinarias en la vida, y lo primero que hay que hacer es lidiar con el miedo porque éste no se puede erradicar de la noche a la mañana, y ni siquiera de raíz, porque es una emoción que va y viene en el acontecer de nuestra vida, pero sí podemos confiar en la Voluntad de  Dios, porque  cuando uno lo hace el miedo se desvanece.


ORACIÓN:


Padre, algunas veces me agobian el miedo, la tristeza, la ira, y tantas otras emociones que están debilitando mi mente y mi cuerpo causándome enfermedad. Te entrego cada área de mi vida con la seguridad de que si sólo tus leyes me gobiernan, nada malo podrá pasar. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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