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miércoles, 18 de junio de 2025

LECCIÓN 169: Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado.



1. La gracia es el aspecto del Amor de Dios que más se asemeja al estado que prevalece en la Unidad de la Verdad. Es la aspiración más elevada que se puede tener en este mundo, pues conduce más allá de él. Se encuentra más allá del aprendizaje, aunque es su objetivo, pues la gracia no puede arribar hasta que la mente se haya preparado a sí misma para aceptarla de verdad. La gracia se vuelve inevitable para aquellos que han preparado un altar donde pueda ser dulcemente depositada y gustosamente recibida: un altar santo e inmaculado para este don.


2. La gracia es la aceptación del Amor de Dios en un mundo de aparente odio y miedo. Sólo mediante la gracia pueden éstos desaparecer, pues la gracia da lugar a un estado tan opuesto a todo lo que el mundo ofrece, que aquellos cuyas mentes están iluminadas por el don de la gracia no pueden creer que el mundo del miedo sea real.


3. La gracia no es algo que se aprende. El último paso tiene que ir más allá de todo aprendizaje. La gracia no es la meta que este curso aspira a alcanzar. No obstante, nos preparamos para ella en el sentido de que una mente receptiva puede oír la Llamada a despertar. Dicha mente no se ha cerrado del todo a la Voz de Dios. Se ha dado cuenta de que hay cosas que no sabe y, por lo tanto, está lista para aceptar un estado completamente diferente de la experiencia que le es familiar.


4. Tal vez parezca que estamos contradiciendo nuestra afirmación de que el momento en que la revelación de que el Padre y el Hijo son Uno ya se ha fijado. Pero hemos dicho también que la mente es la que determina cuándo ha de ocurrir ese momento, y que ya lo ha hecho. Te exhortamos, no obstante, a que des testimonio de la Palabra de Dios para que la experiencia de la verdad llegue cuanto antes y para acelerar su advenimiento a toda mente que reconozca los efectos de la verdad en ti.


5. La unicidad es simplemente la idea de que Dios es. Y en Su Ser, Él abarca todas las cosas. Ninguna mente contiene nada que no sea Él. Decimos “Dios es” y luego guardamos silencio, pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido. No hay labios que las puedan pronunciar, y ninguna parte de la mente es lo suficientemente diferente del resto como para poder sentir que ahora es consciente de algo que no sea ella misma. Se ha unido a su Fuente y, al igual que Ésta, simplemente es.


6. No podemos hablar, escribir, y ni siquiera pensar en esto en absoluto. Pues aflorará en toda mente cuando el reconocimiento de que su voluntad es la de Dios se haya dado y recibido por completo. Esta experiencia hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. Yace más allá de la salvación; más allá de todo pensamiento de tiempo, del perdón y de la santa faz de Cristo. El Hijo de Dios simplemente ha desaparecido en su Padre, tal como su Padre ha desaparecido en él. El mundo nunca existió. La eternidad sigue siendo un estado constante.


7. Esto está más allá de la experiencia que estamos tratando de acelerar. No obstante, cuando se enseña y se aprende lo que es el perdón, se obtienen experiencias que dan testimonio de que el momento que la mente misma determinó para abandonar todo excepto esto, está por llegar. No vamos a apresurar este momento como si lo que vas a ofrecer se hubiese ocultado de Aquel que enseña el significado del perdón.


8. Todo aprendizaje ya se encontraba en Su Mente, consumado y completo. Él reconoció todo lo que el tiempo encierra y se lo dio a todas las mentes para que cada una de ellas pudiera determinar -desde una perspectiva en la que el tiempo ha terminado- cuándo ha de ser liberada para la revelación y la eternidad. Hemos repetido en varias ocasiones que no haces sino emprender una jornada que ya concluyó.


9. Pues la unicidad no puede sino encontrarse aquí. Sea cual sea el momento que la mente haya fijado para la revelación, es completamente irrelevante para lo que no puede sino ser un estado constante, eternamente como siempre ha sido y como ha de ser eternamente. Nosotros simplemente asumimos el papel que se nos asignó hace mucho, y que Aquel que escribió el guion de la salvación en el Nombre de Su Creador y en el Nombre del Hijo de Su Creador reconoció como perfectamente realizado.


10. No hay necesidad de clarificar más lo que nadie en el mundo puede comprender. Cuando la revelación de tu unicidad tenga lugar, lo sabrás y lo comprenderás plenamente. Pero por ahora es mucho lo que aún nos queda por hacer, pues aquellos que se encuentran en el tiempo pueden hablar de cosas que están más allá de él y escuchar palabras que explican que lo que ha de venir ya sucedió. Mas ¿qué significado pueden tener estas palabras para los que todavía se rigen por el reloj, y se levantan, trabajan y se van a dormir de acuerdo con él?


11. Baste, pues, con decir que para desempeñar tu papel tienes trabajo por delante. El final seguirá siendo nebuloso mientras no hayas desempeñado por completo tu papel. Pero eso no importa, pues tu papel sigue siendo el pilar sobre lo que todo lo demás descansa. Conforme asumas el papel que te fue encomendado, la salvación se acercará un poco más a cada corazón inseguro cuyo latir no esté aún en armonía con Dios.


12. El perdón es el eje central de la salvación, pues al hacer que todos sus aspectos tengan una relación significativa entre sí, dirige su curso y su trayectoria y asegura su resultado. Y ahora pedimos que se nos conceda la gracia, el último don que la salvación puede otorgar. La experiencia que la gracia proporciona es temporal, pues la gracia es un preludio del Cielo, pero sólo reemplaza a la idea de tiempo por un breve lapso.


13. Mas ese lapso es suficiente. Pues ahí es donde se depositan los milagros que has de devolver de los instantes santos que recibes, por medio de la gracia que experimentas, a todos los que ven la luz que aún refulge en tu faz. ¿Qué es la faz de Cristo sino la de aquel que, habiéndose adentrado por un momento en la intemporalidad, trae de vuelta—para bendecir al mundo—el claro reflejo de la unidad que allí experimentó? ¿Cómo podrías alcanzarla para siempre mientras una parte de ti se encuentre afuera, ignorante y dormida, necesitada de que des testimonio de la verdad?


14. Siéntete agradecido de poder regresar, de la misma manera en que te alegró ir por un instante, y acepta los dones que la gracia te otorgó. Es a ti mismo a quien se los traes de vuelta. Y no muy lejos, se encuentra la revelación. Su llegada está garantizada. Pedimos que se nos conceda la gracia y la experiencia que la acompaña. Damos la bienvenida a la liberación que ofrece a todos. No estamos pidiendo lo que no se puede pedir. No tenemos nuestras miras puestas en aquello que está más allá de lo que la gracia puede conceder. Pues eso lo podemos dar mediante la gracia que se nos ha concedido.


15. Nuestro objetivo de aprendizaje de hoy no excede lo que expresa la plegaria que sigue a continuación. Mas ¿qué puede haber en el mundo que sobrepase lo que en este día le solicitamos a Aquel que nos concede la gracia que pedimos, tal como se le concedió a Él?


Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado. Por la gracia doy. Por la gracia he de liberar.


REFLEXIÓN:


Hoy podemos destacar muchas frases de esta lección que corroboran lo que somos, cómo pensamos y cómo vivimos, especialmente si Cristo ha sido el centro de nuestra vida espiritual:


  • Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado: Ayer nos decían que la "gracia", nos era dada y que podíamos reclamarla. Hoy nos dicen que por ella vivimos y somos liberados. En Romanos 3: 24-27, que se resume en esta frase: “la persona es reformada y hecha justa por la fe, y no por el cumplimiento de la Ley”, se nos confirma que la "gracia" es producto de la fe, y por lo tanto es un don.

  • La gracia es la aceptación del Amor de Dios en un mundo de aparente odio y miedo: Si no fuera por la gracia y la fuerza que recibimos a diario del Padre, vivir en este mundo en caos sería imposible, porque todos los días, los medios de comunicación, bombardean nuestra mente con noticias de tragedias y desastres, pero nos mantenemos en pie y firmes no sólo por nuestras responsabilidades cotidianas, sino porque confiamos en que el Amor de Dios nos guía y nos protege, y por fe seguimos con nuestra vida sin derrumbarnos.

  • La gracia no es algo que se aprende: Ya lo sabemos, hoy nos lo están reiterando, y nos queda claro que la “gracia” es un don, un regalo, que llega de repente cuando estamos preparados, e ilumina nuestra mente y nuestra vida, infundiendo en nosotros fuerza y coraje.

  • La gracia no es la meta que este curso aspira a alcanzar. No obstante, nos preparamos para ella en el sentido de que una mente receptiva puede oír la Llamada a despertar: Esto quiere decir que la “gracia” es la que nos impulsa a seguir el llamado que nos hacen para aceptar el plan de salvación que Dios diseñó para nosotros a través del perdón. Sí, porque el “perdón” es la meta, y por eso estamos sanando nuestra mente, y la “gracia” llega para que las ilusiones se hagan a un lado y la Verdad ocupe su lugar sin que nuestra mente interfiera.


La “gracia” nos impulsa a seguir adelante a pesar de cualquier cosa que esté frenando nuestra vida: un duelo, una enfermedad, un vicio, un apego, etc. Y aquí cabe recordar lo que dice en 2 Corintios 12: 7-9, en donde San Pablo expresa su aflicción, y recibe un respuesta de parte de Cristo:


 “... me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: 'Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad'. Con mucho gusto, pues, me preciaré de mis debilidades para que me cubra la fuerza de Cristo”.


Entonces, seamos humildes y obedientes, y pidamos “que se nos conceda la gracia, el último don que la salvación puede otorgar”, y que proviene de la fuerza de Cristo.


ORACIÓN: 


Padre: “Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado. Por la gracia doy. Por la gracia he de liberar”. ¡Que me baste por siempre Tu Gracia! Amén.

lunes, 24 de marzo de 2025

Lección 83 (Repaso lecciones 65 y 66)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Hoy repasamos estas ideas


1. (65) Mi única función es la que Dios me dio.


No tengo otra función salvo la que Dios me dio. Este reconocimiento me libera de todo conflicto porque significa que no puedo tener metas conflictivas. Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar. Cualquier duda no puede sino desaparecer cuando reconozco que mi única función es la que Dios me dio.


2. Las aplicaciones más concretas de esta idea podrían hacerse con las siguientes variaciones:


Mi percepción de esto no altera mi función.

Esto no me confiere una función distinta de la que Dios me dio.

No me valdré de esto para justificar una función que Dios no me dio.


3. (66) Mi función y mi felicidad son una.


Todas las cosas que proceden de Dios son una. Proceden de la Unicidad y tienen que ser recibidas cual una sola. Desempeñar mi función es mi felicidad porque ambas cosas proceden de la misma Fuente. Y debo aprender a reconocer lo que me hace feliz, si es que he de encontrar la felicidad.


4. Algunas variaciones útiles para aplicar concretamente esta idea podrían ser:


Esto no puede separar mi felicidad de mi función.

La unidad que existe entre mi felicidad y mi función no se ve afectada en modo alguno por esto.

Nada, incluido esto, puede justificar la ilusión de que puedo ser feliz si dejo de cumplir mi función.


REFLEXIÓN: 


Dios nos ha asignado una tarea, una responsabilidad, o una función, que es como nos enseña UCDM, cuya meta es liberarnos del conflicto. Esta función es nuestro único propósito que nos da la seguridad de ir por el camino correcto, o como nos dicen hoy: “siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar”.  Cuando tengamos dudas es una señal de que no hemos reconocido la función que Dios nos dio. La felicidad, al contrario, es una señal de que hemos reconocido nuestra función porque ambas proceden de la misma “Fuente”. 


Luego de repasar las lecciones y escribir esto, me preguntaba ¿qué es la felicidad? y ¿qué la diferencia de la alegría? Sabemos que la alegría es un estado pasajero que surge cuando algo sale bien en nuestra vida, cuando recibimos un regalo, cuando recibimos buenas noticias, cuando a un ser querido le acontece algo bueno, etc. La felicidad deberá ser entonces un estado permanente o duradero, que no depende de que nos sucedan cosas buenas, sino más bien de la aceptación de nuestra vida tal como es.  O quizás, la felicidad es un estado que sólo conseguiremos después de trascender y despojarnos de este cuerpo físico, porque estamos de paso y nuestro hogar está allí donde Dios permanece esperándonos. ¿Es acaso la alegría un asomo de felicidad? Tal vez por vivir en un mundo que cambia constantemente, experimentamos la alegría de la misma manera, para poder sobrellevar este lugar mientras alcanzamos nuestro estado original que nos otorga la verdadera felicidad.  Cumplir nuestro propósito nos da la felicidad, que seguramente se experimentará de verdad si también soltamos los apegos, pues quien tiene apegos no puede ser feliz.


ORACIÓN:


Padre, me has dado una función que me libera de los conflictos y me otorga la verdadera felicidad. Permite que mi tránsito por este mundo esté guiado por el reconocimiento de mi propósito, para que la duda no me aleje de ser parte de Tu Unicidad. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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