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jueves, 6 de marzo de 2025

LECCIÓN 65: Mi única función es la que Dios me dio.



1. La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación. También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo ésa. Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un compromiso total. La salvación no podrá ser tu único propósito mientras sigas abrigando otros. Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo te has inventado.


2. Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo. Ésta es la única manera en que puedes decir, y decirlo en serio: “Mi única función es la que Dios me dio”. Y ésta es la única manera en que puedes encontrar paz.


3. Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minutos para una sesión de práctica más prolongada en la que vas a tratar de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy. La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las dificultades que percibes. Pone en tus manos la llave que abre la puerta a la paz, la cual tú mismo cerraste. Es la respuesta a la búsqueda en la que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo.


4. Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días. Trata asimismo de fijar esa hora de antemano y de luego adherirte a ella lo máximo posible. El propósito de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persigues. Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo.


5. Comienza la sesión de práctica más prolongada repasando la idea de hoy. Luego cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu mente con gran detenimiento a fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella. Al principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. Trata, más bien, de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla. Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo:


Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función.


6. Después de un rato te resultará más difícil poder detectar los pensamientos que causan interferencia. Sigue tratando, no obstante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algunos de los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello. Luego repite para tus adentros:


Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función.


No es preciso que uses estas mismas palabras, pero trata de tener la sensación de que estás dispuesto a que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad.


7. Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que esta idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te ha de brindar al resolver todos tus conflictos de una vez por todas, y lo mucho que realmente deseas la salvación, a pesar de tus absurdas ideas al contrario.


8. En las sesiones de práctica más cortas, que deben hacerse por lo menos una vez por hora, usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy:


Mi única función es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo ninguna otra.


Cierra los ojos en algunas ocasiones al practicar esto y, en otras, mantenlos abiertos mientras miras a tu alrededor. Lo que ahora ves será totalmente diferente cuando aceptes la idea de hoy sin reservas.


REFLEXIÓN:


Sólo tenemos una única función y qué difícil es llevarla a cabo, pero no por decisión propia, sino porque antes debemos liberarnos de tantas creencias limitantes que nos han impedido ser conscientes de la única función para la que venimos a este mundo. Nos han hecho creer que nuestro propósito en este mundo es consumir miles de cosas entre teorías, objetos, comestibles, etc.. Es así que hasta la propia espiritualidad se ha convertido en un mercado de ofertas y demandas, que en realidad nos alejan muchísimo de poder alcanzar la paz que necesitamos, y que es lo único que nos demostraría que ya estamos cumpliendo con nuestra función.  Y precisamente UCDM nos dice que “aceptar la salvación” como nuestra “única función”, implica necesariamente renunciar a las metas que nosotros mismos hemos inventado, y que nos otorga “la llave que abre la puerta a la paz”, que nosotros mismos cerramos. Todas las distracciones que el mundo ofrece son las que nos alejan de cumplir la misión que nos encomendaron cuando aceptamos ser parte de este mundo, pero no por eso debemos darnos por vencidos pues hoy se nos presenta la oportunidad de dar el primer paso sin importar cuanto nos hayamos equivocado en el pasado. Cada día es una nueva oportunidad para empezar de nuevo porque cada día es como esa “tabla rasa” que hoy menciona UCDM, y en la que podemos escribir no sólo nuestra “verdadera función” sino la nueva vida que vendrá al tomar la decisión de aceptarla.


ORACIÓN:


Padre, hoy acepto  la “única función” que me has encomendado porque sé que la salvación es el único propósito por el que vine a este mundo. Por eso renuncio a todas las metas que me inventé y que no me han permitido encontrar la paz. Que Tu infinita bondad sea el soporte para llevar a cabo esta misión. Amén.


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