Powered By Blogger
Mostrando las entradas con la etiqueta Dar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Dar. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de junio de 2025

LECCIÓN 158: Hoy aprendo a dar tal como recibo.



1. ¿Qué se te ha dado? Se te ha dado el conocimiento de que eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor. No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues siendo tal como fuiste creado. Esto se te dio en forma de un conocimiento que no puedes perder. Ese conocimiento se le dio asimismo a todos los seres vivos, pues sólo mediante él viven.


2. Has recibido todo esto. No hay nadie en este mundo que no lo haya recibido. No es éste el conocimiento que tú transmites, pues es el conocimiento que la Creación otorgó. No es algo que se pueda aprender. ¿Qué es, entonces, lo que vas a aprender a dar hoy? Nuestra lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del texto. La experiencia, a diferencia de la visión, no puede compartirse de manera directa. La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la mente misma, pues es algo que no se puede enseñar.


3. Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al azar a lo largo del camino. Ya lo dio, aunque todavía no haya emprendido la jornada. Pues el tiempo tan sólo da la impresión de que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender una jornada que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro que todavía nos es desconocido.


4. El tiempo es un truco, un juego de manos, una gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por arte de magia. No obstante, tras las apariencias hay un plan que no cambia. El guion ya está escrito. El momento en el que ha de llegar la experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. Pues la jornada sólo se puede ver desde el punto donde terminó, desde donde podemos mirar hacia atrás e imaginarnos que la emprendemos otra vez y repasar mentalmente lo que sucedió.


5. Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es algo que haya aprendido. Ésta se reveló a sí misma a él en el momento señalado. La visión, no obstante, es su regalo. Esto él lo puede dar directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha perdido, toda vez que Él tiene una visión que puede otorgar a cualquiera que la pida. La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el Conocimiento. No obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la Mente de Cristo la contempla también.


6. Ahí el mundo de las dudas y de las sombras se une a lo intangible. He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido santificado por el perdón y el amor. Ahí se reconcilian todas las contradicciones, pues ahí termina la jornada. La experiencia—que no se puede aprender, enseñar o ver—simplemente se encuentra ahí. Esto es algo que está más allá de nuestro objetivo, pues trasciende lo que es necesario lograr. Lo que nos interesa es la visión de Cristo. Y esto lo podemos alcanzar.


7. La visión de Cristo está regida por una sola ley. No ve el cuerpo ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. Contempla una luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de lo que se puede palpar; una pureza que no se ve menoscabada por errores, por lamentables equivocaciones o por aterradores pensamientos de culpabilidad nacidos de los sueños de pecado. No ve separación alguna. Y contempla a todo el mundo, en toda circunstancia, evento o suceso, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo.


8. Esto se puede enseñar; y todo aquel que quiera alcanzarlo debe enseñarlo. Lo único que es necesario es el reconocimiento de que el mundo no puede dar nada cuyo valor pueda ni remotamente compararse con esto, ni fijar un objetivo que sencillamente no desaparezca una vez que esto se haya percibido. Y esto es lo que vas a dar hoy: no ver a nadie como un cuerpo y saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad.


9. Así es como sus pecados le son perdonados, pues la visión de Cristo tiene el poder de pasarlos a todos por alto. En Su perdón se desvanecen. Al ser imperceptibles para el Uno, simplemente desaparecen, pues la visión de la santidad que se halla más allá de ellos viene a ocupar su lugar. No importa la forma en que se manifestaban, ni lo enormes que parecían ser ni quién pareció sufrir sus consecuencias. Ya no están ahí. Y todos los efectos que parecían tener desaparecieron junto con ellos, al haber sido erradicados para ya nunca más volver.


10. Así es como aprendes a dar tal como recibes. Y así es como la visión de Cristo te contempla a ti también. Esta lección no es difícil de aprender si recuerdas que en tu hermano te ves a ti mismo. Si él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. Cada hermano con quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la Paz de Dios.


11. Es irrelevante cuándo ha de llegar esta revelación, pues no tiene nada que ver con el tiempo. No obstante, el tiempo aún nos tiene reservado un regalo, en el que el verdadero conocimiento se refleja de manera tan precisa que su imagen comparte su invisible santidad y su semejanza resplandece con su amor inmortal. Nuestra práctica de hoy consiste en ver todo con los ojos de Cristo. Y mediante los santos regalos que damos, la visión de Cristo nos contempla a nosotros también.


REFLEXIÓN:


La lección de hoy se titula: “Hoy aprendo a dar tal como recibo”. Ante tal planteamiento vienen a nuestra mente  tantas cosas que podemos dar y que ya hemos recibido, pero muy seguramente lo que nos dicen que vamos a dar hoy no estuvo ni por un segundo entre las posibilidades de nuestra mente: “No ver a nadie  como un cuerpo y saludar a todo el mundo como el Hijo de Dios que es, reconociendo que es uno contigo”. Y eso que me dicen que voy a dar es porque ya lo he recibido aunque no sepa cómo, cuándo, dónde,  y quién me lo dio. Pero hoy tomamos consciencia que ese regalo lo recibimos directamente de Cristo:


“La visión de Cristo está regida por una sola ley. No ve el cuerpo ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. Contempla una luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de lo que se puede palpar; una pureza que no se ve menoscabada por errores, por lamentables equivocaciones o por aterradores pensamientos de culpabilidad nacidos de los sueños de pecado. No ve separación alguna. Y contempla a todo el mundo, en toda circunstancia, evento o suceso, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo”.


Sí, así es como aprendemos a dar tal como recibimos, porque si Cristo nos mira como el espíritu impecable que somos, ¿cómo podríamos pretender ver a nuestros hermanos solamente como un cuerpo corruptible y pecaminoso, y omitir que son espíritu? Creo que esto que nos dicen hoy es tan certero que no podemos dudar ni por un segundo que lo que recibimos de Cristo es lo mismo que debemos dar a nuestros hermanos. Y nos lo dicen de manera hermosa: “Cada hermano con quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la Paz de Dios”.


Recuerdo especialmente un pasaje de la Biblia (Juan 8: 3-11)  que ejemplifica claramente la visión de Cristo, y es cuando le llevan a Jesús a una mujer que fue sorprendida en adulterio, y los escribas y los fariseos le dicen que según la ley de Moisés ella debía ser apedreada, pero obviamente ellos sabían de la benevolencia de Jesús, y buscaban que Él la protegiera para poder acusarlo por no cumplir con la ley. Todos conocemos esta historia y la manera tan sorprendente  como los confrontó:


“... los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,  le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio.  Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.  Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?  Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.


Creo que la mayoría de nosotros siempre pensó que este pasaje destacaba la benevolencia de Jesús y su capacidad de no juzgar y perdonar, y cómo ese era el ejemplo que debíamos seguir. El poder actuar así nos hacía sentir “superiores”, pues parecernos a Jesús era un orgullo y un honor, pero hoy comprendemos que el mensaje oculto de sus enseñanzas, como en este caso, es que Jesús no estaba contemplando el cuerpo sino el espíritu, y por eso era imposible que Él viera algo malo en los actos de la mujer. Incluso, Él no se refiere a los escribas y a los fariseos de manera negativa cuando habla con la mujer, sino que simplemente le dice: ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?  Y al final le dice que tampoco la condena, y que no peque más.


Ante una situación como esta, la reacción normal de una persona que ayuda a otra es señalar a los acusadores como victimarios, y potenciar a la víctima recalcando que acaba de recibir ayuda. Jesús no la victimiza, y tampoco juzga a quienes la acusan, simplemente los confronta.


Creo que cada vez nos queda más claro que al no identificarnos con el cuerpo, y reconocer que somos Espíritu, estamos más cerca de permitir que la “visión de Cristo” brille en nosotros con mucha intensidad, para poder dar a nuestros hermanos lo que hemos recibido de Cristo también.


ORACIÓN:


Padre, se me ha dado el conocimiento de que soy una mente, que me encuentro en una Mente, y que no soy sino mente, “por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber sido creado del Amor”.  Y así como yo he recibido esto, todos mis hermanos también lo han recibido, y por  eso te pido la gracia de no verlos como un cuerpo, y saludarlos como Hijos de Dios, reconociendo que son uno contigo en santidad. Amén.

martes, 15 de abril de 2025

LECCIÓN 105: Mías son la Paz y la Dicha de Dios.



1. La Paz y la Dicha de Dios te pertenecen. Hoy las aceptaremos sabiendo que son nuestras. Y trataremos de entender que estos regalos se multiplican a medida que los recibimos. No son como los regalos que el mundo da, en los que el que hace el regalo pierde al darlo, y el que lo recibe se enriquece a costa de la pérdida del que se lo dio. Eso no son regalos, sino regateos que se hacen con la culpabilidad. Los regalos que verdaderamente se dan no entrañan pérdida alguna. Es imposible que alguien pueda ganar a costa de la pérdida de otro. Ello implicaría un límite y una condición de insuficiencia.


2. Ésa no es la manera de hacer regalos. Tales “regalos” no son sino tratos que se hacen con vistas a obtener algo de más valor; préstamos con intereses que se tienen que pagar en su totalidad; créditos a corto plazo en los que el que recibió el regalo se compromete a pagar con creces lo recibido. Esta extraña distorsión de lo que significa dar impera en todos los niveles del mundo que ves. Priva de todo sentido cualquier regalo que das y hace que los que aceptas no te aporten nada.


3. Uno de los principales objetivos de aprendizaje de este curso es invertir tu concepto de lo que es dar, de modo que puedas recibir. Pues dar se ha convertido en una fuente de temor, y así evitas emplear el único medio mediante el cual puedes recibir. Acepta la Paz y la Dicha de Dios, y aprenderás a ver lo que es un regalo de otra manera. Los regalos de Dios no disminuyen cuando se dan. Por el contrario, se multiplican.


4. De la misma manera en que la paz y la dicha del Cielo se intensifican cuando las aceptas como los dones que Dios te da, así también la Dicha de tu Creador aumenta cuando aceptas como tuyas Su Dicha y Su Paz. Dar verdaderamente equivale a crear. Extiende lo que no tiene límites a lo ilimitado, la eternidad hasta la intemporalidad y el Amor hasta Sí Mismo. Añade a todo lo que ya está completo, mas no en el sentido de añadir más, pues eso implicaría que antes era menos. Añade en el sentido de que permite que lo que no puede contenerse a sí mismo cumpla su cometido de dar todo lo que tiene, asegurándose así de que lo poseerá para siempre.


5. Acepta hoy la Paz y la Dicha de Dios como tuyas. Permite que Él se complete a Sí Mismo, tal como Él define lo que es estar completo. Comprenderás que lo que le brinda compleción a Él se la brinda también a Su Hijo. Él no puede dar mediante pérdidas. Ni tú tampoco. Acepta hoy Su regalo de dicha y de paz, y Él te dará las gracias por el regalo que le haces a Él.


6. Nuestras sesiones de práctica de hoy comenzarán de manera ligeramente distinta. Da comienzo al día pensando en aquellos hermanos a quienes les has negado la paz y la dicha a las que tienen derecho de acuerdo con las equitativas Leyes de Dios. Al negárselas fue cuando te las negaste a ti mismo. Y a ese punto es adonde tienes que volver para reivindicarlas como propias.


7. Piensa en tus “enemigos” por un rato y dile a cada uno de ellos según cruce tu mente:


Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la Paz y la Dicha de Dios sean mías.


De esta manera te preparas para reconocer los regalos que Dios te ha dado y permites que tu mente se libre de todo lo que te podría impedir triunfar hoy. Ahora estás listo para aceptar el regalo de paz y de dicha que Dios te ha dado. Ahora estás listo para experimentar la dicha y la paz que te has negado a ti mismo. Ahora puedes decir: “Mías son la Paz y la Dicha de Dios”, pues has dado lo que quieres recibir.


8. Si preparas tu mente tal como te hemos indicado, no podrás sino tener éxito hoy. Pues habrás permitido que se levanten todas las barreras que te separan de la paz y de la dicha, para que por fin te llegue lo que es tuyo. Di, pues, para tus adentros: “Mías son la Paz y la Dicha de Dios”, cierra los ojos por un rato y deja que Su Voz te asegure que las palabras que pronuncias son verdad.


9. Pasa hoy cinco minutos con Él de esta manera cada vez que puedas, pero no creas que menos tiempo de eso no tiene valor cuando no le puedas dedicar más. Cuando menos, acuérdate de repetir cada hora las palabras que lo exhortan a que te dé lo que es Su Voluntad dar y lo que es Su Voluntad que tú recibas. hoy no interferir en Sus designios. Y si algún hermano pareciera tentarte a que le niegues el regalo que Dios le ha hecho, considera eso como una oportunidad más para permitirte a ti mismo aceptar los dones de Dios como tuyos. Bendice entonces a tu hermano lleno de agradecimiento y di:


Hermano, te ofrezco paz y dicha para que la Paz y la Dicha de Dios sean mías.


REFLEXIÓN:


Lo que yo quiero recibir tengo que darlo primero. Esto queda claro, y no tiene nada que ver con el egoísmo, pues me está diciendo que lo que anhelo debe estar primero en poder de “mí hermano” o de “mí enemigo”, o de ese supuesto “desconocido” que no lo es tanto porque ya sabemos que “todos somos uno” y que es una ilusión el creernos separados.  


Al ser verdad lo que nos dicen sobre que “dar se ha convertido en una fuente de temor”, porque pensamos que estamos “restando” lo que nos pertenece, y si dar es él único medio mediante el cual podemos recibir, tiene sentido el por qué nos sentimos carentes: es que se nos enseñó el egoísmo como una manera de preservar lo que supuestamente sólo “es nuestro”.  


La merma y el aumento son dos caras de la misma moneda, porque si doy (mermo) se abre un espacio para que entre algo a ocupar ese lugar, y ahí es donde ocurre el “aumento”. Dar y recibir suceden al mismo tiempo, lo que pasa es que no nos damos cuenta porque la falsa creencia de la escasez nos ha llenado de temor impidiendo que en nuestra vida ocurra el milagro de la “multiplicación”, que se da naturalmente en los regalos que otorga Dios.


Aceptemos, entonces, “la Paz y la Dicha de Dios” para que se nos muestre que todo regalo que ofrecemos a un hermano nos lo estamos ofreciendo a nosotros mismos, porque nos dicen que “dar verdaderamente equivale a crear”: Creamos ese espacio para que se llene nuevamente con la paz y la dicha de Dios, que multiplica bendiciones en nuestra vida.


Sobre  esta enseñanza hay muchos pasajes de la Biblia en donde Jesús nos pide dar sin reservas (Evangelio de Mateo 5:42-46):


“Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?”.


Jesús nos pedía esto porque sabía que íbamos a recibir lo mismo que estábamos dando. No era para ser "buenos" o "santos", era para que abriéramos un espacio para recibir. Por mucho tiempo no lo entendimos, pero al decidir transitar el camino de UCDM, se abrió ante nosotros una puerta para entender la esencia de las enseñanzas de Jesús, que por mucho  tiempo han sido tergiversadas.


ORACIÓN:


Gracias, Padre, por los innumerables regalos que me ofreces cada día. Los entrego a mis hermanos para que Tu Paz y Tu Dicha también sean mías. Amén.


LECCIÓN 241: En este instante santo llega la salvación.

Antes de leer la lección ver:  SEGUNDA PARTE: Introducción  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html ...

Lo más visto