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lunes, 24 de marzo de 2025

Lección 83 (Repaso lecciones 65 y 66)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Hoy repasamos estas ideas


1. (65) Mi única función es la que Dios me dio.


No tengo otra función salvo la que Dios me dio. Este reconocimiento me libera de todo conflicto porque significa que no puedo tener metas conflictivas. Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar. Cualquier duda no puede sino desaparecer cuando reconozco que mi única función es la que Dios me dio.


2. Las aplicaciones más concretas de esta idea podrían hacerse con las siguientes variaciones:


Mi percepción de esto no altera mi función.

Esto no me confiere una función distinta de la que Dios me dio.

No me valdré de esto para justificar una función que Dios no me dio.


3. (66) Mi función y mi felicidad son una.


Todas las cosas que proceden de Dios son una. Proceden de la Unicidad y tienen que ser recibidas cual una sola. Desempeñar mi función es mi felicidad porque ambas cosas proceden de la misma Fuente. Y debo aprender a reconocer lo que me hace feliz, si es que he de encontrar la felicidad.


4. Algunas variaciones útiles para aplicar concretamente esta idea podrían ser:


Esto no puede separar mi felicidad de mi función.

La unidad que existe entre mi felicidad y mi función no se ve afectada en modo alguno por esto.

Nada, incluido esto, puede justificar la ilusión de que puedo ser feliz si dejo de cumplir mi función.


REFLEXIÓN: 


Dios nos ha asignado una tarea, una responsabilidad, o una función, que es como nos enseña UCDM, cuya meta es liberarnos del conflicto. Esta función es nuestro único propósito que nos da la seguridad de ir por el camino correcto, o como nos dicen hoy: “siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar”.  Cuando tengamos dudas es una señal de que no hemos reconocido la función que Dios nos dio. La felicidad, al contrario, es una señal de que hemos reconocido nuestra función porque ambas proceden de la misma “Fuente”. 


Luego de repasar las lecciones y escribir esto, me preguntaba ¿qué es la felicidad? y ¿qué la diferencia de la alegría? Sabemos que la alegría es un estado pasajero que surge cuando algo sale bien en nuestra vida, cuando recibimos un regalo, cuando recibimos buenas noticias, cuando a un ser querido le acontece algo bueno, etc. La felicidad deberá ser entonces un estado permanente o duradero, que no depende de que nos sucedan cosas buenas, sino más bien de la aceptación de nuestra vida tal como es.  O quizás, la felicidad es un estado que sólo conseguiremos después de trascender y despojarnos de este cuerpo físico, porque estamos de paso y nuestro hogar está allí donde Dios permanece esperándonos. ¿Es acaso la alegría un asomo de felicidad? Tal vez por vivir en un mundo que cambia constantemente, experimentamos la alegría de la misma manera, para poder sobrellevar este lugar mientras alcanzamos nuestro estado original que nos otorga la verdadera felicidad.  Cumplir nuestro propósito nos da la felicidad, que seguramente se experimentará de verdad si también soltamos los apegos, pues quien tiene apegos no puede ser feliz.


ORACIÓN:


Padre, me has dado una función que me libera de los conflictos y me otorga la verdadera felicidad. Permite que mi tránsito por este mundo esté guiado por el reconocimiento de mi propósito, para que la duda no me aleje de ser parte de Tu Unicidad. Amén.


domingo, 23 de marzo de 2025

Lección 82 (Repaso lecciones 63 y 64)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Hoy repasaremos estas ideas:


1. (63) La luz del mundo brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón.


Mi perdón es el medio por el que la luz del mundo se expresa a través de mí. Mi perdón es el medio por el que cobro conciencia de la luz del mundo en mí. Mi perdón es el medio por el que el mundo sana junto conmigo. Que perdone, entonces, al mundo para que pueda sanar junto conmigo.


2. Algunas sugerencias para las aplicaciones concretas de esta idea son:


Que la paz se extienda desde mi mente hasta la tuya, [nombre].

Comparto la luz del mundo contigo, [nombre].

Mediante mi perdón puedo ver esto tal como es.


3. (64) Que no me olvide de mi función.


No me olvidaré de mi función porque quiero recordar mi Ser. No puedo desempeñar mi función si la olvido. Y a menos que desempeñe mi función, no experimentaré la dicha que Dios dispone que yo tenga.


4. Algunas variaciones específicas de esta idea son:


No me valdré de esto para ocultarme a mí mismo mi función.

Me valdré de esto como una oportunidad para desempeñar mi función.

Esto podrá ser una amenaza para mi ego, pero no puede alterar mi función en modo alguno.


REFLEXIÓN:


Qué grande tiene que ser perdonar para que sólo a través de este acto de amor el mundo se sane junto con nosotros. Y esta es la función de la que no nos debemos olvidar porque somos la luz del mundo, y sólo así experimentaremos la dicha que Dios tiene dispuesta para nosotros. Desde niños hemos escuchado sobre el perdón, pero parece que lo entendimos como una hermosa enseñanza de Jesús, que era muy idílica de escuchar, pero difícil de realizar. Creo que nadie nos dijo su verdadero sentido, porque hoy ya sabemos que perdonar es más que una acto de benevolencia, es más bien nuestro gran propósito en esta vida. Las prédicas de Jesús se centraban en esta enseñanza (Lucas 6:27-31) :


“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;  bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.  Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”.  Perdonar es un acto de amor propio y en este versículo está claro: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”


Y hoy que lo sabemos no debemos olvidar que esa es nuestra función  si en verdad queremos experimentar la Dicha de Dios. 


ORACIÓN:


Padre, que Tu paz que sobrepasa todo entendimiento, se extienda desde mi mente hasta la mente de mis hermanos, y que pueda compartir la luz del mundo con ellos a través del perdón. Amén


sábado, 22 de marzo de 2025

LECCIÓN 81 (Repaso lecciones 61 y 62)



Segundo Repaso: Importante leer la introducción:

https://uncursodemilagroscadadia.blogspot.com/p/segundo-repaso-introduccion.html


Nuestras ideas para el repaso de hoy son las siguientes:


1. (61) Soy la luz del mundo.


¡Cuán santo soy, que se me ha encomendado la función de iluminar el mundo! Que permanezca en quietud ante mi santidad. Que en su serena luz desaparezcan todos mis conflictos. Y que en su paz pueda recordar Quién soy.


2. Algunas variaciones específicas para aplicar esta idea cuando parezcan surgir dificultades podrían ser:


Que no nuble la luz del mundo en mí.

Que la luz del mundo refulja sobre esta apariencia.

Esta sombra desaparecerá ante la luz.


3. (62) Perdonar es mi función por ser la luz del mundo.


Sólo aceptando mi función podré ver la luz en mí. Y en esa luz mi función se perfilará claramente y sin ninguna ambigüedad ante mis ojos. Esta aceptación no depende de que reconozca cuál es mi función, pues aún no comprendo lo que es el perdón. Sin embargo, confío en que en la luz lo veré tal como es.


4. Algunas variaciones para las aplicaciones más concretas de esta idea podrían ser:


Que esto me ayude a aprender el significado del perdón.

Que no separe mi función de mi voluntad.

No me valdré de esto para apoyar un propósito ajeno a mí.


REFLEXIÓN: 


Hay una misión que recordar: Soy la luz del mundo, y perdonar es mi función. Si hemos recibido esa función es porque somos dignos de ella, y UCDM no dice que somos santos por esa labor que se nos ha encomendado, y es un llamamiento a recordar quienes somos.


También debemos tener claro que esa función no se nos ha impuesto sino que debemos aceptarla de manera voluntaria porque siempre está disponible para cuando estemos listos. La finalidad de esa función es comprender lo que es el perdón para poder realizarla satisfactoriamente. Al respecto, UCDM nos dice que no se acepta la función porque la reconozcamos, pues para eso tendríamos que comprender que es el perdón, y por eso se nos pide repasar las ideas que nos ayudarán a comprender el significado del perdón y encontrar nuestro verdadero propósito.


ORACIÓN:


Padre, cuánto amor has de tenerme para que me pueda llamar santo, y para que pueda ser luz para el mundo. Te doy las gracias por el regalo que me haces, y pido tu guía para comprender  qué es el perdón y así poder cumplir con el propósito por el que me enviaste a este mundo. Amén.


viernes, 21 de marzo de 2025

LECCIÓN 80: Que reconozca que mis problemas se han resuelto.




1. Si estás dispuesto a reconocer tus problemas, reconocerás que no tienes ninguno. Tu problema central se ha resuelto y no tienes ningún otro. Por lo tanto, debes sentirte en paz. La salvación, pues, depende de que reconozcas que ése es el único problema y de que entiendas que ya se ha resuelto. Un solo problema, una sola solución. La salvación se ha consumado. Se te ha liberado de todo conflicto. Acepta este hecho, y estarás listo para ocupar el puesto que te corresponde en el plan de Dios para la salvación.


2. ¡Tu único problema ya se ha resuelto! Repite esto hoy para tus adentros una y otra vez a lo largo del día, con gratitud y convicción. Has reconocido tu único problema, dándole así paso al Espíritu Santo para que te dé la respuesta de Dios. Has dejado a un lado las decepciones y has visto la luz de la verdad. Has aceptado la salvación para ti mismo al llevar el problema a la solución. Y puedes reconocer la solución porque has identificado el problema.


3. Hoy tienes derecho a la paz. Un problema que ya se ha resuelto no te puede perturbar. Asegúrate únicamente de no olvidarte de que todos los problemas son uno solo. Sus múltiples formas no te podrán engañar mientras te acuerdes de esto. Un solo problema, una sola solución. Acepta la paz que te brinda esta sencilla afirmación.


4. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy reivindicaremos la paz que inevitablemente será nuestra una vez que el problema y la solución se hayan reconciliado. El problema tiene que haber desaparecido porque la respuesta de Dios no puede fallar. Al haber reconocido el problema has reconocido la solución. La solución es inherente al problema. Se te ha contestado y tú has aceptado la respuesta. Te has salvado.


5. Permite ahora que se te dé la paz que tu aceptación te brinda. Cierra los ojos y recibe tu recompensa. Reconoce que tus problemas se han resuelto. Reconoce que no tienes conflictos, y que estás libre y en paz. Sobre todo, recuerda que tienes un solo problema y que el problema tiene una sola solución. En esto reside la simplicidad de la salvación. Por eso es por lo que su eficacia está garantizada.


6. Afirma hoy con frecuencia que tus problemas ya se han resuelto. Repite la idea con absoluta convicción tan a menudo como sea posible. Y en particular, asegúrate de aplicar la idea de hoy a cualquier problema concreto que pueda surgir. Di de inmediato:


Que reconozca que este problema ya se ha resuelto.


7. Propongámonos no acumular resentimientos hoy. Propongámonos estar libres de problemas que no existen. lograr esto sólo se requiere honestidad. No te engañes con respecto a cuál es el problema, y reconocerás que se ha resuelto.



REFLEXIÓN:


Reconocer que los problemas se han resuelto es un acto de fe que se requiere hoy de nosotros. Pero si somos honestos, la mayoría estamos pensando: “¿cómo voy a reconocer que mis problemas se han resuelto si están frente a mí?”. Y ese acto de fe es algo así como lo que dice Jesús en Marcos 11:24:


“Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis”.


Entonces se nos está pidiendo que no dudemos de que el único problema que tenemos ya se ha resuelto, y de esa forma le damos paso al Espíritu Santo para que nos dé la respuesta que proviene de Dios. Eso también me recuerda cuando Jesús (Juan 14: 15-17) se reúne con sus discípulos  y les promete el Espíritu Santo:


“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.


El Espíritu Santo es la presencia de Jesús  que nos acompaña, y es a través de Él que el Padre nos habla, y que nosotros también nos podemos dirigir al Padre. Ese acto de fe que nos piden hoy está respaldado por la promesa que Jesús nos hizo, y por eso hoy UCDM nos recuerda que reconozcamos que ese problema ya se ha resuelto. Dudar es aferrarnos a los resentimientos que nos causa el sentirnos separados, por eso se nos pide “honestidad” al no tratar de buscar cuál es el problema porque si hemos decidido dar ese “salto de fe” sólo debemos repetir: “Que reconozca que este problema ya se ha resuelto”. O podemos decir algo así como lo que enseñó Jesús a sus discípulos: creed que ya lo habéis resuelto y así será. Jesús nos hizo la promesa de enviarnos al “Espíritu de Verdad”, el cual está presente hoy, y cada vez que lo necesitemos,  para darnos las respuestas de Dios.


ORACIÓN: 


Padre, en el Nombre de Tú Amado Hijo Jesús, y con el poder del Espíritu Santo, me dispongo hoy a reconocer que todos mis problemas ya se han resuelto, y en santa paz espero Tu respuesta. Amén.


jueves, 20 de marzo de 2025

LECCIÓN 79: Que reconozca el problema para que pueda ser resuelto.



1. No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. Incluso si ya está resuelto, lo seguirás teniendo porque no reconocerás que ya se ha resuelto. Ésta es la situación del mundo. El problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el problema.


2. En este mundo cada cual parece tener sus propios problemas. Mas todos ellos son el mismo problema, y se tiene que reconocer que todos son el mismo problema si es que se ha de aceptar la única solución que los resuelve todos. Ahora bien, ¿quién puede darse cuenta de que un problema se ha resuelto si piensa que el problema es otra cosa? Aun si se le proporcionara la respuesta, no podría ver su relevancia.


3. Ésta es la situación en la que te encuentras ahora. Dispones de la respuesta, pero todavía no estás seguro de cuál es el problema. Pareces enfrentarte a una larga serie de problemas, todos diferentes entre sí, y cuando uno se resuelve, surge otro y luego otro. No parecen tener fin. En ningún momento te sientes completamente libre de problemas y en paz.


4. La tentación de considerar que los problemas son múltiples es la tentación de dejar el problema de la separación sin resolver. El mundo parece presentarte una multitud de problemas, y cada uno parece requerir una solución distinta. Esta percepción te coloca en una posición en la que tu manera de resolver problemas es necesariamente inadecuada y el fracaso inevitable.


5. Nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener. Éstos parecen manifestarse en tantos niveles, en formas tan variadas y con contenidos tan diversos, que crees enfrentarte a una situación imposible. Tal como los percibes, el desaliento y la depresión son inevitables. Algunos surgen inesperadamente, justo cuando creías haber resuelto los anteriores. Otros permanecen sin resolver bajo una nube de negación, y emergen de vez en cuando para atormentarte, mas sólo para volver a quedar ocultos pero aún sin resolver.


6. Toda esta complejidad no es más que un intento desesperado de no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva. Si pudieras reconocer que, sea cual fuere la forma en que se manifieste, el único problema que tienes es el de la separación, aceptarías la respuesta, puesto que verías su relevancia. Si advirtieras el común denominador que subyace a todos los problemas a los que pareces enfrentarte, comprenderías que dispones de los medios para resolverlos todos. Y emplearías los medios porque habrías reconocido el problema.


7. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy preguntaremos cuál es el problema y cuál es la solución. No asumiremos que ya lo sabemos. Trataremos de liberar nuestras mentes de las innumerables clases de problemas que creemos tener. Trataremos de darnos cuenta de que sólo tenemos un problema, el cual no hemos reconocido. Preguntaremos cuál es ese problema y esperaremos la respuesta. Ésta se nos dará. Luego preguntaremos cuál es su solución. Y ésta se nos dará también.


8. Los ejercicios de hoy serán fructíferos en la medida en que no insistas en querer definir el problema. Quizá no logres abandonar todas tus ideas preconcebidas, pero eso no es necesario. Lo único que es necesario es poner en duda, aunque sea mínimamente, la realidad de tu versión de lo que son tus problemas. Estás tratando de darte cuenta de que al reconocer el problema se te da la respuesta, de manera que problema y respuesta puedan reconciliarse y tú puedas quedar en paz.


9. Las sesiones de práctica cortas de hoy no estarán regidas por el reloj, sino por la necesidad. Hoy verás muchos problemas, y cada uno de ellos parecerá requerir una solución distinta. Nuestros esfuerzos estarán encaminados al reconocimiento de que no hay más que un solo problema y una sola solución. Con este reconocimiento se resuelven todos los problemas. Con este reconocimiento arriba la paz.


10. No te dejes engañar hoy por la forma en que se manifiestan los problemas. Cada vez que parezca surgir alguna dificultad, di de inmediato:


Que reconozca este problema para que pueda ser resuelto.


Trata entonces de suspender todo juicio con respecto a lo que el problema es. A ser posible, cierra los ojos por un momento y pregunta cuál es el problema. Serás escuchado y se te responderá.


REFLEXIÓN:


De todo lo dicho en esta lección podemos concluir que el único problema que hay es la separación, sin importar a cuántos problemas nos enfrentemos. También nos dicen que hay un común denominador para todos los problemas que no hemos advertido, y que de hacerlo veríamos los medios para resolverlos.  Entonces ¿cuál podría ser ese común denominador?  Podríamos pensar que ese común denominador es el “otro”, ese “hermano” por el que guardo resentimiento, y si guardo resentimiento es porque he puesto una barrera entre él y yo, o sea, lo que UCDM llama “separación”. Se puede deducir también que si no hay resentimientos no hay separación. Y si tengo resentimientos, éstos son hacía mí mismo porque mi hermano es mi reflejo, soy yo mirándome en un espejo que no me gusta. Tal vez ese espejo nos quiere enseñar algo, y ese algo es que cuando tengo resentimientos no me quiero ya que eso me lo está mostrando mi hermano a quien señalo con el dedo, o con una mala mirada, o con el pensamiento. Creo que vamos comprendiendo que en verdad “todos somos uno”, y que cuando me “separo” de mi hermano al juzgarlo, me estoy negando a mí mismo porque no he reconocido que él soy yo, y yo soy él. 


En los ejercicios de hoy se nos pide preguntar cuál es el problema y  cuál es la solución, y no asumir que ya lo sabemos, y más bien esperar que se nos dé la respuesta. He decidido no racionalizar este planteamiento sino hacer lo que se me pide para que el ego no interfiera con sus ilusorios raciocinios. Cada quien recibirá la respuesta, que no debe estar preconcebida, y más bien asumir el rol del inocente niño que ora en silencio y sabe que Dios le va a responder porque sus padres le dijeron que Dios oye, y hoy UCDM también nos dice que seremos escuchados y se nos responderá.


Yo creo, yo espero, porque Dios oye.


ORACIÓN:


Padre amado, te entrego mis ideas preconcebidas de todo lo que me sucede. Acepto que sólo hay un problema por resolver, y por eso te pido que me des la gracia de reconocer cuál es ese único problema para que pueda ser resuelto. Amén.


miércoles, 19 de marzo de 2025

LECCIÓN 78: ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!




1. Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro. Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar. Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él. Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.


2. Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos. Invertiremos tu manera de ver al no dejar que tu mirada se detenga antes de que veas. No esperaremos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.


3. Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos a un lado, él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos. Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde siempre ha estado. Él se encuentra en la luz, pero tú estabas en las tinieblas. Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.


4. Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios. No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resentimientos. Así es como se invierte la manera de ver del mundo, al nosotros dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo. Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos y, dejando éstos a un lado, lo contemplaremos. Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo, pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de complacer; alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que le asignaste.


5. Ya sabes de quien se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente. En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios. Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no lo veías se encuentra en todo el mundo y se puede ver. El que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado. Deja que él sea hoy tu salvador. Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.


6. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel. Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora. Pasa revista a sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado. Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus “pecados”.


7. Pidámosle entonces a Aquel que conoce la realidad y la verdad de este Hijo de Dios, que podamos contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido. En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hijo, que es tan santo como Él, le pedimos:


Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.


Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en él más allá de tus resentimientos.


8. Lo que has pedido no se te puede negar. Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo. Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya. El Espíritu Santo se extiende desde él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hijo de Dios. Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos. Mantente muy quedo ahora y contempla a tu radiante salvador. Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de él. Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieras salvar.


9. Dios te da las gracias por estos momentos de sosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra. Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los Pensamientos de Dios puede por menos que regocijarse por tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.


10. Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación y no del nuestro. La tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nuestros resentimientos. Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él. Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:


¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!


REFLEXIÓN:


Esta frase es  clave para entender la esencia de UCDM: “Le has permitido al Espíritu Santo Expresar a través de ese hermano el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieras salvar”. Esta frase expresa todo lo contrario a lo que siempre escuchamos, o lo que nos enseñaron. Pensamos por  mucho tiempo que le hacíamos un “favor” a la persona que perdonábamos porque eso nos convertía en una especie de “santos” o “superhéroes”, pero la realidad es que cuando perdonamos es nuestro hermano quien nos salva a nosotros. Ahora cobran sentido las palabras de Jesús cuando en el Evangelio de Mateo 5:4 nos dice: “Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”. Esas palabras siempre las interpretamos como una manera de aprender el perdón, la benevolencia, la caridad, etc., y no es que no sea verdad, es que lo que Jesús nos quería decir era que al amar y orar por nuestros enemigos nos estábamos salvando juntos, no era algo excluyente como cuando nos dicen: Tienes que dar ejemplo para que seas un modelo a seguir. Y eso suena un poco engreído porque parece que nos ponemos por encima de la persona a la que perdonamos, pero según las palabras de Jesús, estamos siendo una sola persona y nos salvamos juntos cuando amamos y oramos por nuestro supuesto “transgresor”. “Todos somos uno”, es verdad tanto para lo bueno como para lo malo, porque si yo hundo a mi hermano con mis resentimientos, es porque yo me hundí primero y lo estoy empujando al abismo con mi propio peso. 


Y la tarea de perdonar parece difícil cuando pensamos que sólo nos toca a nosotros hacerlo, pero quizás debemos ponernos en el lugar del “otro” para entender por qué nos causó daño, por qué nos ofendió, qué le hicimos que le dolió tanto para que se comportara de esa manera con nosotros. Son muchas las cosas que pueden venir a nuestra mente cuando pensamos en el por qué de tanto resentimiento por parte de otra persona, y quizás si nos ponemos en su lugar  podemos entender sus motivos, pero eso es un proceso que no se sana de la noche a la mañana. Por eso nuestra tarea es dar el primer paso y “obedecer” las palabras de quien “es fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen…” (Hebreos 5:9), y empezar a obrar milagros orando por nuestros “enemigos”.


ORACIÓN: 


Padre, en Tu Santo Nombre, y en el de Tu Hijo, que es tan Santo como Tú, acepto unirme a mi hermano para poder contemplar mi salvación a través de la salvación de él. Amén.


martes, 18 de marzo de 2025

LECCIÓN 77: Tengo derecho a los milagros.



1. Tienes derecho a los milagros debido a lo que eres. Recibirás milagros debido a lo que Dios es. Y ofrecerás milagros debido a que eres uno con Él. Una vez más, ¡cuán simple es la salvación! Es sencillamente una afirmación de tu verdadera identidad. Esto es lo que celebraremos hoy.


2. Tu derecho a los milagros no se basa en las ilusiones que tienes acerca de ti mismo. No depende de ningún poder mágico que te hayas atribuido ni de ninguno de los rituales que has ingeniado. Es inherente a la verdad de lo que eres. Está implícito en lo que Dios, tu Padre, es. Tu derecho a los milagros quedó establecido en tu creación y está garantizado por las Leyes de Dios.


3. Hoy reivindicaremos los milagros a los que tienes derecho, pues te pertenecen. Se te ha prometido total liberación del mundo que construiste. Se te ha asegurado que el Reino de Dios se encuentra dentro de ti y que nunca lo puedes perder. No pedimos sino lo que en verdad nos pertenece. Hoy, sin embargo, nos aseguraremos también de no conformarnos con menos.


4. Comienza las sesiones de práctica más largas de hoy diciéndote a ti mismo con absoluta certeza que tienes derecho a los milagros. Cierra los ojos y recuerda que estás pidiendo únicamente lo que por derecho propio te pertenece. Recuérdate también a ti mismo que los milagros nunca se le quitan a uno para dárselos a otro, y que al reivindicar tus derechos estás haciendo valer los derechos de todo el mundo. Los milagros no obedecen las leyes de este mundo. Provienen simplemente de las Leyes de Dios.


5. Después de esta breve fase introductoria, espera en silencio la ratificación de que tu petición te ha sido concedida. Has pedido la salvación del mundo así como la tuya. Has pedido que se te concedan los medios a través de los cuales se puede lograr esto. Es imposible que no se te den garantías al respecto. No estás sino pidiendo que se haga la Voluntad de Dios.


6. Al hacer esto no estás realmente pidiendo nada. Estás afirmando un hecho innegable. El Espíritu Santo no puede sino asegurarte que tu petición te ha sido concedida. El hecho de que la aceptases lo confirma. Hoy no hay cabida para la duda ni la incertidumbre. Estamos haciendo por fin una petición real. La respuesta es una simple exposición de un simple hecho. Recibirás la ratificación que buscas.


7. Nuestras sesiones de práctica más cortas serán frecuentes, y estarán dedicadas a recordar un simple hecho. Repite hoy frecuentemente:


Tengo derecho a los milagros.


Pídelos cada vez que se presente una situación que los requiera. Reconocerás tales situaciones. Y como no estás dependiendo de ti mismo para encontrar el milagro, tienes pleno derecho a recibirlo siempre que lo pidas.


8. Recuerda también que no te debes conformar con nada que no sea la respuesta perfecta. Si te asaltan tentaciones, di de inmediato:


No intercambiaré milagros por resentimientos.

Quiero únicamente lo que me pertenece.

Dios ha establecido mi derecho a los milagros.


REFLEXIÓN:


Tengo derecho a los milagros porque provienen de las leyes de Dios, en donde nadie queda excluido. Soy un santo hijo de Dios libre de resentimientos y por eso los milagros llegan a mí.


Ahora lo que tenemos que hacer es creer firmemente que por ser  hijos de Dios nos hemos ganado el derecho a los milagros y por lo tanto también los podemos ofrecer. ¿Qué se me pide a cambio? ¡Nada! Pero al finalizar la lección nos dicen que si nos asalta la tentación, que no es otra cosa que los resentimientos, debemos decir: “No intercambiaré milagros por resentimientos”. Eso significa que, sólo si no suelto el rencor, no puedo acceder a los milagros, pero no es porque me los están quitando, porque afuera de nosotros no hay nadie queriendo hacernos daño, sino somos nosotros negándonos el gozo de tomarlos. Entonces,  si quiero lo que me pertenece, porque Dios ha establecido mi derecho a los milagros, sólo tengo que contrarrestar las “tentaciones” con la paz de Dios, que no es otra cosa que el amor incondicional por mis hermanos.


ORACIÓN:


Padre, que por Tu gracia yo no deje de disfrutar de los milagros que me has otorgado. Quiero lo que me pertenece y por eso pongo en Tus manos cada acto de rencor que pueda anidar en mi  corazón, para que sea transmutado con Tu Eterno Amor. Amén.


LECCIÓN 365

Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará la paz. 1. Y si...

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