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martes, 11 de marzo de 2025

LECCIÓN 70: Mi salvación procede de mí.



1. Toda tentación no es más que una variante de la tentación básica de no creer la idea de hoy. La salvación parece proceder de cualquier parte excepto de ti. Lo mismo se puede decir del origen de la culpa. Tú no crees que la culpa y la salvación estén en tu mente y sólo en tu mente. Cuando te des cuenta de que la culpa es sólo una invención de la mente, te darás cuenta también de que la culpa y la salvación tienen que encontrarse en el mismo lugar. Al entender esto te salvas.


2. El aparente costo de aceptar la idea de hoy es el siguiente: significa que nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz. Significa también que nada externo a ti puede hacerte daño, perturbar tu paz o disgustarte en modo alguno. La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres. No es éste un papel que se pueda aceptar parcialmente. Y seguramente habrás comenzado a darte cuenta de que aceptarlo es la salvación.


3. Es probable, no obstante, que aún no esté claro para ti por qué razón reconocer que la culpa está en tu mente conlleva asimismo darte cuenta de que la salvación también está allí. Dios no habría puesto el remedio para la enfermedad donde no te pudiese servir de nada. Así es como funciona tu mente, pero no la Suya. Él quiere que sanes, y por eso mantiene la Fuente de la curación allí donde hay necesidad de curación.


4. Tú has tratado de hacer justamente lo contrario, intentando por todos los medios, no importa cuán distorsionados o extravagantes, separar la curación de la enfermedad a la que estaba destinada, conservando de este modo la enfermedad. Tu propósito ha sido asegurarte de que la curación no tuviese lugar. El propósito de Dios ha sido asegurarse de que sí lo tuviera.


5. Nuestra práctica de hoy consiste en darnos cuenta de que la Voluntad de Dios y la nuestra coinciden completamente en esto. Dios quiere que sanemos y nosotros no queremos realmente estar enfermos, pues eso no nos hace felices. Al aceptar la idea de hoy, por lo tanto, estamos en realidad de acuerdo con Dios. Él no quiere que estemos enfermos. Nosotros tampoco. Él quiere que nos curemos. Nosotros también.


6. Hoy estamos listos para dos sesiones de práctica largas, cada una de las cuales debe tener una duración de diez a quince minutos. Dejaremos, no obstante, que seas tú quien decida cuándo llevarlas a cabo. Seguiremos esta norma en varias de las lecciones sucesivas, por lo que una vez más sería mejor que decidieras de antemano la mejor hora para llevar a cabo cada una de las sesiones de práctica y que luego te adhirieras lo más fielmente posible al horario establecido.


7. Empieza estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy, añadiendo una afirmación en la que se vea expresado tu reconocimiento de que la salvación no procede de nada externo a ti. Podrías, por ejemplo, decir lo siguiente:


Mi salvación procede de mí. No puede proceder de ninguna otra parte.


Dedica después varios minutos, con los ojos cerrados, a revisar algunas de las fuentes externas en las que en el pasado buscaste la salvación: en otra gente, en posesiones, en diversas situaciones y acontecimientos, y en conceptos de ti mismo que intentaste convertir en realidad. Reconoce que la salvación no se encuentra en nada de eso, y dite a ti mismo:


Mi salvación no puede proceder de ninguna de esas cosas.

Mi salvación procede de mí y sólo de mí.


8. Trataremos ahora nuevamente de llegar a la luz en ti, que es donde realmente se encuentra tu salvación. No puedes encontrarla en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando. No está ahí. Está más allá de las nubes, en la luz que se encuentra tras ellas. Recuerda que tienes que atravesar las nubes antes de poder llegar a la luz. Pero recuerda también que jamás encontraste nada que fuese duradero, o que realmente quisieras, en los tapices de nubes que te imaginabas.


9. Puesto que todas las ilusiones de salvación te han fallado, seguramente no querrás quedarte en las nubes buscando en vano ídolos falsos cuando te sería tan fácil llegar hasta la luz de la verdadera salvación. Trata de ir más allá de las nubes utilizando cualquier medio que te atraiga. Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía.


10. Para las sesiones de práctica cortas y frecuentes de hoy, recuérdate a ti mismo que la salvación procede de ti y que nada, salvo tus propios pensamientos, puede impedir tu progreso. Estás libre de toda interferencia externa. Estás a cargo de tu salvación. Estás a cargo de la salvación del mundo. Di, entonces:


Mi salvación procede de mí. No hay nada externo a mí que me pueda detener. En mí se encuentra mi propia salvación y la del mundo.


REFLEXIÓN:


Hay que reconocer que cuando uno escucha por primera vez la frase “Mi salvación procede de mí” cuesta aceptarlo. Se necesitan argumentos muy fuertes y convincentes para creerlo pues la mayoría de nosotros hemos escuchado que la salvación procede de un ser superior a nosotros, hijo de un Dios poderoso, y que conocemos como Jesucristo, en el caso de quienes fuimos educados en el cristianismo, ya sea católico o protestante. Quizás para otras religiones el nombre sea diferente, pero eso ya no es relevante porque sabemos que hay un sólo Dios que ha recibido diferentes nombres derivado de las diferentes culturas. El caso es que jamás se nos pasó por la mente que alguien nos dijera que somos los hacedores de nuestra propia salvación. Y esto tiene sentido porque venimos de sentirnos culpables hasta de haber nacido. Precisamente hoy UCDM nos dice que la  “culpa es sólo una invención de la mente”, y que al ser conscientes de eso nos daremos cuenta que culpa y salvación se encuentran en el mismo lugar, y eso nos salvará. Y cuando nos dicen que la salvación procede de nosotros es porque nada externo a nosotros nos puede brindar paz. Creo que esto también es entendible si decimos que no somos víctimas  y por lo tanto tampoco existen los verdugos, pero para nosotros fue más fácil creer lo contrario porque podíamos señalar con el dedo a un culpable y sentirnos libres de cualquier culpa. Es algo así como lo que hizo Pilatos: Nos lavamos las manos y “aparentemente” quedamos limpios, y mientras tanto alguien es sacrificado. Es como un enfermizo juego de “soy ciego cuando me conviene”. Entonces en nuestras manos está tomar la decisión de aceptar  la idea de hoy: “Mi salvación procede de mí”, porque fuera de mí no la puedo encontrar. Y muy seguramente lo que Dios necesita de nosotros es una especie de “Fiat” o “Hágase Tu Voluntad”, que es un “Sí, dicho desde el corazón y con la certeza de que no hay nada mejor que lo que mi Padre Creador me pueda ofrecer.


ORACIÓN:


Padre,  hoy sé que “mi salvación procede de mí”, y  que “no hay nada externo a mí que me pueda detener”, pero como me falta decisión y fuerza de  voluntad para para integrar esta enseñanza en mi vida, dame Tú la gracia para tomar la firme resolución de no hacer caso de la invenciones de mi mente, y discernir qué es ilusión y que es verdad. Amén.

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