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sábado, 3 de mayo de 2025

LECCIÓN 123: Gracias, Padre, por los dones que me has concedido.



1. Sintámonos agradecidos hoy. Hemos llegado a sendas más llevaderas y a caminos más despejados. Ya no nos asalta el pensamiento de volver atrás ni resistimos implacablemente a la verdad. Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.


2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el beneficio adicional de poder tener un atisbo del verdadero alcance de los logros que has obtenido y de los regalos que has recibido. Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte ni te haya dejado vagar solo en las tinieblas. Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su Creación. Dale gracias hoy.


3. Da gracias de que Él no te haya abandonado y de que Su Amor por siempre refulgirá sobre ti, eternamente inalterable. Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. Agradece que se te haya salvado. Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míseros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y los mezquinos juicios que emitiste en su contra.


4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo. Hoy entonaremos el himno de gratitud en honor al Ser que Dios dispuso que fuera nuestra verdadera identidad en Él. Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos, y marcharemos con paso ligero a medida que cumplimos la tarea que se nos encomendó.


5. No caminamos solos. Y damos gracias de que a nuestra soledad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. Gracias a ti por escucharlo. Su Palabra es muda si no se la oye. Al darle las gracias a Él se te dan a ti también. Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.


6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva consigo Su Voz y que la deja resonar por todo el mundo. Acepta hoy las gracias que Dios te da al darle tú las gracias a Él. Pues quiere ofrecerte las gracias que Le das, puesto que acepta tus regalos lleno de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. Y así crecerán en poder y fortaleza hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.


7. Acepta las gracias que Él te da y, a tu vez, dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. Y comprenderás a Quién Le estás dando las gracias y a Quién Él se las está dando al tú dárselas a Él. Esta santa media hora que Le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y el mundo se podrá salvar miles y miles de años más pronto debido a las gracias que Le das.


8. Acepta las gracias que Él te da y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo y recordar a su Padre y a su Ser.


REFLEXIÓN:


Siempre hay que agradecer, pero especialmente hoy es un día para hacerlo porque nos lo están pidiendo como parte de este proceso de sanar nuestras mentes. Hoy agradezco a Dios por haberme inspirado a transitar este sendero en donde he encontrado muchas de las respuestas que me hice por tantos años, y que al recibirlas me han permitido encontrar paz. Agradezco, también, a  cada persona que se ha cruzado por mi camino y me ha enseñado algo, o que me ha mostrado una parte de mí que no sabía que tenía que sanar.


Gracias, por supuesto, a cada hermoso ser humano que pasa por este lugar y se detiene un poco, ya sea a repasar la lección, o a ver la imagen que la acompaña, o a reflexionar conmigo a la distancia. Quizás oremos al mismo  tiempo, o cada uno en su momento, pero hay que dar las gracias por la fortuna que tenemos “ahora” de poder acceder a información tan valiosa como la que nos ofrece UCDM. Todo esto hace parte de los regalos que Dios nos otorga cuando decimos “sí” al plan que ha trazado para nuestra salvación. Y si estamos hoy aquí es porque nos une un propósito y una decisión, que no es otra cosa que dar, recibir y perdonar, y entonces ya podremos elevar “nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo”.  Sí, que ninguno de nosotros, y mucho menos nuestros hermanos, caminemos con la “cabeza gacha” como si una pesada carga nos impidiera mirar al frente: Si Dios está con nosotros, sólo importa el presente, y ninguna oscura sombra el pasado nos puede robar el gozo de recibir y usar los dones que nuestro Padre nos ha concedido.


ORACIÓN:


Padre, te damos gracias porque nos has escuchado, y nos has mostrado un camino que  conduce a la salvación. Gracias porque no vamos solos, ya que muchos hermanos hacen grato este transitar hacia tu encuentro. Gracias por los dones que nos has concedido, y que nos han permitido elevar nuestra  voz para que resuene por todo el mundo. Amén.


sábado, 8 de febrero de 2025

LECCIÓN 39: Mi santidad es mi salvación.



1. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto? Al igual que el texto para el que este libro de ejercicios fue escrito, las ideas que se usan en los ejercicios son muy simples, muy claras y están totalmente exentas de ambigüedad. No estamos interesados en proezas intelectuales ni en juegos de lógica. Estamos interesados únicamente en lo que es muy obvio, lo cual has pasado por alto en las nubes de complejidad en las que crees que piensas.


2. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto? Ésta, sin duda, no es una pregunta difícil. La vacilación que tal vez sientas al contestarla no se debe a la ambigüedad de la pregunta. Pero ¿crees acaso que la culpa es el infierno? Si lo creyeras, verías de inmediato cuán directo y simple es el texto, y no necesitarías un libro de ejercicios en absoluto. Nadie necesita practicar para obtener lo que ya es suyo.


3. Hemos dicho ya que tu santidad es la salvación del mundo. ¿Y qué hay de tu propia salvación? No puedes dar lo que no tienes. Un salvador tiene que haberse salvado. ¿De qué otro modo, si no, podría enseñar lo que es la salvación? Los ejercicios de hoy van dirigidos a ti, en reconocimiento de que tu salvación es crucial para la salvación del mundo. A medida que apliques los ejercicios a tu mundo, el mundo entero se beneficiará.


4. Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que alguna vez se haya hecho, se esté haciendo ahora o se haga en el futuro. Tu santidad significa el fin de la culpa y, por ende, el fin del infierno. Tu santidad es la salvación del mundo, así como la tuya. ¿Cómo podrías tú —a quien le pertenece tu santidad— ser excluido de ella? Dios no conoce lo profano. ¿Sería posible que Él no conociese a Su Hijo?


5. Se te exhorta a que dediques cinco minutos completos a cada una de las cuatro sesiones de práctica más largas de hoy, y a que esas sesiones sean más frecuentes y de mayor duración. Si quieres exceder los requisitos mínimos, se recomienda que lleves a cabo más sesiones en vez de sesiones más largas, aunque sugerimos ambas cosas.


6. Empieza las sesiones de práctica como de costumbre, repitiendo la idea de hoy para tus adentros. Luego, con los ojos cerrados, explora tu mente en busca de pensamientos que no sean amorosos en cualquiera de las formas en que puedan presentarse: desasosiego, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque, inseguridad, etc. No importa en qué forma se presenten, no son amorosos y, por lo tanto, son temibles. De ellos, pues, es de los que necesitas salvarte.


7. Todas las situaciones, personalidades o acontecimientos específicos que asocies con pensamientos no amorosos de cualquier clase constituyen sujetos apropiados para los ejercicios de hoy. Es imperativo para tu salvación que los veas de otra manera. Impartirles tu bendición es lo que te salvará y lo que te dará la visión.


8. Lentamente, sin hacer una selección consciente y sin poner un énfasis indebido en ninguno en particular, escudriña tu mente en busca de todos aquellos pensamientos que se interponen entre tu salvación y tú. Aplica la idea de hoy a cada uno de ellos de esta manera:


Mis pensamientos no amorosos acerca de _____ me mantienen en el infierno. Mi santidad es mi salvación.


9. Quizá estas sesiones de práctica te resulten más fáciles si las intercalas con varias sesiones cortas en las que simplemente repites muy despacio la idea de hoy varias veces en silencio. Te puede resultar útil asimismo incluir unos cuantos intervalos cortos en los que sencillamente te relajas y no pareces estar pensando en nada. Mantener la concentración es muy difícil al principio. Sin embargo, se irá haciendo cada vez más fácil a medida que tu mente se vuelva más disciplinada y menos propensa a distraerse.


10. Mientras tanto, debes sentirte en libertad de introducir variedad en las sesiones de práctica en cualquier forma que te atraiga hacerlo. Mas no debes cambiar la idea en sí al variar el método de aplicación. Sea cual sea la forma en que elijas usarla, la idea debe expresarse de tal manera que su significado sea el hecho de que tu santidad es tu salvación. Finaliza cada sesión de práctica repitiendo una vez más la idea en su forma original y añadiendo:


Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?


11. En las aplicaciones más cortas, que deben llevarse a cabo unas tres o cuatro veces por hora o incluso más si es posible, puedes hacerte a ti mismo esa pregunta o repetir la idea de hoy, pero preferiblemente ambas cosas. Si te asaltan tentaciones, una variación especialmente útil de la idea es:


Mi santidad es mi salvación de esto.


REFLEXIÓN: 


La frase “Tu santidad significa el fin de la culpa, y por ende, el fin del infierno.”, es muy esperanzadora porque si algo nos ha hecho daño, a la mayoría de las personas, es el sentimiento de culpa, y desafortunadamente de esa palabra nos han enseñado que “somos culpables sólo por haber nacido”. Crecí en una familia católica y por eso está muy presente en mí una frase que se repite al comienzo de las misas: “... por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…”.  Cuando era niña la repetía de manera automática sin reflexionar en ello, luego, cuando llegué a la adolescencia sentía incomodidad al repetirla y siempre me preguntaba ¿cuál culpa? El caso es que llegó un momento de mi vida en que de tanto buscar respuestas en diferentes disciplinas espirituales, aprendí que la culpa enfermaba y era la causante de la mayoría de nuestras dolencias físicas y espirituales; y entendí que no había “culpables” sino “responsables”, y eso para mí significaba mucho. Tomé conciencia de ello e hice el ejercicio de ver mis posibles “culpas” como parte de un proceso de aprendizaje, y empecé a aplicarlo, primero en mí, y luego en los demás para no ver culpables en mis hermanos que habían hecho parte de mi vida pasada o que estaban en el presente. Aprender esto también me ayudó a entender las creencias religiosas con las que me eduqué para tampoco juzgarlas o culparlas de mis malas experiencias. No creer en la culpa no me impide asistir a la iglesia, y cuando llega el momento de la oración en donde  tenemos que llevar nuestra mano derecha al corazón para culparnos, pronuncio otra frase más amorosa que aprendí: “Lo siento, perdóname, te amo, gracias”. Quizás muchas personas la conocen, y sabrán que es una oración muy sanadora en donde asumimos la responsabilidad por cualquier cosa que no hayamos hecho bien, nos excusamos por los inconvenientes que pudimos haber causado, expresamos nuestro amor, y agradecemos por la oportunidad de reivindicarnos.


Todo lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida son como peldaños que nos van llevando a la meta, y todo aporta y no es necesario descartar nada ni a nadie, porque todos tenemos algo valioso que ofrecer para que otros también puedan seguir subiendo peldaños. UCDM es una luz de ese camino hacia nuestro hogar, y muy seguramente lo vamos a entender un poco mejor gracias a los previos aprendizajes por los que hemos transitado, y que nos van llevando a comprender que en verdad nuestra santidad es nuestra salvación.


ORACIÓN:


Padre, estoy en un camino que elegí para alcanzar la paz, para sanar mi mente, por eso pongo en Tus Manos cada pensamiento no amoroso que emerja de mí, para que lo transmutes con tu Eterna bondad, y pueda salvarme para compartir con mis hermanos la salvación del mundo. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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