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lunes, 5 de mayo de 2025

LECCIÓN 125: En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.



1. Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha. La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra. Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora. Óyele hoy. No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída en todos los rincones del mundo y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que puedan dar comienzo los serenos tiempos de paz.


2. Este mundo cambiará gracias a ti. Ningún otro medio puede salvarlo, pues el plan de Dios es simplemente éste: el Hijo de Dios es libre de salvarse a sí mismo, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía y esté por siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios. No se le conduce a la fuerza, sino con amor. No es juzgado, sino santificado.


3. En la quietud oiremos hoy la Voz de Dios, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra. Tampoco nos juzgaremos a nosotros mismos hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado. Nos hallamos mucho más allá de todos los juicios que el mundo ha formado contra el Hijo de Dios. El mundo no lo conoce. Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que, en silencio, aguardaremos la Palabra de Dios.


4. Santo Hijo de Dios, oye a tu Padre. Su Voz quiere darte Su santa Palabra para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz. Nos congregamos hoy en el trono de Dios, el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.


5. Él no ha esperado a que tú le devuelvas tu mente para darte Su Palabra. No se ocultó de ti cuando te alejaste por un corto tiempo. No le da ningún valor a las ilusiones que albergas acerca de ti mismo. Él conoce a Su Hijo, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.


6. Él te habla hoy. Su Voz espera tu silencio, pues Su Palabra no puede ser oída hasta que tu mente se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallados. Aguarda Su Palabra en silencio. Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.


7. En tres ocasiones hoy, y en aquellos momentos que sean más conducentes a estar en silencio, deja de escuchar al mundo durante diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente la Palabra de Dios. Él te habla desde un lugar que se encuentra más cerca de ti que tu propio corazón. Su Voz está más cerca de ti que tu propia mano. Su Amor es todo lo que eres y todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él es.


8. Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla. Es tu palabra la que Él pronuncia. Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos, sin separación o división en la única Mente del Padre y del Hijo. Escucha hoy a tu Ser en silencio y deja que te diga que Dios nunca abandonó a Su Hijo y que tú nunca abandonaste a tu Ser.


9. Sólo necesitas permanecer muy quedo. No necesitas ninguna otra regla que ésta para dejar que la práctica de hoy te eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo. Sólo necesitas estar quieto y escuchar. Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hijo se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con Ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero. A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mismo que tienes un propósito especial en este día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.


REFLEXIÓN:


En esta lección encontramos ideas claves sobre lo que Dios espera de nosotros con respecto a su plan de salvación, y en el que desempeñamos un papel importante:


  • No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída en todos los rincones del mundo

  • Nuestra responsabilidad es aceptar el mensaje que el mundo tiene que oír para que inicien los tiempos de paz.

  • El mundo sólo puede cambiar  si cada uno de nosotros acepta salvarse libremente, y de ser así, la Palabra de Dios será la guía que nos conducirá a la casa de Nuestro Padre.

  • Somos tan libres que no se nos conduce a la fuerza sino con amor, para ser santificados porque no hay juicio: Lo que somos no puede ser juzgado.


Para que esto acontezca, se espera de nosotros una mente receptiva y en quietud para poder escuchar la Palabra de Dios, que se quiere manifestar para transmitirnos su paz, y para que recordemos que nunca hemos estado solos porque Él nunca se ha apartado de nosotros, y que más bien ha sido el ruido del mundo el que nos ha impedido escuchar Su Voz.


Tal como están las cosas en la actualidad, para algunos de nosotros puede ser complicado aceptar que esto puede ser tan fácil como leerlo, pero estamos siendo guiados a través de cada ejercicio que nos proponen, por eso si la duda nos asalta, lo cual es normal, tenemos dos opciones: Parar y retroceder, o simplemente seguir adelante con fe, con convicción, y con la seguridad de que por este sendero nada malo nos puede pasar, y al contrario, podemos sorprendernos al comprobar por nosotros mismos que en la quietud la Voz de Dios podemos escuchar.


ORACIÓN:


Padre, deseo contribuir con la paz del mundo, por eso acepto escuchar Tu Palabra, con la convicción de que en la quietud escucharé Tu Voz que me guiará serenamente para desvanecer mis vanos deseos y poder hacer Tu Voluntad. Amén.


domingo, 4 de mayo de 2025

LECCIÓN 124: Que no me olvide de que soy uno con Dios.



1. Hoy volvemos a dar gracias de que nuestra Identidad se encuentre en Dios. Nuestro hogar está a salvo, nuestra protección garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos. No podemos fracasar en nada. Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y sana. En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotros a todas partes.


2. ¡Cuán santas son nuestras mentes! Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma. ¡Cuán fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna! Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro Compañero en nuestro breve recorrido por el mundo. Y aquellos que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la Luz que nos acompaña se rezaga, si bien no se separa de nosotros según seguimos adelante.


3. Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aquellos que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotros por algún tiempo. Y Dios, que nos ama a todos con el amor equitativo con el que fuimos creados, nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.


4. Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotros, ni cuestionaremos Su protección ni Su cuidado. Ninguna absurda ansiedad podrá venir a interponerse entre nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia. Hoy somos uno con Él en reconocimiento y en recuerdo. Lo sentimos en nuestros corazones. Sus Pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos. Hoy vemos únicamente lo amoroso y lo que es digno de amor.


5. Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz. Lo vemos en los que están desesperados; en los tristes y en los compungidos; en los que creen estar solos y amedrentados, y a todos se les devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron creados. Y lo vemos igualmente en los moribundos y en los muertos, restituyéndolos así a la vida. Y podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotros mismos.


6. A aquellos que saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro. Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier persona, sea ésta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado. Sus pensamientos son intemporales y no tienen nada que ver ni con el tiempo ni con la distancia.


7. Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios. Pues con estas palabras afirmamos también que estamos sanos y salvos, y que podemos salvar y sanar. Ahora queremos dar lo que hemos recibido. Pues queremos conservar los regalos que nuestro Padre nos dio. Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad. Al nosotros tener esta experiencia el mundo se libera. Y al negar que estamos separados de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotros.


8. ¡Que la paz sea contigo hoy! Asegura tu paz practicando volverte consciente de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo. En algún punto hoy, cuando te parezca más conveniente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios. Ésta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugieren palabras especiales con las que dirigir la meditación. Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, seguros de que no habrá de fallar. Permanece con Él durante esa media hora. Él se encargará del resto.


9. El beneficio que ello te ha de aportar no será menor porque creas que no está pasando nada. Quizá no estés listo hoy para aceptar este beneficio. Pero en algún punto y en algún lugar te llegará y lo reconocerás cuando emerja con certeza en tu mente. Esta media hora estará enmarcada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor del espejo que este ejercicio te ofrece. 5Y verás en él la faz de Cristo reflejando la tuya.


10. Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él. Cuando estés listo, la encontrarás allí, en lo profundo de tu mente, en espera de ser hallada. Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y lleno de agradecimiento te darás cuenta de que nunca podrías haber hecho una mejor inversión del tiempo.


11. Tal vez hoy, tal vez mañana, mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia. Considera esta media hora como el regalo que le haces a Dios, con la certeza de que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu comprensión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver. Sin embargo, puedes estar seguro de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.


12. Añade más gemas al marco dorado que enmarca al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:


Que no me olvide de que soy uno con Dios, en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad.


REFLEXIÓN:


Hoy se nos pide que aseguremos nuestra paz tomando conciencia de que somos uno con nuestro Creador, así como Él es uno con nosotros. Y esa paz de  la que nos hablan y que nos va proporcionar protección, fuerza para emprender, y en general una vida de bendición, quizás aún no la conocemos porque no hemos “creído verdaderamente” que somos uno con Dios, y porque, como está escrito en Filipenses 4:7, es una paz que sobrepasa todo entendimiento: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”


Jesús había anunciado que la paz  que proviene del Padre, no era como la paz que el mundo daba, y como sabía que pronto dejaría el mundo terrenal, estaba preparando a sus discípulos para que recibieran esa paz a través de la presencia del Espíritu Santo y se reconfortaran, porque  esa iba a ser la manera de seguir presente en sus vida, como lo es ahora en la de nosotros (Juan 14:27):  “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. Y  cuando Jesús nos dice que “no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, nos está mostrando la puerta que nos conduce a la verdadera paz de la que nos hablan, porque es el miedo lo que nos impide avanzar y tomar la decisión de una vez por todas aceptar que somos Hijos de Dios, con todo lo que ello implica, como que somos “Espíritu”, y que al aceptar esa condición ocurren los milagros que hasta ahora nos han sido negados porque no hemos creído verdaderamente que somos “uno con Dios”.  Y si hoy estamos aquí es porque ya estamos soltando el miedo que ha mantenido nuestro corazón turbado, y porque ya estamos listos para recibir esos regalos que nuestro Padre nos ofrece.


ORACIÓN:


Padre, dispongo mi corazón para recibir la paz que me ofreces, y te pido que me des la claridad de entendimiento para no olvidar que Tú y yo somos uno, “en unión con todos mis hermanos y con mi Ser, en eterna paz y santidad”. Amen.

sábado, 3 de mayo de 2025

LECCIÓN 123: Gracias, Padre, por los dones que me has concedido.



1. Sintámonos agradecidos hoy. Hemos llegado a sendas más llevaderas y a caminos más despejados. Ya no nos asalta el pensamiento de volver atrás ni resistimos implacablemente a la verdad. Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.


2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el beneficio adicional de poder tener un atisbo del verdadero alcance de los logros que has obtenido y de los regalos que has recibido. Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte ni te haya dejado vagar solo en las tinieblas. Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su Creación. Dale gracias hoy.


3. Da gracias de que Él no te haya abandonado y de que Su Amor por siempre refulgirá sobre ti, eternamente inalterable. Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. Agradece que se te haya salvado. Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míseros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y los mezquinos juicios que emitiste en su contra.


4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo. Hoy entonaremos el himno de gratitud en honor al Ser que Dios dispuso que fuera nuestra verdadera identidad en Él. Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos, y marcharemos con paso ligero a medida que cumplimos la tarea que se nos encomendó.


5. No caminamos solos. Y damos gracias de que a nuestra soledad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. Gracias a ti por escucharlo. Su Palabra es muda si no se la oye. Al darle las gracias a Él se te dan a ti también. Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.


6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva consigo Su Voz y que la deja resonar por todo el mundo. Acepta hoy las gracias que Dios te da al darle tú las gracias a Él. Pues quiere ofrecerte las gracias que Le das, puesto que acepta tus regalos lleno de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. Y así crecerán en poder y fortaleza hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.


7. Acepta las gracias que Él te da y, a tu vez, dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. Y comprenderás a Quién Le estás dando las gracias y a Quién Él se las está dando al tú dárselas a Él. Esta santa media hora que Le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y el mundo se podrá salvar miles y miles de años más pronto debido a las gracias que Le das.


8. Acepta las gracias que Él te da y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo y recordar a su Padre y a su Ser.


REFLEXIÓN:


Siempre hay que agradecer, pero especialmente hoy es un día para hacerlo porque nos lo están pidiendo como parte de este proceso de sanar nuestras mentes. Hoy agradezco a Dios por haberme inspirado a transitar este sendero en donde he encontrado muchas de las respuestas que me hice por tantos años, y que al recibirlas me han permitido encontrar paz. Agradezco, también, a  cada persona que se ha cruzado por mi camino y me ha enseñado algo, o que me ha mostrado una parte de mí que no sabía que tenía que sanar.


Gracias, por supuesto, a cada hermoso ser humano que pasa por este lugar y se detiene un poco, ya sea a repasar la lección, o a ver la imagen que la acompaña, o a reflexionar conmigo a la distancia. Quizás oremos al mismo  tiempo, o cada uno en su momento, pero hay que dar las gracias por la fortuna que tenemos “ahora” de poder acceder a información tan valiosa como la que nos ofrece UCDM. Todo esto hace parte de los regalos que Dios nos otorga cuando decimos “sí” al plan que ha trazado para nuestra salvación. Y si estamos hoy aquí es porque nos une un propósito y una decisión, que no es otra cosa que dar, recibir y perdonar, y entonces ya podremos elevar “nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza y alzaremos nuestros ojos agradecidos, que ya no mirarán al suelo”.  Sí, que ninguno de nosotros, y mucho menos nuestros hermanos, caminemos con la “cabeza gacha” como si una pesada carga nos impidiera mirar al frente: Si Dios está con nosotros, sólo importa el presente, y ninguna oscura sombra el pasado nos puede robar el gozo de recibir y usar los dones que nuestro Padre nos ha concedido.


ORACIÓN:


Padre, te damos gracias porque nos has escuchado, y nos has mostrado un camino que  conduce a la salvación. Gracias porque no vamos solos, ya que muchos hermanos hacen grato este transitar hacia tu encuentro. Gracias por los dones que nos has concedido, y que nos han permitido elevar nuestra  voz para que resuene por todo el mundo. Amén.


viernes, 2 de mayo de 2025

LECCIÓN 122: El perdón me ofrece todo lo que deseo.



1. ¿Qué podrías desear que el perdón no pueda ofrecerte? ¿Deseas paz? El perdón te la ofrece. ¿Deseas ser feliz, tener una mente serena, certeza de propósito y una sensación de belleza y de ser valioso que transciende el mundo? ¿Deseas cuidados y seguridad, y disponer siempre del calor de una protección segura? 6¿Deseas una quietud que no pueda ser perturbada, una mansedumbre eternamente invulnerable, una profunda y permanente sensación de bienestar, así como un descanso tan perfecto que nada jamás pueda interrumpirlo?


2. El perdón te ofrece todo esto y más. Pone un destello de luz en tus ojos al despertar y te infunde júbilo con el que hacer frente al día. Acaricia tu frente mientras duermes y reposa sobre tus párpados para que no tengas sueños de miedo o maldad, de malicia o ataque. Y cuando despiertas de nuevo, te ofrece otro día de felicidad y de paz. El perdón te ofrece todo esto y más.


3. El perdón permite que se descorra el velo que oculta la faz de Cristo de aquellos que contemplan el mundo sin piedad. Te permite reconocer al Hijo de Dios, y borra de tu memoria todo pensamiento muerto, de manera que el recuerdo de tu Padre pueda alzarse en el umbral de tu mente. ¿Qué podrías desear que el perdón no pueda darte? ¿Qué otros regalos aparte de éstos merecen procurarse? ¿Qué imaginario valor, efecto trivial o promesa pasajera que nunca se ha de cumplir puede ofrecerte más esperanza que la que te brinda el perdón?


4. ¿Por qué habrías de buscar una respuesta distinta de la que lo contesta todo? He aquí la respuesta perfecta, la que se da a toda pregunta imperfecta, a las súplicas sin sentido, a tu reticencia a escuchar, a tu poco esmero y escasa confianza. ¡He aquí la respuesta! No la busques más. No hallarás ninguna otra en su lugar.


5. El plan de Dios para tu salvación no puede cambiar ni fracasar. Siéntete agradecido de que siga siendo exactamente como Él lo planeó. Se alza inmutable ante ti como una puerta abierta, llamándote desde adentro en cálida bienvenida, invitándote a entrar y a que te sientas como en tu casa, donde te corresponde estar.


6. ¡He aquí la respuesta! ¿Preferirías quedarte afuera cuando el Cielo en su totalidad te espera adentro? Perdona y serás perdonado. Tal como des, así recibirás. No hay más plan que éste para la salvación del Hijo de Dios. Regocijémonos hoy de que así sea, pues la respuesta que aquí se nos da es clara y explícita, y libre de engaño en su simplicidad. Todas las complejidades que el mundo ha tejido de frágiles telarañas desaparecen ante el poder y majestuosidad de esta simplísima afirmación de la verdad.


7. ¡He aquí la respuesta! No le des la espalda para irte a vagar sin rumbo otra vez. Acepta ahora la salvación. Es el regalo que te hace Dios, no el mundo. El mundo no puede dar ningún regalo de valor a la mente que ha aceptado como suyo lo que Dios le ha dado. Dios dispone que hoy se reciba la salvación y que los enredos de tus sueños no sigan ocultándote su insubstancialidad.


8. Abre hoy los ojos y contempla un mundo feliz, donde reinan la paz y la seguridad. El perdón es el medio por el que este mundo feliz viene a ocupar el lugar del infierno. Dicho mundo se alza en la quietud para salir al encuentro de tus ojos abiertos y llenar tu corazón de una profunda tranquilidad, según afloran en tu conciencia verdades ancestrales en un eterno renacer. Lo que entonces recordarás nunca podrá describirse. Sin embargo, tu perdón te lo ofrece.


9. Teniendo presente los regalos que el perdón concede, emprenderemos nuestra práctica de hoy con la esperanza y la fe de que éste será el día en que alcanzaremos la salvación. Hoy la buscaremos gustosamente y con ahínco, sabiendo que tenemos la llave en nuestras manos; y aceptaremos la respuesta que el Cielo ha dado al infierno que nosotros mismos labramos pero donde ya no queremos permanecer por más tiempo.


10. Dedicaremos gustosamente un cuarto de hora por la mañana y otro por la noche a la búsqueda que garantiza que al infierno le llegará su fin. Comienza lleno de esperanza, pues hemos llegado al punto crucial a partir del cual el camino se vuelve mucho más fácil. Y ahora el trecho que todavía nos queda por recorrer es corto. Estamos en verdad muy cerca del momento que se ha señalado como el final del sueño.


11. Sumérgete en una sensación de felicidad al comienzo de estas sesiones de práctica, pues en ellas hallarás la segura recompensa de preguntas que ya han sido contestadas, así como de lo que tu aceptación de esas respuestas te brinda. Hoy se te concederá experimentar la paz que ofrece el perdón, así como la dicha que trae el descorrimiento del velo.


12. Ante la luz que hoy has de recibir, el mundo se desvanecerá hasta desaparecer por completo, y verás surgir otro mundo para describir el cual no tienes palabras. Ahora nos encaminamos directamente hacia la luz y recibimos los dones que han sido salvaguardados para nosotros desde los orígenes del tiempo, los cuales han estado aguardando el día de hoy.


13. El perdón te ofrece todo lo que quieres. Hoy se te conceden todas las cosas que deseas. No pierdas de vista tus regalos a lo largo del día, según regresas nuevamente a enfrentarte a un mundo de constantes cambios y sombrías apariencias. Mantén tus regalos claramente en tu conciencia, según ves lo inmutable en medio del cambio y la luz de la verdad tras toda apariencia.


14. No caigas en la tentación de dejar que tus regalos queden sepultados en el olvido. Por el contrario, mantenlos firmes en tu mente tratando de pensar en ellos por lo menos un minuto cada cuarto de hora. Recuerda cuán preciados son con el siguiente recordatorio, el cual tiene el poder de mantenerlos en tu conciencia a lo largo del día:


El perdón me ofrece todo lo que deseo.

Hoy he aceptado que esto es verdad.

Hoy he recibido los regalos de Dios.


REFLEXIÓN:


Hoy hay mucho que pensar con esta lección que nos recuerda que perdonar y ser perdonados es la manera de reemplazar el infierno por un mundo de felicidad. Dar  y recibir, aunado al perdón, es la esencia del Plan de Dios para la Salvación.


Al aceptar y sentir como nuestro lo que Dios nos ha dado, y habiendo aceptado el camino del perdón, recibimos regalos que el mundo no puede ofrecernos: paz, felicidad, una mente serena, certeza de propósito, sensación de belleza y de ser valiosos, cuidados y seguridad, protección segura, quietud imperturbable, mansedumbre,  bienestar, descanso ininterrumpido, júbilo, sueños tranquilos, un amanecer en paz, y tantas otras cosas que cada uno de nosotros podría desear y enumerar. Pero el regalo más grande que nos puede otorgar el perdón, es que “se descorra el velo que oculta la faz de Cristo de aquellos que contemplan el mundo sin piedad”. Si esto ocurre  ya no tienen sentido las ilusiones que nos han hecho vivir en un mundo separado, en donde no hay cabida para nuestros hermanos, y muchas veces tampoco para nosotros mismos. 


Ayer nos decían que “el perdón es la llave de la felicidad”, y sabemos que es verdad, pero perdonar no es fácil mientras el orgullo gobierne nuestra vida. Y lo peor de todo no es lo que el rencor hace con nosotros, sino con las personas que heredan nuestros rencores, como por ejemplo, un padre o una madre que le transmite el rencor a su hijo al sentirse abandonado o abandonada, y le parece fácil que las ganas de vengarse de su pareja, puedan ser usadas para vulnerar el corazón a un niño inocente que no sabe de odios, ni de engaños, ni mucho menos de venganzas. Cuántos jóvenes crecen odiando a alguno de sus padres, porque alguien les enseñó que ese padre ausente no era merecedor de perdón. Nuestro rencor puede hacer que nuestros propios hijos o cualquier ser amado, no reciba los regalos que le fueron otorgados, incluso desde antes de nacer, solamente porque nuestro orgullo nos dice que ese ser que nos ofendió no es digno de perdón. En esa avalancha de rencor nos vamos todos por delante: Yo, tú, él, nosotros… Nuestra firme resolución de aceptar lo que el perdón nos ofrece puede detener cualquier tormenta que amenace nuestra vida, e incluso la de nuestros seres amados.


ORACIÓN:


Padre, hoy entiendo que “el perdón es la llave de la felicidad”, y que además “me ofrece todo lo que deseo”. Acepto que esto es verdad, acepto los regalos que me ofreces, y que por Tu Gracia yo no caiga en la tentación de dejar tus regalos “sepultados en el olvido”. Amén.


jueves, 1 de mayo de 2025

LECCIÓN 121: El perdón es la llave de la felicidad.



1. He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz. He aquí lo que dará significado a un mundo que no parece tener sentido. He aquí el camino que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo y socavar todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tranquilidad. Con esta idea todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea queda asegurado de una vez por todas el fin de toda incertidumbre.


2. La mente que no perdona vive amedrentada y no le da margen al amor para ser lo que es ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo. La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor. Sufre y mora en la aflicción, merodeando en las tinieblas, pero sin poder ver nada, convencida, no obstante, de que el peligro la acecha allí.


3. La mente que no perdona vive atormentada por la duda, confundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve, atemorizada y airada. aLa mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está, de despertar como de irse a dormir. bTiene miedo también de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la obscuridad la aterra, mas la proximidad de la luz la aterra aún más. ¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su propia condenación? ¿Qué puede contemplar sino la prueba de que todos sus pecados son reales?


4. La mente que no perdona no ve errores, sino únicamente pecados. Mira al mundo con ojos invidentes y da alaridos al observar sus propias proyecciones alzarse para arremeter contra la miserable parodia que es su vida. Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda esperanza. Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera concebir la manera de hacerlo, pues ve pecado por doquier.


5. La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor esperanza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea mayor desesperación. No obstante, ve sus juicios con respecto al mundo como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados. No pregunta, pues cree saber. No cuestiona, convencida de que tiene razón.


6. El perdón es algo que se adquiere. No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar. Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a ti mismo, así el perdón es algo que tienes que aprender, no de ti mismo, sino del Maestro que representa el otro ser que hay en ti. Por medio de Él aprendes a perdonar al ser que crees haber hecho y dejas que desaparezca. De esta manera, le devuelves tu mente en su totalidad a Aquel que es tu Ser, el Cual no puede pecar.


7. Cada mente que no perdona te presenta la oportunidad de enseñar a la tuya cómo perdonarse a sí misma. Cada una está esperando a liberarse del infierno por mediación tuya, y se dirige a ti implorando el Cielo aquí y ahora. Ha perdido toda esperanza, pero tú te conviertes en su esperanza. Y al convertirte en su esperanza, te vuelves la tuya propia. La mente que no perdona tiene que aprender, mediante tu perdón, que se ha salvado del infierno. Y a medida que enseñes salvación, aprenderás lo que es. Sin embargo, todo cuanto enseñes y todo cuanto aprendas no procederá de ti, sino del Maestro que se te dio para señalarte el camino.


8. Nuestra práctica de hoy consiste en aprender a perdonar. Si estás dispuesto, hoy puedes aprender a aceptar la llave de la felicidad y a usarla en beneficio propio. 3

Dedicaremos diez minutos por la mañana y otros diez por la noche a aprender cómo otorgar perdón y también cómo recibirlo.


9. La mente que no perdona no cree que dar y recibir sean lo mismo. Hoy trataremos, no obstante, de aprender que sí lo son, practicando el perdón con alguien a quien consideras un enemigo, así como con alguien a quien consideras un amigo. Y a medida que aprendas a verlos a ambos como uno solo, extenderemos la lección hasta ti y veremos que su escape supone el tuyo.


10. Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que te cae mal, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías encontrarte; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. Probablemente ya sabes de quién se trata. Ese mismo vale.


11. Ahora cierra los ojos y, visualizándolo en tu mente, contémplalo por un rato. Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad brillando a través de la desagradable imagen que has formado de él. Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.


12. Observa esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. Trata de transferirle la luz que aprendiste a ver alrededor de quien antes fuera tu “enemigo”. Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, salvado y salvando, sano e íntegro.


13. Permite entonces que te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu “enemigo” y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. Ahora te has perdonado a ti mismo. No te olvides a lo largo del día del papel que desempeña el perdón en brindar felicidad a toda mente que no perdona, incluida la tuya. Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:


El perdón es la llave de la felicidad. Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios


REFLEXIÓN:


Hoy, muy seguramente, nos vamos a sentir identificados con algunas de las características de la mente que no perdona. Si es así, dimos un gran paso porque es la oportunidad de tomar conciencia y sanar nuestra mente a través del “Maestro” que se nos dio para señalarnos el camino:


Quizás nuestra mente...


  • Vive amedrentada y no puede amar.

  • Está triste, sin esperanzas, y sufre.

  • Vive atormentada por la duda y confundida.

  • Es débil y presumida.

  • Está temerosa de avanzar como de quedarse donde está. 

  • Teme despertar o irse a dormir.

  • Tiene miedo del ruido y del silencio

  • Le aterra la oscuridad como la luz

  • No ve errores, sino pecados.

  • Mira al mundo con ojos invidentes, pero se aterra al observar sus propias proyecciones.

  • Desea vivir pero a la vez anhela estar muerta, o está muerta en vida.

  • Desea el perdón pero vive sin esperanza.

  • Desea escapar pero no sabe cómo hacerlo porque está atrapada entre los muros del pecado.

  • Vive desesperada, pero no tiene escapatoria porque cree que el futuro será igual.

  • No cree que pueda cambiar, porque está segura que sus juicios ilusorios son acertados.

  • No pregunta porque cree saberlo todo. Y sobra que cuestione porque  su saber ilusorio le dice que tiene razón.


Este es el  panorama desolador de una mente que no perdona. UCDM, nos dice que sólo queda un camino, y es aprender el perdón del “Maestro que representa el otro ser” que hay en ti, en mí, en nosotros. Y sólo a través de Él aprenderemos a perdonar(nos).


ORACIÓN:


Padre, hoy me dices que “el perdón es la llave de la felicidad” y que si acepto sanar mi mente, “despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios”. Que con tu guía y gracia, despierte del sueño del pecado. Amén.

LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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