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domingo, 21 de diciembre de 2025

LECCIÓN 355: La paz, la dicha y los milagros que otorgaré cuando acepte la Palabra de Dios son ilimitados. ¿Por qué no aceptarla hoy?



1. ¿Por qué debo esperar, Padre mío, para recibir la dicha que me prometiste? Pues mantendrás la Palabra que le diste a Tu Hijo en el exilio. Estoy seguro de que mi tesoro me aguarda y de que sólo tengo que extender la mano para encontrarlo. Incluso ahora mismo mis dedos ya lo están tocando. Está muy cerca. No necesito esperar ni un instante más para estar en paz para siempre. Es a Ti a Quien elijo, y a mi Identidad junto Contigo. Tu Hijo quiere ser Quien Él es, y conocerte como su Padre, Su Creador y su Amor.


ORACIÓN:


Acepto hoy la Palabra de Dios para que se manifiesten en mí la paz, la dicha y los milagros, y pueda otorgar esos dones a mis hermanos. Y en esa serenidad que recibo del Padre, mis manos se extienden y entro en comunión con Aquel que es mi Pensamiento, y me es dado el tesoro de la paz. 


Elegí el camino correcto, y se me devolvió mi Identidad de manos de Aquel que  “mora inmutable para siempre en la Mente de Dios”.


¡Qué hoy Cristo permanezca “en paz en el Cielo” de mi mente santa, porque “es el vínculo” que me mantiene “uno con Dios”.


Amén.



Lecturas complementarias:


SEGUNDA PARTE: Introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segunda-parte-introduccion.html


14. ¿Qué soy?

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/14-que-soy.html


viernes, 14 de febrero de 2025

LECCIÓN 45: Dios es la Mente con la que pienso.



1. La idea de hoy es la llave que te dará acceso a tus pensamientos reales, los cuales no tienen nada que ver con lo que crees que piensas, de la misma manera en que nada de lo que piensas que ves guarda relación alguna con la visión. No existe ninguna relación entre lo que es real y lo que tú crees que es real. Ni uno solo de los que según tú son tus pensamientos reales se parece en modo alguno a tus pensamientos reales. Nada de lo que crees que ves guarda semejanza alguna con lo que la visión te mostrará.


2. Piensas con la Mente de Dios. Por lo tanto, compartes tus pensamientos con Él, de la misma forma en que Él comparte los Suyos contigo. Son los mismos pensamientos porque los piensa la misma Mente. Compartir es hacer de manera semejante o hacer lo mismo. Los pensamientos que piensas con la Mente de Dios no abandonan tu mente porque los pensamientos no abandonan su fuente. Por consiguiente, tus pensamientos están en la Mente de Dios, al igual que tú. Están en tu mente también, donde Él está. Tal como tú eres parte de Su Mente, así también tus pensamientos son parte de Su Mente.


3. ¿Dónde están, entonces, tus pensamientos reales? Hoy intentaremos llegar a ellos. Tendremos que buscarlos en tu mente porque ahí es donde se encuentran. Aún tienen que estar ahí, ya que no pueden haber abandonado su fuente. Lo que la Mente de Dios ha pensado es eterno, al ser parte de la Creación.


4. Nuestras tres sesiones de práctica de hoy, de cinco minutos cada una, seguirán el mismo modelo general que usamos al aplicar la idea de ayer. Intentaremos abandonar lo irreal y buscar lo real. Negaremos el mundo en favor de la verdad. No permitiremos que los pensamientos del mundo nos detengan. No dejaremos que las creencias del mundo nos digan que lo que Dios quiere que hagamos es imposible. En lugar de ello, trataremos de reconocer que sólo aquello que Dios quiere que hagamos es posible.


5. Trataremos asimismo de comprender que sólo lo que Dios quiere que hagamos es lo que nosotros queremos hacer. Y también trataremos de recordar que no podemos fracasar al hacer lo que Él quiere que hagamos. Tenemos hoy todas las razones del mundo para sentirnos seguros de que vamos a triunfar, pues ésa es la Voluntad de Dios.


6. Comienza los ejercicios de hoy repitiendo la idea para tus adentros, al mismo tiempo que cierras los ojos. Luego dedica unos cuantos minutos a pensar en ideas afines que procedan de ti, mientras mantienes la idea presente en tu mente. Una vez que hayas añadido cuatro o cinco de tus pensamientos a la idea, repite ésta otra vez mientras te dices a ti mismo suavemente:


Mis pensamientos reales están en mi mente.

Quiero encontrarlos.


Trata luego de ir más allá de todos los pensamientos irreales que cubren la verdad en tu mente y de llegar a lo eterno.


7. Debajo de todos los pensamientos insensatos e ideas descabelladas con las que has abarrotado tu mente, se encuentran los pensamientos que pensaste con Dios en el principio. Están ahí en tu mente, ahora mismo, completamente inalterados. Siempre estarán en tu mente, tal como siempre lo han estado. Todo lo que has pensado desde entonces cambiará, pero los cimientos sobre los que eso descansa son absolutamente inmutables.


8. Hacia esos cimientos es adonde apuntan los ejercicios de hoy. Ahí es donde tu mente está unida a la Mente de Dios. Ahí es donde tus pensamientos son uno con los Suyos. Para este tipo de práctica sólo se necesita una cosa: que tu actitud al llevarla a cabo sea la misma que tendrías ante un altar consagrado en el Cielo a Dios el Padre y a Dios el Hijo. Pues tal es el lugar al que estás intentando llegar. Probablemente no puedes darte cuenta todavía de cuán alto estás intentando elevarte. Sin embargo, aun con el poco entendimiento que has adquirido hasta la fecha, deberías ser capaz de recordarte a ti mismo que esto no es un juego fútil, sino un ejercicio de santidad y un intento de alcanzar el Reino de los Cielos.


9. En las sesiones de práctica cortas de hoy, trata de recordar cuán importante es para ti comprender la santidad de la mente que piensa con Dios. Mientras repites la idea a lo largo del día, dedica uno o dos minutos a apreciar la santidad de tu mente. Deja a un lado, aunque sea brevemente, todos los pensamientos que son indignos de Aquél de Quien eres anfitrión. Y dale gracias por los pensamientos que Él está pensando contigo.


REFLEXIÓN:


“Debajo de todos los pensamientos insensatos e ideas descabelladas con las que has abarrotado tu mente, se encuentran los pensamientos que pensaste con Dios en el principio.”


Lo primero que vino a mi mente al leer esto fue:  ¿qué ha causado que los pensamientos que he pensado con Dios estén escondidos? Si están en mi mente inalterados ¿cómo los recupero? Sí, siempre me hago preguntas, porque un día escuché que en este vasto universo ninguna pregunta que se haga queda sin responder.  Y pareciera que esta última pregunta se responde con los ejercicios que nos plantean hoy,  pero la primera es más difícil de responder porque pueden ser muchas las causas de que los pensamientos que hemos pensado con Dios estén escondidos. Al menos ya sabemos que Dios es la mente con la que pensamos, pero aún creemos que lo que pensamos es “real”, y esa pseudorealidad nada tiene que ver con lo que “pensamos con Dios”. Es un poco confuso si se racionaliza demasiado, y por eso hoy nos piden que cuando hagamos los ejercicios nuestra actitud sea la misma que tendríamos “ante un altar consagrado en el Cielo a Dios el Padre y a Dios el Hijo.”. Sí, es la misma actitud que tendría un niño si su padre le dice que lo que está haciendo y mirando es sagrado. Entonces:  cierro los ojos  y busco a Dios en la soledad de mis pensamientos porque “Mis pensamientos reales están en mi mente… Quiero encontrarlos.”.  No hay juicios, no espero resultados,  sólo creo.


ORACIÓN: 


Padre, cierro los ojos e intento buscarte muy dentro de mí. Sé que he creado irrealidades con mis pensamientos, pero en mi interior yacen los pensamientos  inalterados que pensé desde el principio a Tu lado. Suelto mis miedos y me abro a Tu encuentro en un intento de alcanzar Tu Reino. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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