Antes de leer la lección ver:
SEGUNDA PARTE: Introducción
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2. ¿Qué es el mundo?
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1. ¡Qué alegría tan grande la de hoy! Es un día de una celebración especial. Pues este día le ofrece al mundo de tinieblas el instante que se fijó para su liberación. Ha llegado el día en que todos los pesares se dejan atrás y el dolor desaparece. La gloria de la salvación alborea hoy sobre un mundo que ha sido liberado. Éste es un tiempo de esperanza para millones de seres. Ahora ellos se unirán conforme los perdones a todos. Pues hoy tú me perdonarás a mí. .
2. Ahora nos hemos perdonado los unos a los otros, y así podemos por fin regresar a Ti. Padre, Tu Hijo, que en realidad nunca se ausentó, retorna al Cielo y a su hogar. ¡Qué contentos estamos de que se nos haya restituido la cordura y de poder recordar que todos somos uno!
REFLEXIÓN:
Iniciamos el capítulo 3 (¿Qué es el mundo?), y aunque ya leímos la Introducción de esta segunda parte, nunca sobra repasarla para no perder el hilo de esta enseñanza.
De este capítulo se concluye que el mundo es una percepción falsa que se fabricó como un acto de agresión contra Dios. Que es el símbolo del miedo, que no es otra cosa que la ausencia de amor, lo que lo hace un lugar diseñado para que Dios no pueda entrar y por lo tanto “Su Hijo” esté separado de Él. Y para salvar este mundo debemos seguir la Luz que emana del “Salvador del mundo”, para que podamos ver “el mundo tal como Él lo ve”.
En la lección de hoy nos anuncian que “llega la salvación”, y que es “un día de una celebración especial”, pues el mundo será liberado a través del perdón, porque pudimos “contemplarlo a través de los ojos de Cristo”.
Y todo esto sucede hoy, en este instante. No hay pasado ni futuro cuando este instante es el que gobierna nuestra vida. Si dudamos nos habremos salido de este instante, y entonces ya no sucederá. No tenemos nada que perder. Sólo debemos contemplar el mundo, en este instante, con “los ojos de Cristo” y seguir “Su luz”, y veremos el mundo como “Él lo ve”. Y eso implica contemplar a ese hermano que amo, a ese hermano que ignoro, al que me causa incomodidad, al que me simpatiza, y al que no.
Entonces, sólo por “el instante que se fijó para su liberación”, debemos contemplar al mundo con “los ojos de Cristo” y escuchar “Su Voz” en todo lo que nos habla, para que llegue la salvación.
¡Qué así sea!