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sábado, 5 de julio de 2025

LECCIÓN 186: De mí depende la salvación del mundo.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. He aquí la afirmación que algún día erradicará de toda mente todo vestigio de arrogancia. He aquí el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. Este pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. No emite juicios acerca de tu papel. Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. Une todas las voluntades de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo y les restituye la paz del Cielo.


2. No nos opongamos a nuestra función. No fuimos nosotros quienes la establecimos. No fue idea nuestra. Se nos han proporcionado los medios para desempeñarla perfectamente. Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad y que no neguemos con aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. Nuestras mentes están perfectamente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.


3. Puede que la idea de hoy te parezca bastante seria, mientras no entiendas su significado. Lo único que dice es que tu Padre todavía te recuerda y te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. No te pide que seas en modo alguno diferente de como eres. ¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la humildad? ¿Y qué otra cosa sino eso podría negar la arrogancia? Hoy no dejaremos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada de Dios.


4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para poder escuchar a la Voz de Dios revelarnos lo que desea que hagamos. No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que nos ofrezca. Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santidad. Y si nos considera dignos, es que lo somos. Es sólo la arrogancia la que opina lo contrario.


5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de querer probar que lo falso es verdadero. Acepta en su lugar el plan que tú no trazaste. No juzgues si eres o no merecedor de él. Si la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que desempeñes tu papel y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. Los arrogantes tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. Los humildes, en cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben hacer.


6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen. Tú, a diferencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. No eres ignorante ni impotente. El pecado no puede mancillar la verdad que mora en ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.


7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. Y según Él te habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta desconocida, al sentir que sus cimientos se derrumban. Déjala ir. La salvación del mundo depende de ti y no de ese pequeño montón de polvo. ¿Qué podría esa imagen decirle al santo Hijo de Dios? 6¿Por qué tiene él que preocuparse por ella en absoluto?


8. Y así hallamos nuestra paz. Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros.  Los papeles que nosotros mismos nos hemos auto-asignado son cambiantes y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha extática del amor y de amar. Podemos reír o llorar, recibir el día felizmente o bien con lágrimas. Nuestro estado de ser parece cambiar según experimentamos múltiples cambios de humor, y nuestras emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo sumiéndonos en la desolación.


9. ¿Es éste el Hijo de Dios? ¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad y llamarla Su Hijo? Aquel que es inmutable comparte Sus Atributos con Su Creación. Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él es. Éstas revolotean por su mente como hojas arrastradas por el viento, formando diseños fugaces que luego se desbandan sólo para volverse a agrupar hasta que finalmente se dispersan; o como los espejismos que se ven surgiendo del polvo en el desierto.


10. Estas imágenes insubstanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha encomendado. Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas conflictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. ¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian al menos diez veces por hora. ¿Qué se puede esperar de metas como éstas?


11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente. No hay duda acerca de su validez. Pues procede de Uno que no conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. Éstos nunca cambiarán ni estarán en conflicto. Todos apuntan hacia un único objetivo, el cual está a tu alcance. Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede fracasar porque Él es su Fuente.


12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. Y si te pide que hagas algo que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere negarse. Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo cierto, la Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce exactamente como son o la distorsionada imagen que tienes de ti mismo, confundida y perpleja; incoherente e insegura de todo? No permitas que su voz te dirija. Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que ahora te acuerdes de Él.


13. Su tierna Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. Quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. Quiere hacer una restitución, si bien goza de absoluta plenitud; quiere hacerte un regalo, si bien sabe que ya lo tienes todo. Tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. Pues el Amor sólo puede dar, y lo que se da en Su Nombre adopta las formas más útiles posibles en un mundo de formas.


14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de la Amorfía Misma. El perdón es una forma terrenal de amor que, como tal, no tiene forma en el Cielo. No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá según lo indique la necesidad. Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor significará mucho más para ti cuando hayas sido restaurado al estado de amorfía. La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. Ésa es tu función aquí.


REFLEXIÓN:


“De mí depende la salvación del mundo”. Es algo grande, muy grande, que a veces parece imposible de creer. Jesús siempre ha cargado con esa honra, y ahora nos dicen que de cada uno de nosotros depende la salvación del mundo. 


Yo le digo al Padre, que no puedo hacerlo en soledad, que por momentos parece que puedo, pero cuando la realidad que he creado con la ayuda del ego se manifiesta, me muestra un panorama que hace que asumir esta misión parezca imposible. Las debilidades, las costumbres, las creencias que por mucho tiempo nos han limitado, incluso las personas,  aparecen como un muro infranqueable que nos impide actuar. Pero ahora recuerdo la Gracia que viene de Padre, y entonces tomo un respiro y digo: 


“Padre, sostenme e ilumíname con la Claridad de Tu Cristo, porque si de mí depende la salvación del mundo, necesito Tu guía, Tu Fuerza y Tu Amor, para no fracasar”.


¡Qué así sea!


viernes, 4 de julio de 2025

LECCIÓN 185: Deseo la Paz de Dios.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Decir estas palabras no es nada. Pero decirlas de todo corazón lo es todo. Si pudieras decirlas de verdad, aunque sólo fuese por un instante, nunca más volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento. Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y reconocerías plenamente la resurrección de toda la Creación.


2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. No podría inventar un infierno y creer que es real. Desea la Paz de Dios y se le concede. Pues eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. Son muchos los que han dicho estas palabras, pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de verdad. No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. El mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuvieran de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que anhelan.


3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. Pues las mentes sólo se pueden unir en la verdad. En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. Para cada una de ellas el héroe del sueño es distinto y el desenlace deseado no es el mismo. El perdedor y el ganador simplemente alternan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.


4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. El significado no puede sino estar ausente del sueño, pues su meta es transigir. Las mentes no pueden unirse en sueños. Sólo pueden negociar. Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la Paz de Dios? Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.


5. Desear la Paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. Pues nadie que diga en serio estas palabras desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. Ya las examinó y se dio cuenta de que no le ofrecen nada. Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. Para él, todos los sueños son uno. Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desesperación y zozobra que los demás.


6. La mente que en verdad desea la paz debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal manera que si su petición es sincera, la verá claramente. Mas si su petición no es sincera, no habrá forma de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.


7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que realmente decimos estas palabras de todo corazón. Deseamos la Paz de Dios. No es éste un deseo vano. Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. No procuran transigir, ni tampoco tratan de hacer otro trato con la esperanza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito ahí donde todos los demás han fracasado. Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.


8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosamente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhelas. ¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. Considera solamente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. Todos son lo mismo. Y puesto que todos son lo mismo, debes hacerte la siguiente pregunta con respecto a cada uno de ellos: “¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la Paz de Dios?”


9. Ésta es la decisión que tienes que tomar. No te dejes engañar pensando que no es así. En esto no es posible transigir. Pues o bien eliges la Paz de Dios o bien pides sueños. Y éstos vendrán a ti si eso es lo que pides. Mas la Paz de Dios vendrá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino para luego reaparecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.


10. Deseas la Paz de Dios. Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. Esto es lo único que pides, tanto para ellos como para ti, cuando haces esta petición con profunda sinceridad. Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea desconocido, si bien para ti es indudable. Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. Mas la ayuda ya se te ha dado. ¿Y no dispondrías de ella ahora compartiéndola?


11. Nadie que realmente busque la Paz de Dios puede dejar de hallarla. Pues lo único que está pidiendo es no seguir engañándose al negarse a sí mismo lo que la Voluntad de Dios dispone para él. ¿Quién puede quedar insatisfecho si pide lo que ya es suyo? ¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella, puede decir que no se le ha contestado? La Paz de Dios es tuya.


12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su eterno don. ¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? ¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese para ti solamente? No hay ningún don de Dios que no sea para todos. Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que alguna vez parecieron ocupar el lugar de la verdad.


13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cualquiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. Dios da sólo con el propósito de unir. Para Él, quitar no tiene sentido. Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que compartes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.


14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desesperación, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la Paz de Dios?


REFLEXIÓN:


Este podría ser el “monólogo” de una persona que no logró ponerse de acuerdo con alguien más para alcanzar la paz. La desea, pero en soledad, no hay “otro” para que complete su deseo como nos dicen hoy, porque no basta con desearla. Y es que cuando pedimos la paz de Dios no viene como por arte de magia, sino que aparece un hermano y nos confronta, y según cómo respondamos hemos de saber si nuestro deseo de paz era genuino. ¿Y cómo saber que es genuino? Cuando no cedemos ante las ilusiones del ego pretendiendo que la paz se consigue cuando las personas actúan como nosotros queremos, porque de lo contrario, nos sentimos agredidos y nos negamos a otorgarle la paz a nuestro hermano al juzgarlo como el intruso que nos acaba de robar la paz: si nos la roba, nunca hubo paz, porque la “Paz de Dios” no se pierde una vez la poseemos:


“Me urge  la paz de Dios porque no pasé la prueba de fuego. Tuve a mi hermano frente a mí, y me confrontó, iluminó mi lado oscuro, mi intolerancia, mi incapacidad de verlo sin juzgar, mi incapacidad de ponerme en su lugar. Lo señalé  porque me dijo cosas que me hirieron, sacó a relucir mi pasado y me derrumbé. Palabras hirientes salieron de mi boca porque no pude controlar esa emoción agobiante que se llama ira. Invoqué a mi Padre, y le puse una queja en su contra que salió del fondo de mis entrañas. Ya no pude seguir pensando porque todo se nubló… Y lloré amargamente cuando comprendí  que no había pasado la prueba y que era muy fácil asumir intelectualmente las cosas que debía hacer frente a una situación difícil, pero cuando mi hermano me confrontó, ignoré su espíritu y exalté su carne. Lo vulneré  con un silencio impregnado de conversaciones mentales distorsionadas, olvidé que podía verlo con los ojos de Cristo, y a cambio me gobernó el ego con su insensatez:  Me convertí víctima, y mi hermano en victimario”.


Si queremos, genuinamente,  alcanzar la “Paz de Dios”, debemos unirnos a otras mentes, sin importar las circunstancias, y los medios para encontrarla se nos concederán.


ORACIÓN:


Padre, a veces comprendo que mis sueños no me llevan a encontrar la paz. Los confundo con vanos momentos que se desvanecen cuando llega el desencanto. Si la paz fue creada para mí, y es un eterno don, que por Tu Gracia, yo pueda recibirla  y compartirla con mis hermanos. Amén.


jueves, 3 de julio de 2025

LECCIÓN 184: El Nombre de Dios es mi herencia.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Vives a base de símbolos. Has inventado nombres para todas las cosas que ves. Cada una de ellas se ha convertido en una entidad aparte, identificada por su propio nombre. De esta manera, la segregas de la unidad. De esta manera, designas sus atributos especiales y la distingues de otras cosas al hacer hincapié en el espacio que la rodea. Éste es el espacio que interpones entre todas las cosas a las que has dado un nombre diferente; entre todos los acontecimientos desde el punto de vista del tiempo y del lugar en que ocurrieron, así como entre todos los cuerpos que se saludan con un nombre.


2. Este espacio, al que ves como lo que separa unas cosas de otras, es el medio a través del que tiene lugar la percepción del mundo. Ves algo allí donde no hay nada y, a la vez, no ves nada donde hay unidad; ves un espacio entre todas las cosas, así como entre todas las cosas y tú. De esa manera, crees haber “creado” vida en la separación. Y debido a esta división crees ser una unidad que opera con una voluntad independiente.


3. ¿Qué son todos esos nombres mediante los cuales el mundo se convierte en una serie de acontecimientos independientes, de cosas desunidas y de cuerpos que se mantienen aparte y que contienen fragmentos de mente como si de conciencias separadas se tratase? Tú les diste esos nombres, dando lugar a la percepción tal como querías que fuese. A las cosas sin nombre se les dio nombre, y de esta manera se les dio también realidad. Pues a lo que se le da un nombre se le da significado y, de este modo, se considera significativo: una causa que produce efectos reales, con consecuencias inherentes a sí misma.


4. Así es como, a base de una visión parcial, se construye la “realidad”, la cual se contrapone deliberadamente a lo que de hecho es la verdad. Su enemigo es la unidad. Concibe cosas insignificantes y las “ve”. Y la ausencia de espacio, así como la sensación de unidad o la visión que ve de manera distinta, se convierten en las amenazas que debe superar, combatir y negar.


5. Esta otra visión, no obstante, sigue siendo aún la dirección natural para que la mente canalice su percepción. Es difícil enseñarle a la mente miles de nombres extraños, y luego otros miles más. No obstante, crees que eso es lo que significa aprender: su objetivo principal por medio del cual se puede entablar comunicación y compartir conceptos de manera significativa.


6. Ésta es la suma total de la herencia que el mundo dispensa. Y todo aquel que aprende a pensar que eso es así, acepta los signos y los símbolos que afirman que el mundo es real. Eso es lo que propugnan. No dan lugar a que se dude de que a lo que se le ha dado nombre no esté ahí. Se puede ver, tal como es de esperar. Lo que niega que sea verdad es lo que es una ilusión, pues lo que tiene nombre es la “realidad suprema”. Cuestionarlo es demencia, pero aceptar su presencia es prueba de cordura.


7. Tal es la enseñanza del mundo. No obstante, es una fase de aprendizaje por la que todo el que viene aquí tiene que pasar. Mas cuanto antes perciba su base, lo cuestionable de sus premisas y cuán dudosos son sus resultados, cuanto antes pondrá en duda sus efectos. El aprendizaje que se limita a lo que el mundo enseña se queda corto con respecto al significado. Debidamente empleado, puede servir como punto de partida desde donde se puede comenzar otro tipo de aprendizaje y adquirirse una nueva percepción, desde donde se pueden erradicar todos los nombres arbitrarios que el mundo confiere al ser puestos en duda.


8. No creas que fuiste tú quien hizo el mundo. ¡Las ilusiones, sí! Mas lo que es cierto en la tierra y en el Cielo está más allá de tu capacidad de nombrar. Cuando recurres a un hermano es a su cuerpo a lo que te diriges. Su verdadera identidad queda oculta debido a lo que crees que él es. Su cuerpo responde al nombre con que lo llamas, pues su mente ha consentido en aceptar como propio el nombre que le das. Y de esta manera, su unidad queda doblemente negada, pues tú lo percibes como algo separado de ti y él acepta como propio ese nombre separado.


9. Sería en verdad extraño si se te pidiese ir más allá de todos los símbolos del mundo y los olvidaras para siempre y, al mismo tiempo, asumir una función docente. Todavía tienes necesidad de usar los símbolos del mundo por algún tiempo. Mas no te dejes engañar por ellos. No representan nada en absoluto, y éste será el pensamiento que en tus prácticas te liberará de ellos. Los símbolos no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero que reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación.


10. Así pues, lo que necesitas cada día son intervalos en los que las enseñanzas del mundo se convierten en una fase transitoria: una prisión desde la que puedes salir a la luz del sol y olvidarte de la obscuridad. En esos intervalos entiendes la Palabra, el Nombre que Dios te ha dado; la única Identidad que comparten todas las cosas; el reconocimiento de lo que es verdad. Y luego vuelves a la obscuridad, no porque creas que sea real, sino sólo para proclamar su irrealidad usando términos que aún tienen sentido en el mundo regido por ella.


11. Usa todos los nombres y símbolos nimios que delinean el mundo de la obscuridad. Mas no los aceptes como tu realidad. El Espíritu Santo se vale de todos ellos, pero no se olvida de que la Creación tiene un solo Nombre, un solo Significado y una sola Fuente, la Cual une a todas las cosas dentro de Sí Misma. Usa todos los nombres que el mundo da a esas cosas, pero sólo por conveniencia, mas no te olvides de que comparten el Nombre de Dios junto contigo.


12. Dios no tiene nombre. Sin embargo, Su Nombre se convierte en la lección final que muestra que todas las cosas son una. Y con esta lección finaliza todo aprendizaje. Todos los nombres se unifican; todo espacio queda lleno con el reflejo de la verdad. Toda brecha se cierra y la separación se subsana. El Nombre de Dios es la herencia que Él les dio a los que decidieron que las enseñanzas del mundo ocuparan el lugar del Cielo. Lo que nos proponemos en nuestras prácticas es dejar que nuestras mentes acepten lo que Dios ha dado como respuesta a la mísera herencia que tú fabricaste como justo tributo para el Hijo que Él ama.


13. Nadie que busque el significado del Nombre de Dios puede fracasar. La experiencia es necesaria como complemento de la Palabra. Pero primero tienes que aceptar el Nombre que abarca toda la realidad y darte cuenta de que los innumerables nombres que diste a todos sus aspectos han distorsionado lo que ves, pero no han afectado a la verdad en absoluto. Invocamos un solo Nombre en nuestras prácticas. Y usamos un solo Nombre para unificar nuestra visión.


14. Y si bien empleamos un nombre distinto para cada aspecto del Hijo de Dios del que nos volvemos conscientes, comprendemos que todos comparten el mismo Nombre, el cual Él les dio. Éste es el Nombre que vamos a usar en nuestras prácticas. Y al usarlo, todas las separaciones insensatas que nos mantenían ciegos desaparecen. Y se nos concede la fortaleza necesaria para poder ver más allá de ellas. Ahora nuestra vista queda bendecida con bendiciones que podemos dar según las recibimos.


15. Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. En Él estamos unidos a todos los seres vivos y a Ti que eres su único Creador. Lo que hemos hecho y a lo que hemos dado muchos nombres diferentes no es sino una sombra con la que hemos tratado de nublar Tu Realidad. Y nos sentimos contentos y agradecidos de haber estado equivocados. Te entregamos todos nuestros errores a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. Tu Nombre es nuestra salvación y escape de todo lo que hemos hecho. Tu Nombre nos une en la Unicidad que es nuestra herencia y nuestra paz. Amén.


REFLEXIÓN:


Un “nombre” tiene gran poder, “pues a lo que se le da un nombre se le da  significado”, y así es como, a base de una visión parcial, se construye la “realidad”, que tampoco es verdad, porque es una realidad que nace de las ilusiones, mismas que han creado el mundo que vemos. Y lo que no es cierto en la tierra tampoco lo es en el cielo.


Nos dicen que cuando nos dirigimos a un hermano recurrimos a su cuerpo, y su “verdadera identidad queda oculta”. O sea, él no es esa figura de carne y hueso a la que amamos, o a la que rechazamos y miramos con desdén. Ese hermano tiene un “nombre” y reacciona a su llamado porque así es como funciona el mundo: a  todos nos han “nombrado”, nos han “definido”, justo después de haber nacido. Me pregunto ¿por qué no nos “nombran” cuando estamos en el vientre si allí somos más "esenciales" que nunca? Bueno, a veces sí escogen nuestro nombre antes de nacer, pero eso se hace oficial cuando lo registran, y entonces adquirimos  la esencia de ese nombre, que se ve influenciado por las intenciones de las personas que lo escogieron: por la “fama”, por cómo suena, por quién se llama así, y por lo que piensa cada persona sobre ese nombre. Pero, en realidad, no somos ese nombre. ¡Somos más que eso! Somos los santos hijos de Dios, todos iguales delante de Él, sin importar si nuestro nombre es  “Reina Isabel”, o “Gloria”, o “Donald”, o “Juanita”, o  “NN”, o como quiera que cada uno de nosotros se llame. Lo que importa es que, como nos dijeron ayer, cuando invocamos el Nombre de Dios invocamos el nuestro. Así que “El Nombre de Dios” es nuestra herencia, y sabiendo esto no podemos seguir mirando a nuestros hermanos con desdén, porque detrás de su apariencia, sea que nos agrade o no, está Dios esperando que lo veamos con los ojos de Cristo.


ORACIÓN:


“Padre, nuestro Nombre es el Tuyo. En Él estamos unidos a todos los seres vivos y a Ti que eres su único Creador. Lo que hemos hecho y a lo que hemos dado muchos nombres diferentes no es sino una sombra con la que hemos tratado de nublar Tu Realidad. Y nos sentimos contentos y agradecidos de haber estado equivocados. Te entregamos todos nuestros errores a fin de ser absueltos de cuantos efectos parecían tener. Y aceptamos la verdad que Tú nos das en lugar de cada uno de ellos. Tu Nombre es nuestra salvación y escape de todo lo que hemos hecho. Tu Nombre nos une en la Unicidad que es nuestra herencia y nuestra paz. Amén”.


miércoles, 2 de julio de 2025

LECCIÓN 183: Invoco el Nombre de Dios y el Mío Propio.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. Un padre le da su nombre a su hijo y de este modo identifica a su hijo con él. Sus hermanos comparten su nombre, y así están unidos por un vínculo en el que encuentran su identidad. El Nombre de tu Padre te recuerda Quién eres incluso en un mundo que no lo sabe e incluso cuando tú mismo no lo recuerdas.


2. El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una respuesta, ni pronunciado sin que se produzca un eco en la mente exhortándote a recordar. Di Su Nombre y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad.


3. Repite el Nombre de Dios y el mundo entero responderá abandonando las ilusiones. Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía encontrarse hallarás una estrella; un milagro de gracia. Los enfermos se levantarán, curados ya de sus pensamientos enfermizos. Los ciegos podrán ver y los sordos oír. Los afligidos abandonarán su duelo y sus lágrimas de dolor se secarán cuando la risa de felicidad venga a bendecir al mundo.


4. Repite el Nombre de Dios y todo nombre nimio deja de tener significado. Ante el Nombre de Dios, toda tentación se vuelve algo indeseable y sin nombre. Repite Su Nombre y verás cuán fácilmente te olvidas de los nombres de todos los dioses que honrabas. Pues habrán perdido el nombre de dios que les otorgabas. Se volverán anónimos y dejarán de ser importantes para ti, si bien, antes de que dejases que el Nombre de Dios reemplazase a sus nimios nombres, te postrabas reverente ante ellos llamándolos dioses.


5. Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser, Cuyo Nombre es el de Dios. Repite Su Nombre y todas las cosas insignificantes y sin nombre de la tierra se ven en su correcta perspectiva. Aquellos que invocan el Nombre de Dios no pueden confundir lo que no tiene nombre con el Nombre, el pecado con la Gracia ni los cuerpos con el santo Hijo de Dios. Y si te unes a un hermano mientras te sientas con él en silencio y repites dentro de tu mente serena el Nombre de Dios junto con él, habrás edificado ahí un altar que se eleva hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo.


6. Practica hoy sólo esto: repite el Nombre de Dios lentamente, una y otra vez. Relega al olvido cualquier otro nombre que no sea el Suyo. No oigas nada más. Deja que todos tus pensamientos se anclen en esto. No usaremos ninguna otra palabra, excepto al principio, cuando repetimos la idea de hoy una sola vez. Y entonces el Nombre de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única palabra, lo único que ocupa nuestras mentes, nuestro único deseo, el único sonido que tiene significado y el único Nombre de todo lo que deseamos ver y de todo lo que queremos considerar nuestro.


7. De esta manera extendemos una invitación que no puede ser rechazada. Y Dios vendrá y Él Mismo la aceptará. No pienses que Él oye las vanas oraciones de aquellos que Lo invocan con nombres de ídolos que el mundo tiene en gran estima. De esa manera nunca podrán llegar a Él. Dios no puede oír peticiones que Le pidan que no sea Él Mismo o que Su Hijo reciba otro nombre que no sea el Suyo.


8. Repite el Nombre de Dios y Lo estarás reconociendo como el único Creador de la Realidad. Y estarás reconociendo asimismo que Su Hijo forma parte de Él y que crea en Su Nombre. Siéntate en silencio y deja que Su Nombre se convierta en la idea todo- abarcadora que absorbe tu mente por completo. Acalla todo pensamiento excepto éste. Deja que ésta sea la respuesta a cualquier otro pensamiento y observa cómo el Nombre de Dios reemplaza a los miles de insignificantes nombres que diste a todos tus pensamientos, sin darte cuenta de que sólo hay un Nombre para todo lo que existe y todo lo que por siempre existirá.


9. Hoy puedes alcanzar un estado en el que experimentarás el don de la gracia. Puedes escaparte de todas las ataduras del mundo, y ofrecerle a éste la misma liberación que tú has encontrado. Puedes recordar lo que el mundo olvidó y ofrecerle lo que has recordado. Puedes también aceptar el papel que te corresponde desempeñar en su salvación, así como en la tuya propia. Y ambas se pueden lograr perfectamente.


10. Recurre al Nombre de Dios para tu liberación y se te concederá. No se necesita más oración que ésta, pues encierra dentro de sí a todas las demás. Las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre. Los Pensamientos de su Padre se vuelven los suyos propios. El Hijo de Dios reivindica su derecho a todo lo que su Padre le dio, le sigue dando y le dará eternamente. Lo invoca para dejar que todas las cosas que creyó haber hecho queden sin nombre ahora y, en su lugar, el santo Nombre de Dios se convierta en el juicio que él tiene de la falta de valor de todas ellas.


11. Todo lo insignificante se acalla. Los insignificantes sonidos, ahora son inaudibles. Todas las cosas vanas de la tierra han desaparecido. El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. Y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. La paz eterna se encuentra en esta perenne y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces todas las palabras y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras pudiesen alguna vez comunicar. Queremos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre. Y en Su Nombre nos será concedida.


ORACIÓN:


“Invoco el Nombre de Dios y el Mío Propio” porque son sagrados, 

y  porque invocar el Nombre de mi Padre me recuerda quien soy. 

Invoco el Nombre de Dios porque mis hermanos se curarán de sus dolencias 

y de sus pensamientos enfermizos.


Invoco el Nombre de Dios para que lo que no importa no cobre valor,

y para que los dioses que en desespero creé desaparezcan.

Invoco el Nombre de Dios e invoco a mi Ser, “Cuyo nombre es el Dios”

así ya no confundiré “el pecado con la Gracia ni los cuerpos con el santo Hijo de Dios”.


Me uno a mi hermano y en serena calma repetiremos el Nombre de Dios, 

para edificar un altar que se eleve “hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo”.

Y Dios vendrá y aceptará nuestra invocación porque lo estamos “reconociendo como el único Creador de la Realidad”.


Invoco el Nombre de Dios para recibir el don de la gracia.

Me escapo de las ataduras del mundo y encuentro la liberación.

Recuerdo lo que el mundo olvidó y le ofrezco lo que he recordado.

Y acepto salvar al mundo y salvarme a mí mismo porque soy parte

del plan de Dios para la salvación.


Deseo experimentar hoy la paz en el Nombre de mi Padre, 

y en Su Nombre me será concedida. 


¡AMÉN!


martes, 1 de julio de 2025

LECCIÓN 182: Permaneceré muy quedo por un instante e iré a mi hogar.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Este mundo en el que pareces vivir no es tu hogar. Y en algún recodo de tu mente sabes que esto es verdad. El recuerdo de tu hogar sigue rondándote, como si hubiera un lugar que te llamara a regresar, si bien no reconoces la voz ni lo que ésta te recuerda. No obstante, sigues sintiéndote como un extraño aquí, procedente de algún lugar desconocido. No se trata de algo tan concreto que puedas decir con certeza que eres un exiliado aquí. Es más bien un sentimiento persistente, a veces no más que una leve punzada, pero que en otras ocasiones apenas recuerdas; algo que descartas sin ningún miramiento, pero que sin duda ha de volver a rondarte otra vez.


2. No hay nadie que no sepa de lo que estamos hablando. Sin embargo, hay quienes tratan de ahogar su sufrimiento entreteniéndose en juegos para pasar el tiempo y no sentir su tristeza. Otros prefieren negar que están tristes, y no reconocen en absoluto que se están tragando las lágrimas. Hay quienes afirman incluso que esto de lo que estamos hablando son ilusiones y que no se debe considerar sino como un sueño más. Sin embargo, ¿quién podría honestamente afirmar, sin ponerse a la defensiva o engañarse a sí mismo, que no sabe de lo que estamos hablando?


3. Hoy hablamos en nombre de todo aquel que vaga por este mundo, pues en él no está en su hogar. Camina a la deriva enfrascado en una búsqueda interminable, buscando en la obscuridad lo que no puede hallar, y sin saber qué es lo que anda buscando. Construye miles de casas, pero ninguna de ellas satisface a su agitada mente. No se da cuenta de que las construye en vano. El hogar que anda buscando, él no lo puede construir. El Cielo no tiene substituto. Lo único que construyó fue un infierno.


4. Tal vez pienses que lo que quieres encontrar es el hogar de tu infancia. La infancia de tu cuerpo y el lugar que le dio cobijo son ahora recuerdos tan distorsionados que lo que guardas es simplemente una imagen de un pasado que nunca tuvo lugar. Mas en ti hay un Niño que anda buscando la casa de Su Padre, pues sabe que él es un extraño aquí. Su infancia es eterna, llena de una inocencia que ha de perdurar para siempre. Por dondequiera que este Niño camina es tierra santa. Su santidad es lo que ilumina al Cielo y lo que trae a la tierra el puro reflejo de la luz que brilla en lo alto, en el que el Cielo y la tierra se encuentran unidos cual uno solo.


5. Este Niño que mora en ti es el que tu Padre conoce como Su Hijo. Este Niño que mora en ti es el que conoce a Su Padre. Anhela tan profunda e incesantemente volver a Su hogar, que Su voz te suplica que lo dejes descansar por un momento. Tan sólo pide unos instantes de respiro: un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire santo que llena la casa de Su Padre. Tú también eres Su hogar. Él retornará. Pero dale un poco de tiempo para que pueda ser Él Mismo dentro de la paz que es Su hogar, y descansar en silencio, en paz y en amor.


6. Este Niño necesita tu protección. Se encuentra muy lejos de Su hogar. Es tan pequeño que parece muy fácil no hacerle caso y no oír Su vocecilla, quedando así Su llamada de auxilio ahogada en los estridentes sonidos y destemplados y discordantes ruidos del mundo. No obstante, Él sabe que en ti aún radica Su protección. No le fallarás. Él volverá a Su hogar y tú lo acompañarás.


7. Este Niño es tu indefensión, tu fortaleza. Él confía en ti. Vino porque sabía que tú no Le fallarías. Te habla incesantemente de Su hogar con suaves susurros. Pues desea llevarte consigo de vuelta a él, a fin de Él Mismo poder permanecer allí y no tener que regresar de nuevo a donde no le corresponde estar y donde vive proscrito en un mundo de pensamientos que le son ajenos. Su paciencia es infinita. Esperará hasta que oigas Su dulce Voz dentro de ti instándote a que Lo dejes ir en paz contigo allí donde Él se encuentra en Su hogar, al igual que tú.


8. Cuando te hayas aquietado por un instante, cuando el mundo se haya alejado de ti y las vanas ideas que abrigas en tu agitada mente dejen de tener valor, oirás Su voz. Su llamada es tan conmovedora que ya no le ofrecerás más resistencia. En ese instante te llevará a Su hogar, donde permanecerás con Él en perfecta quietud, en silencio y en paz, más allá de las palabras, libre de todo temor y de toda duda, sublimemente seguro de que estás en tu hogar.


9. Descansa a menudo con Él hoy. Pues estuvo dispuesto a convertirse en un niño pequeño para que tú pudieras aprender cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo únicamente los mensajes del amor a quienes creen ser sus enemigos. Con el poder del Cielo en Sus manos, los llama amigos y les presta Su fortaleza para que puedan darse cuenta de que Él quiere ser su Amigo. Les pide que Lo protejan, pues Su hogar está muy lejos y no quiere regresar a él solo.


10. Cristo renace como un Niño pequeño cada vez que un peregrino abandona su hogar. Pues éste debe aprender que a quien quiere proteger es sólo a este Niño, que viene sin defensas y a Quien la indefensión ampara. Ve con Él a tu hogar de vez en cuando hoy. Tú eres un extraño aquí, al igual que Él.


11. Dedica algún tiempo hoy a dejar a un lado tu escudo que de nada te ha servido y a deponer la espada y la lanza que blandiste contra un enemigo imaginario. Cristo te ha llamado amigo y hermano. Ha venido incluso a pedirte ayuda para que Lo dejes regresar a Su hogar hoy, íntegro y completamente. Ha venido como lo haría un niño pequeño, que tiene que implorar la protección y el amor de su padre. Él rige el universo y, sin embargo, te pide incesantemente que regreses con Él y que no sigas convirtiendo a las ilusiones en tus dioses.


12. No has perdido tu inocencia. Y eso es lo que anhelas, lo que tu corazón desea. Ésa es la voz que oyes y la llamada que no se puede ignorar. Ese santo Niño todavía sigue a tu lado. Su hogar es el tuyo. Hoy Él te da Su indefensión y tú la aceptas a cambio de todos los juguetes bélicos que has fabricado. Ahora el camino está libre y despejado, y el final de la jornada puede por fin vislumbrarse. Permanece muy quedo por un instante, regresa a tu hogar junto con Él y goza de paz por un rato.


REFLEXIÓN:


Sí, es tan cierto que este mundo en el que parece que vivimos no es nuestro hogar. Todos hemos sentido esa extraña nostalgia que en algún momento de la vida nos acompaña y no sabemos por qué. Y esa nostalgia se traduce en un suspiro inesperado, en una lágrima, en una sensación de vacío, en una tristeza que parece no tener motivo alguno. Y nos sentimos tan ajenos a todo lo que nos rodea porque pertenecemos a un hogar que está más allá del sol como dice una bella canción que alguna vez escuché en un funeral:  


“Yo tengo un hogar…  Hogar bello hogar, más allá del sol…”.


Y mientras volvemos a nuestro Hogar, hoy nos invitan a experimentar un atisbo de paz a través de ese “Niño que anda buscando la casa de Su Padre”, y le pide protección y amor.  Entonces seamos dóciles a lo que se nos pide hoy, y permanezcamos muy quedos por un instante para sentir nuestro Hogar.


ORACIÓN:


Padre, anhelo escuchar la voz de ese Niño que es mi indefensión y mi fortaleza. No lo defraudaré porque confía en mí, y vendrá porque sabe que no le fallaré. Que Tu Gracia y Poder me permita escuchar Su Voz para que me lleve por un instante a Su hogar. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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