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miércoles, 31 de diciembre de 2025

LECCIÓN 365



Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz.


1. Y si necesito una palabra de aliento, Él me la dará. Si necesito un pensamiento, Él me lo dará también. Y si lo que necesito es quietud y una mente receptiva y serena, ésos serán los regalos que de Él recibiré. Él está a cargo a petición mía. Y me oirá y contestará porque Él habla en Nombre de Dios mi Padre y de Su santo Hijo.


REFLEXIÓN:


Hemos terminado el estudio de las lecciones del “Libro de Ejercicios”. Pero no es el final, sino un comienzo, porque ahora iniciamos nuestro verdadero estudio a través de la práctica en la vida cotidiana. Es la oportunidad para mirar a nuestros hermanos con otros ojos, con esos ojos que no juzgan, con los ojos amorosos de Cristo. 


Aprendimos juntos, sí:  yo, compartiendo mis experiencias transitando UCDM, como una forma de agradecer lo mucho que ha cambiado mi vida para bien. Tú, querido hermano,  también te llevas  tu propio aprendizaje porque nadie se va con las manos vacías cuando quién  transmite las enseñanzas es Cristo.


Agradezco a cada persona que pasó por este lugar, que leyó, que dejó sus palabras, o que simplemente observó y siguió su camino. No importa cómo y por qué nos encontramos, lo que importa es que cada quien recibe lo que necesita en el presente para que se cumpla el objetivo de este curso: Sanar nuestra mente.


Saludo especial para Luis, por siempre estar presente, por preguntar, por agradecer, y por permitirme corroborar que el Espíritu Santo siempre nos hace saber si vamos por el camino correcto.


ORACIÓN:


Padre, gracias por el regalo del perdón. Estamos “a salvo de toda la ira” que soñamos. La cordura es nuestro premio, y por eso podemos pedirte que nos otorgues la gracia de aprender Tus lecciones “por medio de la Voz del Maestro” que Tú mismo nos proporcionaste.  Que  el poder de Tu Palabra nos mantenga firmes en este camino de regreso al Amor. Amén.



Lectura final: 


EPÍLOGO:  https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/epilogo.html

domingo, 14 de diciembre de 2025

LECCIÓN 348: Ni mi ira ni mi temor tienen razón de ser, pues Tú me rodeas. Y Tu Gracia me basta para satisfacer cualquier necesidad que yo perciba.



1. Padre, que recuerde que Tú estás aquí y que no estoy solo, pues estoy rodeado de un Amor imperecedero. No hay razón para nada, excepto para la paz y dicha perfectas que comparto Contigo. ¿Qué necesidad tengo de sentir ira o temor, cuando lo único que me rodea es la seguridad perfecta? ¿Cómo puedo sentir miedo cuando la eterna promesa que me hiciste jamás se aparta de mí? Estoy rodeado de perfecta impecabilidad. ¿Qué puedo temer, cuando la santidad en la que Tú me creaste es tan perfecta como la Tuya Propia?


2. La Gracia de Dios nos basta para hacer todo lo que Él quiere que hagamos. Y eso es lo único que elegimos como nuestra voluntad, que es también la Suya.


ORACIÓN:


Padre, que recuerde que Tu Gracia me cobija, y ante cualquier adversidad ella me resguardará de cometer errores irremediables. En mi debilidad invoco Tu ayuda, y se hace presente en forma fuerza y coraje para aguantar las embestidas de la ira.


¡Vivo al amparo de Tu Perfecta Voluntad! Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


2. ¿Qué es un milagro?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/13-que-es-un-milagro.html


sábado, 13 de diciembre de 2025

LECCIÓN 347: La ira procede de los juicios. Y los juicios son el arma que utilizo contra mí mismo a fin de mantener el milagro alejado de mi.



1. Padre, deseo lo que va en contra de mi voluntad y no lo que es mi voluntad tener. Rectifica mi mente, Padre mío, pues está enferma. Pero Tú has ofrecido libertad, y yo elijo reclamar Tu regalo hoy. Y así, le entrego todo juicio a Aquel que Tú me diste para que juzgara por mí. Él ve lo que yo contemplo, sin embargo, conoce la verdad. Ve el dolor, mas comprende que no es real, y a la luz de Su entendimiento el dolor se subsana. Y concede los milagros que mis sueños quieren ocultar de mi conciencia. Que sea Él Quien juzgue hoy. No conozco mi voluntad, pero Él está seguro de que es la Tuya. Y hablará en mi nombre e invocará Tus milagros para que vengan a mí.


2. Escucha hoy. Permanece muy quedo y oye la dulce Voz que habla por Dios asegurarte que Él te ha juzgado como el Hijo que Él ama.


REFLEXIÓN:


Hoy sólo tenemos que repetir la oración inicial tantas veces como nos sea posible, porque nos estamos dirigiendo al Padre para que a través de Su Amado Hijo se haga Su Voluntad en nosotros.  El Espíritu Santo se hará presente en su función de mediador, para que podamos discernir  entre la verdad y la ilusión, y así nuestra percepción sea corregida, facilitando que se sane nuestra mente para que no entremos en los juicios, y se manifieste el perdón.


El título de este capítulo explica claramente por qué necesitamos sanar nuestra mente: Al juzgar, la ira se apodera de nosotros, impidiendo que podamos perdonar, y de esa manera no podemos ofrecer milagros, lo cual implica que tampoco los podemos recibir.


ORACIÓN:


Padre, en este instante santo, escucho la Voz de Cristo  asegurarme que me has juzgado como el Hijo que Tú amas. Me ofreces libertad, y yo a cambio “le entrego todo juicio a Aquel que Tú me diste para que juzgara por mí.”. “Y hablará en mi nombre e invocará Tus milagros para que vengan a mí.”.  Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


2. ¿Qué es un milagro?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/13-que-es-un-milagro.html


viernes, 4 de julio de 2025

LECCIÓN 185: Deseo la Paz de Dios.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Decir estas palabras no es nada. Pero decirlas de todo corazón lo es todo. Si pudieras decirlas de verdad, aunque sólo fuese por un instante, nunca más volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento. Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y reconocerías plenamente la resurrección de toda la Creación.


2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. No podría inventar un infierno y creer que es real. Desea la Paz de Dios y se le concede. Pues eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. Son muchos los que han dicho estas palabras, pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de verdad. No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. El mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuvieran de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que anhelan.


3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. Pues las mentes sólo se pueden unir en la verdad. En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. Para cada una de ellas el héroe del sueño es distinto y el desenlace deseado no es el mismo. El perdedor y el ganador simplemente alternan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.


4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. El significado no puede sino estar ausente del sueño, pues su meta es transigir. Las mentes no pueden unirse en sueños. Sólo pueden negociar. Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la Paz de Dios? Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.


5. Desear la Paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. Pues nadie que diga en serio estas palabras desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. Ya las examinó y se dio cuenta de que no le ofrecen nada. Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. Para él, todos los sueños son uno. Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desesperación y zozobra que los demás.


6. La mente que en verdad desea la paz debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal manera que si su petición es sincera, la verá claramente. Mas si su petición no es sincera, no habrá forma de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.


7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que realmente decimos estas palabras de todo corazón. Deseamos la Paz de Dios. No es éste un deseo vano. Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. No procuran transigir, ni tampoco tratan de hacer otro trato con la esperanza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito ahí donde todos los demás han fracasado. Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.


8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosamente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhelas. ¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. Considera solamente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. Todos son lo mismo. Y puesto que todos son lo mismo, debes hacerte la siguiente pregunta con respecto a cada uno de ellos: “¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la Paz de Dios?”


9. Ésta es la decisión que tienes que tomar. No te dejes engañar pensando que no es así. En esto no es posible transigir. Pues o bien eliges la Paz de Dios o bien pides sueños. Y éstos vendrán a ti si eso es lo que pides. Mas la Paz de Dios vendrá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino para luego reaparecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.


10. Deseas la Paz de Dios. Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. Esto es lo único que pides, tanto para ellos como para ti, cuando haces esta petición con profunda sinceridad. Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea desconocido, si bien para ti es indudable. Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. Mas la ayuda ya se te ha dado. ¿Y no dispondrías de ella ahora compartiéndola?


11. Nadie que realmente busque la Paz de Dios puede dejar de hallarla. Pues lo único que está pidiendo es no seguir engañándose al negarse a sí mismo lo que la Voluntad de Dios dispone para él. ¿Quién puede quedar insatisfecho si pide lo que ya es suyo? ¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella, puede decir que no se le ha contestado? La Paz de Dios es tuya.


12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su eterno don. ¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? ¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese para ti solamente? No hay ningún don de Dios que no sea para todos. Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que alguna vez parecieron ocupar el lugar de la verdad.


13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cualquiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. Dios da sólo con el propósito de unir. Para Él, quitar no tiene sentido. Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que compartes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.


14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desesperación, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la Paz de Dios?


REFLEXIÓN:


Este podría ser el “monólogo” de una persona que no logró ponerse de acuerdo con alguien más para alcanzar la paz. La desea, pero en soledad, no hay “otro” para que complete su deseo como nos dicen hoy, porque no basta con desearla. Y es que cuando pedimos la paz de Dios no viene como por arte de magia, sino que aparece un hermano y nos confronta, y según cómo respondamos hemos de saber si nuestro deseo de paz era genuino. ¿Y cómo saber que es genuino? Cuando no cedemos ante las ilusiones del ego pretendiendo que la paz se consigue cuando las personas actúan como nosotros queremos, porque de lo contrario, nos sentimos agredidos y nos negamos a otorgarle la paz a nuestro hermano al juzgarlo como el intruso que nos acaba de robar la paz: si nos la roba, nunca hubo paz, porque la “Paz de Dios” no se pierde una vez la poseemos:


“Me urge  la paz de Dios porque no pasé la prueba de fuego. Tuve a mi hermano frente a mí, y me confrontó, iluminó mi lado oscuro, mi intolerancia, mi incapacidad de verlo sin juzgar, mi incapacidad de ponerme en su lugar. Lo señalé  porque me dijo cosas que me hirieron, sacó a relucir mi pasado y me derrumbé. Palabras hirientes salieron de mi boca porque no pude controlar esa emoción agobiante que se llama ira. Invoqué a mi Padre, y le puse una queja en su contra que salió del fondo de mis entrañas. Ya no pude seguir pensando porque todo se nubló… Y lloré amargamente cuando comprendí  que no había pasado la prueba y que era muy fácil asumir intelectualmente las cosas que debía hacer frente a una situación difícil, pero cuando mi hermano me confrontó, ignoré su espíritu y exalté su carne. Lo vulneré  con un silencio impregnado de conversaciones mentales distorsionadas, olvidé que podía verlo con los ojos de Cristo, y a cambio me gobernó el ego con su insensatez:  Me convertí víctima, y mi hermano en victimario”.


Si queremos, genuinamente,  alcanzar la “Paz de Dios”, debemos unirnos a otras mentes, sin importar las circunstancias, y los medios para encontrarla se nos concederán.


ORACIÓN:


Padre, a veces comprendo que mis sueños no me llevan a encontrar la paz. Los confundo con vanos momentos que se desvanecen cuando llega el desencanto. Si la paz fue creada para mí, y es un eterno don, que por Tu Gracia, yo pueda recibirla  y compartirla con mis hermanos. Amén.


martes, 21 de enero de 2025

LECCIÓN 21: Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.




1. La idea de hoy es obviamente una continuación y ampliación de la anterior. Esta vez, sin embargo, además de aplicar la idea a cualquier situación concreta que pueda surgir, son necesarios también períodos específicos de búsqueda mental. Se te exhorta a que lleves a cabo cinco sesiones de práctica de un minuto completo cada una.


2. Inicia las sesiones de práctica repitiendo la idea en tu interior. Luego cierra los ojos y busca con minuciosidad en tu mente aquellas situaciones pasadas, presentes o previstas que susciten ira en ti. La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia.


3. Trata, por lo tanto, durante las sesiones de práctica, de no dejar escapar aquellos pensamientos de ira que consideras “insignificantes”. Recuerda que no reconoces realmente qué es lo que suscita ira en ti, y nada de lo que puedas creer al respecto tiene significado alguno. Probablemente te sentirás tentado de emplear más tiempo en ciertas situaciones o personas que en otras, sobre la falsa base de que son más “obvias”. Esto no es cierto. Es meramente un ejemplo de la creencia de que ciertas formas de ataque están más justificadas que otras.


4. Al escudriñar tu mente en busca de todas las formas en que se presentan los pensamientos de ataque, mantén cada uno de ellos presente mientras te dices a ti mismo:


Estoy decidido a ver a _____ [nombre de la persona] de otra manera.

Estoy decidido a ver _____ [especifica la situación] de otra manera.


5. Trata de ser tan específico como te sea posible. Puede, por ejemplo, que concentres tu ira en una característica determinada de alguna persona en particular, creyendo que la ira se imita a ese aspecto. Si tu percepción sufre de esa forma de distorsión, di:


Estoy decidido a ver [especifica la característica] de [nombre de la persona] de otra manera.


REFLEXIÓN:


Si ayer dijimos que estábamos decididos a ver, hoy afirmamos que estamos decididos a ver las cosas de otra manera. Aún no sabemos cuál es esa manera, pero como estamos guiados, sólo tenemos que ser constantes con la práctica de los ejercicios. Se nos pide que busquemos en el pasado, presente o futuro alguna situación que nos genere ira o algo que se la parezca, ya sea en mayor o menor grado. No sé si a todos nos sucede, pero cuando leí esta lección caí en cuenta de que la “ira” es una emoción que nos acompaña todo el tiempo, ya que este sentimiento se genera cuando algo no nos gusta o estamos en desacuerdo con alguien. No la llamamos ira, pero  todo lo que nos disgusta tiene que ver con la ira en grados diferentes. Nadie podrá decir que jamás ha experimentado enojo, ira, disgusto o como quiera que se le llame a este sentimiento o emoción. Creo que no es casualidad que precisamente sea la “ira”, la palabra elegida para iniciar con estos ejercicios en donde se nos pide que aceptemos ver las cosas de otra manera, porque si nos remontamos a los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad, ha sido esta emoción (ira/enojo/disgusto) la que ha provocado grandes desastres en el mundo: revoluciones, guerras, genocidios, conflictos religiosos, conflictos políticos, etc. Cualquier  descontento en el hombre, llámese como se llame, tiene un asomo de ira, y por eso el estar decididos a ver las cosas de otra manera nos liberará de esta emoción, o la transformará.


ORACIÓN:


Padre, he aceptado ver las cosas de otra manera porque muchas veces mis pensamientos son mis propios enemigos. Si me embargan sentimientos como la ira, el dolor, la desesperación, el odio, o cualquier otra emoción que nuble mi pensamiento, permite que yo pueda ver con claridad las cosas realmente como son. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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