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viernes, 11 de julio de 2025

LECCIÓN 192: Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. La santa Voluntad de tu Padre es que tú Lo completes y que tu Ser sea Su Hijo sagrado, por siempre puro como Él, creado por el Amor y en Él preservado, extendiendo Amor y creando en Su Nombre, por siempre Uno con Dios y con tu Ser. Mas ¿qué sentido puede tener tal función en un mundo de envidia, odio y ataque?


2. Tienes, por lo tanto, una función en el mundo de acuerdo con sus propias normas. Pues ¿quién podría entender un lenguaje que está mucho más allá de lo que buenamente puede entender? El perdón es tu función aquí. No es algo que Dios haya creado, ya que es el medio por el que se puede des-hacer lo que no es verdad. Pues ¿qué necesidad tiene el Cielo de perdón? En la tierra, no obstante, tienes necesidad de los medios que te ayudan a abandonar las ilusiones. La Creación aguarda tu regreso simplemente para ser reconocida, no para ser íntegra.


3. Lo que la Creación es no puede ni siquiera concebirse en el mundo. No tiene significado aquí. El perdón es lo que más se Le asemeja aquí en la tierra. Pues al haber nacido en el Cielo, carece de forma. Dios, sin embargo, creó a Uno con el poder de traducir a formas lo que no tiene forma en absoluto. Él es un hacedor de sueños, pero de una clase tan similar al acto de despertar que la luz del día ya refulge en ellos, y los ojos que ya empiezan a abrirse contemplan los felices panoramas que esos sueños les ofrecen.


4. El perdón contempla dulcemente todas las cosas que son desconocidas en el Cielo, las ve desaparecer y deja al mundo como una pizarra limpia y sin marcas en la que la Palabra de Dios puede ahora reemplazar a los absurdos símbolos que antes estaban escritos allí. El perdón es el medio por el que se supera el miedo a la muerte, pues ésta deja de ejercer su poderosa atracción y la culpa desaparece. El perdón permite que el cuerpo sea percibido como lo que es: un simple recurso de enseñanza del que se prescinde cuando el aprendizaje haya terminado, pero que es incapaz de efectuar cambio alguno en el que aprende.


5. Sin el cuerpo, la mente no puede cometer errores. No puede pensar que va a morir o ser víctima de ataques despiadados. La ira se ha vuelto imposible. a¿Dónde está el terror ahora? ¿Qué temores podrían aún acosar a los que se han desprendido de la fuente de todo ataque, el núcleo de la angustia y la sede del temor? Sólo el perdón puede liberar a la mente de la idea de que el cuerpo es su hogar. Sólo el perdón puede restituir paz que Dios dispuso para Su santo Hijo. Sólo el perdón puede persuadir al Hijo para que contemple de nuevo su santidad.


6. Una vez que la ira haya desaparecido, podrás percibir que a cambio de la visión de Cristo y del don de ver no se te pidió sacrificio alguno y que lo único que ocurrió fue que una mente enferma y atormentada se liberó de su dolor. ¿Es esto indeseable? ¿Es algo a lo que hay que tenerle miedo? ¿O bien es algo que se debe anhelar, recibir con gratitud y aceptar jubilosamente? Somos uno, por lo tanto, no renunciamos a nada. Y Dios ciertamente nos ha dado todo.


7. No obstante, necesitamos el perdón para percibir que esto es así. Sin su benévola luz, andamos a tientas en la obscuridad usando la razón únicamente para justificar nuestra furia y nuestros ataques. Nuestro entendimiento es tan limitado que aquello que creemos comprender no es más que confusión nacida del error. Nos encontramos perdidos en las brumas de sueños cambiantes y pensamientos temibles, con los ojos herméticamente cerrados para no ver la luz y las mentes ocupadas en rendir culto a lo que no está ahí.


8. ¿Quién puede nacer de nuevo en Cristo sino aquel que ha perdonado a todo el que ve o a aquellos en los que piensa o se imagina? ¿Quién que mantenga a otro prisionero puede ser liberado? Un carcelero no puede ser libre, pues se encuentra atado al que tiene preso. Tiene que asegurarse de que no escape, y así, pasa su tiempo vigilándolo. Y los barrotes que mantienen cautivo al preso se convierten en el mundo en el que su carcelero vive allí con él. Sin embargo, de la liberación del preso depende que el camino de la libertad quede despejado para los dos.


9. Por lo tanto, no mantengas a nadie prisionero. Libera en vez de aprisionar, pues de esa manera te liberas tú. Los pasos a seguir son muy sencillos. Cada vez que sientas una punzada de cólera, reconoce que sostienes una espada sobre tu cabeza. Y ésta te atravesará o no, dependiendo de si eliges estar condenado o ser libre. Así pues, todo aquel que aparentemente te tienta a volverte iracundo representa al que te ha de salvar de la prisión de la muerte. Por lo tanto, debes estarle agradecido en lugar de querer infligirle dolor.


10. Sé misericordioso hoy. El Hijo de Dios es digno de tu misericordia. Él es quien te pide que aceptes ahora el camino de la libertad. No te niegues a ello. El Amor que su Padre le profesa te lo profesa a ti también. Tu única función aquí en la tierra es perdonarlo, para que puedas volver a aceptarlo como tu Identidad. Él es tal como Dios lo creó. Y tú eres lo que él es. Perdónale ahora sus pecados y verás que eres uno con él.


REFLEXIÓN:


“Tengo una función que Dios quiere que desempeñe”, y esa función es el perdón, que aunque no lo ha creado Dios, “es el medio por el que se puede des-hacer lo que no es verdad” en la tierra, porque el Cielo no tiene necesidad de perdón. Y el “perdón” como función es el instrumento de la liberación:


  • Libera a la mente de la idea de que el cuerpo es su hogar.

  • Restituye la paz que Dios dispuso para su santo Hijo.

  • Persuade al Hijo para que contemple de nuevo su santidad.


Sin la benévola luz del perdón, “andamos a tientas en la obscuridad usando la razón únicamente para justificar nuestra furia y nuestros ataques”. Pero al perdonar nacemos de nuevo en Cristo, y su misericordia se hace presente en nosotros.


ORACIÓN:


Padre, al reconocer que sin el cuerpo la mente no puede cometer errores, no puede pensar que va a morir, y la ira se hace imposible, me aferro a la verdad de que “Soy Espíritu”, porque quiero contemplar de nuevo mi santidad. ¡Que Tu misericordia sea la fuerza que me impulse para reconocer quién Soy! Amén.


jueves, 10 de julio de 2025

LECCIÓN 191: Soy el santo Hijo de Dios Mismo.



*Introducción a las lecciones 181-200:

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1. He aquí la declaración de tu liberación de las cadenas del mundo. Y he aquí asimismo la liberación del mundo entero. No te das cuenta de lo que has hecho al asignar al mundo el papel de carcelero del Hijo de Dios. ¿Qué podría ser entonces sino un mundo depravado y temeroso, amedrentado por las sombras, vengativo y salvaje, desprovisto de razón, ciego y enajenado por el odio?


2. ¿Qué has hecho para que ése sea tu mundo? ¿Qué has hecho para que sea eso lo que ves? Niega tu Identidad y ése es el resultado. Contemplas el caos y proclamas que eso es lo que eres. No ves nada que no dé testimonio de ello. No hay sonido que no te hable de la flaqueza que hay dentro y fuera de ti; ni aliento que respires que no parezca acercarte más a la muerte; ni esperanza que alientes que no haya de acabar en llanto.


3. Niega tu verdadera identidad y no podrás escaparte de la locura que provocó este extraño, antinatural y fantasmal pensamiento que se burla de la Creación y se ríe de Dios. Niega tu verdadera identidad y te enfrentas al universo solo, sin ningún amigo, como una diminuta mota de polvo contra legiones de enemigos. Niega tu verdadera identidad y contemplarás la maldad, el pecado y la muerte; y verás la desesperanza arrebatarte de las manos todo vestigio de esperanza, dejándote solamente con ansias de morir.


4. Sin embargo, ¿qué podría ser esto sino un juego en el que puedes negar tu Identidad? Eres tal como Dios te creó. Creer cualquier otra cosa es absurdo. Con este solo pensamiento todo el mundo se libera. Con esta sola verdad desaparecen todas las ilusiones. Con este solo hecho se proclama que la impecabilidad es eternamente parte integral de todo, el núcleo central de su existencia y la garantía de su inmortalidad.


5. Deja que la idea de hoy encuentre un lugar entre tus pensamientos, y te habrás elevado muy por encima del mundo, así como por encima de todos los pensamientos mundanos que lo mantienen prisionero. Y desde este lugar de seguridad y escape retornarás a él y lo liberarás. Pues aquel que puede aceptar su verdadera identidad realmente se salva. Y su salvación es el regalo que les hace a todos como muestra de gratitud hacia Aquel que le mostró el camino a la felicidad que cambió toda su perspectiva acerca del mundo.


6. Basta con un solo pensamiento santo como éste y te liberas: eres el santo Hijo de Dios Mismo. Y con este pensamiento santo comprendes asimismo que has liberado al mundo. No tienes necesidad de usarlo cruelmente, y luego percibir esa misma necesidad feroz en él. Lo liberas de tu aprisionamiento. No verás una imagen devastadora de ti mismo vagando por el mundo llena de terror mientras éste se retuerce en agonía porque tus miedos han dejado impreso en su corazón el sello de la muerte.


7. Alégrate hoy de cuán fácilmente se des-hace el infierno. No necesitas más que decirte a ti mismo:


Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida.


Y con ese pensamiento todo lo que contemples cambiará por completo.


8. Un milagro ha iluminado todas las lúgubres y viejas cavernas en las que los ritos de la muerte reverberaban desde los orígenes del tiempo, pues éste ya no tiene dominio sobre el mundo. El Hijo de Dios ha venido lleno de gloria a redimir a los que estaban perdidos, a salvar a los desvalidos y a darle al mundo el regalo de su perdón. ¿Quién podría ver el mundo como un lugar siniestro y pecaminoso cuando el Hijo de Dios por fin ha venido nuevamente para liberarlo?


9. Tú que te percibes a ti mismo como débil y frágil, lleno de vanas esperanzas y de anhelos frustrados; nacido sólo para morir, llorar y padecer, escucha esto: se te ha dado todo poder en la tierra y en el Cielo. No hay nada que no puedas hacer. Estás jugando al juego de la muerte, al de ser impotente, al de estar lamentablemente encadenado a la disolución en un mundo que no tiene misericordia contigo. No obstante, cuando tengas misericordia con él, su misericordia resplandecerá sobre ti.


10. Deja entonces que el Hijo de Dios despierte de su sueño y, que al abrir sus ojos santos, regrese para bendecir el mundo que él mismo fabricó. Ese mundo dio comienzo como resultado de un error, pero acabará en el reflejo de la santidad del Hijo de Dios. Y éste dejará de dormir y de soñar con la muerte. Únete a mí hoy. Tu gloria es la luz que salva al mundo. No sigas negándote a conceder la salvación. Contempla el mundo que te rodea y observa el sufrimiento que se abate sobre él. ¿No está acaso tu corazón dispuesto a llevar descanso a tus fatigados hermanos?


11. Ellos tienen que esperar hasta que tú te liberes. Permanecen encadenados hasta que tú seas libre. No pueden ver la misericordia del mundo hasta que tú la encuentres en ti mismo. Sufren hasta que tú niegues que el dolor te atenaza. Mueren hasta que tú aceptes tu propia vida eterna. Eres el santo Hijo de Dios Mismo. Recuerda esto y el mundo entero se libera. Recuerda esto y la tierra y el Cielo son uno.


REFLEXIÓN:


Hoy podemos responder las  preguntas que nos hacen para poder entender por qué estamos atados a las cadenas del mundo:


“¿Qué has hecho para que ése sea tu mundo? ¿Qué has hecho para que sea eso lo que ves?” Negar mi identidad, verme como un cuerpo y a mis hermanos también. Creer en la fragilidad de lo que se desintegra con el paso del tiempo y sentir miedo de la pérdida. Creer en la separación y hacer parte de ella, pues al juzgar a mis hermanos, me juzgo a mí mismo, y me condeno junto con ellos. 


Pero cuando acepto que “Soy el santo Hijo de Dios Mismo”, no sólo reconozco mi Fuente, sino a toda Su Creación.  Y no basta con tener el pensamiento de creerlo, sino que debemos recordar que al invocar la Gracia de Dios, ésta se hace presente porque la Gracia no es otro que su Amado Hijo, que es nuestro modelo a seguir, y quien es Fuente de Salvación  y Liberación para quien cree en Él, y que hoy, amorosamente, nos pide que lo sigamos no sólo por nosotros sino por nuestros hermanos:


“Únete a mí hoy. Tu gloria es la luz que salva al mundo. No sigas negándote a conceder la salvación. Contempla el mundo que te rodea y observa el sufrimiento que se abate sobre él. ¿No está acaso tu corazón dispuesto a llevar descanso a tus fatigados hermanos?”.


Tanta confianza nos tiene que nos pide unirnos a Él, que es el Todopoderoso por excelencia. Es un honor que no debemos despreciar, y sí Él  confía en nosotros, ¿quiénes somos nosotros para desconfiar de sí mismos? ¡Eso es soberbia! Ya nos lo han dicho. Entonces, aún a pesar de nuestro dolor, sufrimiento, pérdida, angustia, apatía, equivocaciones, digámosle que sí, porque “el mundo entero se libera”.


ORACIÓN:


Padre, hoy proclamo que “Soy el santo Hijo de Dios Mismo. No puedo sufrir ni sentir dolor; no puedo sufrir pérdidas ni dejar de hacer todo lo que la salvación me pida”. Amén.

miércoles, 9 de julio de 2025

LECCIÓN 190: Elijo el Júbilo de Dios en lugar del dolor.



*Introducción a las lecciones 181-200:

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1. El dolor es una perspectiva errónea. Cuando se experimenta en cualquier forma que sea, es señal de que nos hemos engañado a nosotros mismos. El dolor no es un hecho en absoluto. Sea cual sea la forma que adopte, desaparece una vez que se percibe correctamente. Pues el dolor proclama que Dios es cruel. ¿Cómo podría entonces ser real en cualquiera de las formas que adopta? El dolor da testimonio del odio que Dios el Padre le tiene a Su Hijo, de la pecaminosidad que ve en él y de Su demente deseo de venganza y de muerte.


2. ¿Es posible acaso dar fe de semejantes proyecciones? ¿Qué podrían ser sino falsedades? El dolor no es sino un testigo de los errores del Hijo con respecto a lo que él cree ser. Es un sueño de una encarnizada represalia por un crimen que no pudo haberse cometido; por un ataque contra lo que es completamente inexpugnable. Es una pesadilla de que hemos sido abandonados por el Amor Eterno, el Cual nunca habría podido abandonar al Hijo que creó como fruto de Su Amor.


3. El dolor es señal de que las ilusiones reinan en lugar de la verdad. Demuestra que Dios ha sido negado, confundido con el miedo, percibido como demente y considerado como un traidor a Sí Mismo. Si Dios es real, el dolor no existe. Mas si el dolor es real, entonces es Dios Quien no existe. Pues la venganza no forma parte del amor. Y el miedo, negando el amor y valiéndose del dolor para probar que Dios está muerto, ha demostrado que la muerte ha triunfado sobre la vida y que el cuerpo es el Hijo de Dios, corruptible en la muerte y tan mortal como el Padre al que ha asesinado.


4. ¡Que la paz ponga fin a semejantes necedades! Ha llegado el momento de reírse de ideas tan absurdas. No es necesario pensar en ellas como si fueran crímenes atroces o pecados secretos de graves consecuencias. ¿Quién sino un loco podría pensar que son la causa de algo? Su testigo, el dolor, es tan demente como ellas, y no se debe tener más miedo de él que de las dementes ilusiones a las que ampara y que trata de demostrar que tienen que seguir siendo necesariamente verdaderas.


5. Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte. Eres tú el que tiene el poder de dominar todas las cosas que ves reconociendo simplemente lo que eres. Conforme percibas su inocuidad, ellas aceptarán como suya tu santa voluntad. Y lo que antes inspiraba miedo se convierte ahora en una fuente de inocencia y santidad.


6. Santo hermano mío, piensa en esto por un momento: el mundo que ves no hace nada. No tiene efectos. No es otra cosa que la representación de tus pensamientos. Y será completamente distinto cuando elijas cambiar de parecer y decidas que lo que realmente deseas es el Júbilo de Dios. Tu Ser se alza radiante en este santo júbilo, inalterado e inalterable por siempre y para siempre. ¿Le negarías a un pequeño rincón de tu mente su propia herencia, conservándolo como hospital para el dolor, como un lugar enfermizo a donde todo ser vivo tiene que venir finalmente a morir?


7. Tal vez parezca que el mundo te causa dolor. Sin embargo, al no tener causa, no tiene el poder de ser la causa de nada. Al ser un efecto, no puede producir efectos. Al ser una ilusión, es lo que tú deseas que sea. Tus vanos deseos constituyen sus pesares. Tus extraños anhelos dan lugar a sus sueños de maldad. Tus pensamientos de muerte lo envuelven en el miedo, mientras que en tu benévolo perdón halla vida.


8. El dolor es la forma en la que se manifiesta el pensamiento del mal, causando estragos en tu santa mente. El dolor es el rescate que gustosamente has pagado para no ser libre. En el dolor se le niega a Dios el Hijo que Él ama. En el dolor el miedo parece triunfar sobre el amor y el tiempo reemplazar a la eternidad y al Cielo. Y el mundo se convierte en un lugar amargo y cruel, donde reina el pesar y donde los pequeños gozos sucumben ante la embestida del brutal dolor que está al acecho para trocar toda alegría en sufrimiento.


9. Depón tus armas y ven sin ninguna defensa al sereno lugar donde por fin la paz del Cielo envuelve todas las cosas en la quietud. Abandona todo pensamiento de miedo y de peligro. No permitas que el ataque entre contigo. Depón la cruel espada del juicio que esgrimes contra tu propio cuello y deja a un lado las devastadoras acometidas con las que procuras ocultar tu santidad.


10. Así entenderás que el dolor no existe. Así el Júbilo de Dios se vuelve tuyo. Éste es el día en que te es dado comprender plenamente la lección que encierra dentro de sí todo el poder de la salvación: el dolor es una ilusión; el júbilo es real. El dolor es dormir; el júbilo, despertar. El dolor es un engaño y sólo el júbilo es verdad.


11. Por lo tanto, volvemos nuevamente a optar por la única alternativa que se puede elegir, ya que sólo elegimos entre las ilusiones y la verdad, entre el dolor y el júbilo, entre el infierno y el Cielo. Que la gratitud hacia nuestro Maestro inunde nuestros corazones, pues somos libres de elegir nuestro júbilo en vez de dolor, nuestra santidad en vez de pecado, la Paz de Dios en vez de conflicto y la luz del Cielo en lugar de las tinieblas del mundo.


REFLEXIÓN:


Cuando me dicen que puedo elegir el “Júbilo de Dios en lugar del dolor”, es una forma de recordarme que si estoy en el dolor es porque cometí el error de “creer ser” lo que no soy, y de que las ilusiones ocuparon el lugar de la verdad. Este párrafo lo dice claramente:


“Son únicamente tus pensamientos los que te causan dolor. Nada externo a tu mente puede herirte o hacerte daño en modo alguno. No hay causa más allá de ti mismo que pueda abatirse sobre ti y oprimirte. Nadie, excepto tú mismo, puede afectarte. No hay nada en el mundo capaz de hacerte enfermar, de entristecerte o de debilitarte”.


Sí, ya nos han dicho de muchas maneras que el mundo que vemos es producto de nuestros pensamientos, y que el mundo en sí mismo no puede hacernos nada, y mucho menos tiene poder sobre nosotros. Entonces, podemos aceptar que el dolor que hemos creado a través de nuestros pensamientos y nuestra forma de encarar la vida, lo podemos reemplazar por el júbilo de Dios, que comparado con el dolor encierra la gran verdad de nuestra liberación si decidimos aceptarlo:


  • El  dolor es ilusión; el júbilo es real

  • El dolor es dormir, el júbilo es despertar

  • El dolor es un engaño; el júbilo es verdad


Esto confirma que siempre que nos identificamos con el cuerpo le estamos abriendo la puerta al dolor que es una fabricación ilusoria del ego que nos mantiene dormidos y engañados. Por el contrario, al identificarnos con el espíritu, estamos sintonizando con lo real que nos despierta a la verdad.


ORACIÓN:


Padre, acepto deponer la cruel espada del juicio que esgrimo contra mi propio cuello, y dejo a un lado las devastadoras acometidas con las que procuro ocultar mi santidad. Que Tu Gracia y Poder me den la fuerza para no claudicar. Amén.

martes, 8 de julio de 2025

LECCIÓN 189: Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora.



*Introducción a las lecciones 181-200:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/introduccion-las-lecciones-181-200.html


1. Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir. Y con sus ojos no la podrás ver, pues estás cegado por él. No obstante, tienes ojos con los que poder verla. Está ahí para que la contemples. No se puso en ti para que se mantuviese oculta de tu vista. Esta luz es un reflejo del pensamiento con el que ahora vamos a practicar. Sentir el Amor de Dios dentro de ti es ver el mundo renovado, radiante de inocencia, lleno de esperanza y bendecido con perfecta caridad y amor.


2. ¿Quién podría sentir temor en un mundo así? Dicho mundo te da la bienvenida, se regocija de que hayas venido y te canta alabanzas mientras te mantiene a salvo de cualquier peligro o dolor. Te ofrece un hogar cálido y tranquilo en el que permanecer por un tiempo. Te bendice a lo largo del día y te cuida durante la noche, cual silencioso guardián de tu sueño santo. Ve en ti la salvación y protege la luz que mora en ti, en la que ve la suya propia. Te ofrece sus flores y su nieve como muestra de agradecimiento por tu benevolencia.


3. Éste es el mundo que el Amor de Dios revela. Es tan diferente del mundo que ves a través de los enturbiados ojos de la malicia y del miedo, que uno desmiente al otro. Sólo uno de ellos puede percibirse en absoluto. El otro no tiene ningún significado. A aquellos que ven surgir del ataque un mundo de odio listo para vengarse, asesinar y destruir, les resulta inconcebible la idea de un mundo en el que el perdón resplandece sobre todas las cosas y la paz ofrece su dulce luz a todo el mundo.


4. Sin embargo, el mundo del odio es igualmente invisible e inconcebible para aquellos que sienten dentro de sí el Amor de Dios. Su mundo refleja la quietud y la paz que refulge en ellos; la ternura y la inocencia que ven a su alrededor; la dicha con la que miran hacia fuera desde los inagotables manantiales de dicha en su interior. Contemplan lo que han sentido dentro de sí, y ven su inequívoco reflejo por todas partes.


5. ¿Cuál de esos dos mundos quieres ver? La decisión es tuya. Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente la olvide: verás aquello que sientas en tu interior. Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por los huesudos dedos y las afiladas garras de la muerte. Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, contemplarás un mundo lleno de compasión y amor.


6. Hoy pasamos de largo las ilusiones según intentamos llegar hasta Lo que es verdad en nosotros y sentir Su infinita ternura, Su Amor que sabe que somos tan perfectos como Él Mismo y Su visión, el don que Su Amor nos ofrece. Hoy aprenderemos el camino, el cual es tan seguro como el Amor al que nos conduce. Pues Su sencillez nos protege de las trampas que las descabelladas complicaciones del aparente razonar del mundo tienen como propósito ocultar.


7. Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo. Vacía tu mente de todo lo que piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. No conserves nada. No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado ni ninguna creencia que hayas aprendido con anterioridad sobre cualquier cosa. Olvídate de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías, ven a tu Dios.


8. ¿Acaso no es Él Quien sabe cómo llegar a ti? Tú no necesitas saber cómo llegar a Él. Tu papel consiste simplemente en permitir que todos los obstáculos que has interpuesto entre el Hijo y Dios el Padre sean eliminados silenciosamente para siempre. Dios hará lo que le corresponde hacer en gozosa e inmediata respuesta. Pide y recibirás. Mas no vengas con exigencias ni Le señales el camino por donde debe aparecer ante ti. La manera de llegar a Él es simplemente dejándole ser como es. Pues de esa forma se proclama también tu realidad.


9. Así pues, hoy no elegiremos el camino por el que vamos a Él. Pero sí elegimos dejar que Él venga a nosotros. Y con esta decisión descansamos. Su Amor se abrirá paso por su cuenta en nuestros aquietados corazones y en nuestras mentes abiertas. Es indudable que lo que no ha sido negado se encuentra ahí, si es que es verdad, y puede alcanzarse. Dios conoce a Su Hijo y sabe cómo llegar a él. No necesita que Su Hijo Le indique. A través de cada puerta abierta Su Amor refulge desde Su hogar en tu fuero interno e ilumina al mundo con inocencia.


10. Padre, no sabemos cómo llegar a Ti. Pero Te hemos llamado y Tú nos has contestado. No interferiremos. Los caminos de la salvación no son nuestros, pues te pertenecen a Ti. Y es a Ti a donde acudimos para encontrarlos. Nuestras manos están abiertas para recibir Tus dones. No tenemos ningún pensamiento que no pensemos Contigo ni abrigamos creencia alguna con respecto a lo que somos o a Quién nos creó. Tuyo es el camino que queremos hallar y seguir. Y sólo pedimos que Tu Voluntad, que también es la nuestra, se haga en nosotros y en el mundo para que éste pase a formar parte del Cielo. Amén.


ORACIÓN:


Padre, vacío mi mente de lo verdadero o lo falso, de lo bueno o lo malo, de lo digno o indigno, así como de todas las ideas que me causan vergüenza. Suelto todo concepto que me tenga atado al pasado, o que me esté proyectando al futuro, y con las manos vacías voy a ti pues eres, Tú Padre, quien sabe cómo llegar a mí. Amén.


lunes, 7 de julio de 2025

LECCIÓN 188: La Paz de Dios refulge en mí ahora.-



*Introducción a las lecciones 181-200:

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1. ¿Por qué esperar a llegar al Cielo? Los que buscan la luz están simplemente tapándose los ojos. La luz ya está en ellos. La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio. La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí. La luz vino contigo desde tu hogar natal y ha permanecido contigo porque es tuya. Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. Refulge en ti porque ilumina tu hogar y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.


2. Esta luz no se puede perder. ¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió? Es tan fácil verla que los argumentos que demuestran que no está ahí se vuelven irrisorios. ¿Quién podría negar la presencia de lo que está en él mismo? No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión. Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interior. Ahí comienza la percepción y ahí termina. No tiene otra fuente que ésta.


3. La Paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo. Se detiene a acariciar cada ser vivo, y le deja una bendición que ha de perdurar por siempre y para siempre. Lo que da no puede sino ser eterno. Elimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor. Renueva todos los corazones fatigados e ilumina todo lo que ve según pasa de largo. Todos sus dones se le dan a todo el mundo, y todo el mundo se une para darte las gracias a ti que das y a ti que has recibido.


4. El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvidado, y éste a su vez restituye esa memoria en ti. Desde ti la salvación irradia dones inconmensurables, que se dan y se devuelven. A ti que das el regalo, Dios Mismo te da las gracias. Y la luz que refulge en ti se vuelve aún más brillante con Su bendición, sumándose así a los regalos que tienes para ofrecérselos al mundo.


5. La Paz de Dios jamás se puede contener. El que la reconoce dentro de sí tiene que darla. Y los medios por los que puede hacerlo residen en su entendimiento. Puede perdonar porque reconoció la verdad en él. La Paz de Dios refulge en ti ahora, así como en todo ser vivo. En la quietud, la Paz de Dios se reconoce universalmente, pues lo que tu visión interna contempla es tu percepción del universo.


6. Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión. Ciérrate al mundo exterior y dales alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. Ellos conocen el camino. Pues los pensamientos honestos, no mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.


7. Éstos son los pensamientos que piensas con Él. Ellos reconocen su hogar y apuntan con certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son Uno. La Paz de Dios refulge sobre ellos, y no pueden sino permanecer contigo, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios. Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el solo propósito de recordarte cómo regresar.


8. Acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar. Y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras. Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven. Así como la Paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.


9. El propósito de nuestras prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros. Tomamos rienda de nuestros pensamientos errantes y dulcemente los conducimos de regreso allí donde pueden armonizarse con los pensamientos que compartimos con Dios. No vamos a permitir que sigan descarriados. Dejaremos que la luz que mora en nuestras mentes los guíe de regreso a su hogar. Los traicionamos al haberles ordenado que se apartasen de nosotros. Pero ahora les pedimos que regresen y los purificamos de cualquier anhelo extraño o deseo confuso. Y así, les restituimos la santidad que es su herencia.


10. De esta forma, nuestras mentes quedan restauradas junto con ellos, y reconocemos que la Paz de Dios refulge todavía en nosotros y que desde nosotros se extiende hasta todos los seres vivos que comparten nuestra vida. Los perdonamos a todos y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho. Pues somos nosotros quienes construimos el mundo como queremos que sea. Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:


La Paz de Dios refulge en mí ahora. Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.


REFLEXIÓN:


Cuando terminé de leer la lección volví a una frase que resonó en mí:


"Siéntate en silencio y cierra los ojos. La luz en tu interior es suficiente. Sólo ella puede concederte el don de la visión. Ciérrate al mundo exterior y dales alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. Ellos conocen el camino. Pues los pensamientos honestos, no mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo".


Este pequeño párrafo es un instructivo que nos recuerda que la sencilla práctica de cerrar los ojos para desconectarnos del mundo exterior nos conecta con esa luz que hay en nuestro interior que nos mantiene conectados con la Fuente. Y aunque por momentos nos parece que estamos desamparados, nos basta tomar conciencia de que al cerrar los ojos se abre una puerta donde una luz refulge y nos conecta con la paz de Dios.


ORACIÓN:


Padre, hoy sé que al cerrar los ojos conecto con Tu Paz que refulge en mi interior. "Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz y que yo las bendiga con la luz que mora en mí". Amén.


domingo, 6 de julio de 2025

LECCIÓN 187: Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.



*Introducción a las lecciones 181-200:

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1. Nadie puede dar lo que no tiene. De hecho, dar es la prueba de que tiene. Hemos hecho mención de esto anteriormente. Mas no es eso lo que hace que sea difícil de creer. Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees.


2. ¿Cómo puede ser esto posible? Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas. Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. Tiene que ser más.


3. Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las puedas dar. Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. Mas no creerás que ésta se ha consumado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. Con esto, la idea de dar se clarifica y cobra significado. Ahora puedes percibir que al dar, tu caudal aumenta.


4. Protege todas las cosas que valoras dándolas, y así te asegurarás de no perderlas nunca. De esta manera queda demostrado que lo que no creías tener te pertenece. Mas no le atribuyas valor a su forma. Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. Ninguna forma perdura. El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.


5. Da gustosamente, pues con ello sólo puedes beneficiarte. El pensamiento sigue vivo y su fuerza aumenta a medida que se refuerza al darse. Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder. No hay un dador y un receptor en el sentido que el mundo los concibe. Hay un dador que conserva lo que da, y otro que también dará. 7Y ambos ganarán en este intercambio, pues cada uno dispondrá del pensamiento en la forma que le resulte más útil. 8Lo que aparentemente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto.


6. Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea de sacrificio. Tampoco puede dejar de reconocer las múltiples formas en que éste se puede manifestar. Se ríe asimismo del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte. Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que yace tras todo esto, y con su dulce risa todo ello sana.


7. Una vez que una ilusión se reconoce como tal, desaparece. Niégate a aceptar el sufrimiento, y eliminarás el pensamiento de sufrimiento. Cuando decides ver todo sufrimiento como lo que es, tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre. El pensamiento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento aparenta adoptar. 5Mas el sacrificio es una idea tan demente que la cordura la descarta de inmediato.


8. Nunca creas que puedes hacer sacrificio alguno. No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. Si surge tal pensamiento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. Tu bendición lo corregirá. Habiéndosete dado a ti primero, ahora es tuya para que a tu vez la des. Ninguna forma de sacrificio o de sufrimiento puede prevalecer por mucho tiempo ante la faz de uno que se ha perdonado y bendecido a sí mismo.


9. Las azucenas que tu hermano te ofrece se depositan ante tu altar, junto a las que tú le ofreces a él. ¿Quién podría tener miedo de contemplar una santidad tan hermosa? La gran ilusión del temor a Dios queda reducida a nada ante la pureza que aquí has de contemplar. No tengas miedo de mirar. La bendición que has de contemplar eliminará todo pensamiento relativo a la forma y, en su lugar, dejará allí para siempre el regalo perfecto, el cual aumentará eternamente, será eternamente tuyo y eternamente ofrecido.


10. Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo ha desaparecido. Y aquí, ante el Altar a un solo Dios, a un solo Padre, a un solo Creador y a un solo Pensamiento, nos alzamos juntos como el único Hijo de Dios. Sin separarnos de Aquel que es nuestra Fuente, ni distanciándonos de los hermanos que forman parte de nuestro único Ser, Cuya inocencia nos ha unido a todos cual uno solo, nos alzamos en gloriosa bendición y damos tal como hemos recibido. Tenemos el Nombre de Dios en nuestros labios. Y cuando miramos en nuestro interior, vemos brillar la pureza del Cielo en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.


11. Ahora somos bendecidos y ahora bendecimos al mundo. Queremos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes. Queremos verlo refulgir con la Gracia de Dios en todos nuestros hermanos. No queremos que se le niegue a nada de lo que vemos. Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos. Pues allí donde la veamos, nos será devuelta en forma de azucenas que podremos depositar sobre nuestro altar, convirtiéndolo así en un hogar para la Inocencia Misma, la cual mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad para que sea nuestra.


REFLEXIÓN:


Si no puedo dar algo es por que no lo tengo. ¿Cómo saberlo? Hay muchas formas, por ejemplo cuando tengo conflictos con una persona, cuando busco culparla de algo para justificar mi incapacidad de dar primero eso que le estoy pidiendo o exigiendo, porque yo no lo tengo.  Y prefiero “blandir las armas” que se disfrazan en forma de ira, desprecio, rabia, burla, tristeza, depresión, apatía, etc. Todos esos sentimientos que salen a flote cuando las cosas no van bien, son el reflejo de que no puedo bendecir al mundo porque no me he bendecido a mí mismo, y por eso no puedo dar lo que no tengo.


Hoy nos dicen que las ideas nos tienen que pertenecer antes de poderlas dar, y que si hemos de salvar al mundo tenemos primero que aceptar las salvación para nosotros mismos. Pero para que esto sea real  tenemos que  ver los “milagros que les brinda” a  todos aquellos a quienes contemplemos. Y hay que proteger todas las cosas que valoremos para asegurarnos de no perderlas nunca, y así lo que no creíamos tener nos pertenecerá, pero sin atribuirle valor a su forma porque está cambiará, ya que “ninguna forma perdura”, porque “el pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable”.


También hay algo importante para nunca olvidar, y es que sólo nos damos a nosotros mismos, porque es absurda toda idea de sacrificio, el cual se manifiesta a través “del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte”. Y la ilusión que se  reconoce como tal, desaparece.


ORACIÓN.


Padre, me niego a aceptar el sufrimiento para que se elimine el pensamiento de sufrimiento, y decido verlo como lo que es, para que la bendición descienda sobre todo aquel que sufre. Y decido bendecir al mundo porque me bendigo a mí mismo. Que por Tu Gracia las azucenas que mi hermano me ofrece se depositen ante mi altar, junto a las que yo le ofrezco a él, con total convicción.  Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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