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viernes, 18 de julio de 2025

LECCIÓN 199: No soy un cuerpo. Soy libre.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. No podrás ser libre mientras te percibas a ti mismo como un cuerpo. El cuerpo constituye una limitación. El que busca su libertad en un cuerpo, la busca donde no se puede hallar. La mente se puede liberar cuando deja de verse a sí misma como contenida dentro de un cuerpo, firmemente atada a él y amparada por su presencia. Si esto fuese cierto, la mente sería en verdad vulnerable.


2. La mente que está al servicio del Espíritu Santo es por siempre ilimitada y desde cualquier punto de vista; transciende las leyes del tiempo y del espacio, está libre de ideas preconcebidas y dispone de la fortaleza y del poder necesarios para hacer todo lo que se le pida. Los pensamientos de ataque no pueden infiltrarse en una mente así, toda vez que ha sido entregada a la Fuente del Amor, y el miedo no puede hacer acto de presencia en una mente que se ha unido a Ésta. Dicha mente descansa en Dios. ¿Y quién que viva en la Inocencia sin hacer otra cosa que amar podría tener miedo?


3. Es esencial para tu progreso en este curso que aceptes la idea de hoy y que la tengas en gran estima. No te preocupes si al ego le parece completamente descabellada. El ego tiene en gran estima al cuerpo porque mora en él, y no puede sino vivir unido al hogar que ha construido. El cuerpo es parte de la ilusión que ha ayudado a mantener oculto el hecho de que él mismo es algo ilusorio.


4. Ahí se esconde y ahí se le puede ver como lo que es. Declara tu inocencia y te liberas. El cuerpo desaparece al no tener tú ninguna necesidad de él, excepto la que el Espíritu Santo ve en él. A tal fin, el cuerpo se percibirá como una forma útil para lo que la mente tiene que hacer. De este modo se convierte en un vehículo de ayuda para que el perdón se extienda hasta la meta todo abarcadora que debe alcanzar, de acuerdo con el plan de Dios.


5. Valora la idea de hoy y ponla en práctica hoy y cada día. Haz que pase a formar parte de cada sesión de práctica que realices. No hay pensamiento cuyo poder de ayudar al mundo no aumente con esta idea ni ninguno que de esta manera no adquiera regalos adicionales para ti. Con esta idea hacemos resonar la llamada a la liberación por todo el mundo. ¿Y estarías acaso tú excluido de los regalos que haces?


6. El Espíritu Santo es el hogar de las mentes que buscan la libertad. En Él han encontrado lo que andaban buscando. El propósito del cuerpo deja de ser ahora ambiguo. Y su capacidad de servir un objetivo indiviso se vuelve perfecta. Y en respuesta libre de conflicto e inequívoca a la mente que sólo tiene como objetivo el pensamiento de libertad, el cuerpo sirve su propósito y lo sirve perfectamente. Sin el poder de esclavizar, se vuelve un digno servidor de la libertad que persigue la mente que mora en el Espíritu Santo.


7. Sé libre hoy. Y da el regalo de libertad a todos aquellos que todavía creen estar esclavizados en el interior de un cuerpo. Sé libre, de modo que el Espíritu Santo se pueda valer de tu liberación de la esclavitud para dejar en libertad a los muchos que se perciben a sí mismos encadenados, indefensos y atemorizados. Permite que el amor reemplace sus miedos a través de ti. Acepta la salvación ahora y entrégale tu mente a Aquel que te exhorta a que Le hagas este regalo. Pues Él quiere concederte perfecta libertad, perfecta dicha, así como una esperanza que alcanza su plena realización en Dios.


8. Tú eres el Hijo de Dios. Vives por siempre en la inmortalidad. ¿No te gustaría que tu mente retornara a ese estado? Si es así, practica entonces debidamente el pensamiento que el Espíritu Santo te da para este día. En ese pensamiento tus hermanos y tú os alzáis liberados; el mundo es bendecido junto contigo; el Hijo de Dios no volverá a llorar y el Cielo te agradece el aumento de gozo que tu práctica le proporciona incluso a él. Dios Mismo extiende Su Amor y felicidad cada vez que dices:


No soy un cuerpo. Soy libre. Oigo la Voz que Dios me ha dado, que es la única que mi mente obedece.


REFLEXIÓN


La lección de hoy también nos ofrece una Oración:


No soy un cuerpo. Soy libre.

Mi mente ilimitada está al servicio del Espíritu Santo

y trasciende las leyes del tiempo y del espacio.


No tengo pensamientos de ataque porque mi mente

le pertenece a la Fuente del Amor, y el miedo

simplemente no tiene ni cabida ni lugar en mí.


Vivo en la Inocencia sin hacer otra cosa que amar

y el miedo se desvanece indefectiblemente

porque mi mente descansa en Dios.


Mi cuerpo está al servicio del Espíritu Santo

y es un vehículo para que el perdón se extienda 

hasta la meta todo abarcadora que debe alcanzar.


Cuerpo y Mente, Tierra y Cielo, 

instrumentos de comunión

a través del Santo Espíritu de Dios,

para dejar en libertad a encadenados,

indefensos y atemorizados.


Por eso hoy permito que el “Amor”

reemplace sus miedos a través de mí.


Acepto la salvación y entrego mi mente

a Aquel que me exhorta a dar este regalo,

para a cambio obtener perfecta libertad,

perfecta dicha y una esperanza que se realiza en Dios.


Soy el inmortal Hijo de Dios.

No soy un cuerpo, soy libre.

Y oigo la Voz que mi Padre me ha dado

y es la única que mi mente obedece.


¡Amén!


jueves, 17 de julio de 2025

LECCIÓN 198: Sólo mi propia condenación me hace daño.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. El daño es imposible. Las ilusiones, no obstante, forjan ilusiones. Si puedes condenar, se te puede hacer daño. Pues habrás creído que puedes hacer daño, y el derecho que te prescribes puede ahora usarse contra ti, hasta que renuncies a él por ser algo sin valor, indeseable e irreal. La ilusión dejará entonces de tener efectos, y aquellos que parecía tener quedarán anulados. Entonces serás libre, pues la libertad es tu regalo y ahora puedes recibir el regalo que diste.


2. Condena y te vuelves un prisionero. Perdona y te liberas. Ésta es la ley que rige a la percepción. No es una ley que el conocimiento entienda, pues la libertad es parte de él. Por lo tanto, condenar es en realidad imposible. Lo que parece ser su influencia y sus efectos nunca tuvieron lugar. No obstante, tenemos que lidiar con ellos por un tiempo como si en realidad hubiesen tenido lugar. Las ilusiones forjan ilusiones. Excepto una. Pues el perdón es la ilusión que constituye la respuesta a todas las ilusiones.


3. El perdón desvanece todos los demás sueños, y aunque en sí es un sueño, no da lugar a más sueños. Todas las ilusiones, salvo ésta, no pueden sino multiplicarse de mil en mil. Pero con ésta, a todas las demás les llega su fin. El perdón representa el fin de todos los sueños porque es el sueño del despertar. No es en sí la verdad. No obstante, apunta hacia donde ésta se encuentra y nos guía con la certeza de Dios Mismo. Es un sueño en el que el Hijo de Dios despierta a su Ser y a su Padre, sabiendo que Ambos son Uno.


4. El perdón es el único camino que conduce más allá del desastre, del sufrimiento y, finalmente, de la muerte. ¿Cómo podría haber otro camino cuando éste es el plan de Dios Mismo? ¿Y por qué ibas a querer oponerte a él, combatirlo, hallarle mil faltas y buscar mil otras alternativas?


5. ¿No sería más sabio alegrarte de tener en tus manos la respuesta a tus problemas? ¿No sería más inteligente darle gracias a Aquel que te ofrece la salvación y aceptar Su regalo con gratitud? ¿Y no sería muestra de bondad para contigo mismo oír Su Voz y aprender las sencillas lecciones que Él desea enseñarte en lugar de tratar de ignorar Sus palabras y substituirlas por las tuyas?


6. Sus palabras darán resultado. Sus palabras salvarán. En Sus palabras yace toda la esperanza, bendición y dicha que se pueda alguna vez encontrar en esta tierra. Sus palabras proceden de Dios y te llegan con el amor del Cielo impreso en ellas. Los que oyen Sus palabras han oído el himno del Cielo. Pues éstas son las palabras en las que todas las demás finalmente se funden en una sola. Y al desaparecer ésta, la Palabra de Dios viene a ocupar su lugar, pues entonces será recordada y amada.


7. Este mundo parece tener muchos escondrijos donde la piedad no tiene sentido y el ataque parece estar justificado. Mas todos son uno: un lugar donde la muerte es la ofrenda que se le hace al Hijo de Dios así como a su Padre. Tal vez pienses que Ellos la han aceptado. Mas si miras de nuevo allí donde antes contemplaste Su sangre, percibirás en su lugar un milagro. ¡Qué absurdo creer que Ellos podían morir! ¡Qué absurdo creer que podías atacar! ¡Qué locura pensar que podías ser condenado y que el santo Hijo de Dios podía morir!


8. La quietud de tu Ser permanece impasible y no se ve afectada por semejantes pensamientos ni se percata de ninguna condenación que pudiera requerir perdón. Pues los sueños, sea cual fuere su clase, son algo ajeno y foráneo a la verdad. ¿Y qué otra cosa, sino la verdad, podría contener un pensamiento que edifica un puente hasta ella misma para transportar las ilusiones al otro lado?


9. Nuestras prácticas de hoy consisten en dejar que la libertad venga a establecer su morada en ti. La verdad deposita estas palabras en tu mente para que puedas encontrar la llave de la luz y permitir que a la obscuridad le llegue su fin:


Sólo mi propia condenación me hace daño. Sólo mi propio perdón me puede liberar.


No olvides hoy que toda forma de sufrimiento oculta algún pensamiento que niega el perdón. Y que no puede haber ningún tipo de dolor que el perdón no pueda sanar.


10. Acepta la única ilusión que proclama que en el Hijo de Dios no hay condenación y el Cielo será recordado instantáneamente, el mundo quedará olvidado junto con todas sus extrañas creencias, conforme la faz de Cristo aparezca por fin sin velo alguno en ese único sueño de perdón. Éste es el regalo que el Espíritu Santo tiene para ti de parte de Dios tu Padre. Deja que el día de hoy sea celebrado tanto en la tierra como en tu santo hogar. Sé benévolo con ambos, a medida que perdones las ofensas de las que pensaste que eran culpables, y ve tu inocencia irradiando sobre ti desde la faz de Cristo.


11. Ahora el silencio se extiende por todo el mundo. Ahora hay quietud allí donde antes había un frenético flujo de pensamientos sin sentido. Ahora una serena luz refulge sobre la faz de la tierra, que reposa tranquila en un dormir desprovisto de sueños. Y ahora lo único que queda sobre ella es la Palabra de Dios. Sólo eso puede percibirse por un instante más. Luego, los símbolos pasarán al olvido, y todo lo que creíste haber hecho desaparecerá por completo de la mente que Dios reconoce para siempre como Su único Hijo.


12. En él no hay condenación. Es perfecto en su santidad. No necesita pensamientos de misericordia. ¿Qué regalos se le pueden hacer cuando todo es suyo? ¿A quién podría ocurrírsele ofrecer perdón al Hijo de la Impecabilidad Misma, tan semejante a Aquel de Quien es Hijo, que contemplar al Hijo significa dejar de percibir y únicamente conocer al Padre? En esta visión del Hijo, tan fugaz que ni siquiera un instante media entre este singular panorama y la intemporalidad misma, contemplas la visión de ti mismo y luego desapareces para siempre en Dios.


13. Hoy nos aproximamos todavía más al final de todo lo que aún pretende interponerse entre esta visión y nuestra vista. Nos sentimos dichosos de haber llegado tan lejos, y reconocemos que Aquel que nos trajo hasta aquí no nos abandonará ahora. Pues nos quiere dar el don que Dios nos ha dado hoy por medio de Él. Éste es el momento de tu liberación. Ha llegado el momento. Ha llegado hoy.


REFLEXIÓN:


“Condena y te vuelves un prisionero. Perdona y te liberas. Ésta es la ley que rige a la percepción”.  El condenado nunca está  sólo, siempre está con su carcelero. ¿Quién es entonces el prisionero? ¿Está libre el custodio? A veces todo parece una ironía, y es entonces cuando algo nos despierta para mostrarnos la “supuesta realidad”.  La condena aprisiona, y el perdón libera. Vivimos en un mundo de ilusiones con las que tenemos que lidiar porque parecen reales, excepto “el perdón”, que “es la ilusión que constituye la respuesta a  todas las ilusiones”. Es la llave maestra que abre  todas las puertas que nos mantienen aprisionados, pero no es tan fácil de acceder a ella. Se necesita más que voluntad, porque cuando tenemos que enfrentar el “objeto del perdón”, la voluntad ya no es suficiente porque aparece el ego con todo su armamento para incitarnos a la lucha. Entonces, la voluntad sin humildad pierde la fuerza para acoger al “perdón” como la llave que nos libera de las cargas del resentimiento acumulado. Es lo mismo que nos dicen hoy:


“No sería más sabio alegrarte de tener en tus manos la respuesta a tus problemas? ¿No sería más inteligente darle gracias a Aquel que te ofrece la salvación y aceptar Su regalo con gratitud? ¿Y no sería muestra de bondad para contigo mismo oír Su Voz y aprender las sencillas lecciones que Él desea enseñarte en lugar de tratar de ignorar Sus palabras y substituirlas por las tuyas?”.


Es humildad oír la voz de Aquel que nos ama y nos ofrece la salvación. Es humildad “oír Su Voz y aprender las sencillas lecciones” que desea enseñarnos. Es humildad no “ignorar Sus palabras” en vez de sustituirlas por las nuestras.


Sin humildad hay condenación, y sin perdón no hay libertad. Y para que el ego no sea nuestro verdugo debemos aceptar “la única ilusión que proclama que en el Hijo de dios no hay condenación”:  ¡El perdón!


ORACIÓN:


Padre, acepto el regalo del “perdón” que me ofreces a través del Espíritu Santo. Qué la benevolencia que procede de Ti, me impida ver  la culpa en mi hermano porque anhelo ver la inocencia en mí, irradiando desde la faz de Cristo. Amén.


miércoles, 16 de julio de 2025

LECCIÓN 197: No puede ser sino mi propia gratitud la que me gano.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. He aquí el segundo paso que damos en el proceso de liberar a tu mente de la creencia en una fuerza externa enfrentada a la tuya. Intentas ser amable y perdonar. Pero si no recibes del exterior muestras de gratitud y las debidas gracias, tus intentos se convierten en ataques. Aquel que recibe tus regalos los tiene que recibir con honor o, de lo contrario, se los quitas. Y así, consideras que los dones de Dios son, en el mejor de los casos, préstamos y, en el peor, engaños que menoscaban tus defensas para garantizar que cuando Él dé Su golpe de gracia, éste sea mortal.


2. ¡Con cuánta facilidad confunden a Dios con la culpa los que no saben lo que sus pensamientos pueden hacer! Niega tu fortaleza, y la debilidad se vuelve la salvación para ti. Considérate cautivo, y los barrotes se vuelven tu hogar. Y no abandonarás la prisión ni reivindicarás tu fortaleza mientras no creas que la culpa y la salvación son la misma cosa y no percibas que la libertad y la salvación son una, con la fortaleza a su lado, para que las busques y las reivindiques, y para que sean halladas y reconocidas plenamente.


3. El mundo no puede sino darte las gracias cuando lo liberas de tus ilusiones. Mas tú debes darte las gracias a ti mismo también, pues la liberación del mundo es sólo el reflejo de la tuya propia. Tu gratitud es todo lo que requieren tus regalos para convertirse en la ofrenda duradera de un corazón agradecido, liberado del infierno para siempre. ¿Es esto lo que quieres impedir cuando decides reclamar los regalos que diste porque no se valoraron? Eres tú quien debe valorarlos y dar las debidas gracias, pues eres tú quien los recibió.


4. No importa si otro piensa que tus regalos no tienen ningún valor. Hay una parte en su mente que se une a la tuya para darte las gracias. No importa que tus regalos parezcan haberse desperdiciado y no haber servido de nada. Se reciben allí donde se dan. Mediante tu agradecimiento son aceptados universalmente y el Propio Corazón de Dios los reconoce con gratitud. ¿Se los quitarías cuando Él los ha aceptado con tanto agradecimiento?


5. Dios bendice cada regalo que le haces, y todo regalo se le hace a Él porque sólo te los puedes hacer a ti mismo. Y lo que le pertenece a Dios no puede sino ser tuyo. Pero mientras perdones sólo para volver a atacar, jamás te darás cuenta de que Sus regalos son seguros, eternos, inalterables e ilimitados; siempre dando de sí, extendiendo amor e incrementando tu júbilo.


6. Quita los regalos que has hecho y pensarás que lo que se te ha dado a ti, se te ha quitado. Mas si aprendes a dejar que el perdón desvanezca los pecados que crees ver fuera de ti, jamás podrás pensar que los regalos de Dios son sólo préstamos a corto plazo que Él te arrebatará a la hora de tu muerte. Pues la muerte no tendrá entonces ningún significado para ti.


7. Y con el fin de esta creencia, el miedo se acaba también para siempre. Dale gracias a tu Ser por esto, pues Él sólo le está agradecido a Dios y se da las gracias a Sí Mismo por ti. Cristo aún habrá de venir a todo aquel que vive, pues no hay nadie que no viva y no se mueva en Él. Su Ser descansa seguro en Su Padre porque la Voluntad de Ambos es Una. La gratitud que Ambos sienten por todo lo que han creado es infinita, pues la gratitud sigue siendo parte del amor.


8. Gracias te sean dadas a ti, el santo Hijo de Dios, pues tal como fuiste creado, albergas dentro de tu Ser todas las cosas. Y aún eres tal como Dios te creó. No puedes atenuar la luz de tu perfección. En tu corazón se encuentra el Corazón de Dios Mismo. Él te aprecia porque tú eres Él. Eres digno de toda gratitud por razón de lo que eres.


9. Da gracias según las recibes. No abrigues ningún sentimiento de ingratitud hacia nadie que complete tu Ser. Y nadie está excluido de ese Ser. Da gracias por los incontables canales que extienden ese Ser. Todo lo que haces se le da a Él. Lo único que piensas son Sus Pensamientos, ya que compartes con Él los santos Pensamientos de Dios. Gánate ahora la gratitud que te negaste al olvidar la función que Dios te dio. Pero nunca pienses que Él ha dejado de darte las gracias a ti.


REFLEXIÓN:


Esta lección nos confronta. Siempre hablamos de paz, de amor, de tolerancia y de muchas cosas amables, pero desde un discurso de palabras que se dicen en soledad, o se comparten con otro ser humano que piensa igual que nosotros, pero cuando la vida nos enfrenta con la realidad cotidiana y tenemos que interactuar con personas conflictivas, difíciles, etc., es entonces cuando podemos saber si la lección nos quedó bien aprendida.  Creo que es como si Dios nos dijera: 


“Querido Hijo (a), veo que te queda claro todo, tienes una mente receptiva y ágil, has aprendido todas las lecciones, entonces vamos a hacer la maestría interactuando con tus hermanos…”


Y es ahí cuando cada uno puede decir si está aprobando las asignaturas o va perdiendo el año…  ¿Y qué pasa si nos vemos a nosotros mismos decepcionados porque no pudimos tolerar la ingratitud de ese hermano que llamamos “renegado”? 


Entonces tenemos que respirar profundo y decidir si seguimos este camino sin importar los baches o piedras de tropiezo que se pongan frente a nosotros, o nos damos por vencidos y tomamos el camino de la deserción. Y este último lo he visto, y tristemente las personas que abandonan prefieren decir que es mentira que debemos amar a nuestro “enemigo”, que no debemos tolerar personas “tóxicas”, y que esta enseñanza es para gente que se cree superior.   Esto lo he escuchado en algunos videos de Youtube, por parte de personas que han abandonado UCDM,  porque les sucedió lo que nos dicen hoy:


“Intentas ser amable y perdonar. Pero si no recibes del exterior muestras de gratitud y las debidas gracias, tus intentos se convierten en ataques. Aquel que recibe tus regalos los tiene que recibir con honor o, de lo contrario, se los quitas. Y así, consideras que los dones de Dios son, en el mejor de los casos, préstamos y, en el peor, engaños que menoscaban tus defensas para garantizar que cuando Él dé Su golpe de gracia, éste sea mortal”.


Y ¿por qué hoy precisamente esta idea llamó mi atención? Porque lo estoy viviendo, porque la vida me está confrontando con un hermano que precisamente pone a prueba todo lo que he aprendido hasta el momento, y entonces recuerdo que el modelo de las enseñanzas de UCDM, es Jesús, ya que Él vino a este mundo a dar ejemplo de amor, benevolencia, tolerancia, y de todo lo bueno que un ser humano pueda tener. Y a cambio recibió desprecio, insultos, intolerancia, y violencia hasta la muerte, pero Él jamás esperó que recibieran sus regalos con honor, y por lo tanto no se los quitó a nadie, hasta el punto de que la primera frase que dijo, soportando los dolores de la Cruz, fue:


“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. (Lucas 23:34a) 


Ya nos habían dicho que el camino que conduce a nuestro hogar no es precisamente el más fácil, es el camino de la puerta estrecha del que habla Jesús, y precisamente debemos tener presente que no es con nuestra fuerza que podemos superar los obstáculos, sino con la Gracia que proviene del Hijo de Dios, que es el modelo perfecto a seguir,  pues nos mostró con su propia vida, cómo poder regresar a nuestro hogar después de haber cumplido nuestra misión y propósito en esta tierra.


¡Que sea nuestro compromiso y la Gracia de Dios, lo que nos mantenga firmes para no desertar!


ORACIÓN:


Padre, ilumínanos con la Claridad de Tu Cristo, para que podamos superar los obstáculos que se nos presentan en este hermoso y arduo camino de sanar nuestra mente. Amén.


martes, 15 de julio de 2025

LECCIÓN 196: No es sino a mí mismo a quien crucifico.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Cuando realmente hayas entendido esto, y lo mantengas firmemente en tu conciencia, ya no intentarás hacerte daño ni hacer de tu cuerpo un esclavo de la venganza. No te atacarás a ti mismo y te darás cuenta de que atacar a otro es atacarte a ti mismo. Te liberarás de la creencia demente de que al atacar a tu hermano, tú te salvas. Y comprenderás que su seguridad es la tuya y que al sanar él, tú sanas también.


2. Tal vez no entiendas en un principio cómo es posible que la misericordia, que es ilimitada y envuelve todas las cosas en su segura protección, pueda hallarse en la idea que hoy practicamos. De hecho, esta idea puede parecerte como una señal de que es imposible eludir el castigo, ya que el ego, ante lo que considera una amenaza, no vacila en citar la verdad para salvaguardar sus mentiras. No obstante, es incapaz de entender la verdad que usa de tal manera. Mas tú puedes aprender a detectar estas insensatas maniobras y negar el significado que parecen tener.


3. De esta manera, también le enseñas a tu mente que no eres un ego. Pues las formas con las que el ego procura distorsionar la verdad ya no te seguirán engañando. No creerás que eres un cuerpo que tiene que ser crucificado. Y verás en la idea de hoy la luz de la resurrección, refulgiendo más allá de todos los pensamientos de crucifixión y muerte hasta los de liberación y vida.


4. La idea de hoy es un paso que nos conduce desde el cautiverio al estado de perfecta libertad. Demos este paso hoy, para poder recorrer rápidamente el camino que nos muestra la salvación, dando cada paso en la secuencia señalada, a medida que la mente se va desprendiendo de sus lastres uno por uno. No necesitamos tiempo para esto, sino únicamente estar dispuestos. Pues lo que parece requerir cientos de años puede lograrse fácilmente—por la Gracia de Dios—en un solo instante.


5. El pensamiento desesperante y deprimente de que puedes atacar a otros sin que ello te afecte a ti te ha clavado a la cruz. Tal vez pensaste que era tu salvación. Mas sólo representaba la creencia de que el temor a Dios era real. ¿Y qué es esto sino el infierno? ¿Y quién podría creer que su Padre es su enemigo mortal, que se encuentra separado de él y a la espera para destruir su vida y obliterarlo del universo sin que el miedo al infierno le encoja el corazón?


6. Tal es la forma de locura en la que crees si aceptas el temible pensamiento de que puedes atacar a otro y tú quedar libre. Hasta que esta forma de locura no cambie, no habrá esperanza alguna. Hasta que no te des cuenta de que, al menos, ese temible pensamiento de que puedes atacar a otro y tú quedar libre tiene que ser completamente imposible, ¿cómo podrá haber escapatoria? El temor a Dios es real para todo aquel que piensa que ese pensamiento es verdad. Y no percibirá su insensatez, y ni siquiera se dará cuenta de que lo abriga, lo cual le permitiría cuestionarlo.


7. Pero incluso para cuestionarlo, su forma tiene primero que cambiar lo suficiente como para que el miedo a las represalias disminuya y la responsabilidad vuelva en cierta medida a recaer sobre ti. A partir de ahí podrás cuando menos considerar si quieres o no seguir adelante por ese doloroso sendero. Pero mientras este cambio no tenga lugar, no podrás percibir que son únicamente tus pensamientos los que te hacen caer presa del miedo y que tu liberación depende de ti.


8. Si hoy das este paso, los que siguen te resultarán más fáciles. Desde ahí avanzaremos rápidamente, pues una vez que entiendas que nada, salvo tus propios pensamientos, te puede hacer daño, el temor a Dios no podrá sino desaparecer. No podrás seguir creyendo entonces que la causa del miedo se encuentra fuera de ti. Y podrás acoger de nuevo a Dios—a Quien habías pensado desterrar—en la santa mente que Él nunca abandonó.


9. El canto de la salvación puede ciertamente oírse en la idea que practicamos hoy. Si es únicamente a ti mismo a quien crucificas, no le has hecho nada al mundo y, por lo tanto, no tienes que temer su venganza ni su persecución. Tampoco es necesario que te escondas lleno de terror del miedo mortal a Dios que la proyección oculta tras de sí. Lo que más pavor te da es tu salvación. Eres fuerte, y es fortaleza lo que deseas. Eres libre, y te regocijas de ello. Has procurado ser débil y estar cautivo porque tenías miedo de tu fortaleza y de tu libertad. Sin embargo, tu salvación radica en ellas.


10. Hay un instante en que el terror parece apoderarse de tu mente de tal manera que no parece haber la más mínima esperanza de que puedas escapar. Cuando te das cuenta, de una vez por todas, de que es a ti mismo a quien temes, la mente se percibe a sí misma dividida. Esto se había mantenido oculto mientras creías que el ataque podía lanzarse fuera de ti y que éste podía devolvérsete desde afuera. Parecía ser un enemigo externo al que tenías que temer. Y de esta manera, un dios externo a ti se convirtió en tu enemigo mortal y en la fuente del miedo.


11. Y ahora, por un instante, percibes dentro de ti a un asesino que ansía tu muerte y que está comprometido a maquinar castigos contra ti hasta el momento en que por fin pueda acabar contigo. Sin embargo, es en ese mismo instante en el que llega la salvación. Pues ya no tienes miedo de Dios. Y, por consiguiente, puedes apelar a Él para que te salve de las ilusiones por medio de Su Amor, llamándolo Padre y llamándote a ti mismo Su Hijo. Reza para que este instante llegue pronto, hoy mismo. Aléjate del miedo y dirígete al amor.


12. No hay un solo Pensamiento de Dios que no vaya contigo para ayudarte a alcanzar ese instante e ir más allá de él velozmente, con certeza y para siempre. Cuando el temor a Dios desaparece, no queda obstáculo alguno entre la santa Paz de Dios y tú. ¡Cuán benévola y misericordiosa es la idea que hoy practicamos! Acógela gustosamente, como debieras, pues es tu liberación. Es a ti a quien tu mente trata de crucificar. Pero tu redención también procederá de ti.


REFLEXIÓN:


Sólo por la Gracia de Dios, en un sólo instante podemos cambiar nuestra vida. Si luchamos contra algo o contra alguien, aparece el tiempo para mostrarnos que estamos atrapados en la insensatez de  los recuerdos pasados, o en la insensatez de lo que aún no existe, y es cuando el tiempo se eterniza, y junto a él, el sufrimiento.


En verdad son únicamente nuestros pensamientos los que nos hacen daño, y nos “hacen caer presa del miedo”, y eso corrobora lo que nos dicen hoy: “No es sino a mí mismo a quien crucifico”. Y si nadie fuera de mí me causa dolor, entonces sí que es cierto que el liberarme está en mis manos. 


¿Cómo me libero? Me alejo del miedo, no le permito dominar mi vida, no importa lo que esté sucediendo: dolor, enfermedad, conflicto, etc.  Si aparecen algunas de estas emociones, o una persona que “aparentemente” me saca de mi centro, entonces no ataco, no respondo,  simplemente me acojo al amor, que es lo único que neutraliza al miedo, y en ese instante Dios se hará presente de la manera que cada quien lo necesite. Y no es cobardía, es que más bien nos acogemos a la ¡Gracia de Dios!


ORACIÓN:


Padre, que Tu Gracia me libere de mis emociones reactivas que me hacen estar a la defensiva.  Renuncio al ataque y elijo la paz porque de lo contrario es a mí mismo a quien crucifico.  Me acojo a tu bendición. Amén.

lunes, 14 de julio de 2025

LECCIÓN 195: El amor es el camino que recorro con gratitud.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Para aquellos que contemplan el mundo desde una perspectiva errónea, la gratitud es una lección muy difícil de aprender. Lo máximo que pueden hacer es considerar que están en mejor situación que los demás. Y tratan de contentarse porque hay otros que aparentemente sufren más que ellos. ¡Cuán tristes y lamentables son semejantes pensamientos! Pues ¿quién puede tener motivos para sentirse agradecido si otros no los tienen? ¿Y quién iba a sufrir menos porque ve que otro sufre más? Debes estarle agradecido únicamente a Aquel que hizo desaparecer todo motivo de sufrimiento del mundo.


2. Es absurdo dar gracias por el sufrimiento. Pero es igualmente absurdo no estarle agradecido a Uno que te ofrece los medios por los cuales todo dolor se cura y todo sufrimiento queda reemplazado por risa y felicidad. Ni siquiera los que están parcialmente cuerdos podrían negarse a dar los pasos que Él indica, ni dejar de seguir el camino que les señala a fin de escapar de una prisión que creían que no tenía salida a la libertad que ahora perciben.


3. Tu hermano es tu “enemigo” porque lo ves como el rival de tu paz: el saqueador que te roba tu dicha y no te deja nada salvo una negra desesperación, tan amarga e implacable que acaba con toda esperanza. Lo único que puedes desear ahora es la venganza. Lo único que puedes hacer ahora es tratar de arrastrarlo a la muerte junto contigo, para que sea tan impotente como tú y para que en sus ambiciosas manos quede tan poco como en las tuyas.


4. No le das gracias a Dios porque tu hermano esté más esclavizado que tú, ni tampoco podrías, en tu sano juicio, enfadarte si él parece ser más libre que tú. El amor no hace comparaciones. Y la gratitud sólo puede ser sincera si va acompañada de amor. Le damos gracias a Dios nuestro Padre porque en nosotros todas las cosas encontrarán su libertad. Es imposible que algunas puedan liberarse mientras otras permanecen cautivas, pues ¿quién puede regatear en nombre del amor?


5. Da gracias, por lo tanto, pero con sinceridad. Y deja que en tu gratitud haya cabida para todos los que se han de escapar contigo: los enfermos, los débiles, los necesitados y los temerosos, así como los que se lamentan de lo que parece ser una pérdida o sufren de un aparente dolor; los que pasan frío o hambre y los que caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. Todos ellos te acompañan. No nos comparemos con ellos, pues al hacer eso los separamos en nuestra conciencia de la unidad que compartimos con ellos y que ellos no pueden sino compartir con nosotros también.


6. Damos gracias a nuestro Padre sólo por una cosa: porque no estamos separados de ningún ser vivo y que, por lo tanto, somos uno con él. Y nos regocijamos de que jamás puedan hacerse excepciones que menoscaben nuestra completitud o inhiban o alteren en modo alguno nuestra función de completar a Aquel que es en Sí Mismo la Compleción. Damos gracias por todos los seres vivos, pues, de otra manera, no estaríamos dando gracias en absoluto y estaríamos dejando de reconocer los dones que Dios nos ha dado.


7. Así pues, permitamos que nuestros hermanos reclinen su fatigada cabeza sobre nuestros hombros mientras descansan por un rato. Damos gracias por ellos. Pues si podemos dirigirlos a la paz que nosotros mismos queremos encontrar, el camino quedará por fin libre y despejado para nosotros. Una puerta ancestral vuelve a girar libremente; una Palabra—hace tiempo olvidada—resuena de nuevo en nuestra memoria y cobra mayor claridad al estar dispuestos a volver a escuchar.


8. Recorre, pues, con gratitud el camino del amor. Pues olvidamos el odio cuando dejamos a un lado las comparaciones. ¿Qué podría ser entonces un obstáculo para la paz? El temor a Dios por fin es obliterado y perdonamos sin hacer comparaciones. Y así, no podemos elegir pasar por alto sólo ciertas cosas, mientras retenemos bajo llave otras que consideramos “pecados”. Cuando tu perdón sea total tu gratitud lo será también, pues te darás cuenta de que todas las cosas se han ganado el derecho a ser amadas por ser amorosas, incluido tu propio Ser.


9. Hoy aprendemos a pensar con gratitud en vez de con ira, malicia y venganza. Se nos ha dado todo. Si nos negamos a reconocer esto, no tenemos el derecho a sentirnos amargados o a percibirnos como que estamos en un lugar donde se nos persigue despiadadamente y se nos hostiga sin cesar, o donde se nos atropella sin la menor consideración por nosotros o por nuestro futuro. La gratitud se convierte en el único pensamiento con el que substituimos estas percepciones descabelladas. Dios ha cuidado de nosotros y nos llama Su Hijo. 6¿Puede haber algo más grande que eso?


10. Nuestra gratitud allanará el camino que nos conduce a Él y acortará la duración de nuestro aprendizaje mucho más de lo que nunca podrías haber soñado. La gratitud y el amor van de la mano, y allí donde uno de ellos se encuentra, el otro no puede sino estar también. Pues la gratitud no es sino un aspecto del Amor que es la Fuente de toda la Creación. Dios te da las gracias a ti, Su Hijo, por ser lo que eres: Su Propia compleción y la Fuente del Amor junto con Él. Tu gratitud hacia Él es la misma que la Suya hacia ti. Pues el amor no puede recorrer ningún camino que no sea el de la gratitud, y ése es el camino que recorremos los que nos encaminamos hacia Dios.


ORACIÓN:


“El amor es el camino que recorro con gratitud”, y permito que mi hermano recline “su fatigada cabeza” sobre mis hombros para que descanse de sus cargas, angustias y dolores. Lo honro porque me honro, lo amo porque me amo, lo acepto porque me acepto, y a través de él encuentro mi salvación.


Recorro gratamente el camino del amor porque no llevo el peso del odio y eso me hace liviano y feliz. Agradezco a mi Padre por hacerme un instrumento de su Amor y por haberme elegido para completar la Salvación del Mundo.


Padre, te doy gracias por mis hermanos que están sanos, fuertes, prósperos, valientes, resilientes, abundantes, amorosos, al igual que yo. No estamos separados porque todos somos Unidad, creados a Tu Imagen y Semejanza. 


¡Qué Tu Paz nos cobije! 


AMÉN.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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